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La cruel soledad de los musulmanes que deciden renunciar a su religión

NICOLAS MOREAU



Los ciudadanos y las autoridades públicas deben tomar conciencia, urgentemente, de la enorme amenaza que pesa sobre los apóstatas de Francia, a fin de afrontar la situación con fuerza.


Se llaman a sí mismos ExMuslim16, Jane, o incluso Imamette.


Detrás de estos seudónimos por precaución se ocultan antiguos musulmanes que han hecho un acto de apostasía; es decir, han abandonado su religión. Un crimen en el islam, que la charía castiga con la muerte.


Al igual que ellos, son muchos los que dan testimonio de las dificultades cotidianas de asumir su ateísmo, o su conversión, ante los reproches de su familia, o ante las amenazas de muerte de desconocidos. Algunos lo ocultan completamente, temiendo las consecuencias que conllevaría la revelación de su apostasía.


¿Cuántos son en realidad? Es imposible decirlo.


Un estudio del Instituto Montaigne (Un islam francés es posible, 2016), estimaba en un 15% el número de hijos de musulmanes de Francia que no lo eran ellos mismos. Y más allá, nada. Los artículos, cifras, o estudios sobre la apostasía son rarísimos.


Sobre este tema, las reacciones de las autoridades del islam en Francia son también raras (gran mezquita de París, Consejo francés del culto musulmán...). En 2011, sin embargo, con ocasión de una consulta a estas autoridades por parte de Jean-Pierre Chevènement, la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia, surgida de los Hermanos Musulmanes, hizo retirar de un texto común el artículo que mencionaba el derecho a cambiar de religión (Informe nº  757 al Senado, 5 de julio de 2016, página 87). Esta poderosa organización, transformada en Musulmanes de Francia, ignora todavía hoy este derecho en su estatuto (Carta de los musulmanes de Francia, 2017).


Así, los apóstatas del islam evolucionan en un aterrador vacío mediático e institucional, en el que abundan las condenas y las amenazas, al estilo de este testimonio, recogido en Twitter.


Han amenazado con matar a los hijos de Jane y la han entregado en cuanto #apostat a su familia.


Luego a @ExMuslim16, de la misma manera.


Ahora es mi turno. Son franceses, que me amenazan de muerte. Soy su ticket para las "huríes". Tienen mi apellido.


France 2018. #ExMuslim pic.twitter.com/YnLHYn46iy

— 🇫🇷- imamette👩🏻‍🎓- (@imamette)

10 de septiembre de 2018


No obstante, nuestros principios republicanos están claros. La Declaración de los Derechos de Hombre y del Ciudadano de 1789,  que tiene valor constitucional, recuerda que "nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley".


El gobierno, por su parte, garantiza que la laicidad "asegura también el derecho a tener o no tener una religión, a cambiar de ella o a no tener ninguna" (https://www.gouvernement.fr/qu-est-ce-que-la-laicite).


Aunque los principios estén establecidos, los derechos de los apóstatas a la libertad y a la seguridad no están garantizados, porque permanecen desesperadamente solos frente a las amenazas, abandonados por un poder político que evita el tema, y por los conciudadanos, que con frecuencia la magnitud del peligro que ellos corren.


Estos exmusulmanes ya no pueden luchar solos. El insultarlos, perseguirlos, amenazarlos es atacar a la República, y con ella, a esa libertad tan preciada, pero tan frágil que exige lucha en todo momento.


Esta lucha por la libertad pasa hoy por una defensa implacable de nuestros compatriotas apóstatas. Llama a la implicación y la responsabilidad de cada uno.



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