La razón emerge de la evolución neuronal
JAVIER MONSERRAT
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Una
cartografía neural progresiva produjo la sensibilidad-conciencia,
conectando la razón con las emociones, señalan diversos especialistas.
Los pasados días 13, 14 y 15 de diciembre se celebró en la Escuela de
Ingeniería de la Universidad Comillas, de Madrid, el segundo Seminario
Académico del Programa de Sophia Iberia, financiado por la Fundación
Templeton. Bajo el título “Vida, evolución y complejidad” en este
segundo seminario se retomó un tema tratado en el anterior: el de la
razón humana. Cómo podría explicarse científicamente la aparición
evolutiva de la razón o cuáles serían las causas evolutivas de la razón
fueron algunas de las cuestiones planteadas sobre el tema, en ambos
encuentros. En el presente artículo se abordan algunas de las
conclusiones alcanzadas.
No tenemos que recordar aquí la importancia del conocimiento
científico de la razón. No hay ciencia sin epistemología, ya que la
ciencia es un producto del conocimiento. De ahí que no puedan valorarse
correctamente los productos del conocimiento (la ciencia) sin un
esfuerzo reflexivo que nos ofrezca una idea del conocimiento mismo (la
razón) que produce todo conocimiento en general y en especial la
ciencia. No hay ciencia que no sea producto de la razón científica. No
hay metafísica sin ejercicio natural o filosófico de la razón.
El hombre no puede abordar de manera responsable el sentido de la
vida sin estar orientado en alguna forma por la razón. Del mismo modo,
el lenguaje metafísico sobre Dios, en la filosofía o la teología,
depende de un ejercicio de la razón que es producido a partir de la
ontología propia del ser humano que determina la forma en que opera y
que ha sido producida evolutivamente la razón.
Por tanto, ¿qué es la razón? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Qué causas
explican la evolución producida en la especie humana? De acuerdo con su
naturaleza y origen evolutivo, ¿cómo explicar el funcionamiento
operativo de la razón (en cualquiera de sus formas, por ejemplo en el
conocimiento natural, en la ciencia, en la filosofía y en la teología)?
Los siete profesores que han participado en el primer seminario de
Sophia Iberia han proporcionado enfoques complementarios que comentamos
en este artículo.
La razón vital emerge en un mundo de sistemas y estructuras (Roberto Poli)
Para Roberto Poli (Universidad de Trento, Italia) la razón
es una consecuencia de la vida, entendida como un “sistema
anticipatorio”, y consiste en la formación de representaciones del mundo
mediante el análisis y la síntesis de sistemas (estructuras). El
proceso evolutivo que llevó al surgimiento de la razón podría ser
entendido en términos de la formación de mecanismos sucesivos de
análisis de sistemas cada vez más complejos. La acción hacia la
supervivencia (respuesta adaptativa), dependería entonces de un previo
"análisis de sistemas" (sistemas de representación) que se habría ido
construyendo en los organismos vivientes.
En general el origen y la naturaleza de la razón tiene que ver con
el hecho de que el universo es una estructura (o sistema de
estructuras). El proceso adaptativo de la vida se habría hecho más y más
eficaz a medida que el “sistema viviente” es capaz de representar
estructuras cada vez más complejas y se adapta a ellas. La vida, y por
lo tanto la razón, debe leerse en conjunción con la idea de "estructura"
(o "sistema") y, como consecuencia, en relación con las ciencias
formales en general. No sólo con la teoría de sistemas. Por ello, para
explicar la razón, será necesario reflexionar sobre el concepto de
estructura y sobre la dinámica de sistemas. El mundo está hecho de
estructuras y sistemas y la vida necesita adaptarse a ellos, anticipando
el futuro al analizarlos. La ciencia es un análisis y representación de
estructuras en relación complementaria e interdisciplinaria con las
diversas ciencias formales.
El problema del naturalismo y la libertad creativa de la matemática (Gregor Nickel)
Gregor Nickel (Universidad de Siegen, Alemania) presentó la
idea de que la razón matemática (formal) es independiente del mundo
físico y de las limitaciones que impone una naturaleza física
determinista. La razón matemática es una facultad de la mente que
permite la libertad creativa y la imaginación formal. No depende del
mundo objetivo que impone el determinismo que se manifiesta en las
ciencias físicas.
Nickel contribuyó al seminario desde la perspectiva de las
ciencias formales y, más particularmente, de las matemáticas. Por tanto,
¿qué es la razón? Nickel respondió que la razón matemática es una
creación libre de la mente. Aunque una parte de las matemáticas se haya
aplicado a la explicación del mundo determinista de la física (mecánica
clásica), sin embargo, las matemáticas no se ven limitadas por la
ciencia física referida a un mundo determinista. Es libre y crea mundos
que no dependen de la experiencia. El matemático crea sus propios mundos
sin constricciones.
Pero volvamos a la pregunta principal: ¿por qué es la razón libre y
creadora? ¿Cuáles son las causas reales que produjeron la razón? La
respuesta de Nickel señaló un marco explicativo entendido en la clásica
teoría kantiano-apriórica de la mente. La mente humana poseería un
conjunto de reglas y formas de funcionar que le serían propias “a
priori”. Serían aprióricas en el sentido de que no dependerían de la
experiencia. No habrían surgido de un proceso natural evolutivo
dependiente de la experiencia.
Sin embargo, en la discusión con Nickel, Javier Monserrat planteó
la posibilidad de explicar el origen libre y creativo de la razón desde
la perspectiva de una epistemología evolutiva que conectaría con la
teoría de sistemas: el mundo sería una estructura (sistema) y la razón
intenta sobrevivir adaptándose a ese mundo de estructuras. Por ello, la
razón humana habría acabado produciendo una representación del mundo
real fundada en el análisis y la síntesis de sistemas.
Este análisis estructural aprendido en la experiencia progresiva
de las especies animales fundaría también la facultad de imaginar
creativamente nuevas formas y estructuras (ciencias formales). El mundo
objetivo sería una estructura y por ello la mente humana habría
adquirido la habilidad libre y creativa de imaginar estructuras. Este
sería, en el fondo, el punto de vista de Roberto Poli y de Xavier
Zubiri.
Profesor Gregor Nickel planteó insistentemente sus dudas sobre
cualquier explicación "naturalista" de la razón. Que las ciencias
naturales esten escritas en el lenguaje de las matemáticas y la
consiguiente dependencia de la física en relación a la matemática, no
justifica el origen naturalístico de la razón matemática. Nickel
argumentó a favor de liberar las matemáticas de todo "naturalismo",
concibiéndolas como una creación libre e imaginativa de la razón. Las
matemáticas son un ejemplo extremo de la autonomía auto-reflexiva de la
razón, fundada en su libertad creativa. Libertad frente al mundo
objetivo determinista que estaría justificada por el carácter apriórico
de la mente (al estilo kantiano, de tan grande influencia en el
pensamiento clásico alemán).
Sin embargo, Javier Monserrat insistió en la discusión,
defendiendo que el punto de vista más congruente con la ciencia sería
una explicación naturalista. El naturalismo sería armónico con una
explicación evolutiva del origen de la mente racional y la creatividad
libre de la matemática. Podrían ofrecerse, en efecto, en perspectiva
naturalista, algunas hipótesis coherentes sobre las causas de la
emergencia evolutiva de la "libertad y creatividad de la mente
matemática".
A) Por un lado, la razón natural sería sistémica (estructural). La
razón matemática tradicional ha sido también de hecho un análisis
sistémico del espacio-tiempo en la geometría y la aritmética. Por tanto,
sería posible suponer que este "hábito sistémico y estructural" de la
razón ha facultado a la razón matemática para la construcción de
"estructuras imaginarias" y "sistemas abstractos formales". La
transición de lo concreto a lo abstracto sería un proceso natural de la
mente que ha sido descrita por la epistemología en diversos campos.
B) Por otra parte, esta experiencia real del espacio-tiempo,
faculta probaablemente a la razón natural y a la matemática para
entender que el mundo clásico macroscópico (el mundo físico
determinista) no agota toda la realidad. Podría haber tipos de realidad
que no están descritos correctamente por las matemáticas clásicas
deterministas. Serían necesarios nuevos distemas formales para
describirlos. De esta forma la matemática estaría impulsada a encontrar,
crear intuitivamente e imaginar nuevos sistemas, estructuras y formas
de la realidad.
En consecuencia, la experiencia sistémica de un espacio-tiempo
clásico determinista explicaría la matemática clásica, pero la
experiencia de las estructuras naturales inmediatas fundaría la apertura
de la mente humana hacia un horizonte de la creatividad, la imaginación
y la libertad, en la búsqueda de nuevas formas y estructuras.
La razón nace también de una experiencia
de “entanglement” holístico (Harald Wallach)
Harald Walach (Universidad de Northampton, Inglaterra)
consideró que el medio ambiente que rodea al hombre no sólo es mecánico y
determinista (clásico), sino además un ámbito global en el que el
psiquismo humano detecta también un “enmarañamiento” holístico
(entanglement). Por ello el surgimiento de la razón natural y la ciencia
(para adaptarse a la realidad objetiva y sobrevivir) no sólo está
condicionado por una experiencia determinista, sino por una experiencia
psicológica integral que incluye la intuición de un mundo holístico
no-determinista.
Walach contribuyó pues al seminario desde la perspectiva de la
ciencia y la psicología y, especialmente, desde su interés por la
posibilidad de aplicar a la psicología el principio físico de
complementariedad de la mecánica cuántica (corpúsculo/onda), de modo que
se podría hablar de una experiencia psicológica inmediata que uniría la
experiencia de un mundo clásico (corpúsculo) con un mundo de
“entanglement” o enmarañamiento holístico (onda o realidad “campal”). Si
estos supuestos de Walach fueran correctos, entonces, ¿qué
significarían en orden a explicar la naturaleza y la forma funcional de
la razón? ¿qué sería la razón? ¿Cuál sería su origen evolutivo en
dependencia de la experiencia psíquica del mundo objetivo, a la vez
clásico y cuántico?
La discusión de las ideas de Walach llevó a una importante
consecuencia. Se supone que la razón nace evolutivamente en la forma de
un instrumento adaptado a la supervivencia del ser vivo en el mundo
objetivo. Pero siempre de acuerdo con la experiencia psíquica que ese
ser vivo tiene del mundo. Así llegamos a una consecuencia: si la
experiencia del mundo real objetivo es a) por una parte, la experiencia
de una estructura física (o sistema) determinista de objetos
diferenciados, independientes y estables (el mundo que describe la
mecánica clásica newtoniana) y b) por otra parte, una experiencia
holística de enredo o enmarañamiento holístico (entanglement) de los
elementos que constituyen la realidad campal unitaria, entonces la
razón, para conocer el mundo en que debe sobrevivir, debe operar a) en
forma de conocimiento por análisis y síntesis de sistemas en un marco
determinista (la ciencia física clásica) y b) en la forma de
conocimiento de los campos holísticos de la realidad (en los que la
razón está sumergida por enmarañamiento holístico, o entanglement).
La experiencia de un mundo de estructuras ha favorecido la
comprensión racional de la física clásica, mecánica y determinista
(Newton). Pero la experiencia global de un mundo real holístico,
manifiesto en la experiencia psíquica natural unitaria en que todo está
“enmarañado”, ha favorecido el desrarollo de la razón en el conocimiento
ordinario (el lenguaje y la poesía).
La experiencia holística ha sido primero el fundamento de las
intuiciones que fundan el conocimiento ordinario, pero ha acabado por
producir también un nuevo tipo de ciencia. La ciencia ha acabado creando
nuevas formas de entender el mundo físico holístico y ha tenido
necesidad de crear nuevos modelos formales (matemáticos) para describir
el mundo global, enmarañado y holístico, en la mecánica cuántica. Por lo
tanto, la razón, en su desarrollo evolutivo natural para adaptarse al
mundo objetivo, no sólo depende de la experiencia de un mundo
estructural de sistemas determinista (Poli), sino también de la
experiencia de un mundo global enmarañado (entanglement) y holístico
(Wallach).
La contribución de Walach mostró cómo el ser humano está abierto a
una experiencia dual, pero complementaria, de la realidad. Cada uno de
estos aspectos de la experiencia real produce evolutivamente una forma
de la razón encaminada a conocerlo y representarlo.
Para Walach el “principio de complementariedad” de la mecánica
cuántica (la irreductibilidad de la dualidad “onda-corpúsculo”) tiene un
fundamento psicológico más general: la experiencia psíquica dual
complementaria entre un mundo determinista diferenciado (clásico) y un
mundo holístico (cuántico). El principio general de complementariedad
implica que la experiencia psicológica de la realidad también está
abierto a una doble experiencia: un mundo determinista físico de
partículas individuales diferenciadas y un mundo global que Walach
describe como una experiencia generalizada de entanglement o
“enmarañaniento holístico” de todas las cosas en la unidad cósmica.
Podría admitirse el principio de que la vida en su proceso
evolutivo (y no sólo los humanos), según los diferentes niveles de
sensibilidad-conciencia que han ido emergiendo en la evolución, tiene
siempre esta doble experiencia complementaria de la realidad (los
objetos diferenciados independientes en el espacio-tiempo clásico y su
enmarañamiento holístico en la unidad cósmica manifiesta en el psiquismo
animal y humano).
Ahora bien, si la experiencia real de los seres vivos tiene esta
dualidad, entonces debería pensarse que la razón emergida en el proceso
natural tiene características que han sido producidas por cada uno de
los aspectos de esta doble dualidad de experiencia. En otras palabras:
las causas de la evolución de la razón no sólo dependerían de la
experiencia de un mundo objetivo diferenciado y determinista (clásico,
newtoniano), sino también la experiencia de un mundo unitario y
holístico en que todo está “enmarañado” en la unidad de fondo
(entanglement).
Admitir la existencia fáctica de un “principio de
complementariedad” (en el mundo físico y en la experiencia psicológica)
no implica renunciar a la existencia de una "explicación unitaria" del
mundo físico y del mundo psíquico. Para Walach hace cuarenta años
comenzó una intensa búsqueda de esta "explicación unitaria". En la
ciencia física, los científicos trataron de encontrar un nuevo marco
conceptual a través de la mecánica cuántica (hoy proseguida, aunque de
forma discutible por la teoría de cuerdas). Esta nueva "explicación
unitaria" buscada debería superar la irreductibilidad de las dos
imágenes complementarias de la realidad física (corpúsculo/onda,
clásico/cuántica).
Pero no es sólo esto: los científicos de hoy están tratando de
unir las dos dimensiones de la realidad física (clásico/cuántica) con
las dos dimensiones complementarias de la experiencia psicológica, tal
como es descrita por Walach. El cuerpo físico real, independiente y
sometido al determinismo, se relacionaría con el mundo clásico y lo
psíquico (la dimensión mental, la experiencia holística) se relacionaría
con el mundo cuántico. Por lo tanto, la explicación unitaria
clásico/cuántica también facilitaría una "explicación unitaria"
psico/física (un entendimiento unitario del problema mente/cuerpo). De
esta manera, desde hace cuarenta años habría ido naciendo una nueva
visión holística en la física y en la psicología que constituiría el
punto esencial de la nueva física (no reduccionista y abierta al holismo
campal).
Racionalidad local en una evolución objetiva determinista (Manuel Curado)
Según Manuel Curado (Universidad de Migno, Portugal), la
razón tiene un origen evolutivo y, por tanto, siempre es una
racionalidad local que nace en los individuos concretos. Cada
"localidad", sin embargo, refleja para todos un mundo objetivo-mecánico,
computacional, que impone ciertas limitaciones o constricciones a las
que todos los seres vivos deben adaptarse para sobrevivir en su “nicho
local específico”.
Curado contribuyó al seminario desde la perspectiva de la
epistemología, la filosofía y la teoría de la mente, y todo ello en un
marco evolutivo. Por tanto, ¿qué es la razón? La respuesta Curado habría
sido: no es posible describir una racionalidad universal y absoluta,
porque siempre depende de a) su localidad (el "nicho real", donde se
produce) y b) la multiplicidad de los seres racionales, en cuya mente se
construye la racionalidad real, llena de insuficiencias (la razón es
una “tentativa” provisoria de representar el mundo). Sin embargo, la
razón es siempre una adaptación evolutiva al medio ambiente y, una vez
situada localmente en un "nicho real", se ve limitada y condicionada por
la naturaleza objetiva del mundo físico.
Por lo tanto, la racionalidad de los "seres racionales" que
comparten el mismo medio físico tiende a presentar algunas de
características similares (igualmente impuestas por el mismo medio
físico local). Por tanto, el mundo tiene una “profundidad lógica” que
los seres racionales deben en alguna manera reproducir en su mente. El
profesor Curado considera que esta profundidad lógica del mundo es
computacional (determinista) y, en consecuencia, la mente trata de
reflejar la realidad en representaciones computacionales (esto es la
ciencia). Sin embargo, siempre hay una racionalidad última irreductible,
específica, que es función inevitable de la multiplicidad de los seres
humanos. Estos son los que crean “localmente” la racionalidad precisa y
específica de sus mentes (desde el condicionamiento de una naturaleza
objetiva de propiedades generales para todos y compartida en la
cultura).
Por lo tanto, Curado destaca los siguientes elementos comunes
entre las estructuras racionales de los diferentes pueblos de la Tierra:
1. La racionalidad no es una réplica del mundo, sino que actúa
selectivamente, en forma parcial, simplificada y local en los
individuos. Como podemos ver sobre todo con la ciencia, la racionalidad
trata de encontrar una forma algorítmica comprimida para representar los
procesos naturales que son computacionales y deterministas. 2. La
“ubicación local” es otra característica común a nuestras estructuras
racionales; es decir, para que podamos conocer algo no necesitamos
conocer todo en el universo. 3. La racionalidad humana tiene un alto
grado de profundidad lógica que refleja la profundidad lógica paralela
del mundo en que vivimos. 4. Por último, es también importante tener en
cuenta la multiplicidad de los seres racionales en cuyas mentes se
construye la racionalidad que nunca puede tener una absoluta
universalidad.
Que el conocimiento racional se produzca en el marco de los
procesos evolutivos significa buscar dentro del universo estructuras
posibles, con los principios de la economía, la escasez y la
computación. Estos principios tienen algo que ver con las limitaciones
computacionales que son comunes a la naturaleza y al pensamiento (por
reflejar éste la naturaleza). La racionalidad no es, por tanto, un
accidente evolutivo o una pura arbitrariedad producida localmente en
cada mente. El número enorme de grandes eventos al azar que se producen
cada paso evolutivo afecta sólo a los pequeños detalles porque la lógica
general objetiva de la evolución se impone siempre a todos los procesos
y, por ello, todas las mentes reflejan unas estructuras similares
generales y comunes (sin que este suponga negar su localidad).
Por ello, el "nicho real" que impone localmente limitaciones
comunes a la racionalidad de todos los seres humanos podría tener
características universales y repetidas. Entonces estaría justificado
hablar de una racionalidad común en los seres humanos. Pero, teniendo en
cuenta las características especiales de los diferentes “nichos
locales” estaría también justificado hablar de "racionalidades locales",
mucho más si tenemos en cuenta la multitud de seres racionales que debe
construir la racionalidad específica en sus mentes para tratar de
coordinarla en la cultura.
Al hablar de estas limitaciones naturales el profesor Curado se
refirió siempre a las constricciones derivadas de un mundo objetivo
computacional o determinista (podría decirse quizá
“sistémico/estructural” en el sentido de Poli y de la mecánica clásica).
Sin embargo, ¿no deberíamos considerar también el hecho de una
experiencia holística de la realidad (en el sentido de Walach) que nos
introduciría a la experiencia de un mundo objetivo no sólo
determinista-computacional sino enmarañado en un holismo indeterminista
en el sentido de Walach? ¿No deberíamos considerar la acción unificadora
de la cultura y de la ciencia que, en el proceso de creación de
racionalidades individuales, refleja no sólo un mundo clásico
determinista sino también un mundo cuántico holístico? En la exposición
de Curado quedó suficientemente matizado que su insistencia en las
características objetivas computacionales y deterministas del mundo
dejaba la apuerta abierta a la existencia de otras formas de experiencia
y de ciencia, hoy apuntadas en el holismo cuántico.
Los circuitos neurales, fundamento de la razón emocional (Francisco Mora)
El profesor Francisco Mora (Universidad Complutense de
Madrid, Facultad de Medicina) explicó cómo la razón se ha construido
evolutivamente como un mapeo de los circuitos o patrones neuronales
orientados a hacer posible una supervivencia adaptativa en orden a
mantener el servicio óptimo de los valores emocionales básicos.
Mora contribuyó pues desde la perspectiva de la neurología médica.
¿Qué es entonces la razón? Su respuesta de Mora fue: es el resultado de
la interacción de complejas redes neurales o circuitos que representan
el mundo de las sensaciones y de las experiencias elementales. La razón
es, pues, una función adaptativa del cerebro, siempre centrado en la
supervivencia en el medio ambiente. El mundo de las representaciones que
aparece ya evolutivamente en las especies animales, se ha complejizado
en el cerebro humano y está fundado en una red de circuitos, redes o
patrones neurales que, al activarse, producen las experiencias psìquicas
en general, la actividad representativa del conocimiento animal y
finalmente el ejercicio de la razón.
Pero para entender la naturaleza de la razón no debemos referirnos
únicamente a las formas complejas de la representación en la mente
humana, sino también debemos conectar la razón con las emociones. Por lo
tanto podemos decir que la causa que produce la razón es la posesión de
un cerebro racio-emocional, vinculado por el sistema nervioso y los
sistemas sensoriales con su propio cuerpo y con el mundo exterior.
El proceso que ha construido el sistema cuerpo-cerebro con el fin
de mejorar la supervivencia de los animales puede seguirse en una
perspectiva evolutiva. La evolución del cerebro en la escala zoológica,
que va de menor a mayor perfección, deja claro que el desarrollo ha
consistido en la construcción de diseños de cerebro para controlar el
cuerpo en las diversas especies. Los sistemas sensitivos aparecen
gradualmente, los sentidos internos y externos que le hacen sentir el
propio cuerpo y, al mismo tiempo, recibir información sensible del medio
ambiente en el que cada ser debe sobrevivir por adaptación. Las
primeras funciones de ajuste automático (mecánico) hacen evolucionar
hacia los animales superiores.
Pero las funciones de representación y la memoria aparecen ya en
el mundo animal y son el fundamento de los procesos representativos
superiores que se producen en los seres humanos. Todo el proceso ha
estado dando forma al cerebro al producir el nacimiento de una gran
cantidad de circuitos neurales (patrones), que permiten recordar lo que
ha sido percibido (el mundo y el yo) y representar las sensaciones
tenidas en tiempo real y y relacionarlas con las del pasado. Lo que la
ciencia nos dice por medio de la neurología es que ese cerebro
organizado en circuitos, al activarse en sistemas que tienen una gran
interdependencia, produce la emergencia de la actividad psíquica
consciente. En el marco evolutivo de esas funciones psíquicas aparece la
actividad racional propia de la mente humana. Sus causas son, pues,
formas específicas del funcionamiento cerebral por sistemas de circuitos
propios de nuestra especie.
Pero la imagen del mundo (del medio ambiente y del cuerpo o yo),
así como el carácter de las funciones propias de la razón humana y de
las construcciones de la mente que explican el comportamiento, ha nacido
evolutivamente en relación con los "valores emocionales" que el cerebro
asigna a lo sensorial y al mundo representativo. Esta asignación de
valores (llamadas “valencias”) es siempre una función de supervivencia
adaptativa.
Por lo tanto, no es posible entender el ejercicio de la razón
humana cuando analiza los datos sensoriales y construye su
representación del mundo, independientemente de las raíces emocionales.
El mundo de la razón y de sus representaciones tiene siempre un
fundamento emocional, unido a la “valencia” o valor emocional de sentir
la vida y vivirla. El sistema de valores vitales y representaciones
produce el mundo psíquico y la razón, al igual que, al mismo tiempo,
todo el sistema cognitivo, es un instrumento evolutivo al servicio de
las emociones.
La conformación ético-estética del cerebro y el origen de la razón (Cela-Conde)
Para Camilo José Cela-Conde (Universidad de las Illes
Balears, España) la razón tiene su génesis en la evolución del hombre
primitivo. Nace como un instrumento de dominación del medio ambiente,
como una representación de un comportamiento ético en el grupo y como la
experiencia estética en el espacio y el tiempo. De esta manera, el
hombre primitivo ha dado forma a las localizaciones cerebrales que ahora
podemos comprobar neurológicamente.
Por consiguiente, Cela-Conde contribuyó al análisis de la génesis
de la razón desde el punto de vista de la paleoantropología y de la
neurología experimental por medio de la tecnología de la
magnetoelectroencefalografía. ¿Qué es por tanto la razón? La respuesta
de Cela-Conde fue: la razón es resultado, en primer lugar, de un proceso
de enriquecimiento representativo orientado a la acción adaptativa, un
proceso que puede ser reconstruido a partir de los datos actualmente
disponibles en paleontología y paleoantropología.
Pero, en segundo lugar, las causas de este comportamiento están
siempre progresivamente en función de la evolución del cerebro y del
registro cada vez más complejo de los patrones neuronales. Estos
patrones dependen de la experiencia sensible y permiten una experiencia
del medio ambiente cada vez más perfecta. El apoyo de estos patrones
neuronales vinculados a la actividad racional y emocional del ser humano
pueden detectarse hoy experimentalmente por el método de la
magnetoelectroencefalografía. Presumiblemente, estos patrones se
encuentran en módulos que comenzaron a formarse ya en el hombre
primitivo.
La evidencia paleoantropológica nos dice que la razón es un
proceso emergente que se puede seguir desde los primeros pasos del
género homo. El uso de herramientas de trabajo, la comunicación más
compleja, la interacción social y el enriquecimiento del lenguaje, por
primera vez por puros signos y más tarde por la emisión fonética de
señales complejas, son los vestigios más importantes de la aparición de
la razón. La mente primitiva es capaz de analizar los hechos, para
dibujar, imaginar o anticipar los acontecimientos futuros y los planes
para la conducta adaptativa.
En esta protohistoria del cerebro comenzaron a formarse los
patrones neuronales que producen el conocimiento del medio para la
supervivencia, los principios ético-morales de la convivencia social en
el grupo y las emociones estéticas. Esto puede ser comprobado por las
implicaciones de las normas sociales en los grupos primitivos y por las
obras artísticas que nos han dejado. Actividades éticas y estéticas del
cerebro, fundadas en los circuitos en él construidos por evolución, se
mantienen en la actualidad y pueden ser constatadas por la sociología.
Son actividades éticas y estéticas que se forman en las localizaciones
cerebrales precisas que seguimos manteniendo hoy en día en nuestros
cerebros, tal como es observado experimentalmente por
magnetoelectroencefalografía.
El cerebro humano, así conformado evolutivamente, sigue ejerciendo
su influencia en el hombre moderno. La conformación del cerebro en los
procesos cognitivos orientados a la supervivencia, el montaje de los
circuitos éticos que facilitan la eficacia de la supervivencia en los
grupos sociales y el nacimiento de la experiencia estética que permite a
estos grupos vivir con mayor sentido y complacencia, está en la base de
las funciones que explican el origen de la razón humana.
La selección natural darwinista explica la génesis de la razón (Neil Spurway)
Neil Spurway (Universidad de Glasgow, Escocia, Fisiología)
defendió que la razón es un producto de adaptación de los organismos al
medio ambiente en conformidad con los principios de la selección natural
darwinista, de acuerdo con el enfoque que ya ha sido expuesto en la hoy
llamada Epistemología Evolucionista (Wollmer, Popper).
Neil Spurway consideró que un marco adecuado, aunque no el único,
para hacer frente a las preguntas sobre el origen y la naturaleza de la
razón, es la llamada escuela de Epistemología Evolutiva. Esta
epistemología nos ofrece los criterios fundamentales necesarios para
explicar por qué los seres vivos son como realmente son, es decir, tanto
en sus aspectos biológicos y psicológicos, o sea en su mente (la mente
animal y la mente humana).
Este criterio es, por supuesto, la “selección natural” propuesta
por Darwin. Hay una explicación radical capaz de encontrar las causas de
la aparición de la razón en los seres humanos y de la consolidación de
sus funciones (de la forma en que funciona la razón en la mente humana).
Esta explicación nos dice que una causa es sin duda que las mutaciones
genéticas, y en consecuencia las conductas aprendidas (de la misma
manera que los memes se transmitieron en las culturas primitivas), han
contribuido a la supervivencia de la especie humana. La razón surgió y
se consolidó evolutivamente, paso a paso desde el conocimiento animal,
porque era un instrumento eficaz, una ventaja evolutiva en el sentido
darwiniano.
Es evidente que el criterio de "selección natural" puede ser
calificado y clarificado por otros conceptos complementarios que por lo
general se proponen también en las ciencias del comportamiento y en la
epistemología. Así lo hace de hecho Spurway cuando trata de explicar la
conducta exploratoria, el aprendizaje por imitación, el lenguaje, el
proceso de ensayo y error, o de conjeturas y refutaciones al estilo de
Popper. Lo que se esconde detrás de ciertos esquemas conceptuales para
explicar la conducta animal y humana es siempre, en el fondo, el
criterio de la selección natural darwiniana. La selección no sólo se
debe entender como "mecánica" (vg. en los genes), sino también como
"teórica" (vg. en la cultura), como señala acertadamente Spurway
siguiendo ideas de Bradie (2004).
En la actualidad hay evidencia científica de que ciertas
mutaciones en los niveles moleculares ha sido inducida por cambios
inesperados. Estos producen ventajas evolutivas o desventajas. Las
ventajas se mantuvieron por selección natural. Pero, tanto en animales
como en humanos, algunos éxitos de comportamiento o “teóricos” (en
humanos) fueron también ventajosos y, por tanto, fueron imitados,
transmitidos (memética, traditio), sin que ello supusiera más cambios
moleculares (mecánicos). Las ventajas evolutivas, por lo tanto, no sólo
se producen por mutaciones genéticas, sino también por los cambios
favorables en la cultura (ya sea animal o humana). En consecuencia,
existe no sólo la selección natural en la biología, sino también en la
cultura.
Sin embargo, además de estos principios generales, tenemos que
entrar en los detalles proporcionados por Spurway para explicar, de
acuerdo con el criterio de "selección natural", lo que la razón humana
es específicamente y cómo surge evolutivamente. Spurway entiende que el
marco teórico necesario es reconocer la existencia previa de un cierto
conocimiento que ha surgido en las especies animales anteriores al
hombre (cada especie tiene su propio sistema de conocimientos). El
conocimiento es producido como un proceso de construcción de conceptos
(representaciones en la mente animal) y, por lo tanto, la pregunta es
cómo pasar de los puros conceptos a la razón.
La pregunta que se plantea es, por supuesto, ¿qué son los
conceptos? Debe haber conceptos que aparecen primero en el mundo animal,
porque lo que caracteriza a la especie humana en la transición de lo
animal a lo humano (capaz de razonar) es la aparición de “nuevos
conceptos humanos”. Por lo tanto, se deberá hablar de la transición de
conceptos animales (que estaban ya presentes en los homínidos) a la
génesis de la razón, fundada en la existencia de nuevos conceptos
humanos.
Spurway propuso en su intervención una definición “razón”
relacionada con la aparición de los conceptos propios ya de la especie
humana. La razón sería para Spurway la capacidad de manipular conceptos
(humanos), hasta el punto que, cuando hay conceptos humanos existe ya en
germen la razón. "Mi tesis", afirmó Spurway, "es que la razón es la
capacidad de manipulación de conceptos, de modo que, cuando hay
conceptos hay ya razón".
Por consiguiente, el origen de la razón estaría fundado para
Spurway en el proceso darwinista general de la selección natural. El
conocimiento animal ha formado el conocimiento porque resultaba una
ventaja evolutiva. Así igualmente el aprendizaje progresivo de la
manipulación de conceptos resultó una ventaja evolutiva que se asentó en
la especie humana.
Conclusión: la ciencia y el origen evolutivo de la razón
¿Qué es entonces la razón? ¿Qué nos dice la ciencia sobre las
causas evolutivas que han llevado al surgimiento de la razón, su
naturaleza y su forma de operar en la producción de representaciones
mentales, reales, imaginarias o formales? Los siete profesores que
participaron en el seminario proporcionaron enfoques complementarios.
Roberto Poli diría que la razón es una consecuencia de la vida
como un sistema anticipatorio y consiste en la formación de
representaciones del mundo mediante el análisis y la síntesis de
sistemas (estructuras). El mundo es estructura y la razón adaptativa es análisis de estructuras.
Gregor Níquel vería la razón matemática (formal) como
independiente de las limitaciones de naturaleza física determinista.
Sería resultado de una facultad de la mente, independiente de la
evolución, que permitiría la libertad creativa y la imaginación formal.
La posición de Nickel fue disonante con la posición mantenida por los
otros profesores del seminario.
Harald Walach habría considerado que el medio ambiente que rodea
al hombre no sólo es el mundo mecánico determinista de objetos clásicos
(Newton), sino también un ámbito global holístico en que el sujeto
psiquico se siente “unido” o “enmarañado” (entanglement) con toda la
realidad. De ahí que la razón no sólo haya surgido para conocer un mundo
determinista de objetos clásicos (física clásica), sino también para
conocer ese mundo holístico reflejado en el conocimiento ordinario desde
el hombre primitivo y abarcado por la novedad de la mecánica cuántica
en la ciencia física moderna.
Manuel Curado entendió que la razón tiene un origen evolutivo y,
por tanto, siempre es una racionalidad local, construida en los
individuos concretos. Cada "localidad", sin embargo, reflejaría un mundo
objetivo, determinista, mecánico y computacional común que impone
ciertas limitaciones a la que todos los seres vivos deben adaptarse para
sobrevivir en su localidad concreta. Curado no negó, sin embargo, que
la experiencia del mundo objetivo no pudiera responder, de acuerdo con
la mecánica clásica, a la forma de entender presentada por la aportación
de Walach.
Francisco Mora expuso la visión neurológica clásica de que la
razón ha sido construida evolutivamente como un mapeo de los circuitos o
los patrones neuronales orientados a una supervivencia adaptativa y al
mantenimiento óptimo de los valores emocionales básicos.
Camilo José Cela-Conde abordó la génesis de la razón desde la
evolución del hombre primitivo, entendida como un instrumento de
dominación del medio ambiente, como una representación del
comportamiento ético en el grupo y como la experiencia estética en el
espacio y el tiempo. El hombre primitivo habría dado forma a las
localizaciones cerebrales que ahora podemos comprobar a neurológicamente
aplicando la moderna tecnología de la magnetoelectroencefalografía.
Neil Spurway, por último, presentó el origen de la razón como un
producto de la adaptación de los organismos al medio ambiente en
conformidad con los principios de la selección natural darwiniana, tal
como ya han sido expuestos en la actual escuela de la Epistemología
Evolucionista.
A modo de síntesis
La razón sería un producto de la vida en conformidad con los
principios de la selección natural darwiniana. La razón habría emergido
como instrumento favorable de adaptación al mundo objetivo, tal como ha
sido “sentido” por los seres vivientes. Ha sido sentido en una localidad
concreta, la propia de cada especie y de cada individuo de ella. Por
ello, la racionalidad es siempre local y limitada, no es universal y
absoluta. Pero, en general, la vida ha debido adaptarse a “razonar” un
mundo físico objetivo de entidades físicas estables y deterministas
(clásicas). Pero también a “razonar” un mundo sentido como “unidad” que
“enmaraña” todos los objetos en “campos unitarios” y “holísticos”
(cuántico).
El mundo objetivo ha producido, en consecuencia, operaciones de la
razón como el análisis y síntesis de sistemas (tal como aparece sobre
todo en la mecánica clásica newtoniana). Pero el mundo de experiencias
holísticas ha producido también otra forma de conocer la realidad y otro
estilo de la razón en el sentimiento de la unidad social, el
conocimiento ordinario, el arte y la poesía, la unidad indiferenciada
con el “todo cósmico”, y, más recientemente con el nacimiento de partes
importantes de la ciencia, como es la mecánica cuántica. La estructura
de la experiencia determinista de un mundo rígido (clásico) y el enigma
de la ontología holística de la realidad han impulsado la imaginación
racional humana en la ciencia y en la libre creación de los universos
formales. El discurso de la razón surgió en dependencia de la
experiencia del mundo con funciones adaptativas.
En las primeras etapas de la evolución humana la razón creó el
conocimiento ordinario que aunaba tanto las diferencias de un mundo de
objetos que se reconocía como su unidad holística de fondo, tal como se
ve, sobre todo, en las experiencias éticas y estéticas, donde el hombre
se conecta con el cosmos en la libertad y en la experiencia holística de
su pertenencia al “todo cósmico”. En un momento de la historia de la
ciencia apareció la mecánica clásica que se limitó a un mundo
determinista de objetos diferenciados (esta limitación acabó en el
reduccionismo). Por último, la mecánica cuántica recuperó la vivencia de
unidad ya presente en el conocimiento ordinario desde el hombre
primitivo. Todo este rico mundo de la mente, construido poco a poco a
través de experiencias sensoriales y de las representaciones
conceptuales, diseñado para adaptarse correctamente el mundo objetivo,
fue posible gracias a los circuitos o patrones neurales del cerebro que
hicieron posible la rica actividad psico-bio-física de la mente.
Esta cartografía neural progresiva produjo la
sensibilidad-conciencia (mediante procesos psicobiofísicos cuya
ontología real todavía desconocemos) y sirvió para conectar la razón con
las emociones de las especies a fin de fortalecer los valores
adaptativos de la vida. Hoy en día la ciencia dispone, pues, de teorías
complexivas que pueden explicar, en un marco naturalista, por qué la
razón ha emergido evolutivamente y cuáles son las causas que permiten
justificar esta emergencia a partir de la ontología unitaria del
universo.
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