Los tres
rostros del Corán
FLORENCE CHAUSSY
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Entrevista
a Leila Qadr (seudónimo de Florence
Chaussy) sobre su obra Los tres rostros del Corán, original
francés publicado en Éditions de Paris, 2014.
La obra
hace balance de las últimas
investigaciones históricas, arqueológicas y escriturarias y explica la
construcción del Corán. La construcción progresiva del libro compiló
fragmentos
de la Biblia, de los apócrifos bíblicos, de midrás judíos y de poemas
burlescos de la época. Cada relato coránico tiene su fuente en textos
preexistentes. «El recordatorio» es la palabra que designa al Corán en…
el
Corán. Nada nuevo en esta recomposición. El nombre de Muhammad [Mahoma] aparece
solo 4
veces sin paréntesis, y está masivamente presente entre paréntesis.
¿Por qué?
Según
el proyecto de
investigación Corpus Coranicum dela Academia de Ciencias de
Berlín-Brandeburgo,
que dispone de un fondo único en el mundo de fotografías de coranes
primitivos:
«La
epigrafía himyarí y
aksumí, ámbitos en los que se han hecho descubrimientos importantes
durante
el último medio siglo, modifica radicalmente la cronología de ciertos
préstamos: se ha descubierto que términos tan importantes como salât
(azalá,
rezo) y zakât (azaque, “limosna legal”) ya se utilizan en la
epigrafía
himyarí más de 200 años antes del islam».
Véanse
estos ejemplos de
préstamos que el Corán tomó de textos preexistentes, de donde se
«fusilaron»
los temas coránicos del paraíso sensual, de las sanciones penales, del
ramadán,
del rescate de Abrahán del horno por el ángel Gabriel, etc.
Ejemplo
1. La caída de Adán y Eva
Según
el Corán, los ángeles
desaprobaron la elección de Dios de crear al hombre; después, el ángel
Iblis
(Satanás) fue expulsado del paraíso por haberse negado, por orgullo, a
prosternarse ante Adán (Corán 2,30 y 33; y 7,12).
Geneviève
Gobillot, profesora de
civilización e historia de las ideas árabomusulmanas en la Universidad
Jean-Moulin de Lyon, hace la siguiente constatación:
«Por
último, los ángeles son
testigos de la creación y manifiestan a Dios su escepticismo sobre su
fundamento: “¿Vas a establecer a alguien que hará el mal?” (Corán 2,30). En
los
apócrifos, esta protesta contra el hombre procede de los elementos de
la
naturaleza: astros, ríos, tierra (véase, entre otros, el Apocalipsis
de
Pablo). Esta creación es, además, la ocasión de la caída de Iblis,
ángel
caído por haberse negado a prosternarse ante Adán. La fuente de este
acontecimiento es judeocristiana: la Vida de Adán y Eva
(latina; 12-16)
y las Preguntas de Bartolomé (4,54-55). “Cuando volví de los
confines
del mundo, Miguel me dijo: ‘Prostérnate ante la imagen de Dios, que Él
ha
modelado según su semejanza, que Él ha modelado según su semejanza’.
Pero yo
respondí: ‘Yo, que soy fuego nacido del fuego, el primer ángel en haber
sido
modelado, ¿debería prosternarme ante la arcilla y la materia?’. Miguel
me dijo:
‘Prostérnate para que Dios no se irrite contra ti’. Respondí: ‘No, Dios
no se
irritará contra mí, sino que estableceré mi trono frente a su trono y
seré como
Él’. Entonces Dios se irritó contra mí y me precipitó abajo” (Preguntas
de
Bartolomé, 4,55-56)» (Dictionnaire du Coran, bajo la
dirección de
Mohammad Ali Amir-Moezzi, artículo «Anges, Angéologie». París, Éditions
Robert
Laffont, 2007, página 53).
Ejemplo
2. El arrepentimiento de Adán tras la caída
Según
el Corán, Adán se
arrepintió de su falta, que había provocado su caída, y Alá lo aceptó
(Corán 2,37). Hichem Djaït, islamólogo tunecino, explica las fuentes
apócrifas judeocristianas del Corán:
«Otro
ejemplo: el
arrepentimiento de Adán después del pecado original, inexistente en el
Antiguo
Testamento, pero que se encuentra en el Talmud (Eruvín, 18b), así como
en la Vida
de Adán y Eva, en el Apocalipsis de Moisés y en el Libro
de Henoc
(32). Las concordancias entre el Corán y este último texto son
particularmente
frecuentes» (Hichem Djaït, La vie de Muhammad II. La prédication
prophétique à La Mecque, capítulo V, «Le problème des influences
chrétiennes». Fayard, 2008, página 287).
Ejemplo
3. Abraham arrojado a un horno
Según
el Corán, Abraham, por
haber rechazado la idolatría y roto los ídolos de sus compatriotas, fue
condenado a ser arrojado al fuego, pero milagrosamente no se quemó
(Corán
21,69-70). Maurice-Ruben Ayoun (1952-…), doctor en estudios
orientales, director del Centro de Investigaciones y Estudios Hebraicos
de la
Universidad de Estrasburgo II, señala:
«El
tratado talmúdico Pesajim
(fol. 118a) nos enseña que fue el ángel Gabriel quien lo salvó del
horno al que
lo había condenado el rey idólatra Nimrod, un detalle que el Corán
retomará
ampliamente» (Maurice R. Ayoun, Abraham, un patriarche dans
l’histoire.
Ellipses, 2009, página 149).
Ejemplo
4. Judíos transformados en monos y en cerdos
Daniel
De Smet, director de
investigación del CNRS y profesor de filosofía en lengua árabe en el
Instituto
Superior de Filosofía de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica),
señala,
a propósito de la transformación de los judíos en monos y/o en cerdos
en el
Corán (2,65 y 5,60):
«Es
probable que estos
versículos dejen traslucir una tradición judía, puesto que, según el
Talmud
(Sanedrín 109a), una parte de los obreros destinados a la construcción
de la
torre de Babel fueron transformados en monos. Sea como fuere, la
elección de los
animales, monos y cerdos, refleja la repugnancia que suscitaban en el
mundo
semítico» (Daniel De Smet, en Dictionnaire du Coran, bajo la
dirección
de Mohammad Ali Amir-Moezzi, artículo «Métamorphose». París, Éditions
Robert
Laffont, 2007, p. 552).
Ejemplo
5. La sacralidad de la vida
El
Corán declara que
«quienquiera que matara a una persona no culpable de un asesinato o de
una
corrupción en la tierra, sería como si hubiera matado a todos los
hombres»
(Corán 5,32). Michel Cuypers y Geneviève Gobillot señalan el
plagio:
«Este
texto, salvo el paréntesis
que justifica la ejecución del asesino o del “corruptor de la Tierra”,
es una
cita literal de ciertas versiones de la Misná (Sanedrín IV, 5),
compilaciones
de leyes judías que datan del siglo III d. C.» (Le Coran,
Éditions Le
Cavalier Bleu, colección «Idées reçues», 2007).
Ejemplo
6. La primera sura, Al-Fátiha
Mondher
Sfar, islamólogo
tunecino que enseñó en la Sorbona, evoca un estudio comparado entre la
primera
sura del Corán y el primer Salmo, que pone de manifiesto amplios
préstamos:
«Citemos
un caso concreto
descubierto recientemente por el monje Lucien-Jean Bord a propósito de
la
fuente de inspiración de la Fâtiha, o Liminar, la sura que inaugura el
libro
del Corán. El hermano Bord ha mostrado la asombrosa afinidad del primer
texto
coránico con el salmo primero de la Biblia. Citemos de inmediato este
salmo
según la traducción de Osty-Trinquet utilizada por este autor: “1)
Dichoso el
hombre que no camina según el consejo de los malvados, que no se
detiene en el
camino de los pecadores y que no se sienta en el círculo de los
burlones, 2)
sino que se complace en la ley de IHVH y murmura su ley día y noche. 3)
Es como
un árbol plantado junto a un arroyo, que da su fruto a su tiempo y cuyo
follaje
no se marchita. Y todo lo que hace prospera. 4) ¡Nada de eso para los
malvados,
nada de eso! Son como la paja que arrebata el viento. 5) Por eso, el
Día del
juicio, los malvados no se mantendrán en pie, ni los pecadores en la
comunidad
de los justos, 6) pues IHVH conoce el camino de los justos, pero el
camino de
los malvados se pierde”. Ahora, leamos la Fâtiha: “Alabanza a Alá, Señor
de los Mundos, bienhechor misericordioso, ¡Soberano del Día del Juicio!
¡A Ti
adoramos, a Ti pedimos ayuda! Condúcenos por el camino recto, el Camino
de
aquellos a quienes has colmado de Tus beneficios, [el Camino de]
aquellos que
no incurren en Tu cólera y que no se han extraviado”. Se ve bien aquí
la
similitud de ambos textos en cuanto al tema esencial que opone el
Camino de los
justos al de los pecadores, con la idea del Día del Juicio como
trasfondo. Este
acercamiento entre los dos textos no se debe ciertamente al azar, pues
el Corán
ha concedido al tema de los salmos un lugar privilegiado» (Mondher Sfar, Le
Coran
est-il authentique ? Sfar éditions, 2000, página 88).
Ejemplo
7. Las penas legales
Mohammed
Hocine Benkheira (École
Pratique des Hautes Études):
«Si
la reclusión perpetua es
quizá un préstamo de la legislación bizantina, la flagelación está
inspirada en
la ley judía, que (Levítico 19,20-22) aplica este castigo a la esclava
adúltera» (Dictionnaire
du Coran, bajo la dirección de Mohammed Ali Amir-Moezzi, artículo
«Adultère», París, Robert Laffont, 2007, página 31).
Eric
Chaumont, investigador del
CNRS, especialista en derecho musulmán:
«La
amputación del miembro
“culpable” de un ladrón —su mano—, según Mâwardî, ya era de uso en la
Arabia
preislámica. Sea como fuere, es seguro que el derecho romano conocía
esta forma
de castigo» (Eric Chaumont, en Dictionnaire du Coran, bajo la
dirección
de Mohammad Ali Amir-Moezzi, artículo «Peines coraniques fixes». París,
Éditions Robert Laffont, 2007, página 665).
Ejemplo
8. El estilo de los adivinos árabes
Mohammed
Hocine Benkheira,
director de estudios en la École Pratique des Hautes Études,
especialista en
derecho musulmán:
«Varias
suras, probablemente
entre las más antiguas, contienen juramentos (en particular Corán 81,15-18;
84,16-19;
85,1-3), y a este respecto el estilo coránico se aproxima al de los
adivinos
árabes… En la sociedad árabe antigua, como en las sociedades del
Oriente
antiguo, el juramento (yamîn) ocupa en efecto un lugar
importante» (Dictionnaire
du Coran, bajo la dirección de Mohammed Ali Amir-Moezzi, artículo
«Serments», página 814).
Ejemplo
9. El paraíso en el Corán y en Efrén
«Aquel
que se haya privado de
vino hasta la muerte será esperado con ardor en las viñas del paraíso»,
escribía Efrén de Nísibis en sus Himnos, capítulo «Los
habitantes».
Hichem Djaït, en su biografía de Mahoma, compara las descripciones
del
paraíso en Efrén de Nísibis (llamado también el Sirio) y en el Corán:
«Este
Padre de la Iglesia nos ha
legado escritos en griego y en siríaco. En sus prédicas al pueblo llano
(homilías), cristianos y paganos reunidos, hay cantidad de opiniones
cuyos ecos
se encuentran en el texto coránico. Las semejanzas son tales que el
historiador
difícilmente puede considerarlas fortuitas… Pues no se trata de
similitudes
únicamente en las ideas, sino también en la expresión, el estilo y el
registro
metafórico. […] También en Efrén los signos anunciadores del fin de los
tiempos
son apocalípticos: pliegue de los cielos, caída de las estrellas,
eclipse del
Sol, fusión de las montañas… Las primeras suras del Corán, como es
sabido,
relatan las mismas escenas con un expresionismo de gran elocuencia… […]
la
imaginería de los dos toques de trompeta del Juicio en Efrén recuerda
el
versículo 68 de la sura 39, Al-Zumar (los grupos); la llegada fulgurante,
en un
abrir y cerrar de ojos, del Último Día en Efrén es comparable a lo que
puede
leerse en un versículo de la sura 16, Al-Nahl (las abejas): “Disponer la hora es
para Él
como un abrir y cerrar de ojos, o aún más expeditivo” (Corán 16,77)… Ese
día, los
pecadores estarán transidos de remordimiento por haberse burlado de la
revelación y de la guía: “¿Cómo pudimos ironizar al escuchar el Libro
(santo)?”, dice Efrén. Las mismas representaciones, en los mismos
términos, se
repiten numerosas veces en el Corán. Estas similitudes no se limitan a
la
descripción del fin del mundo y la del Juicio. El patrimonio de la
Iglesia
siria se representa el paraíso de un modo muy cercano a las imágenes
coránicas.
[…] Más allá del cristianismo popular, los propios Padres de la Iglesia
imaginaron un paraíso hecho de placeres eternos, idéntico al de la
tradición
judía. Encontramos esta imagen en Ireneo o en Papías cuando describen
las viñas
gigantes ofrecidas a los fieles que han merecido el paraíso. […] Al
desarrollar
su concepción sensualista de un paraíso de goce puro, Efrén escribía
para los
monjes que vivían en la austeridad y la privación, o para los simples
paganos.
Del mismo modo, Mahoma se dirigía a árabes desposeídos, probados por
las
dificultades de subsistencia y por el calor inexorable del sol de
Arabia,
sedientos de placeres carnales y aterrorizados por la idea de un
castigo
infernal… Los hombres, absortos en las futilidades de la vida de aquí
abajo,
viven en la inconsciencia del más allá, como en una especie de
indiferencia.
Esta es una de las ideas fuerza de Efrén… El tema de las ciudades
destruidas a
raíz de las catástrofes provocadas por la cólera de Dios es recurrente
en sus
sermones» (Hichem Djaït, La vie de Muhammad. La prédication prophétique à
La
Mecque, Fayard, «Le problème des influences chrétiennes», páginas
267, 268,
269, 272, 273).
En
la Kaaba de La Meca subsisten
dos iconos, uno de la Virgen con el Niño y otro de Abrahán frente a
Hubal con
flechas adivinatorias en la mano. Hubal es una figura clásica de los
santuarios
nabateos. Para Barbara Finster, que ha realizado estudios
arquitectónicos, la
amalgama de varias figuras es típica del sincretismo que pretende
implantarse.
En muchas mezquitas cúbicas del Yemen, el motivo de la cruz todavía es
visible
en los mosaicos del suelo. La viña es el motivo del vino celestial
prometido a
los elegidos de estos himnos. «Cada una le tiende su racimo colgante. Y
si
alguien ha vivido en la virginidad, lo recibirán en su seno puro,
porque, como
monje, no cayó en el lecho y el seno de un amor terrenal». Este motivo
está
presente en las mezquitas del siglo VIII. Por otra parte, Christoph
Luxenberg
subraya la mala calidad de la traducción del siríaco «huríes», que
serían
solamente «uvas blancas»; así pues, ¡lástima para los kamikazes, que
solo
tendrán zumo de uva en el paraíso! En las iglesias de Siria, la uva
está
asociada a la alegría celestial. Esta traducción se ve confirmada por
la
abundancia, en la liturgia siríaca, del tema de la uva blanca
representado en
los iconos del siglo VI y por la recurrencia de las imágenes del
paraíso,
siempre asociadas a los frutos: «los piadosos estarán bajo las sombras
y
comerán frutos según su deseo» (Corán 77,41-42), que ha de
relacionarse
con el evangelio Mateo 26,29: «Os digo que desde ahora no beberé más de
este fruto
de la vid hasta el día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de
mi
Padre».
Ejemplo
10. Las suras 2 y 96, sincretismo de
préstamos diversos
La
sura 96, que pasa por ser la
primera «revelada» a Mahoma, es, como explica Alfred-Louis de
Prémare,
antiguo profesor de la Universidad de Provenza Aix-Marseille I, el
producto de
materiales diversos:
«En
este texto se encuentran,
reunidos y sintetizados en cinco versículos, varias expresiones o temas
procedentes de la Biblia y de los pseudoepígrafos judíos: el “proclama”
del
profeta Isaías (qera) y el “invocar el nombre” de Dios de los
Salmos (qera
be shem); la “gota” ínfima a partir de la cual se desarrolla el
embrión
humano, tema de las tradiciones rabínicas; “el cálamo” de Henoc, que
escribe
los libros sagrados al dictado de un ángel para “dar a conocer al
hombre lo que
ignoraba”» (Alfred de Prémare, Les fondations de l’islam : entre
écriture
et histoire. Éditions du Seuil, 2002, página 311).
En
cuanto a la fórmula «Alá, no
hay divinidad excepto Él, el Viviente, el Subsistente», contenida en el
famoso
«versículo del Trono» (Corán 2,255), tan apreciado por los musulmanes, escribe
De
Prémare:
«La
fórmula “no hay divinidad
excepto Él” es corriente en diferentes libros de la Biblia. La fórmula
“Él, el
Viviente, el Subsistente” se encuentra en arameo en el libro bíblico de
Daniel
y en las traducciones arameas parafraseadas del Pentateuco: huwa
êlâhâ Hayya
w Qayyâm… Esta frase se encontrará en el Corán bajo la forma huwa
al-Hayy al-Qayyûm» (Alfred de Prémare, Les fondations de
l’islam :
entre écriture et histoire. Éditions du Seuil, 2002, página 312).
Ejemplo
11. La yizia
El
impuesto de capitación que
las «Gentes del Libro» deben tener a bien pagar para poder conservar su
fe en
un Estado islámico es, en su origen… una práctica persa:
«El
impuesto de capitación,
paralelo al impuesto territorial, era practicado por las
administraciones
fiscales anteriores, bizantina, pero sobre todo persa. Entre los
persas, bajo
el reinado de Sapor II [309-379], los sasánidas percibían de los
cristianos
una capitación y un impuesto territorial dobles a cambio de la paz de
la que
gozaban. Por otra parte, se atribuye al soberano Cosroes IKhusraw I el Justo
[531-579]
una reforma fiscal según la cual el impuesto territorial, en lugar de
establecerse sobre la base de un reparto de la cosecha, se fijaría
sobre la
base de una medición de las tierras; en cuanto al impuesto de
capitación, debía
establecerse en función de los ingresos del contribuyente […] Parece,
de hecho,
que el impuesto de capitación era en su origen una institución profana,
practicada por los poderes anteriores al de los conquistadores
musulmanes. La
cuestión es, pues, saber por qué estos últimos, ya se trate de Mahoma
o de
sus sucesores, le dieron el aval de una palabra presentada como
divina» (Alfred
de Prémare, Les fondations de l’islam : entre écriture et histoire.
Éditions du Seuil, 2002, páginas 188-189).
Ejemplo
12. Modalidad de la observancia del ramadán
El
gran orientalista Bernard
Lewis:
«Según
la ley musulmana, la
obligación de ayunar durante el ramadán solo se aplica durante el día.
Por la
noche, es decir, desde la puesta hasta la salida del sol, está
permitido beber
y comer; el ayuno se reanuda al alba, “cuando se puede distinguir un
hilo
blanco de un hilo negro” (Corán 2,187). Abraham Geiger fue el
primero en
llamar la atención sobre la semejanza entre este mandamiento y la
máxima
talmúdica que define, para las necesidades de la recitación del Shemá,
el alba como el momento en que se puede distinguir el azul del blanco
o, según
otra opinión, el azul del verde. El Talmud de Jerusalén es más concreto
y habla
del manto de oración cuyos “flecos” contienen un hilo azul. En este
caso, como
en el de la santidad de Jerusalén, la anterioridad no admite dudas. La
Misná y
la Guemará, de Babilonia y de Jerusalén, se completaron mucho antes del
advenimiento del islam. La semejanza es lo bastante grande como para
sugerir al
menos la existencia de un vínculo; incluso la diferencia de color
—negro y
blanco en lugar de azul y blanco y verde— puede atribuirse a una
voluntad
deliberada de diferenciarse, del mismo modo que la adopción del
domingo, y más
tarde del viernes, en lugar del sábado como día de oración pública»
(Bernard
Lewis, Islam. Quarto Gallimard, 2005, páginas 517-518).
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