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Testimonio de un exmusulmán

ANÓNIMO · TEXTO



[Este testimonio de un exmusulmán se publica completo, protegido con el anonimato.]


Buenas noches.


Soy originario de Níger, un país laico con fuertes tradiciones islámicas. Pasé lo esencial de mi vida en los bancos de la escuela de la república, aunque desde muy pequeño fui iniciado en la memorización el Corán. Por lo demás, a lo largo de mi camino espiritual, tuve cuidado de ponerlo todo en cuestión excepto el islam, ya que me parecía blasfemo e inapropiado, hasta el día en que la búsqueda de la verdad me incitó a reconsiderarlo absolutamente todo sin reserva alguna.


Entonces, mi giro fue gradual, durante un período de varios meses. De hecho, antes de abandonar definitivamente el islam, primero me detuve en la doctrina coranista del Dr. Rashad Khalifa, una doctrina que privilegia los referencias matemáticos del Corán. Me hizo falta muy poco tiempo para romper el misterio y darme cuenta de que sus demostraciones no iban muy encaminadas. Así que, en seguida, hice una opción por un islam sin etiquetas, un islam no sectario, basado exclusivamente en mi propia interpretación del Corán, negando absolutamente todos los hadices (hechos y dichos atribuidos al "profeta" Mahoma, presuntamente contados por sus compañeros, recopilados y autentificados por imanes que vivieron entre los siglos IX y X.


Los hadices son un conjunto de prescripciones que llaman, por un lado, a amar, a ser pacientes y generosos... y, por el otro, a odiar, a esclavizar y, a veces, incluso a matar. De la cantidad de hadices unánimemente reconocidos como fiables y auténticos en el sunismo, la mayoría son de una virulencia muy contagiosa, injuriosos respecto a las mujeres, los judíos, los cristianos... Ponen en cuestión las implicaciones más elementales del "vivir juntos". Y desafian todas las leyes de la sensatez y de la moral. En ellos se encuentran tradiciones que incitan al odio, a la razia, al totalitarismo, de una barbarie insostenible. Describen al "profeta" como un personaje cínico, tiránico, despiadado, sediento de sangre, adicto al botín de guerra, sexista, pervertido, que se casó con una niña de seis años de edad, que reducía a sus enemigos a esclavitud, que alentaba a la tortura, la lapidación en ciertas condiciones y, entre otras, al asesinato del no creyente, del apóstata, del perro negro, de las salamandras, etc.


Yo sería extremadamente indulgente hacia el mundo musulmán citando solo algunas de las aberraciones y estupideces seleccionadas entre tantas otras, todas extraídas de las voluminosas obras redactadas por los imanes medievales Al-Bujari y Muslim, que son considerados como los  más eminentes "eruditos" en materia de recopilación y autenticación de hadices. Es sobre todo a estas dos figuras representativas del islam en su conjunto a quienes el mundo musulmán debe la receta de los cinco rezos diarias y la mayoría de sus creencias y usos rituales.


Las colecciones de hadices son tan extremas y tan peligrosas para la libertad que deberían estar estrictamente prohibidas en todos los países laicos. Yo soy un superviviente de la ideología racista, antisemita, retrógrada, oscurantista y extremista transmitida por los hadices, una ideología que se propaga como un reguero de pólvora, provocando víctimas en todas partes a nuestro alrededor. Comprendo perfectamente la inquietud de Occidente porque todo musulmán, sea ignorante o erudito, siga siendo un potencial terrorista mientras tenga una confianza ciega en los hadices. Es igualmente justificable que personalmente me queje de que el islam se haya aprovechado de mi inocencia y mi vulnerabilidad intelectual para adoctrinarme, mantenerme en la más completa oscuridad y aletargarme una buena parte de mi vida. Estimo, además que tengo pleno derecho a reprochar a la sociedad y a la república por no haber sabido protegerme de semejante peligro cuando más lo necesitaba.


Si al principio solo era musulmán por herencia, lo que me hizo conformarme a las creencias de mi entorno, después lo fui por convicción, rompiendo con los hadices, pero persuadido en esa época de que el Corán, que habría sido revelado al el siglo VII, enunciaba numerosos hechos científicos que solo se han descubierto muy recientemente. Hasta mucho más tarde, tras largos estudios e investigaciones sobre el tema, no alcancé la evidencia de la espantosa superchería que había detrás de todos los ajustes y montajes destinados a hacernos tragar el píldora wahabí a la que el Corán le debe su sedicente carácter sobrehumano y milagroso.


Además, una lectura seria e imparcial de ese libro basta y sobra para demostrar que no tiene absolutamente nada de divino y, por lo tanto, nada de sagrado. Se trata ni más ni menos que de una colección de relatos antiguos y tan vagos sobre ciertos temas que uno puede fácilmente hacerle decir cualquier cosa. Un libro que contiene no solo bellas palabras, como todos los demás libros religiosos, sino también una multitud de contradicciones, imprecisiones, ideas  incoherentes, misóginas, intolerantes, etc.


Si para la razón no creer es simplemente creer de otro modo, para el Corán, es exponerse a los peores castigos. Una parte de mí estaba ya terriblemente horrorizada con la idea de que algún día tendría que degollar un cordero con mis manos en nombre de la tradición, y con mayor razón debería combatir contra los descreídos en nombre de la religión, como enseñan los versículos del Corán, que los modernistas y reformistas se esfuerzan obstinadamente por contextualizar, a fin de buscar excusas a lo indefendible e intentar suavizar el contenido de los pasajes chocantes de la "revelación". Sin embargo, hay que recordar que el Corán es tan indulgente que autoriza al hombre a secuestrar y golpear a su esposa en caso de desobediencia. Claro está, no con un garrote, ya que un cepillo de dientes será suficiente, de acuerdo con los más "moderados". ¿No es es hermosa la "charía"?


Honestamente, no hay nada más urgente para el musulmán que abandonar el islam, aunque tal decisión requiere, además de una gran lucidez, mucha seguridad y valor. Aun así, el problema del conservadurismo musulmán es tan obvio como se explica. La mayoría de los versículos del Corán son tan violentos respecto al descreído y el apóstata que se vuelve extremadamente difícil para quien cree en él renegar de su fe para tener la ocasión y la oportunidad de poder plantear las preguntas correctas sin prejuicios y en completa libertad. La terrorífica amenaza del infierno por la eternidad y la influencia del ambiente social y familiar son factores que forman una barrera en la mente del musulmán, quien, muy a menudo, termina por resignarse a su suerte, consintiendo en soportar de frente todas las necedades y contradicciones de su religión.


Hoy, a la edad de 27 años, recuerdo en todo el tiempo perdido para nada, privándome de los placeres indispensables para mi realización personal, identificándome con valores nocivos, queriendo imitar y parecerme, rumiando fórmulas estériles, dedicándome a vanas prácticas gestuales y a movimientos puramente gimnásticos, creyendo en mitos y absurdeces asombrosas, esperando que el islam llegue a dominar el mundo, desarrollando reflejos de sumisión a la superstición y a cierta manera de ser, pensar y comportarse. No obstante, aunque sea imposible cambiar el pasado, se pueden sacar lecciones y dotarse de los medios para avanzar. En la actualidad, estoy resueltamente comprometido a adoptar esta nueva actitud.


En toda mi vida, nunca me he sentido tan bien conmigo mismo, tan en armonía con mi conciencia y con las leyes del universo, como cuando decidí abandonar el islam, ese infierno tengo tuve la gran desgracia de vivir incluso antes de morir. Con todo, anunciar públicamente mi renuncia a esta religión me expondría a un infierno aún más insoportable. Por mi seguridad y para evitar atraer la cólera y las maldiciones de mis allegados y conciudadanos, he preferido permanecer en el anonimato. Tener que vivir con el secreto de mis convicciones es un mal necesario.


Me gustaría señalar que la negación del islam y del teísmo en general no implica para mí el rechazo categórico de una inteligencia superior en el origen de la creación, incluso si la idea del deísmo me parece igualmente muy poco cómoda. No veo el interés de plantearme la cuestión de la existencia de un ser trascendente que no se revela, que permanece indiferente ante todos los sufrimientos, pasivo ante todas las injusticias en un mundo gobernado por la ley del la selva, donde el rico explota al pobre, donde el fuerte oprime al débil, donde el hambre, la pobreza, los desastres naturales, las enfermedades y los conflictos destruyen vidas y diezman poblaciones, donde la religión es fuente de división...


Por otro lado, el ateísmo tampoco me encaja. No responde a mis expectativas, ni mis exigencias. No puedo permitir que mis creencias descansen sobre teorías. La teoría de la evolución y todas las demás hipótesis científicas suscitan a veces más preguntas a las que no aportan respuestas e implican sistemáticamente que la persona que se adhiere a ellas tenga fe en simples suposiciones, en lugar de creer en fenómenos que tiene la posibilidad de verificar.


Por todas estas razones, me parece más inteligente que el ser humano dé prueba de humildad admitiendo tanto sus límites como los de la ciencia. No puedo dar una significación a mi vida más que que optando por ser útil a la humanidad y provechoso a las generaciones futuras, sin tener la pretensión de poder comprender o siquiera representarme realidades que escapan totalmente de mis sentidos y sobrepasan muy de lejos mi entendimiento. Esta es, para mí, la vía del justo medio.


Cordialmente.



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