SEMINARIO
Análisis histórico-crítico del islam
  


La mujer y la supremacía masculina en el Corán

TEXTO A DEBATE

Al abordar el tema de la mujer en el sistema islámico, la investigación puede referirse a dos cosas distintas: a lo que el sistema islámico establece sobre la mujer, y a la situación de las mujeres en los países islámicos a lo largo de la historia o en la actualidad.  Aquí nos vamos a ceñir  a lo que quedó asentado en el texto fundamental.


Es, sin duda, lo más sólido para abordar la cuestión, porque, si no, cuando, como hacen algunas sedicentes feministas musulmanas, se tergiversa lo primero y se oculta lo segundo, a fin de exponer las fantasías de un feminismo islámico imposible, lo cierto es que se contradice frontalmente la textualidad de las suras del Corán, la historia y la realidad sociopolítica de los países de mayoría musulmana.



Desigualdad e inferioridad de la condición femenina


El Corán y la ley muslímica establecen desigualdad entre los sexos y la inferioridad de la mujer en el plano natural, sexual, social, económico, jurídico, teológico… El Corán instaura y consagra la supremacía masculina y la inferioridad femenina, es decir, la discriminación negativa de las mujeres. Se concibe como desigualdad ontológica y legal, con un fundamento últimamente teológico. De alguna manera, a las mujeres se les aplica un esquema de la dominación análogo al establecido sobre los no musulmanes, son como tierra de la que toma posesión el macho. La relación sexual se presenta siempre unilateralmente, desde el lado del varón.


El Corán presenta una visión de la mujer caracterizada por una marcada tendencia misógina, al tiempo que instaura un sistema de supremacía masculina. Un par de ejemplos, que analizaré más adelante:


87/2,228 "Sin embargo, los hombres están un grado por encima de ellas".

92/4,34 "Los hombres se elevan por encima de las mujeres".


Un amplio estudio de "Las mujeres y el islamismo", en Ibn Warraq, Por qué no soy musulmán (Barcelona, Planeta, 2003: 265-317). También, Anne-Marie Delcambre, Las prohibiciones del islam (Madrid, La Esfera de los Libros, 2006: 35-38).



La mujer es inferior teológicamente


El Corán adapta el mito de Adán y Eva. La mujer ha sido creada en función del varón, más específicamente para su solaz. El mismo Dios le ha conferido un estatuto teológico subordinado. Esta inferioridad se ve reforzada por las demás disposiciones coránicas de carácter discriminatorio hacia la mujer, por cuanto todas poseen un origen divino.


39/7,189 Dios creó al varón y la hembra de una misma alma, de la que creo a él una pareja para que en ella halle reposo.


92/4,34 "Los hombres se elevan por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos con respecto a otras".


El modelo es Mahoma, al que Dios concedió derechos y privilegios sobre muchas mujeres:


90/33,49-51 Aparte de sus esposas y las esclavas… toda mujer creyente que se dé al profeta, si este quiere casarse con ella.



La mujer es causa de impureza


La impureza es un estado legal que impide ciertas actividades y que requiere purificación.


87/2,222 "La menstruación es un mal. Apartaos, pues, de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado. Y cuando se hayan purificado, id a ellas como Dios os ha ordenado".


Si uno ha tocado a una mujer, debe purificarse entes de acudir al rezo.


92/4,43 "No os acerquéis al rezo borrachos… ni impuros, hasta que os lavéis. (…) Si habéis tocado a las mujeres y no encontráis agua, buscad arena limpia y frotaos con ella la cara y las manos".


112/5,6 "¡Creyentes! Cuando os levantéis para el rezo, lavaos la cara y los brazos hasta el codo, pasad las manos por la cabeza y lavaos los pies hasta el tobillo. Si estáis en estado de impureza, purificaos. (…) Si habéis tocado a las mujeres y no encontráis agua, buscad arena limpia y frotaos con ella la cara y las manos".



La mujer es inferior por naturaleza


63/43,15 El nacimiento de una niña se ve como una desgracia que causa pesar en los padres.


89/3,36 "El varón no es como la hembra"… Y esto justifica la discriminación.



La mujer es inferior intelectualmente


63/43,18 "Ese ser criado en medio de acicalamientos, que luego en la disputa no es capaz de expresarse"



La mujer es inferior moralmente


El Corán subraya la malicia y el engaño de algunas mujeres:


53/12,22-34 La historia de José que cuenta cómo la esposa del señor que compró a José intenta seducirlo…

 

La mujer es inferior social y jurídicamente


87/2,228 "Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme al uso, pero los hombres están un grado por encima de ellas".


La mujer no es fiable como administradora:


92/4,5 "No confiéis a los insensatos la hacienda que Dios os ha dado para subsistir. Pero de ella sustentadlos y vestidlos. Y decidles palabras convenientes".


La mujer tampoco es fiable como testigo: el testimonio de la mujer vale la mitad que el del hombre. Y no es válido el testimonio solo de mujeres.


87/2,282 "Llamad como testigos a dos de vuestros hombres. A falta de dos hombres, tomad a un hombre y dos mujeres entre quienes os plazcan como testigos".


90/33,35 La aparente equiparación entre ellos y ellas, "los sumisos y las sumisas" etc., que enumera este versículo, si nos fijamos, indica únicamente que tanto unos como otras tienen que apercibirse y dar cuenta de lo que Dios les manda. Pero está claro que lo que Dios les manda a ellos no es lo mismo que les manda a ellas. Sus derechos y deberes son discriminatorios según el sexo.


En realidad, solo se iguala la mujer al hombre en la pena por delitos de adulterio (102/24,2) y de robo (112/5,38).



La mujer vale menos que el hombre en la venganza de sangre


En el derecho a la venganza de sangre, la aplicación de la ley del talión asigna un valor inferior a la vida de la mujer, que nunca puede compensar la de un hombre.


87/2,178 La vida de una hembra por la de una hembra asesinada… Si se acuerda una indemnización, por la muerte de una mujer será la mitad que por la de un hombre.



La mujer tiene menos derechos en la herencia


La hija heredará la mitad que el hijo. Si heredan los padres, para la madre solo un tercio.


92/4,11-12 "Dios os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras".



La mujer tiene menos derechos en el matrimonio


La mujer musulmana no puede contraer matrimonio libremente, sino que en el sistema islámico es concertado por el tutor.


La mujer tiene prohibido el matrimonio con un no musulmán. Pero el hombre sí puede casarse con una no musulmana, aunque esta debe islamizarse:


87/2,221 "No os caséis con mujeres asociadoras hasta que crean".


En el matrimonio islámico, la mujer no adquiere derechos sexuales: el marido solo tiene obligación de correr con los gastos del alojamiento, el vestido y el alimento.


La mujer debe obediencia al marido como a Dios.


Si el marido teme que la esposa lo desobedezca, tiene derecho a castigarla físicamente, o repudiarla.


El Corán consagra la poliginia. El hombre puede tener numerosas mujeres: cuatro esposas y las esclavas como concubinas. La mujer tiene que compartir a su marido.


92/4,3 "Casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres y cuatro. Pero, si teméis no ser justos, entonces una sola, o las que posee vuestra mano derecha [las esclavas]". (La misma expresión en 90/33,50 yen 92/4,24-25.)


92/4,34 "Los hombres se elevan por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos con respecto a otras y por lo que ellos gastan de sus fortunas. Las mujeres virtuosas son entregadas y guardan el secreto que Dios manda guardar. A aquellas de las que temáis la disensión amonestadlas, abandonadlas en el lecho, y pegadles. Si os obedecen, no busquéis más medidas contra ellas".


102/24,6-9 El hombre tiene derecho a acusar de adulterio a su mujer, sin testigos, jurando cuatro veces. Pero la mujer no tiene este derecho.


Los matrimonios con niñas menores no están contemplados en el Corán, sin embargo sí están permitidos en el derecho islámico, justificándose en el ejemplo de Mahoma y Aisha.



La mujer está subordinada en la relación sexual


Por el contrato matrimonial, el marido adquiere en exclusiva la vagina de su esposa.

 

Las esposas deben estar siempre disponibles para la satisfacción de su marido… Y él tiene derecho a exigirlo.


74/23,1-6 Son virtuosos los hombres que satisfacen su apetito sexual solo con sus esposas y sus esclavas. Nada parecido para las mujeres.


87/2,187 "Os está permitido, en las noches del mes de ayuno, tener relaciones sexuales con vuestras mujeres: son una prenda para vosotros y vosotros sois una prenda para ellas. (…) abordadlas y buscad lo que Dios os ha prescrito".


87/2,223 "Vuestras mujeres son un campo de labor para vosotros. Id a vuestro campo como queráis." Algunas tradiciones cuentan que esto responde a que algunos compañeros de Mahoma eran aficionados a la penetración anal y que al decir "como queráis" significa por delante o por detrás, siempre que se eyacule en la vagina. Tal vez esto choca con 2,222.)

 

102/24,13 En caso de violación, el testimonio de la mujer agredida no tiene validez: ella debe presentar cuatro testigos masculinos.



La mujer queda en desventaja ante el divorcio


La disolución del matrimonio resulta muy fácil para el marido y muy difícil para la esposa, como puede constatarse en la sura 65, dedicada al repudio, y en otros pasajes.


87/2,226-232 "Ellas tienen el mismo derecho que ellos, según las costumbres. Pero los hombres están un grado por encima de ellas" (2,228).


99/65 El repudio. El repudio de la mujer es a voluntad del marido, sin que haya reciprocidad para ella. Basta que el marido repita tres veces que la repudia.


Si la repudiada vuelve a casarse, pierde la custodia sobre sus hijos del anterior matrimonio. No así el hombre.



La mujer solo es igual para el castigo en caso de adulterio


En caso de adulterio se prescribe el mismo castigo para ambos cómplices. Pero incluso esta igualdad puede resultar más bien aparente, al quedar distorsionada por el sistema de testigos exigidos, desfavorable para la mujer.

 

Se prohíbe el concubinato con mujeres libres (no con las esclavas):


92/4,24-25 y 112/5,5 Se prohíbe tener amantes entre las mujeres preservadas.


50/17,32 Se prohíbe el adulterio y la fornicación.


102/24,2 La pena por el adulterio que se estipula en cien latigazos. Pero este versículo habría sido abrogado por otro desaparecido, que ordenaba castigar el adulterio con la lapidación a muerte, que es la que se aplica conforme a la charía (cfr. nota en la traducción francesa del Corán por Sami Aldeeb).


102/24,4 El que acuse de adulterio y no presente los cuatro testigos es castigado con 80 latigazos.



La mujer recibe peor castigo por la homosexualidad


La homosexualidad, tanto masculina como femenina, es objeto de duros castigos, pero no con la dureza para hombres y mujeres:


92/4,15 "Aquellas de vuestras mujeres que cometan esa infamia, llamad contra ellas a cuatro testigos de vosotros. Si testifican, recluidlas en casa hasta que mueran, o hasta que Dios les dé una salida".


Ahora bien, este versículo, que manda emparedarlas, está abrogado por un hadiz que dice: "Dios ha dado a las mujeres una salida. Virgen con virgen: cien latigazos y el destierro durante un año. No virgen con no virgen: la lapidación" (cfr. nota a 4,15, en la traducción francesa de Aldeeb). En cambio, para los hombres el castigo es mucho menos drástico:


92/4,16 "Cuando dos de los vuestros [varones] la cometen, castigadlos severamente. Si se arrepienten y hacen una buena obra, dejadlos en paz. Dios es indulgente, misericordioso".



Las mujeres no musulmanas son reducidas a esclavitud


Como Dios manda llevar la yihad a las tierras no islámicas, el islam sustenta la idea de que les pertenecen por derecho, y por lo mismo las mujeres no musulmanas, no cristianas ni judías, consideradas parte del legitimo botín. Evidentemente, si las mujeres libres tienen mermados sus derechos, las esclavas o las destinadas a serlo carecen por completo de ellos.


Los hombres pueden poseer esclavas, y los que las posean tienen derecho a tener relaciones sexuales con ellas, sin restricción, aunque estén casadas. En el Corán, se las menciona con la expresión técnica "lo que vuestras manos derechas poseen", que se repite en:

84/30,28
92/4,3
92/4,24-25
92/4,36
102/24,33
102/24,58


La mujer, en el paraíso, se describe como objeto sexual


La desigualdad entre los sexos llega a su culmen en el paraíso, concebido exclusivamente en función del placer de los hombres:


38/38,49-53 En los jardines del edén las vírgenes de mirada baja…


46/56,10-22 Habrá efebos eternamente jóvenes y huríes…


46/56,35-38 Huríes siempre vírgenes…


56/37,48-49 Vírgenes de mirada baja y grandes ojos…


64/44,51-55 Se casarán con las de grandes ojos negros…


76/52,19-20 Se casarán con las de grandes ojos negros…


80/78,31-33 Doncellas de senos redondos…


87/2,25 Allí tendrán esposas purificadas…


97/55,54-58 Las de mirada baja, que nadie habrá desflorado antes.


97/55,70-74 Las de grandes ojos negros, que nadie les, acostadas sobre almohadones verdes…



La traumática circuncisión femenina


La circuncisión, ya sea masculina o femenina, no aparece en el Corán. Pero los ulemas afirman que está ordenado por Dios. En el caso de los niños varones, se practica unánimemente y es celebrada. La de las mujeres tiende a ocultarse, pero, cada año, alrededor de dos millones de niñas musulmanas son víctimas de mutilación genital (cfr. Sami Aldeeb, Circoncision masculine et féminine. Saint Sulpice, Centre de Droit Arabe et Musulmán, 2012: 10).

 

El velo islámico simboliza la sumisión femenina y la supremacía masculina


El velo y el cubrimiento de la mujer expresa visible y simbólicamente la condición femenina en el sistema islámico, que es la sumisión de la mujer a la supremacía masculina, debido a su presunta inferioridad en todos los órdenes: psicológico y social, intelectual y moral, natural y teológico.


90/33,32-33 A ejemplo de las mujeres de Mahoma, la mujer debe quedarse en casa. Debe hablar con recato.


90/33,53 Mahoma en su casa de Medina, mantenía a sus mujeres ocultas detrás de una cortina y desde allí hablaban con los visitantes para no ser vistas.


90/33,59 Que las mujeres se cubran con sus mantos cuando salen de casa, para ser reconocidas como musulmanas.


102/24,30-31 Deben bajar los ojos, cubrir sus encantos, echar los velos sobre sus pechos.


102/24,60 Las mujeres mayores que ya no esperan casarse, no tienen obligación del velo.


En la concepción islámica, hay partes del cuerpo que son vergüenza o tentación (awra), por lo que está prohibido mostrarlas (son haram). En el hombre, entre la cintura y la rodilla. En la mujer, todo su cuerpo es awra.



La exclusión de las mujeres del espacio público


Esa exclusión de las mujeres del espacio público la sustentan sin pestañear los filósofos musulmanes, como Averroes: "Él habla de la condición de las mujeres en los países musulmanes para deplorarla. Constata, en efecto, que ellas no tienen otra función que la de ocuparse de los niños y, para obtener algún dinero, la de hilar y tejer. Así, dice, ellas están reducidas al estado de plantas. Pero, en realidad, Averroes no se queja por las mujeres. Él deplora su inutilidad y la carga que representan para su marido" (Anne-Marie Delcambre, Averroès et l’Occident. Un mensonge persistant. Conferencia, 2006).

http://l-philosophie.over-blog.fr/article-averroes-et-l-occident-un-mensonge-persistant-51774517.html



El empeoramiento de la situación de la mujer bajo el islamismo


Quizá el único avance fuera la prohibición del infanticidio femenino, aunque algunos historiadores niegan que tal práctica existiera en época de Mahoma.


Según lo que relata la propia tradición árabe musulmana, antes de la conquista mahometana, en La Meca, había mujeres socialmente importantes, que se dedicaban a los negocios y administraban su fortuna:


- La primera esposa de Mahoma, Jadiya, era una mujer muy conocida y dueña de un importante negocio en el comercio de caravanas.


- La madre de Abu Yahl, dirigente curaisí, primo del padre de Mahoma, y enemigo de este, poseía una tienda de perfumes.


- Hind bint Utba, esposa de Abu Sufyán, jefe de un clan de la tribu curaisí, mantenía negocios con Siria. Fue la madre de Muawiya, el primer califa omeya.


Después del triunfo del islam, ninguna actividad de ese tipo estaba permitida a las mujeres, que fueron recluidas cada vez más en el ámbito privado.



Conclusión contra el pretendido feminismo islámico


La precedente exposición de basa fundamentalmente en el texto del Corán, sin mencionar los relatos atribuidos a Mahoma, ni las exégesis, ni las escuelas de jurisprudencia, donde las prescripciones que determinan la desigualdad y la inferioridad de la mujer son apabullantes.


La condición femenina se define en el Corán como taxativamente inferior a la masculina. La inferioridad de la mujer tiene un carácter antropológico, pues su humanidad es menor que el hombre; un carácter jurídico, en asuntos de testimonio, herencia, matrimonio, repudio, violación, homosexualidad, etc.; un carácter teológico, no solo por haberlo revelado Dios, sino porque este ha elevado sobre ellas a los varones y les ha conferido autoridad sobre ellas. Es una visión misógina convertida en régimen jurídico.


De este menosprecio a la mujer está plagada toda la tradición musulmana, comenzando por los hadices de Al-Bujari y de Muslim.


El "feminismo islámico" que ciertos reformistas y en especial las feministas musulmanas plantean implica abandonar la jurisprudencia de todas las escuelas, suníes y chiíes. Tendrán que dejar a un lado también los comentarios exegéticos de todos los ulemas y ayatolás a lo largo de la historia. Pero, como lo que estos sostienen está basado en los relatos (hadices) y la vida del profeta, tendrán que ponerlos también aparte, considerándolos como mero documento histórico sin valor normativo. Todavía quedará el Corán. Pero ¿qué hacer con la gran cantidad de versículos coránicos que afirman la inferioridad y subordinación de la mujer?, ¿qué hacer con tantos suras que contienen preceptos contrarios a los derechos humanos? Para el buen musulmán, lo que está perfectamente claro es que el Corán no se puede interpretar a título personal, porque ya está todo interpretado autoritativamente desde el siglo XII, de modo que al creyente solo le cabe aceptarlo, o rechazarlo. Hoy, que cada cual sea libre.


Por eso, hacer un planteamiento de reinterpretación lleva consigo desautorizar el derecho islámico existente (la charía), apartarse de la tradición musulmana consagrada, desmentir la palabra del profeta y estar en desacuerdo con el Corán, pero entonces ¿sigue siendo un planteamiento islámico? Porque, lo que se está cuestionando, en última instancia, es lo que Alá ha hecho descender.


A no ser que la actuación de aires feministas no sea más que la propia de unas combatientes (muyahidines) de la yihad cultural, que cumplen con su tarea de hacer proselitismo (dawa), poniendo en práctica el coránico disimulo (taquiya) con objeto de engañar a todo el que se deje.


Nada de esto implica que sea imposible el feminismo de las musulmanas, pero deben ser conscientes de que cada paso que avanzan hacia la autonomía de la mujer es un paso que se alejan del islam.



Las inevitables contradicciones del feminismo islámico


El islam(ismo) es lo que es, y no lo que las feministas quisieran que fuera. Es un sistema formado por el Corán, los relatos y la vida de Mahoma, la ley islámica, así como los comentarios y la jurisprudencia de diez siglos.


Se dedican a una interpretación creativa, hasta cristianesca. Pero se trata de entender lo que dice el texto, algo muy distinto de reinterpretarlo, para que el texto diga lo que le interesa a la ideología del intérprete.


La cuestión de método es esta: si, para el musulmán, el Corán puede someterse a la razón humana o, por el contrario, es la razón humana la que debe someterse al Corán.

La pregunta sobre el contenido es si están de acuerdo con el Corán con todas las prescripciones y prohibiciones reseñadas más arriba…


Quienes tratan de enmascararlo da la impresión de que se avergüenzan del Corán y el islam. En un país musulmán, tal postura en el plano religioso sería una apostasía. Y aquí, en el plano científico constituye una falsificación del texto. Y en el plano social, un intento de manipulación del auditorio.


Por lo demás, da la impresión de que son algunos musulmanes quienes están aquejados de islamofobia, definida como miedo de abordar el islam, de afrontar con seriedad y rigor el estudio del Corán, de las fuentes clásicas y la historia del islamismo.

 

La triste realidad de las mujeres en los países musulmanes


Los países de mayoría musulmana mantienen en vigor buena parte de las prescripciones coránicas, recogidas en el derecho islámico. En algunos de ellos, como Arabia Saudí e Irán, la ley islámica rige totalmente la sociedad y el Estado. En otros, casi totalmente: Pakistán, Sudán, etc.


Los países de la Organización de la Cooperación Islámica (56 más la Autoridad Palestina), presentan en general un panorama desolador:


- Se encuentran estancados en el desarrollo económico, entre otras cosas por la postergación social de la mujer.


- No hay ninguna democracia estable y la mujer apenas accede a la vida política.


- Ninguno ha ratificado la Declaración universal de los derechos del hombre. Y en todos ellos, los derechos de las mujeres son sistemáticamente violados.


- En particular, rechazan la libertad religiosa, que puede ser perseguida a muerte.


- Presentan el mayor índice de analfabetismo, que, en áreas rurales, llega a sobrepasar el 90% (Ibn Warraq 2003: 315).


- En esas sociedades, se da a la mayor falta de libertad de la mujer (según informe de la ONU, citado en Ibn Warraq: 22).


- En una parte de ellos, persiste la mutilación genital femenina (Sami Aldeeb 2012), e incluso el abandono de niñas recién nacidas (Ibn Warraq 2003: 315).


Un ejemplo de liberalismo islámico. En Arabia Saudí se introdujo un cambio legal, en 2018, por el que las mujeres pueden conducir, abrir un negocio, asistir a actos deportivos, acceder a la educación e ir al médico sin permiso de un varón. Pero, en la práctica, la policía religiosa sigue vigilando: las mujeres no pueden viajar, casarse o divorciarse, ni declarar ante la policía sin el permiso de un guardián masculino. Se exponen a ser amonestadas o condenadas.


Al mismo tiempo, Apple y Google ofrecen ahora en su tienda digital una aplicación del gobierno saudí, que permite a los hombres controlar a distancia a las mujeres que están bajo su tutela.



Nota sobre la represión islámica de la sensibilidad


Contra el tópico falaz de un mundo musulmán que daría alas a la sensualidad, el hedonismo, la tolerancia sexual y la libertad de las artes, la realidad manifiesta una historia de represión sistémica, donde todo lo que haya florecido fue a contrapelo del islam.


Tuve esta intuición en la visita a una exposición monográfica sobre Rubens, en el museo del Prado, ante la serie de cuadros titulada Los sentidos. Por contraste, me vino a la imaginación el descubrimiento de cómo el islam castiga cada uno de los sentidos en la vida social. Como en estos rasgos:


Castiga la vista, al prohibir la representación histórica de figuras humanas, al mismo tiempo que cubre con un velo a la mujer.

Castiga el oído, al prohibir todos los instrumentos musicales en las celebraciones rituales.

Castiga el olfato, al prohibir perfumarse para salir a la calle.

Castiga el gusto, al prohibir el vino, el jamón (la carne de cerdo) y otros alimentos.

Castiga el tacto, con la separación radical de hombres y mujeres, la prohibición de saludar a las no familiares con un beso e incluso dando la mano.


En último extremo, se denigra y reprime la sensibilidad humana con la terrible panoplia de los castigos corporales codificados, entre los que podemos destacar la crueldad de la lapidación de los amantes adúlteros.



A los organizadores de actos académicos sobre el islam


El 9 de marzo de 2019, la Cátedra de Teología de la Universidad de Granada organizó una conferencia sobre La mujer en el islam, hoy, impartida conjuntamente por dos jovencitas, directivas de una Asociación de Juventudes Musulmanes Andaluzas. Contaron su experiencia personal, en la que, según dijeron, su mayor mérito había sido la decisión de llevar el velo y dar testimonio con él de su religión. A continuación, ofrecieron lo que llamaron una presentación del islam sin estereotipos. Pero no pasó de ser una especie de catequesis infantil sin mucho fundamento, adornada con el relato breve y untuoso de cuatro vidas de "santas", de dudosa historicidad, propuestas como modelo para mujeres de hoy.


Con respecto al título anunciado, la charla resultó decepcionante y hasta deplorable. Y no faltaron críticas en aquel salón de grados de la Facultad de Ciencias. Pero es indignante que la universidad deje de ser el espacio académico para el conocimiento y el debate que debe ser. Una cátedra nunca debería convertirse en un mimbar para el adoctrinamiento, trufado además de santurronería hasta el punto de que el nombre de Mahoma tenía que ir seguido por el latiguillo "que la bendición y la paz de Alá sean con él", una vez y veinte veces.

Los que con tanta ligereza facilitan plataformas para la propaganda islámica están siendo cómplices, quizá sin saberlo, de los futuros talibanes de España. Porque lo que esa propaganda ideológica representa es un aspecto de la yihad cultural, y lo que finalmente se propone no es otra cosa que la colonización de España y Europa por el islam.








¿Feminismo en el sistema islámico?