La visión es una puerta al enigma del psiquismo
JAVIER MONSERRAT
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La ciencia de la visión, punto crucial de las ciencias humanas.
La explicación de la visión es una exigencia epistemológica de la
ciencia. A esto responde la “ciencia de la visión”, cuyo objetivo es
conocer las causas que han producido la emergencia evolutiva de la
visión en el mundo animal y el sistema visual humano en particular.
Puesto que la visión es una modalidad “sensitiva” –entre otras
modalidades como la priopiocepción o sensación del propio cuerpo– su
explicación está relacionada con un hecho más general que conocemos
como “sensación”; a su vez, la organización de la sensación y su
referencia a un “sujeto psíquico” que inspecciona y enfoca el campo
sensitivo por procesos de atención, es lo que conocemos como
“percepción”. La sensación-percepción-conciencia es así la estructura
básica que –surgida en la evolución– explica el desarrollo posterior de
la arquitectura psíquica. En este artículo de tendencias21 quiero
introducir a la segunda edición de mi libro “La Percepción Visual. La
arquitectura del psiquismo desde el enfoque de la percepción visual”
(Biblioteca Nueva, Madrid 2008, 659 páginas, más 16 en color).
El libro "La Percepción Visual. La arquitectura del psiquismo
desde el enfoque de la percepción visual” es un tratado de ciencia de la
visión con un enfoque especial: mostrar cómo en la explicación
científica del hecho fenoménico de la sensación-percepción-conciencia en
la ciencia de la visión, y en la psicología científica más en general,
entran en relación interdisciplinar un conjunto complejo de ciencias
como la física, la óptica, la psicofísica, la neurología, las ciencias
formales y de la computación, entre otras, para trazar los fundamentos y
los enfoques en que asentar los resultados de las actuales ciencias del
hombre. Su enfoque, pues, se orienta a lo más profundo y, por tanto,
esto da una medida de su complejidad.
La pregunta, pues, responde a lo dicho: cuáles son las causas que
han producido evolutivamente la emergencia de los sistemas
sensitivo-perceptivos, integrados en la emergencia de la “conciencia”, y
cómo, desde ahí, puede construirse una explicación científica
consecuente de la arquitectura psíquica (memoria, conocimiento,
emociones, lenguaje, etc.). Para responder esta pregunta el libro debe
transcurrir por aquellos tópicos habituales en la ciencia de la visión,
ya que, sin ellos, sería difícil argumentar respuestas bien construidas a
las preguntas de fondo.
Los capítulos que constituyen el corpus de la obra responden,
pues, a los siguientes tópicos. La epistemología de la ciencia de la
visión y su orden lógico en el marco de la epistemología de las ciencias
humanas. La física y la óptica. La psicofísica. Los sistemas formales y
computacionales aplicados a la ciencia de la visión, en especial la
discusión sobre computación serial, sobre conexionismo o procesamiento
PDP y la aplicación de la transformada de Fourier a las ciencias
humanas. La neurología de la visión que constituye la evidencia
científica esencial en el marco de la teoría de redes neurales formulada
dentro de la neurología macroscópica clásica. La teoría del color. La
explicación del orden estructural de la imagen y la percepción del
objeto. La percepción de la tridimensionalidad y la percepción del
movimiento. La propiocepción. La percepción auditiva. La atención como
análisis del campo perceptivo por el sujeto psíquico. Y otras muchas
cuestiones conectadas con el proceso de armonización de las
informaciones provenientes de diversas ciencias para construir una
explicación científica 1) de la visión (de la
sensación-percepción-conciencia y “sujeto psíquico”) y 2) de la
consecuente emergencia evolutiva de la arquitectura psíquica.
La cuestion crucial de la ciencia de la visión
La cuestión crucial es, pues, qué causas reales explican que en el
proceso de la evolución cósmica hayan surgido seres vivos organizados
en torno al hecho real de tener sensaciones, percepciones y, en estadios
superiores de la evolución, conciencia. Ignorar este problema es
comprensible por su complejidad; pero no está justificado
epistemológicamente, ya que la ciencia debe indagar siempre las causas
de los fenómenos. Un oftalmólogo puede diagnosticar y curar sin atender a
estos problemas básicos; un psicólogo puede centrarse sólo, por
ejemplo, en diseños experimentales sobre atención dividida o sobre
percepción gestáltica; pero no atender a las preguntas fundamentales que
prescribe la epistemología científica no es una virtud sino una
carencia epistemológico-científica.
Pues bien, una de las características de la obra que comento es
precisamente el tomarse en serio la cuestión fundamental, a saber, las
causas evolutivas reales del psiquismo. Puesto que el psiquismo ha
emergido dentro de la evolución cósmica y el cosmos evolucionó durante
miles de millones de años sin que existieran ni “sensación” ni seres
vivos, el supuesto científico inicial es que la sensación surgió desde
el mundo físico dentro de una continuidad evolutiva. La suposición
derivada es inevitable: la ontología germinal de la materia que ha
producido evolutivamente el universo debe de tener aquellas propiedades
que hagan explicable que, dadas ciertas formas de organización,
emergiera lo que llamamos “sensación” en los seres vivos. Este supuesto
científico obvio y de principio respondería a un marco emergentista: el
psiquismo ha sido producido o causado evolutivamente desde el mundo
físico, a partir de las propiedades ontológicas de éste.
La explicación científica de este supuesto tiene dos dimensiones
relacionadas. La primera de ellas es lo fenomenológico: lo que se trata
de explicar se nos presenta con unas propiedades observables que, tal
como se manifiestan, deben ser explicadas (referidas a sus causas).
Ahora bien, si se postula que las causas están en la naturaleza del
mundo físico, entonces la naturaleza de éste y ciertas propiedades
físicas deberían explicarnos cómo ha sido posible la emergencia de
psiquismo y de sus propiedades fenomenológicas. La visión, por tanto,
como una de las principales manifestaciones de la experiencia psíquica
(la conciencia visual, en expresión de Crick) debería poder explicarse a
partir del mundo físico y sus propiedades.
La imagen científica de la materia
La ciencia de la visión, por tanto, y la explicación general de la
arquitectura psíquica, depende del modo científico de concebir la
materia. La expectativa de las ciencias humanas sería, pues, que la
concepción científica de la materia nos permitiera una explicación
congruente de las causas que han hecho emerger el psiquismo. Y aquí es
precisamente donde se presenta el problema fundamental de las ciencias
humanas: dependen lógicamente de la idea de la materia, pero la ciencia
habitual no ha suministrado una imagen de la materia apropiada como para
poder explicar las propiedades experienciales del psiquismo (y de la
visión).
Para entender el problema es preciso advertir que en la imagen
científica del universo material se presentan dos perspectivas
distintas. Por una parte la mecánica clásica newtoniana que enlaza con
la teoría macroscópica de la relatividad y por otra la mecánica cuántica
que se forma en el siglo XX, sobre todo después de Plank y la obra de
Schroedinger, Heisenberg, Dirac, Bohr y otros en la década de los años
veinte.
La idea de la física, predominante para establecerla como
fundamento de las ciencias humanas, ha sido durante todo el siglo XX la
macano-clásica, dando lugar a un modo de entender los eventos fìsicos a
partir de la idea de corpúsculo y de entidades diferenciadas que ocupan
un lugar en el especio-tiempo. Este tipo de física ha llevado consigo
muchas dificultades a la hora de entender en qué podrían consistir los
fenómenos psíquicos y ha producido el así llamado “reduccionismo”. Las
consecuencias lógicas del reduccionismo han llevado a la ciencia de la
visión a concebir la imagen como resultado terminal intrecerebral de un
proceso de “transporte de información por la luz” dentro de lo que hoy
se llama constructivismo: la imagen es un constructo intraneural (“el
mundo está en mi cabeza”). Igualmente el reduccionismo constructivista
ha conectado hoy con un cierto modo de aplicar los modelos
computacionales (seriales o conexionistas) al entendimiento de la
imagen.
Pero el problema de los modelos “reduccionistas” del mundo
psíquico ha sido precisamente su carácter “reductivo”: no han sido aptos
para explicar los contenidos emergentes de la experiencia psíquica
(unidad de la conciencia, holismo campal y indeterminismo o libertad
humana), reduciendo al hombre a una especie de maquinismo robótico.
La alternativa moderna
La alternativa moderna para explicar el psiquismo ha sido –desde
los últimos veinte años– recurrir a la única alternativa existente a la
mecánica clásica: la mecánica cuántica. Las propiedades de la materia
que ésta argumenta aparecen, en efecto, como mucho más apropiadas para
explicar las extrañas propiedades fenomenológicas del psiquismo y de la
visión. En este sentido debemos indicar que la obra que presente hace
una opción definida, aunque sólo heurística, por las explicaciones
cuánticas de la conciencia, por la neurología cuántica. La toma de
posición final del libro, por tanto, sería esta: dada la insuficiencia
de la vía explicativa reduccionista, lo más probable es que los
fenómenos psíquicos (y la visión) respondan a estados cuánticos de la
materia, organizada en los sistemas orgánico-neurales de los seres vivos
en conexión con el medio físico ambiente.
Esta opción general por lo cuántico no supone sin más considerar
correctas las explicaciones cuánticas propuestas hasta ahora (por
ejemplo, la hipótesis Hameroff-Penrose). Una opción “heurística” por lo
cuántico significa sólo la expectativa de que investigando los fenómenos
cuánticos podamos llegar algún día a explicar uno de los grandes
enigmas todavía propuestos a la ciencia: la explicación de la
conciencia, de la psique y de la visión.
Me refiero a continuación a algunas de los conceptos
mecano-cuánticos que están en el fondo de las hipótesis cuánticas para
explicar el psiquismo. La discusión de estas hipótesis, así como su
contribución y armonía con los principios generales para construir una
teoría (entendida como conjetura científica) de la arquitectura
psíquica, que incluya una explicación evolutiva del origen de la razón,
puede verse desarrollada en detalle a lo largo de la obra.
Conexión mecánica clásica y mecánica cuántica: holismo físico
La mecánica clásica nació mucho antes que la cuántica. Sin
embargo, la perspectiva cuántica ha asumido la explicación del mundo
clásico-macroscópico. En alguna manera (porque muchos problemas están
todavía pendientes de resolución) la mecánica cuántica nos explica cómo
las partículas llamadas fermiónicas quedan atrapadas estructuralmente en
el orden de la materia y de los cuerpos, dando lugar a un mundo de
determinación mecánica y regularidades estadístico-probabilísticas (son
los cuerpos mecroscópicos que vemos en el mundo físico). La tendencia a
explicar el mundo real aplicando sólo los recursos de la causalidad
clásica es el reduccionismo. Pero la mecánica cuántica ha asumido
también que los fenómenos de radiación campal, conocidos desde el XIX,
han constituido y siguen constituyendo un aspecto esencial de la
explicación del universo.
Holismo en mecánica cuántica: la materia bosónica
El universo se produjo probablemente desde una radiación germinal
(en forma de cuerdas o supercuerdas, si esta teoría especulativa
resultara correcta). El sustrato constituyente de la realidad física
oscila entre la corpuscularidad y la ondulatoriedad en un campo físico.
Cómo entender ese fondo fundamental de referencia (y la descripción de
su ontología física) en el que se produce la génesis o disolución de las
vibraciones o corpúsculos no ha estado ni está del todo claro en la
ciencia física: vacío cuántico, campo de energía, éter, espacio-tiempo
relativista, orden implicado, etc. En todo caso, el proceso de
corpuscularización (o plegamiento de la energía en corpúsculos) iniciado
en el big bang parece que no condujo sólo al nacimiento de partículas
fermiónicas (que acabaron atrapadas en la materia macroscópica, o sea
nuestro mundo de objetos diferenciados). También se produjo otro tipo de
partículas llamadas bosónicas (por el descubrimiento del “condensado
Bose-Einstein” en los años veinte). Los bosones pueden también quedar
atrapados en la materia fermiónica. Pero los bosones (vg. el fotón, la
luz) tienen una función de onda que les facilita perder su
individualidad (al contrario que los fermiones) formando con otras
partículas semejantes estados de vibración unitaria indiferenciada que
llena ciertos espacios acotados. La materia bosónica tiende a
constituir, pues, estados holísticos o campos de vibración de materia
indiferenciada. En el universo actual no sólo existe materia estable
producida por fermiones, sino que existen también nichos o ámbitos
físicos acotados donde se producen efectos holísticos dentro de un mundo
clásico diferenciado de entidades aisladas de materia fermiónica.
Coherencia cuántica
Este importante concepto de la mecánica cuántica tiene estrecha
relación con la equivalencia materia-energía, corpúsculo-onda,
discontinuidad-continuidad, localidad-no-localidad (o campo), etc. La
conversión bidireccional entre cada uno de estos dos aspectos del
sustrato que constituye el universo explica el nacimiento de los cuerpos
desde el big bang (dirección energía a corpúsculo) y la conversión de
la materia en campo físico o energía (dirección corpúsculo a campo). El
estado de “coherencia cuántica” designa aquella situación física en que
las partículas pierden su individualidad entrando en estados campales de
vibración unitaria indiferenciada en espacio-tiempos definidos. Es lo
que se descubrió ya en los condensados Bose-Einstein. Hoy en día hay
incontables evidencias de estos estados en variados contextos físicos.
Al parecer, la propiedad de entrar en coherencia cuántica es propia de
todos los corpúsculos (se sabe que en condiciones experimentales
extremas los electrones entran también en coherencia cuántica), aunque
los fermiones presentan mayor dificultad para ello, dadas las
propiedades físicas y la función de onda de las partículas fermiónicas.
El proceso en que un sistema en coherencia cuántica la pierde y se
reduce a partículas individuales es lo que se conoce como proceso de
“de-coherencia cuántica”. Producir o mantener procesos de coherencia
cuántica no es fácil, aun con partículas bosónicas, ya que la
interacción con el mundo macroscópico clásico interfiere e induce la
de-coherencia que lleva a que estas partículas queden también atrapadas
en la rigidez ordenada del mundo clásico.
Acción a distancia y no-localidad: efectos EPR
El célebre experimento imaginario de Einstein, Poldolski y Rosen
en 1935, estando ya Einstein en Princeton, permitió concebir que la idea
de la materia en la mecánica cuántica permitía la existencia de un
nuevo tipo de causalidad (que parecía inadmisible para la mecánica
clásica y para Einstein): la causación no-local o acción-a-distancia.
Así, el cambio en una partícula podía causar un cambio correspondiente
en otra partícula correlacionada con ella a millones de años luz, sin
trasmisión de una acción causal a distancia, o sea, sin presencia local
(causalidad no-local). Estos hechos, comprobados en 1982 por Aspect, y
repetidamente comprobados desde entonces en una gran variedad de
experimentos, han abierto una nueva perspectiva en el conocimiento de
las interacciones entre la materia. Diversos ámbitos de materia en
coherencia cuántica, por ejemplo, a distancia y sin contacto local,
podrían entrar en interacción formando parte de sistemas unitarios.
Estados de superposición cuántica
Esta nueva propiedad conocida en la mecánica cuántica afecta a
todo tipo de materia, fermiónica o bosónica; aunque esta última, por ser
más libre y oscilante, tenga quizá una mayor facilidad ontológica a
estar en estados de superposición. Superposición quiere decir que una
misma partícula, o un estado cuántico, puede estar indeterminado, es
decir, como flotando sin definición en relación a diferentes valores de
una variable o propiedad de ese sistema: por ello se dice que un sistema
en superposición está al mismo tiempo en muchos estados (porque son
posibles) y en ninguno (porque no se ha comprometido con ninguno).
Cuando, por ejemplo, una partícula en superposición se realiza
“eligiendo” uno de sus estados posibles se produce el “colapso” de la
función de onda de esa partícula. Así un electrón, por ejemplo, está en
su orbital vibrando en estado de superposición, de tal manera que cuando
se corpusculariza en una posición definida se ha producido el colapso
de su función de onda. Un sistema en coherencia cuántica podría también
estar en estado de superposición, produciéndose en ciertas
circunstancias su colapso en una vibración concreta de todo el sistema.
Indeterminación cuántica
Es sabido que, frente a la causalidad clásica de corte por
completo determinista, la mecánica cuántica consideró necesario
introducir la hipótesis de la indeterminación de los sucesos cuánticos.
Despues de que Schödinger propusiera su célebre ecuación para describir
la posición del electrón, otros dos sistemas matemáticamente
equivalentes fueron propuestos, la mecánica matricial de Heisenberg y el
álgebra de Dirac. Pero en cualquiera de las formalizaciones del mundo
cuántico se cuenta con que los eventos presentan un ámbito de
indeterminación que los hace impredictibles. No sólo porque el
experimentador se introduzca en el mundo microfísico para medir y
produzca incertidumbre sobre los eventos futuros, sino porque la misma
interacción entre las partículas en niveles cuánticos produce efectos de
incertidumbre sobre su comportamiento futuro (principio de
incertidumbre de Heisenberg). No sólo el comportamiento futuro de una
partícula se hace impredictible, sino que las fórmulas para predecir el
curso de las interacciones o reacciones microfísicas, cuando se habla de
grandes cantidades de sucesos, sólo se puede hacer por medio de
técnicas estadísticas y probabilísticas. A esto se añade el mismo hecho
de la superposición cuántica que presenta serias dificultades cuando se
trata de predecir de forma determinista cuándo y por qué se producirá el
colapso de la función de onda hacia un estado concreto. La discusión
sobre cómo interpretar la indeterminación en la mecánica cuántica ha
llenado el siglo XX y todavía sigue abierta.
La forma de relacionar el determinismo de la ecuación de
Schrödinger con la indeterminación cuántica, la eventualidad de que la
indeterminación fuera realmente ontológica (dada en la realidad
microfísica misma), la eventualidad de que fuera sólo epistemológica (un
déficit de conocimiento que exigiera sólo como recurso cognitivo o
funcionalista el uso de la probabilidad y la estadística, como piensa la
Escuela de Copenhage de Bohr), o la eventualidad de que hubiera
variables ocultas de tal manera que el mundo microfísico respondiera a
la misma imagen determinista del mundo clásico macroscópico (Einstein,
Bohm), son sólo algunos de los perfiles sin respuesta de la problemática
que ha planteado el indeterminismo cuántico.
Neurología cuántica holística
En principio es una hipótesis heurística: una manera de entender a
qué propiedades podría responder el tipo de “soporte físico” que ha
hecho posible la emergencia evolutiva de la sensibilidad-conciencia. En
la neurología clásica la teoría de engramas apostó por la hipótesis de
que las cadenas interactivas de causalidad clásica bastaban para
explicar el psiquismo. Sin embargo, se cayó en el reduccionismo porque
la libertad, indeterminación, la elección espontánea que se da tanto en
el mundo animal como humano (lo que los anglosajones llaman el choise) y
la experiencia fenomenológica campal dada en el psiquismo (la
“percepción directa” de James J. Gibson) dificilmente pueden ser
explicadas por la física clásica de un mundo diferenciado, discontinuo,
con una causalidad ciega, determinista y mecánica.
La neurología cuántica, frente a la clásica, es simplemente la
apuesta heurística que contempla que las propiedades psíquicas podrían
tener su “soporte físico” en las propiedades del mundo cuántico: ante
todo en la coherencia cuántica, la acción a distancia y causalidad
no-local, la superposición cuántica y la indeterminación. Es, pues, un
programa de búsqueda definido, heurístico: ante todo de aquellas
estructuras psicobiofísicas, que deberían radicar en el sistema
neuronal, que en los seres vivos fueran el soporte de “nichos” o ámbitos
de estados cuánticos en que pudieran darse las propiedades descritas y
que pudieran conectarse con la explicación del psiquismo.
Tarea no fácil puesto que la descripción biofísica inicial de los
organismos vivientes y sus sistemas nerviosos muestran un compacto mundo
de interacciones clásicas que parece imponer inevitablemente el
reduccionismo. La neurología cuántica es el intento de no reducir la
explicación del psiquismo a lo clásico, dejando que se planteen
hipótesis que nos abran a un mundo cuántico, tan legítimo en la ciencia
física como el clásico, ya que en principio se intuye que entre las
propiedades del psiquismo y las propiedades del mundo cuántico parecen
existir sorprendentes paralelismos.
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