¿Reposa el mundo sobre una cuerda?
GUILLERMO AR4MENGOL
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Majestad y miseria de la Teoría de Cuerdas.
Quizá alguien pudo pensar que cuando Frank Sinatra hace unos años
cantaba que “sostenía el mundo sobre una cuerda”, apoyaba una de los
proyectos teóricos más importantes de la física de los últimos veinte
años del siglo XX. Lo más probable es que Sinatra no conociera la
existencia de la teoría de cuerdas. Sin embargo, sí es un hecho que la
doctrina políticamente correcta de las últimas décadas ha creído que
nuestro mundo, en efecto, se sostiene en unos eventos primordiales que
conocemos como “cuerdas” o “supercuerdas”. Sin embargo, una ola de
recientes críticas a estos complejos supuestos teóricos, nos obliga a
preguntarnos, ¿ha comenzado ya la decadencia de la “teoría de
supercuerdas”?
Un artículo de Glenn Statile en The Global Spiral
nos ofrece la ocasión de plantear un tema de actualidad científica que
esconde la discusión de fondo sobre la tendencia de la física teórica en
los próximos años.
Es evidente que la teoría de cuerdas ha representado en los
últimos treinta años una aventura científica extraordinaria que muestra
algo que ya era claro para los epistemólogos de la ciencia: que ésta no
consiste sólo en experimentos sino en construcción de teorías. La
teorización es no sólo legítima, sino esencial e insustituible en la
ciencia.
El cansancio hacia la teoría de cuerdas se debe, ante todo, a la
dificultad en hallar evidencias empíricas que permitan someterla a
prueba, de acuerdo con los métodos experimentales ordinarios de la
ciencia. Pero, en todo caso, pensamos que debemos defender – y esta es
al parecer la posición que sostiene también Glenn Statile – la
legitimidad y necesidad no sólo científica, sino incluso metafísica de
una especulación teorética (u otra similar) del orden de lo que ha sido
la Teoría de cuerdas.
Majestad y miseria
Glenn Statile
pertenece a la St. John’ University de Nueva York. Su campo de
especialización es la historia y filosofía de la ciencia; en esta
perspectiva se ha introducido en la reflexión sobre relaciones entre la
ciencia y la religión, entrando en contacto con el Metanexus Institute for Science and Religion de Philadelphia, editor de The Global Spiral.
En su reciente artículo The Majesty and Misery of String Theory,
Statile se hace eco de las recientes críticas a la teoría de cuerdas
pero defiende la posición de que, más allá de estas críticas, por
descontado respetables, esta teoría es legítima, aunque quizá por su
falta de falsabilidad experimental pueda considerarse la conveniencia o
no de llamarla científica.
En nuestra opinión, la especulación teórica forma parte intrínseca
de la ciencia, ya que ésta no es sólo investigación puramente empírica.
Primero, no tenemos pruebas de que la teoría de cuerdas no sea en
último término correcta y en el futuro en alguna manera constatable.
Segundo, plantearse un proyecto del orden de la teoría de cuerdas es
necesario para la ciencia y su importancia va incluso más allá de lo
científico para proyectarse también sobre lo metafísico y lo religioso.
En nuestra opinión, la opinión de Statile es matizada, permite
acceder al problema de fondo que hoy se plantea y es digna de
comentario, aunque en algunos aspectos deba ser también discutida.
Nosotros creemos que, en efecto, la teoría de cuerdas ha nacido de una
necesidad teorética de la ciencia. Las preguntas que la han hecho nacer
tienen sentido; pero si se llega a considerarla una respuesta inviable,
sería necesario especular sobre las alternativas de repuesto. Sería muy
difícil que esas nuevas alternativas – u otros campos de la física – no
hicieran uso, en alguna manera, de una parte sustancial de la
especulación producida en teoría de supercuerdas (sobre todo matemática)
que, en este sentido, no habría resultado históricamente inútil.
Ciencia real o ciencia ficción
Para Statile es quizá una actitud excesivamente crítica y poco
elegante decir hoy que la teoría de cuerdas es una teoría desorientada
que camina hacia no se sabe donde. Es verdad que podría ser un cuento
desmesurado con un complicado argumento matemático ya casi inasequible.
Pero podría ser también un intento justificado por hallar la esencia de
la realidad material en sus niveles más profundos y primigenios; es
decir, los bloques básicos de la naturaleza en su proceso germinal
primigenio. Un intento, en definitiva, de proponer una teoría sobre
aquellos eventos primordiales que sucedieron en dimensiones microfísicas
mucho más allá de la era de Plank; es decir, en aquellos niveles en que
la realidad nace como vibraciones primigenias que hubieran producido
más adelante las primeras formas corpuscular-ondulatorias ya en alguna
manera detectables en el mundo asequible a la investigación científica
ordinaria, respaldada por evidencias empíricas controlables.
Por otra parte, las hipótesis y conjeturas primordiales de la
teoría de cuerdas – o mejor, el conjunto de diferentes teorías de
cuerdas existentes – han conducido a establecer complejas propuestas
teóricas sobre las variables y dimensiones que serían necesarias para
describir este nacimiento y evolución de las vibraciones primordiales.
Al atribuir valores cuantitativos a esta compleja estructura de
dimensiones físicas, concebidas teóricamente, la teoría de cuerdas ha
conducido a extenderse hacia la llamada Magic-Theory (teoría M) en que
se unificarían todas las teorías y se especularía, para muchos
exóticamente y más allá del sentido común, con la existencia paralela de
múltiples universos causalmente separados y aislados del nuestro. Es
sabido que la actual teoría de multiversos tiene en su referencia a la
teoría de cuerdas uno de sus apoyos especulativos más firmes. Sin
embargo, para muchos se ha ido cayendo en una especulación desmedida y
pintoresca que nos introduce en la imaginación de “mundos inverosímiles”
cuya existencia es difícil de aceptar.
De esta manera, sin esperanzas de hallar comprobaciones empíricas y
en deriva hacia ese derrotero especulativo hacia “mundos
inverosímiles”, la teoría de cuerdas, después de treinta años de
esforzado trabajo y de imponer la ley de lo “políticamente correcto”,
parece haber entrado en una nueva situación en que “le crecen los enanos
por todas partes”. Algunos creen que David Hume hubiera recomendado que
la teoría de cuerdas fuera arrojada a las llamas, junto con otros
dudosos y excesivamente teatrales Ídolos de la razón (mind).
“Podemos aventurarnos a decir, afirma Statile, que la teoría de
cuerdas es al mismo tiempo miserable y majestuosa como teoría de la
realidad material”. Miserable, en el sentido de llena de deficiencias,
por su falta de confirmación experimental y por su imaginación
desbordada que roza para muchos la frontera hacia lo inverosímil.
Majestuosa por su impresionante ambición de constituir una
reconstrucción racional completa de la génesis de la realidad material.
Pero para Statile esta majestuosidad podría tener, más allá de lo
científico, incluso una proyección metafísica más profunda.
“Si la teoría de cuerdas fuera en alguna manera capaz superar sus
muchos problemas, entonces para los creyentes religiosos su verdadera
majestuosidad consistiría no meramente en su capacidad explicativa en
relación a la realidad material, ni en su exitosa unificación de todas
las fuerzas naturales incluyendo la gravedad, sino en que podría
constituir posiblemente una profunda señal material hacia una realidad
que no es de este mundo. Sin embargo, aun sabiendo que la teoría de
cuerdas puede ofrecer soluciones científicas a problemas científicos,
todos sabemos también que ninguna teoría puramente científica puede
nunca ofrecer nada que se acerque a un sólido fundamento metafísico”.
Statile entiende, pues, que la reflexión que lleva la teoría de cuerdas
hacia la metafísica no es ciencia sino filosofía.
Para Statile, por tanto, está claro que la teoría de cuerdas por
sí misma no permite extraer consecuencias metafísicas que pertenecen a
otro tipo de discurso. Las consideraciones de Statile, que expondremos
más adelante, se internan en esa reflexión que, más allá de lo puramente
científico, se introduce en lo metafísico y lo religioso.
“Mi intención en este ensayo es la de mediar entre ambas caras de
la moneda de la teoría de cuerdas, la miserable y la de su posibilidad
de ser majestuosa. Primeramente tomaré partido por aquellos que
mantienen que la teoría de cuerdas no merece el status de una teoría
científica, pero, en segundo lugar, pondré en consideración las
credenciales de la teoría de cuerdas en relación con el ámbito de la
religión”.
Cuando la matemática se enmascara de ciencia
Edward Witten fue uno de los grandes maestros de la revolución de
las cuerdas en sus primeros tiempos. Hace ya veinte años hizo la
sugerencia de que la teoría de cuerdas era futurista, viéndola como una
especulación del siglo XXI que accidentalmente trataba de gestionar su
entrada en la ciencia a destiempo. Ni siquiera la matemática necesaria
para la teoría de cuerdas había sido inventada en el tiempo de su
nacimiento. Nació además de forma muy distinta a la teoría de la
relatividad, sin una idea clara del modelo de realidad que debía
describir matemáticamente.
“Mientras que Einstein aplicó la geometría no-euclídea de Riemann
para dar expresión a su intuición previa de una equivalencia física
entre aceleración y gravedad, la teoría de cuerdas fue introducida como
una teoría matemática todavía en busca de una intuición física análoga a
la que había guiado a Einstein”, nos dice Statile.
La matemática es ciertamente un poderoso instrumento para la
descripción del mundo. Pero una cosa es la matemática, otra el mundo
físico y otra la capacidad de la matemática para modelizarlo. “En el
caso de la teoría de cuerdas el escepticismo surge muy pronto para todo
aquel que busca corroborar los fantasmas intoxicadores de la imaginación
matemática”, nos dice Statile.
La teoría de cuerdas y sus críticos
Debemos recordar el dicho de que la ausencia de evidencia no es
evidencia de la ausencia. Así, la teoría de cuerdas no es refutada
simplemente por el hecho de que sus predicciones no hayan sido
confirmadas por la ciencia experimental. Sin embargo, cosa que no pasaba
tiempo atrás, la creciente lista de sus críticos es hoy impresionante.
El premio Nobel Sheldon Glashow habló contra “lo que vió como
´mágicas coincidencias´ y ´milagrosas supresiones´ que toman forma en la
teoría de cuerdas y que la hacen parecer como si la matemática y la
estética suplantaran y trascendieran el experimento”. “Lawrence Krauss
de la Case Western Reserve University de Cleveland se refiere a la
teoría de cuerdas como un ´colosal error´.
El reciente libro de Lee Smolin titulado The Trouble with Physics: The Rise of String Theory, The Fall of a Science, and What Comes Next
puede servir como antídoto a los muchos libros y artículos de los
últimos años han servido una dieta continua de ideas prometedoras
todavía incumplidas, dirigidas por ahora a un público científico
aturdido de tanto oir hablar de las cuerdas. Pero ha sido quizá el
conocido enfant terrible de la física, Richard Feyman, el más impactante
de todos en su denuncia de las deficiencias empíricas de la teoría de
cuerdas al indicar que ´los teóricos de cuerdas no hacen predicciones,
sólo ofrecen excusas´”.
Murray Gell-Mann se refirió a la teoría de cuerdas como una
mostruosidad matemática en la forma de un self abuse, aunque es verdad
que en otras ocasiones fue más conciliador. La teórica de partículas de
Harvard Lisa Randall, al igual que Leonard Susskind, han ido también muy
recientemente severos críticos de la teoría de cuerdas. Frente a la
situación que, en los últimos años, ha venido imponiendo en ámbitos
universitarios y de investigación el dogma “políticamente correcto” de
la teoría de cuerdas, es hoy creciente el número de científicos de
primera línea – sin olvidar a Penrose – que han expuesto y siguen
exponiendo sus objeciones rigurosas a la teoría.
Ni siquiera como pura concepción matemática está la teoría de
cuerdas libre de problemas. Su complejidad matemática la reduce a una
búsqueda de soluciones aproximadas a ecuaciones aproximadas. Una teoría
que permite múltiples versiones que llevan además a más de 10500
soluciones alternativas posibles debe enfrentarse ciertamente con el
principio taxativo de la navaja de Ockam. Esto ha llevado a la necesidad
de unificar y concebir una macroteoría de cuerdas, la Magic Theory
(teoría M), no menos fantástica, de la que las múltiples versiones de la
teoría de cuerdas podrían derivarse.
Múltiples universos serían posibles. El nuestro sería sólo la
realización de una de estas posibilidades; pero no el único universo
puesto que se postularía la existencia de un cuasi-infinito número de
universos paralelos. La viabilidad real de probar esta cadena de
supuestos altamente imaginativos son en la práctica imposibles de
alcanzar. No sólo ahora, sino también en el futuro. Ni siquiera en los
proyectos europeos para la experimentación en colisión de partículas
(CERN) queda claro lo que se podría constatar, cómo se debería
interpretar y si en realidad constituiría una evidencia indirecta de la
teoría de cuerdas.
Como Lee Smolin ha observado, la astronomía tolemaica produjo en
su tiempo importantes avances en matemáticas y en el diseño de
instrumentos astronómicos. Sin embargo, estos avances no bastaron para
convencernos de la conformidad entre la teoría y la naturaleza; la
teoría tolemaica, en efecto, acabó mostrándose como incorrecta. La
teoría de cuerdas ha producido igualmente avances matemáticos
incuestionables, aplicados en diversas ramas de la física. Pero esto no
es ninguna garantía de que la imagen de la realidad física que nos
ofrece, o sea, la teoría en su conjunto, acaben por confirmarse como
correctos. La teoría de cuerdas podría desaparecer como desapareció la
teoría tolemaica. En la actualidad no hay evidencia de que la teoría de
cuerdas sea falsa, pero tampoco hay evidencia de que describa
correctamente la realidad. ¿No sería mejor dejar que la teoría de
cuerdas muriera con dignidad, manteniendo su status como especulación de
alto nivel, para situar la ciencia con realismo en el marco de lo
verificable?
Teoría de cuerdas, metafísica, teísmo
Teorías científicas de la ambición de la teoría-del-todo (Theories
of Everything) o de la teoría de cuerdas (que en el fondo es también
una teoría del todo) llevan el conocimiento humano a las fronteras del
conocimiento natural. En ellas se especula con el nacimiento mismo de la
realidad física, ya en sus fronteras ontológicas con lo absoluto, la
ultimidad metafísica y la posible existencia en esa dimensión
trascendente que se afirma en el pensamiento teísta.
Para Statile, “la teoría de cuerdas tiene la fuerza de llevarnos
al momento en que lo natural y lo sobrenatural o bien entran en
contacto, o bien se refuerzan uno a otro. Para la gente religiosa la
teoría de cuerdas, en caso de que fuera ciencia de bona fide y
últimamente correcta, no puede ser anatema para la religión. Como Ralph
Waldo Emerson señala: la religión que teme a la ciencia es un insulto a
Dios y comete suicidio”.
Gerald Clever de la Baylor University, importante teórico de
cuerdas, escribe que “la teoría de cuerdas, si es correcta, nos enfrenta
con los trazos de la obra de Dios en la creación. Más que la música de
las esferas, toda la creación está literalmente compuesta por la música
de las cuerdas”. Clever nos describe así la majestuosidad “teísta” de la
teoría de cuerdas.
Leonard Susskind, uno de los arquitectos iniciales de la teoría de
cuerdas, se ha convertido también en defensor de una nueva evocación
del Principio Antrópico fundado en la teoría de cuerdas. ¿Significa esto
que un diseño teleológico, obra de un desconocido Autor, debiera
inscribirse en la fábrica del universo? “Para Susskind, nos dice
Statile, el mecanismo conocido como inflación incesante, que representa
una reproducción exponencial del espacio que engendra universos
nacientes, unido al pleno desarrollo de la Magic Theory, no sólo permite
sino incluso exige un horizonte consistente en un indescribible, pero
finito, número de universos en los que la probabilidad impone que el
surgimiento de un universo apto para producir vida inteligente sea
prácticamente igual a 1”.
Para Statile la posición de Susskind es probablemente “antrópica”
sólo en el nombre. “Sin embargo, apunta la necesidad teísta de permitir
la posible existencia de muchos más niveles intermedios de causas
eficientes que los descubiertos hasta ahora, si se intenta dar cuenta
del ajuste preciso de varias constantes y otros parámetros físicos
situados entre nuestra realidad cósmica presente y su primigenio origen
causal”.
Susskind pensaría, pues, que el diseño del universo supondría el
diseño de un proceso más amplio de multiuniversos que acabaría
produciendo el preciso ajuste de nuestro universo real apto para la
vida. El diseño de un universo antrópico por Dios implicaría así el
diseño de un proceso generador de multiuniversos. Sin embargo, la
pregunta que parece quedar planteada por Statile es si ese universo
singular situado en un horizonte de multiuniversos necesitaría un diseño
en sentido teísta. Por esto considera Statile que el análisis de
Susskind podría ser “antrópico” sólo de nombre.
Statile considera que hay otra forma de conectar la teoría de
cuerdas con la metafísica teísta: es la consideración de que las cuerdas
no son “cosas materiales”. Las partículas materiales resultan de la
vibración de las cuerdas. Pero para los teóricos de cuerdas, éstas no
son partículas puntuales; por tanto, para Statile es fácil concluir que
deben ser algún tipo de componentes esenciales, pero en ningún caso
materiales, del universo.
Así Gerald Clever entiende también las cuerdas como pura energía.
Para Michio Aku la materia, siguiendo a Einstein, sería una condensación
de energía. La equivalencia materia-energía no debería ser entendida,
pues, como una equivalencia cualitativa. Statile cree poder citar a
Brian Green para decir que las cuerdas energéticas serían fundamentales
para la materia pero no serían ellas mismas “materiales”.
Statile recuerda finalmente que los filósofos presocráticos
aportaron ya la idea de que la materialidad no es suficiente para
explicar la existencia del mundo material. “La primera crítica
filosófica seria del materialismo fue por descontado Anaximandro que
sostuvo que el Apeiron inmaterial era la última fuente de la realidad
material.
Incluso los mismos ultra-materialistas filósofos atomistas debían
suponer la existencia de un vacío real, aunque inmaterial, en el que los
átomos podían tener marco suficiente en el que colisionar”. “En obras
como Philosophical Problems of Quantum Physics y Physics and Philosophy
Werner Heisenberg insistió en documentar sus dudas sobre el carácter
material de las partículas elementales. La teoría de cuerdas, por tanto,
pone de manifiesto el error de la creencia fundamentalista del
materialismo acerca de que nada existe fuera de la materia y de sus
diversas manifestaciones. Hace años que Gilbert Ryle intentó argüir a
favor del materialismo al negar el supuesto de un fantasma en la
máquina.
Si la teoría de cuerdas prevaleciera eventualmente, entonces esta
negación podría mostrarse como falsa, no precisamente porque no haya
ningún fantasma, sino porque, en último término, no habría ninguna
máquina”.
Precisando algunos conceptos
Las reflexiones de Statile se hacen eco, en efecto, de la actual
discusión sobre la teoría de cuerdas. Son un buen hilo conductor para
entender cuáles son los problemas que hoy afectan a una teoría tan
compleja. Sin embargo, la dificultad misma de valorarla y emitir un
dictamen crítico, así como las opiniones de Statile, nos llevan a
concluir con algunas observaciones.
1) La ciencia debe explicar, o sea, conocer las causas que han
llevado al universo físico de nuestra experiencia. Se ha explicado hasta
ahora por teorías no unificadas como la relativista y la cuántica. Si
los supuestos considerados en el “modelo cosmológico estándar” sobre la
naturaleza del big bang (fundados en una argumentación empírica y
contrastables en alguna manera) no bastan para explicar cómo nació el
universo (armonizando lo relativista y lo cuántico) la ciencia debe
especular y establecer hipótesis sobre la génesis de un universo
cuántico-relativista. La dificultad en constrastar hipótesis tan
especulativas no les quita legitimidad como ciencia teórica. Si el
macroconstructo especulativo-teórico de la teoría de cuerdas no gustara
(quizá por su dificilísima –o imposible – contrastabilidad, por su
intrínseca complejidad, o por sus supuestos inverosímiles), habría que
buscarle alternativas mejor construidas y, sobre todo, más simples
(twistors de Penrose, loop quantum gravity, u otras que puedan
proponerse).
2) No creemos apropiada la argumentación de Statile cuando dice
que las cuerdas nos llevarían a una realidad que no es de este mundo, o
que las cuerdas no son cosas materiales. Ya en la física de principios
de siglo XX estaba claro que la realidad física se manifestaba de dos
maneras: como cuerpos (digamos “materia”) y radiación (fenómenos de
campo, calor, electromagnetismo, luz). Ambos fenómenos, que la mecánica
cuántica unificó en la dualidad corpúsculo-onda, forman parte de este
mundo y de la realidad física. La radiación, aunque no sea “cuerpo
material”, puede encapsularse y producir partículas-cuerpos (así sucede
en los instantes posteriores al big bang, tal como reconstruye el modelo
cosmológico estándar). Creemos que esto mismo debería aplicarse a las
hipotéticas supercuerdas. La vibración, incluso en los germinales
supuestos de la teoría de cuerdas, sería materializable y formaría parte
de los constituyentes reales de este mundo físico. Otra cosa es que los
fenómenos de campo, como la “coherencia cuántica”, se consideren hoy
más aptos para explicar la naturaleza del psiquismo. Pero el psiquismo
sería “de este mundo” y tendría propiedades derivadas de la ontología de
la “materia” corpuscular-ondulatoria “de este mundo”.
3) Parece correcto advertir que al entender el universo a partir
de ciertos eventos vibratorios (no corpusculares), bien en la teoría de
cuerdas o en la teoría cuántica ordinaria, se contempla su génesis y su
disolución. Al estar construida la estructura consistente del universo
sobre esta estructura finísima de eventos inconsistentes (que en su
orden primigenio más pequeño serían las cuerdas) parece necesario que la
teoría necesite un “fondo de referencia” (del que brotan y en el que se
diluyen) estas vibraciones en un campo que van construyendo el universo
ordenado. Este “fondo o campo físico real” se ha entendido bajo las más
variadas formas conceptuales: ápeiron (Anaximandro, que menciona
Statile), vacío cuántico, fondo de energía, éter, espacio, orden
implícito, etc. Este fondo se conceptua como realidad física, material
en germen (porque genera las vibraciones que producen la materia
fermiónica del mundo diferenciado y estable de los cuerpos), y pertenece
para la ciencia física a “este mundo”. Pero es comprensible que, la
argumentación filosófica teísta (no científica) relacione e interprete
esta ontología física “de fondo” con la ontología divina. En este
sentido es comprensible que la nueva ontología de la física haga al
pensamiento teísta más verosímil la existencia de esa realidad fundante
trascendente e inmanente (panentenísta) que llamamos “Dios”.
4) Si la teoría de cuerdas acabara por confirmarse y debiéramos
pensar que el universo de ha formado a partir de un fondo físico en el
que han ido produciéndose alteraciones vibratorias que han dado origen
puntual a indefinibles multiuniversos (universos burbuja), esta
concepción de las cosas sería también conciliable con un pensamiento
teísta, aunque es claro que la hipótesis ateísta sería también
obviamente posible. La física entendería, en el ateísmo, que ese “fondo
de energía” del que brotan los multiuniversos sería pura “realidad
física”. Pero el teísmo, pues, podría entender alternativamente, dentro
de su interpretación, que el diseño que conduce al hombre es el diseño
“antrópico” de la producción de multiuniversos, tal como parece concebir
Susskind. Pero si la realidad física fuera en efecto obra de una
Divinidad creadora siempre parecería más fácil, aplicando el criterio de
la navaja de Ockam, que Dios hubiera creado un universo único cuyas
constantes y variables respondieran por diseño al ajuste preciso
necesario para producir un universo antrópico que produce al hombre (o
sea, el nuestro). Sin embargo, aunque el universo creado fuera único en
realidad, sin embargo, el hombre racional desde el interior de ese
universo, podría concebir hipotética y especulativamente la existencia
posible de multiuniversos (cuya existencia real nunca llegaría a
probarse porque en realidad no existen).
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