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Trabajadores inmigrantes católicos en la península musulmana de Arabia

ALAIN RENÉ ARBEZ · 8-02-2019



El primer papa en pisar la tierra de la península arábiga, Francisco llegó a Emiratos Árabes Unidos. En Abu Dhabi, presidirá una celebración eucarística sin precedentes donde se esperan 150.000 personas, mientras que las misas en público generalmente están prohibidas.


Hay que tener en cuenta una dimensión antes de imaginar cualquier tipo de diálogo con el islam, es el reconocimiento de la dignidad de esos millones de trabajadores cristianos que superan las difíciles condiciones de vida en esta región, incluyendo también sus prácticas de fe. El príncipe heredero de Abu Dhabi pretende promover la coexistencia pacífica entre religiones. El papa evocará con él los derechos de los trabajadores básicamente filipinos e indios, sin olvidar la terrible situación en Yemen con la crisis humanitaria que dura ya cuatro años. Se abordará la cuestión del terrorismo islámico y el papa Francisco, siguiendo a Benedicto XVI, invitará a los dirigentes musulmanes de la región a rechazar la promoción del odio y la violencia. Las reuniones se llevarán a cabo en presencia de patriarcas cristianos orientales y rabinos.


En Arabia Saudí, viven 1.500.000 inmigrantes católicos que provienen de Líbano, Siria, Egipto, Irak, India, Filipinas, Sri Lanka... El mismo número y los mismos perfiles en Emiratos y otros sultanatos de la península. Estos obreros trabajan duro en permanentes obras de construcción gigantescas, se sitúan en la parte inferior de la escala social del país. Así, debido a las necesidades ilimitadas en la construcción y las obras públicas de los países de la península, impresionantes cantidades de extranjeros considerados como "infieles" están en activo en este territorio sobre el que el profeta había dicho antes de morir: "Dos religiones no deben coexistir en la tierra sagrada del islam. (Él había preparado el terreno matando, convirtiendo o subyugando a judíos y cristianos autóctonos.)


Paradójicamente, en este siglo XXI, hay más extranjeros que autóctonos en Arabia. Por ejemplo, en Dubai, hay ¡un 85% de extranjeros! Más en general, esto significa que la mitad del número total de católicos de Oriente Medio están en Arabia.


Algunos estados de la península arábiga toleran más o menos la presencia de cristianos. Arabia Saudí reprime no solo los derechos religiosos sino también los derechos sociales que Europa otorga generosamente a sus inmigrantes (ayudas sociales, reagrupación familiar, derecho de asociación, etc.). Así, en Arabia Saudí, hay prohibición formal de importar una Biblia, prohibición de construir una iglesia y prohibición de celebrar una misa. La policía religiosa antiblasfemia vigila (muttawa).


Para Arabia Saudí y los Emiratos del Golfo, hay dos vicarios apostólicos a cargo de estas numerosas comunidades católicas: un misionero italiano, monseñor Camillo Ballin, y un capuchino suizo, monseñor Paul Hinder. En circunstancias diferentes, llevan a cabo su ministerio como pueden, en función de las prerrogativas locales. Cada uno de ellos tiene la responsabilidad pastoral de estos millones de católicos, sobre todo asiáticos, que están allí para ganarse duramente la vida de sus familias, que han quedado en su país. Estos inmigrantes viven con dificultad en condiciones de trabajo agotadoras y un aislamiento afectivo y espiritual que los debilita.


Mons. Hinder, responsable de las comunidades católicas de los Emiratos, el Sultanato, Yemen, Bahrein, Qatar y Arabia Saudí, señala que en Suiza hay 200 mezquitas para una población musulmana cinco veces más pequeña que la cantidad de cristianos censados en su vasto Vicariato, que no tiene derecho más que a un total de 20 iglesias.


En Bahrein y Omán, existen iglesias pero no deben tener signos distintivos en el exterior (ninguna cruz), las campanas están estrictamente prohibidas y, obviamente, los transeúntes musulmanes tienen prohibido entrar.


Mons. Ballin ha recibido autorización del rey Hamad bin Hassa al Khalifa para construir una iglesia católica en el emirato, a pesar de la fuerte oposición de grupos islamistas locales. Pensaba que esto haría la vida de los fieles un poco más llevadera, gracias a hermosas celebraciones en un lugar digno y acogedor.



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