SEMINARIO
Análisis histórico-crítico del islam
  


Comparativa entre el Corán y el Evangelio. Advertencias. Legitimidad de la comparación

TEXTO A DEBATE


Este trabajo se propone una comparación, quizá arriesgada, entre dos textos fundacionales de dos diferentes sistemas religiosos, el cristianismo y el islamismo, ambos insertos históricamente en la tradición más amplia que, junto con el judaísmo, se suelen llamar religiones proféticas o abrahánicas. Se tratará de un análisis aproximativo que pretende poner al descubierto una serie de semejanzas y diferencias significativas.

 

 

Advertencias preliminares

 

Una comparación de esta índole puede resultar polémica para algunos. Evidentemente no es fácil y requiere cierto ascetismo intelectual por parte del investigador: espíritu crítico, actitud ecuánime y razonamiento objetivado.

 

En el plano personal, cada uno tiene derecho a sustentar las opiniones, convicciones y creencias que vea o quiera. Pero aquí es obligado dejar al lado la ideología, salvo como objeto de estudio, con el fin de atenerse a los hechos, o a los textos, en cuanto referentes empíricos, y presentar los datos, las teorías y los argumentos mejor fundados.

 

Los que tengan prejuicios globales o juicios negativos o positivos respecto a la religión, deberían saber que eso es irrelevante para el análisis, siempre que este respete los hechos. Aunque esto no niega de ninguna manera que puede haber mala religión, como hay mala filosofía, o mala política, o malas artes. Sería la que se deja llevar por mitos falaces y mentiras, hasta el fanatismo, por rituales de división, que siembran odio, y por acciones violentas hacia los disidentes. Nada de esto es intrínseco a su concepto.

 

Otra gente asegura con contundencia que "todas las religiones son iguales", o que "se explican por el miedo a la muerte" y ocurrencias por el estilo. Deberían estar dispuestos a ir un poco más allá de las ideologías escasamente ilustradas del siglo XIX.

 

En cuanto a quienes estén leyendo o escuchando este discurso, en todo momento deben tener en cuenta varias advertencias:

 

1. No se trata de personas, no se habla de individuos ni de comunidades. Voy a tratar de ideas y sistemas de ideas, no de personas. Por ejemplo, hablo del islam, no de los musulmanes.

 

2. Tampoco se trata de política, no se pretende estudiar las implicaciones políticas o económicas, y menos aún apoyar ninguna opción. Lo que presento es una indagación del sistema religioso específicamente tal, utilizando instrumentos científicos normalizados, como el método histórico-crítico o el análisis estructural, y añadiendo a veces una reflexión filosófica.

 

3. El trabajo es con textos y con significados. Las referencias al contexto de los hechos históricos serán en función del mejor entendimiento del texto. Al tratarse de ideas y sistemas de índole religiosa, lo importante son los significados codificados en los textos, y no las prácticas que hayan podido inspirarse en ellos.

 

También hay que advertir que analizar críticamente una ideología o un sistema de ideas de determinado signo no presupone defender la de signo contrario, sino simplemente que se analiza lo que se está analizando.

 

La meta, y el camino, del análisis es la búsqueda de la verdad, el avance hacia una mejor inteligibilidad, el progreso en el conocimiento. El valor de una teoría depende de los datos y argumentos que aporte en su nivel epistemológico pertinente. En esto, defiendo que, más allá del conocimiento propio de las ciencias naturales y sociales, delimitado por la posibilidad de contrastación empírica, el pensamiento humano todavía tiene espacio para la filosófica, la mitología o la poesía.

 

Y, a fin de cuentas, en cualquier saber, hay que ser conscientes de una incertidumbre que nunca se disipa del todo. Y en nuestra tarea, comenzando por la incertidumbre en la traducción y la interpretación del significado.

 

Todo esto exige un esfuerzo permanente por ir superando los obstáculos ideológicos de todo tipo que impiden pensar con libertad, en particular, en ciertos casos, el miedo a abordar el estudio del islam.

 

 

Legitimidad de la comparación

 

La primera pregunta: ¿es legítima la comparación? Creo que depende del planteamiento, pues puede ser un disparate comparar cualquier cosa y de cualquier manera. Es necesario establecer el marco de las condiciones que han de darse para que la comparación sea legítima, bien fundamentada y aceptable.

 

Debo insistir en que lo que se compara no es el islamismo y el cristianismo en su conjunto, ni los respectivos desarrollos históricos, porque es inabordable -por su complejidad- comparar un sistema como un todo con otro. Lo que se analizan son tan solo algunos aspectos significativos de los textos fundamentales, temas o subtemas, del Corán y del Nuevo testamento, a condición de que haya correspondencia en el campo semántico aludido de un lado y de otro.

 

Como ejemplo de estudio comparativo, cabe destacar el de Antoine Moussali, Judaïsme, christianisme et islam. Étude comparée (2000). También es clarificador el análisis de Samir Amin, "Judaïsme, christianisme, islam: réflexions sur leurs spécificités réelles ou prétendues (vision d'un non théologien)" (1999).

 

¿Qué fundamento teórico podemos invocar cuando afirmamos la posibilidad y legitimidad de la comparación?

 

1. La teoría antropológica de la universalidad del espíritu humano, es decir, todos los miembros de la especie estamos dotados de la misma naturaleza y la misma razón básica.

 

2. La tesis bien argumentada de la existencia de valores universales, tanto en el orden cognitivo (lo verdadero) como en el orden ético (lo bueno, lo justo), por muy discutibles que sean.

 

Para llevar a cabo la comparación cabe especificar algunos criterios de comparabilidad que han de cumplirse:

 

1. No es correcto comparar elementos sueltos de un sistema y de otro, sean escogidos al azar o por las apariencias, porque el significado del  elemento resulta de relaciones más complejas.

 

2. Tampoco es posible comparar un sistema con otro tomados cada uno como un todo, porque, porque no se puede hablar de todo a la vez, ni de golpe, y porque el sentido del todo depende de las partes Sobre el sistema como tal caben consideraciones filosóficas, o valoraciones, pero solo después de los análisis.

 

3. La comparación induce a engaño si se plantea directamente en el plano empírico; en el caso de un texto, en el sentido literal. Es preciso, primero, el análisis filológico, semántico, temático, etc. La generalización debe preceder a la comparación: lo que se compara son estructuras y significados.

 

4. Para empezar, el asunto objeto de análisis comparativo debe ser el mismo, o equivalente, en cada lado de la comparación. Por ejemplo, la idea de Dios, los principios éticos, el estatuto de la mujer, la relación entre religión y política, etc.

 

5. Debe utilizarse el mismo criterio de selección del material textual o citas, el mismo método de descripción y análisis, la misma lógica de argumentación, de manera que se traten con igual objetividad los términos comparados.

 

6. Finalmente, para un trabajo sobre temas religiosos, es imprescindible disponer de una teoría capaz de dar cuenta de cualesquiera sistemas estudiados. Es decir, hay que contar con una teoría de la religión suficientemente bien fundada.