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La razón acosada.
Posmodernismo, identidades y crisis de la
verdad en Occidente
PEDRO GÓMEZ
GARCÍA
Books on
Demand, 2026.
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Este libro
nace de una inquietud sostenida a lo largo de años de
investigación, docencia y reflexión filosófica y antropológica: la de
entender
qué está ocurriendo con nuestra civilización, por qué se ha vuelto tan
difícil
pensar con claridad sobre ella y qué tiene que ver todo eso con el modo
en que
hoy se habla —y se abusa— de conceptos como identidad, cultura, razón,
ciencia,
laicidad, utopía o globalización.
El
libro se organiza en
tres partes que, aunque pueden leerse con independencia, forman una
argumentación coherente y acumulativa. La primera parte analiza el
posmodernismo como fenómeno intelectual, político y cultural. La
segunda somete
a crítica el paradigma identitario en antropología, desde la raza y la
etnia
hasta el nacionalismo y la identidad cultural. La tercera ofrece una
serie de
estudios de caso sobre manifestaciones concretas de las ideologías y
utopías
analizadas en las dos partes anteriores.
1.
Afrontar el posmodernismo
El punto de
partida es una distinción que conviene no perder de vista: la
diferencia entre la modernidad crítica —ese horizonte de racionalidad,
libertad, ciencia y derechos cívicos que constituye el legado más
valioso de
Occidente— y el posmodernismo en sentido estricto, que no representa
una
superación reflexiva de la modernidad, sino su impugnación sistemática.
Porque
no todo lo que viene después es continuación; a veces es negación.
El
posmodernismo, tal como
se analiza aquí, tiene raíces filosóficas precisas —Nietzsche, Marx,
las
corrientes de la Escuela de Fráncfort, el estructuralismo tardío— y fue
evolucionando a lo largo de cuatro décadas desde la deconstrucción
teórica de
los años sesenta hasta el movimiento woke de nuestros días. Su
núcleo
doctrinal puede resumirse en cuatro tesis: que no existe conocimiento
objetivo,
sino solo relaciones de poder codificadas en discurso; que el lenguaje
no
comunica la realidad, sino que la construye al servicio del grupo
dominante;
que todo relativismo cultural debe tomarse como absoluto; y que la
identidad
personal queda subordinada a la identidad colectiva del grupo. De estas
premisas se derivan consecuencias que van mucho más allá de la
academia: la
deconstrucción de la familia y la moral sexual, la teoría crítica de la
raza,
la medicalización de categorías de identidad, la manipulación
sistemática del
lenguaje, la falsificación del pasado histórico y el anticristianismo
militante.
Lo
que vuelve peligroso al
posmodernismo no es solo su inconsistencia lógica —que es flagrante,
pues el
relativismo que predica se contradice a sí mismo en el momento en que
lo
formula como verdad— sino su eficacia práctica como herramienta de
ingeniería
social. Se analiza con detalle el método que siguen sus activistas:
seleccionar
un campo de relaciones sociales, redescribirlo como conflicto entre
opresores y
oprimidos, fabricar un lenguaje seudocientífico que lo codifique,
difundir un
relato de agravios, silenciar la disidencia y, finalmente, exigir que
el Estado
institucionalice sus conclusiones. Este método se repite con precisión
en cada
uno de los siete frentes culturales que el posmodernismo ha abierto,
desde la
sexualidad hasta la historia colonial.
Frente
a este programa, se
argumenta una propuesta de resistencia intelectual, moral y cultural,
articulada en tres ejes: la afirmación de los datos objetivos que la
ciencia
ofrece, frente a las fantasías seudocientíficas del progresismo; el
ejercicio
de la razón crítica y la argumentación filosófica, frente al
irracionalismo
emocional; y la recuperación del legado de la tradición cristiana, no
como
dogmatismo, sino como hermenéutica capaz de dar sentido a la vida en el
marco conceptual
de la modernidad crítica.
2. Las identidades tóxicas
La segunda
parte desciende al terreno de la antropología y desmonta con
rigor conceptual y científico el andamiaje sobre el que se construyen
las
ideologías identitarias. El argumento central es doble: que el concepto
de
identidad colectiva —racial, étnica, cultural, nacional— es
epistemológicamente
incoherente, y que sus aplicaciones políticas son invariablemente
perniciosas.
El
análisis comienza por
la raza. La genética de poblaciones ha demostrado de manera concluyente
que no
existen razas en la especie Homo sapiens: la variabilidad
genética entre
individuos de una misma población supera ampliamente la variabilidad
entre
poblaciones. Lo que llamamos raza no es sino una etiqueta cultural que
selecciona arbitrariamente unos pocos rasgos fenotípicos sobre un fondo
de complejísima
diversidad genética compartida. El racismo, en consecuencia, no tiene
fundamento biológico alguno; es siempre una construcción ideológica al
servicio
de intereses políticos y económicos.
Del
mismo problema adolece
el concepto de etnia. Ninguna de las tres grandes teorías sobre la
etnicidad
—la esencialista, la objetivista y la subjetivista— consigue dar una
definición
coherente, generalizable y verificable empíricamente. Los criterios
propuestos
—lengua, parentesco, religión, costumbres— no permiten demarcar con
rigor
ningún grupo étnico real; y, cuando se combinan, los resultados son
contradictorios. Lo que se suele presentar como identidad étnica es, en
el
mejor de los casos, una abstracción estadística cambiante; en el peor,
una
fabricación política instrumentalizada para la movilización y el
enfrentamiento.
Esta
crítica se extiende
al nacionalismo étnico, que incurre en la falacia de postular un
encadenamiento
necesario entre territorio, población, cultura y Estado, cuando la
historia
demuestra exactamente lo contrario: que los Estados crean las naciones,
y no al
revés; que toda civilización es producto del mestizaje y la síntesis,
no de la
pureza; y que el principio de identidad étnica como fundamento del
Estado
conduce, en su lógica interna, hacia la exclusión, la homogeneización
forzada
y, en el límite, la limpieza étnica.
El
capítulo sobre
identidad cultural como totemismo moderno ofrece una hipótesis
interpretativa
de gran fuerza explicativa: el sistema de identidades culturales
funciona
estructuralmente como un sistema totémico, en el sentido que
Lévi-Strauss dio a
este concepto. Las llamadas señas de identidad no describen la realidad
social,
sino que la clasifican simbólicamente y la movilizan políticamente. No
son el
reflejo de lo que una sociedad es, sino el instrumento con el que
ciertos
sectores pretenden imponer lo que debería ser. Su arbitrariedad es
constitutiva, no accidental.
La
segunda parte concluye
con un capítulo que traslada el problema desde el plano colectivo al
personal.
La identidad colectiva tiende a negar la libertad individual: exige
adhesión,
penaliza la disidencia, convierte la pertenencia en obligación. Frente
a ello,
se reivindica la complejidad de la identidad real de cada persona, que
es
siempre resultado de múltiples pertenencias, herencias heterogéneas e
itinerarios biográficos irrepetibles, y que no puede reducirse a
ninguna
categoría étnica, nacional o cultural sin desfigurarla. La persona
libre es
incompatible con la identidad cerrada.
3.
El utopismo al descubierto
La tercera
parte aplica los instrumentos desarrollados en las dos partes
anteriores a una serie de fenómenos especialmente significativos y de
gran
actualidad.
El
primer capítulo de la
tercera parte examina la revolución moderna como fenómeno de naturaleza
esencialmente religiosa. A través de dos casos históricos
paradigmáticos —la
Revolución Francesa y el terror, la Revolución Rusa y el totalitarismo
soviético—, se muestra que las grandes convulsiones revolucionarias no
son
meros episodios de violencia política, sino manifestaciones de una
estructura
teológica común: la sacralización de la violencia, la designación de un
enemigo
sacrificial, la promesa de redención colectiva y la certeza gnóstica de
poseer
el secreto del devenir histórico. El análisis presta especial atención
a la
dialéctica hegeliano-marxista como coartada intelectual de esa
violencia, y
concluye con una reflexión sobre la invariancia del patrón
revolucionario —de
Robespierre a Pol Pot— y sobre las condiciones de una resistencia
intelectual y
moral que resulte eficaz.
El
segundo capítulo de
esta parte analiza la relación intrínseca entre utopía y terror. Contra
la
idealización habitual del pensamiento utópico, se argumenta que toda
utopía
política contiene en su lógica interna los elementos que conducen al
totalitarismo: la pretensión de diseñar desde cero una sociedad
perfecta exige
necesariamente un poder total sobre quienes la habitan. Los casos de
Camboya y
Vietnam sirven como estudio comparado de dos modos de fracaso del
comunismo:
uno por aplicación radical de la utopía, otro por abandono de ella sin
alternativa honesta. Ambos confirman la vacuidad del discurso
revolucionario y
la falta de credibilidad histórica de la izquierda política.
El tercer
capítulo traza
la distinción entre laicidad y laicismo, que no es un matiz
terminológico sino
una diferencia de fondo. La laicidad del Estado garantiza el pluralismo
y la
libertad de conciencia; el laicismo es una ideología combativa que
instrumentaliza
el aparato estatal contra la religión y, en particular, contra la
Iglesia
católica. El análisis de los movimientos laicistas en España muestra
cómo, bajo
la apelación a la neutralidad, se esconde un proyecto de monopolio
ideológico
contrario a los principios del Estado democrático.
El
cuarto capítulo aborda
el activismo científico de organizaciones como Rebelión Científica,
para
mostrar cómo la confusión entre científico y ciencia —entre la persona
que
investiga y la actividad que realiza— genera una forma de mesianismo
político
que instrumentaliza el prestigio de la ciencia para legitimar opciones
que son,
en realidad, filosóficas y políticas. La ciencia describe y explica; no
prescribe fines ni valores. Cuando se confunden estos planos, la
ciencia queda
comprometida y la política, mistificada.
El
capítulo final plantea
la pregunta por el sentido de la vida en el contexto de la
globalización. Tanto
frente al particularismo identitario que se aferra a singularidades
cerradas
como al globalismo homogeneizador que disuelve toda diferencia, se
propone un
horizonte de civilización planetaria plural: una forma de convivencia
que
preserve la diversidad de las herencias históricas en el marco de una
unidad
fundada en la pertenencia compartida a la especie humana. El mestizaje
cultural
no es una amenaza, sino la condición de posibilidad de todo progreso.
Nota
sobre el método y el tono
El lector
advertirá que este libro combina géneros diferentes: el ensayo
filosófico, la crítica antropológica, el análisis político y el estudio
de
caso. Esta heterogeneidad no es un defecto de composición sino una
consecuencia
del objeto: los fenómenos que se analizan —el posmodernismo, el
identitarismo,
el utopismo— no se dejan encerrar en una sola disciplina. Requieren la
perspectiva simultánea de la filosofía, la antropología, la historia y
la
política.
El
tono es, en ocasiones,
inequívocamente crítico. No se trata de una crítica airada ni
panfletaria, sino
de la que resulta de llamar a las cosas por su nombre cuando el
análisis así lo
exige. El relativismo que niega toda verdad objetiva, el esencialismo
que
cosifica las identidades humanas, el utopismo que convierte la política
en
religión violenta: son errores con consecuencias reales, y la
honestidad
intelectual obliga a decirlo con claridad.
En
el trasfondo de todas estas páginas late la convicción
de que el pensamiento crítico, la razón filosófica y el rigor
científico no son
instrumentos de un grupo ni patrimonio de una ideología, sino bienes
comunes de
la humanidad. Defenderlos es, también, una forma de defender a las
personas que
se verían más perjudicadas si se perdieran.
CONTENIDO DEL LIBRO
Introducción
POSMODERNISMO
1.1. El
posmodernismo: la impugnación de la modernidad
1.2.
Anatomía del posmodernismo: ideología y política
1.3. La
guerra cultural: siete frentes de batalla
1.4. La
ingeniería del conflicto: tácticas y adoctrinamiento
1.5.
Contra el posmodernismo: verdad y resistencia
cultural
IDENTIDADES
2.1.
Crítica del paradigma identitario en antropología
2.2. La
raza: una identidad biológica inexistente
2.3. La
etnia: una identidad cultural ilusoria
2.4. El
Estado crea la nación: crítica del nacionalismo
étnico
2.5. La
identidad cultural como totemismo moderno
2.6. La
identidad bajo sospecha: defensa del individuo
libre
UTOPÍAS
3.1. La
revolución como religión de la violencia
3.2. La
cara oculta de la utopía: el terror
3.3. El
laicismo contra la laicidad
3.4.
Ciencia y mesianismo: los límites de Rebelión
Científica
3.5.
Globalización, identidad y sentido de la vida
Bibliografía
Índice
analítico
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