'Naturaleza humana 2.0' investiga si se está creando un nuevo ser humano
JAVIER MONSERRAT
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Auspiciado por la Universidad Comillas,
concluye tras tres años con un Simposio Internacional, que se celebra
en Madrid el 11 de febrero.
El proyecto Naturaleza Humana 2.0 ha sido en los últimos tres años un
foro de análisis y discusión de cuantas preguntas pueden plantearse hoy
desde la ciencia, la biología, la neurología, la antropología, la
psicología y la filosofía, en torno a nuestra condición humana. Este
proyecto financiado por la Universidad Comillas, ha contado con la
participación de profesores de trece universidades españolas. En el
marco de la biología, ha surgido la pregunta por la espiritualidad
humana. Los próximos días 11-13 de febrero, se presentarán las
conclusiones del proyecto en un Simposio Internacional celebrado en la
Universidad Comillas de Madrid.
El proyecto de investigación Naturaleza humana 2.0,
auspiciado por la Universidad Comillas, se ha planteado, a lo largo de
más tres años, numerosas preguntas; ha considerado hechos y nuevos
marcos teóricos, ha dialogado con las ciencias de la computación, la
tecnología, la biología, la neurología, la medicina, la antropología y
la sociología, enfocándolo todo a dilucidar la gran cuestión acerca de
la naturaleza humana.
¿Está cambiando la naturaleza
humana? ¿El hombre de nuestra cultura tecnológica sigue siendo el hombre
de siempre? ¿Es el hombre reducible a tecnología, computación, biología
o neurología? ¿Dónde reside lo específicamente humano? ¿Puede hablarse
hoy de una naturalización de la espiritualidad? El proyecto Naturaleza
humana 2.0 concluye con un Simposio Internacional
en los días 11-13 de febrero en la Universidad Comillas de Madrid, con
figuras como Morgado, Rizzollatti o Floridi, que, sin duda, dará pie a
replantear nuestro conocimiento actual de la naturaleza humana, de lo
que somos y de lo que quizá podamos ser en el futuro.
El
Simposio del 11-13 de febrero del 2016 se ha dividido en cuatro núcleos:
tecnologías de la vida humana, neurociencias, tecnologías de la
información y de la web y naturalización de la espiritualidad. La
organización del Simposio anima a cuantos se interesen por estas
cuestiones trascendentes a inscribirse y participar. En un banner
lateral pueden verse todos los datos precisos del Simposio.
¿Qué es el hombre? ¿En qué consiste la naturaleza humana? El hombre
forma parte del mundo físico y su naturaleza es física, dentro de la
unidad del universo. El código genético explica hoy numerosas
intervenciones que dan por supuesto el estricto determinismo, mecánico y
ciego, de al menos una parte o una dimensión sustancial de nuestra
naturaleza. Este determinismo puede pasar a la neurología que quedaría
así reducida a interacciones causa-efecto puramente físicas.
Pero no está claro que la neurología nos dé esta pura imagen
físico-determinista del hombre, puesto que nos abre a evidentes
dimensiones de flexibilidad e indeterminación. La sociedad del
conocimiento generada por la mente humana, que es una “mente neuronal”,
podría ser un instrumento que sometiera al hombre a una determinación
condicionante que limitara sus posibilidades; pero esto no debe suceder
necesariamente porque somos hoy conscientes de la necesidad de construir
la nueva ética de la sociedad de la información. Pero, ¿cómo entender
entonces la naturaleza humana?
Las tecnologías de intervención biomédicas
La genética. El primer núcleo del
Simposio es, pues, sobre las tecnologías de intervención biomédica
básica en la vida humana. Con ello nos adentramos a un mundo biofísico
de determinación, rígido y ciego. Este núcleo cuenta con la
participación como ponente de Dr. Xavier Vendrell (Valencia) desde el
punto de vista de los sistemas genómicos que será respondido desde un
enfoque filosófico por el Dr. Alfredo Marcos de la Universidad de
Valladolid. La genética y el conocimiento del genoma humano abren hoy en
la ciencia un ámbito de conocimiento de consecuencias imprevisibles en
todo su alcance futuro. Por una parte se constatan los mecanicismos
deterministas que rigen la herencia genética y el desarrollo embrionario
hasta el despliegue del nuevo ser.
El rigor determinista
es una garantía para la estabilidad en la transmisión de la herencia y
para la estabilidad del mismo ser humano que debe permanecer él mismo
para construir su biografía personal. Pero no sólo queda abierta, por
tanto, la intervención genética para la identificación de las
enfermedades y su curación, sino la más borrosa pero previsible
intervención para controlar el propio cuerpo y la propia personalidad,
así como también la de los demás.
Lo genético nos
introduce, pues, en un nuevo campo de esperanzadoras perspectivas para
el control del sufrimiento y el dominio de la naturaleza humana. No
obstante, al mismo tiempo, introduce dimensiones nuevas del rígido
determinismo básico que afecta a los seres vivos y al hombre. ¿Hasta
dónde llega el determinismo? Si es un hecho que somos sistemas
deterministas que rigen las estructuras básicas de nuestro ser humano,
¿cómo es posible para el hombre escapar a este determinismo?
La ciencia se funda en las evidencias empíricas. Es evidencia empírica
la experiencia fenomenológica que se nos impone con una fuerza
extraordinaria, tanto individual como social. Sabemos que sin duda
estamos condicionados por muchos determinismos, y no en poca medida.
Pero también tenemos la experiencia inequívoca de que somos seres
personales que decidimos en gran parte nuestras acciones. Sabemos que no
somos robots, aunque nuestra conducta esté sometida a grandes
esclavitudes. Somos flexibles y tenemos la experiencia de que nuestra
conciencia, nuestro sistema psíquico, nuestro conocimiento, nuestra
acción voluntaria, en un sistema impreciso y muy oscilante de relaciones
sociales, juegan un papel determinante en lo que somos. En nosotros hay
algo distinto del puro determinismo ciego. La vida personal y la
organización social están fundadas en esta persuasión.
Ahora bien, si las causas germinales de los seres vivos son una
derivación de los sistemas genéticos, firmes y rígidos como sistemas de
causa-efecto cerrados, que más bien inducirían a pensar que somos sólo
sistemas robóticos ciegos, mecánicos y deterministas, entonces, ¿cuál
sería la causa que produce en nosotros, y en los seres
vivos, esa espontaneidad, esa flexibilidad que nos deja indeterminados
en marcos oscilantes de posibilidades? Intuimos que la causa está
relacionada con nuestra condición de seres vivos, con la sensibilidad y
la conciencia que nos hacen un “sujeto psíquico”: un ser que genera
desde la conciencia las acciones adaptativas que son flexibles y
oscilantes, en gran parte indeterminadas. Pero, ¿cuál es entonces la
causa de que haya sido producida en nosotros esa naturaleza psíquica,
presente ya en los animales pero que en nosotros toma la forma de
razón-emocional?
Longevidad y plasticidad celular. Estas
son, en efecto, dos dimensiones actuales de la investigación en torno a
las posibilidades que ofrece la intervención genética. Así, se han
identificado rutas bioquímicas que controlan la longevidad e incluso
intervenciones farmacológicas que alargan la vida media de ratones e
incluso de monos. Está además cercana la aplicación al hombre de
similares recursos genéticos. Igualmente, por tecnologías genéticas, se
puede cambiar el estado de diferenciación de las células, dándose hoy la
posibilidad de usar la plasticidad celular para "rejuvenecer" tejidos.
De todo ello hablará el Dr. Manuel Serrano Marugán, del Centro Nacional
de Investigaciones Oncológicas, cuya conferencia final para el núcleo
primero del Simposio será presentada por la Dra. Lydia Feito, de la
Universidad Complutense de Madrid.
Estas dimensiones
genéticas muestran hasta qué punto el hombre es un sistema físico, o
mejor biofísico, que funciona por procesos que están determinados por
las codificaciones genéticas radicales. El hombre es “físico” y no es de
extrañar que durante mucho tiempo los médicos fueran conocidos como
“físicos”. Pero, ¿hasta dónde llega la condición física del hombre? Sin
embargo, sin negar que seamos físicos, nuestra propia autoexperiencia
personal y social, ¿no está denotando que en nosotros hay algo que es
cualitativamente distinto del modo de ser real propio del mundo
puramente físico?
Neurociencias
El segundo núcleo
temático del Simposio se encabeza bajo el concepto de neurociencias.
Con ello entramos en una de las evidencias científicas hoy
incuestionables: que la biología aparece desde dentro del mundo físico y
que la neurología es un sistema orgánico producido desde dentro del
mundo biológico. Por ello los seres vivos son en su constitución o modo
de ser real sistemas neuro-bio-físicos. Sus acciones deben de nacer,
pues, del sistema nervioso que, a su vez, produce el mundo psíquico.
Esta es la hipótesis obvia de la que hay que partir. Las sensaciones,
las percepciones, la conciencia, la atención, la subjetualidad
psíquica, el conocimiento, las emociones, el lenguaje, el pensamiento…
son algo producido por la unidad psico-bio-física que constituye al
hombre. Son una emergencia que brota de las posibilidades ontológicas
propias de lo que constituye la esencia del universo, llámese “materia” o
como se quiera.
Hoy se repite mucho que somos nuestro
cerebro, y en cierto sentido es así. Sin embargo, sin negar que seamos
bio-físicos, ¿la forma en que los humanos somos físicos es la misma
forma en que se manifiesta el mecanicismo-determinista rígido y ciego de
los procesos genéticos?
Este segundo núcleo temático
comenzará, pues, por la ponencia neurológica del Dr. Ignacio Morgado, de
la Universidad Autónoma de Barcelona que será complementado con la
ponencia filosófica del Dr. Jesús Conill de la Universidad de Valencia.
Se cerrará con la conferencia impartida por el Dr. Giacomo Riozzolatti,
de la Università degli Studi di Parma y Premio Príncipe de Asturias de
Investigación Científica y Técnica, que será presentado por el Dr.
Javier Monserrat, de la Universidad Autónoma de Madrid.
Cómo funciona el cerebro. Sabemos,
por lo dicho, que el hombre es una entidad psico-bio-física y que, al
menos en una parte sustancial, funciona de una forma mecánica y
determinista incuestionable, como sabemos hoy por el conocimiento de los
códigos genéticos que regulan rígidamente el desarrollo embrionario y
la naturaleza resultante de los procesos orgánicos. Estos (como la
longevidad y la plasticidad celular) pueden ser intervenidos por
técnicas biofísicas mecánicas y ciegas. Pero, ¿hasta dónde llega este
mecanicismo determinista rígido?
La experiencia que tenemos
de nuestro ser humano es una evidencia fenomenológica innegable, un
hecho real, que parece mostrar que no somos puros seres robóticos,
rígidos y ciegos. Esta experiencia de las peculiaridades del ser animal y
humano no significa que no formemos parte de la unidad del proceso
evolutivo del cosmos que lleva desde el nacimiento de la materia en el big bang,
al desarrollo y conformación del universo, a la emergencia de la vida,
de la sensibilidad-conciencia, y al psiquismo animal y humano, tal como
antes indicábamos.
Pero, por una parte, el conocimiento
científico de que los seres vivos son en parte mecánicos, deterministas,
rígidos y ciegos, y, a la vez, por otra parte, el conocimiento de lo
específico de nuestra experiencia fenomenológica, nos obligan a
preguntarnos si nuestra actividad psíquica es sólo resultado de las
cadenas causa-efecto deterministas y rígidas que en gran parte somos, o
si, sin salirnos de la unidad evolutiva del universo, estamos causados
por algo más que nos lleva a formas de causalidad nuevas que no son las
que simplemente descubrimos en el puro determinismo biofísico que rige
gran parte de las interacciones en el universo físico y psicobiofísico.
Queda, pues, en el aire la gran pregunta: ¿qué es el cerebro? ¿Qué
formas de interacción y causalidad rigen en el sistema neuronal y cómo
se ofrece una explicación de la naturaleza psico-bio-física del sistema
nervioso que pueda explicar de forma satisfactoria lo que constituye la
vida psíquica animal y humana? Sin duda que el Dr. Ignacio Morgado nos
introducirá en un estudio del funcionamiento del sistema neuronal y la
forma en que se produce la codificación de engramas, patrones neurales,
que registran nuestro mundo sensible, perceptivo, nuestro conocimiento y
nuestras emociones. Siempre atendiendo a la creatividad cerebral y a
los procesos interpretativos con que el cerebro nos hace sentir el mundo
de una forma útil, adaptativa, pero que no siempre es un reflejo
fotográfico de la realidad.
Las neuronas espejo. ¿Qué
es, pues, el cerebro? ¿Cómo funciona el sistema neural para producir el
mundo psíquico interior en animales y hombres? Esta es, repetimos, la
gran pregunta. Pues bien, la conferencia que pronunciará el científico
italiano Giacomo Rizzolatti tocará sin duda el descubrimiento de las
llamadas neuronas espejo, conocidas por primera vez por las
investigaciones del mismo Rizzolatti, cuyo nombre sigue desde entonces
unido al de las neuronas espejo. El descubrimiento consistió en advertir
que la percepción por la vista, o por otros sistemas sensitivos, de
procesos en curso en otros seres vivos objetivos (motores, emocionales,
cognitivos…) producía la activación de estas neuronas espejo que
inducían la reproducción de los mismos procesos en el sujeto
percibiente.
Así, ver actividades motoras en el sujeto
percibido induciría la pre-activación de los sistemas neuronales del
sujeto percibiente que llevarían a los mismos estados motores; ver y
sentir de diversas maneras la emoción o la alegría en el sujeto
percibido induciría igualmente la activación de las neuronas espejo que
produciría estados emocionales similares en el sujeto percibiente. Es
explicable que el hecho de las neuronas espejo se considere hoy
fundamento neurológico para hablar de la importancia de la imitación,
del aprendizaje, de la empatía con los otros seres de la especie, y, en
consecuencia, fundamento de la valoración del ser humano y de su sistema
neural como una entidad esencialmente social, abierta, vinculada a los
demás.
¿Qué es, pues, el cerebro y cómo funciona el sistema
neural? Sin duda que las reflexiones del Dr. Rizzolatti ofrecerán
evidencias empíricas de hechos en gran parte sorprendentes sobre la
naturaleza funcional e interactiva del cerebro animal y humano. En este
sentido contribuirán a perfilar lo que es realmente la naturaleza animal
y humana. En definitiva hasta qué punto funciona por procesos
mecanicistas biofísicos y hasta qué es necesario introducir nuevos
sistemas causales, complementarios, para explicar lo que son evidencias
empíricas incuestionables.
Tecnologías de la información y de la web
El tercer núcleo
temático del Simposio hace referencia al uso que puede hacer el hombre
de su razón, fundada obviamente en su sistema neurológico, para orientar
su vida.
En el fondo todo depende de qué sea realmente el
ser humano y su mente racional, es decir, de hasta qué punto sea un
sistema determinista, mecánico y ciego, o, en su caso, que sea un ser
cuya mente no responde a mecanismos robóticos sino que está producida
por un sistema psico-bio-físico que puede explicar todo aquello que
nosotros advertimos en nuestra experiencia fenomenológica. Es evidente
que las posibilidades abiertas al hombre dependen de la naturaleza de su
mente.
¿Una sola lógica o diversidad de lógicas?
La primera ponencia del tercer núcleo está a cargo del Dr. Jörg Flum de
la Albert-Ludwigs Universität Freiburg. Para Flum la mente humana no
funciona regidamente por una sola forma de lógica determinante. Al
contrario en la mente pueden implementarse diversas lógicas que,
obviamente, generarían causalmente diversos modos funcionales de la
mente. Si esto fuera sí, parecería dar a entender que la mente humana es
abierta a diversas posibilidades, es flexible y no está rígidamente
constreñida a un modo de funcionamiento ciego y determinista.
Sin embargo, el hecho es que la mente humana está sometida a fuertes
presiones ambientales, físicas y sociales, que la impelen a unas
funciones deterministas. La contestación filosófica al profesor Flum
está a cargo del Dr. Javier Leach para quien el antiguo positivismo
lógico ha dejado lugar en nuestros días a un positivismo tecnológico. El
positivismo lógico buscaba unificar el saber y la unidad lógica de la
mente. Sin embargo, el moderno positivismo tecnológico ha renunciado a
unificar la lógica de la mente, buscando sólo un conocimiento
tecnológico que sea capaz de resolver todos los problemas. Parecería que
la sociedad científica actual hubiera renunciado en parte al saber
desde siempre pretendido, o conocimiento universal, para centrarse en el
uso instrumental o tecnológico de la ciencia.
¿Qué
significa esto para el futuro de la naturaleza humana? El desarrollo
impresionante de las nuevas tecnologías, en especial las tecnologías de
la computación, serial o conexionista (PDP), han abierto sorprendentes
expectativas para valorar el futuro de la evolución; y, en especial, de
la evolución de la naturaleza humana. ¿Vamos a entrar en un mundo
transhumano en que se producirá un cambio cualitativo en la ontología de
la naturaleza humana? No es posible poner en duda que la especie humana
podrá disponer de cyborgs a su servicio y que su actividad intelectual y
puramente orgánico-biológica podrá disponer del apoyo de inmensas redes
externas de computación al servicio del conocimiento, de la salud y
control de propio cuerpo, y del dominio general sobre la naturaleza.
Para ello, la especie humana dispondrá de instrumentos de eficacia muy
superior a todo cuanto hasta ahora hemos conocido.
Sin
embargo, ¿se habrá producido un cambio cualitativo en la naturaleza
humana? La verdad es que, si nos atenemos con rigor a los datos que
poseemos, a la naturaleza de la ciencia, a lo que conocemos sobre la
ingeniería y lógica de los cyborgs y sobre las redes de computación
externa, a nuestros conocimientos sobre la condición biológica y
neurológica que está en la base del mundo psíquico y de las funciones de
la mente humana, entonces parece que la respuesta es muy precisa:
a) la naturaleza humana tendrá evidentemente cambios evolutivos, pero
permanecerá siendo en esencia la misma; b) el mundo de los cyborgs y de
las redes de computación externa será una dimensión de realidad
distinta, de la que el hombre podrá hacer un uso instrumental, pero que
no será ontológicamente idéntica a la ontología humana y que, por tanto,
nunca podrá ser integrada en una unidad ontológica nueva que pudiera
dar lugar a una naturaleza humana cualitativamente diferente a la que
hemos conocido hasta ahora.
La razón en que se funda la
argumentación sobre la irreductibilidad entre la ontología del mundo de
la computación y la ontología del mundo animal-humano es muy precisa:
tanto las máquicas humanoides o cyborgs como las redes de computación
externa, por ejemplo tal como las concibe Ray Kurzweil, son sistemas
seriales o conexionistas (PDP) que funcionan de una forma mecánica y
ciega, sin que haya la más mínima semejanza ontológica con los sistemas
biológicos asociados evolutivamente a la
sensibilidad-percepción-conciencia, a la existencia de sujetos psíquicos
conscientes y la mente animal y humana. Todo esto son, sin embargo,
cuestiones abiertas.
Redes externas de computación. El así llamado extended mind,
es decir, la mente humana que amplía sus posibilidades de dominio del
mundo por las redes externas de computación que acuden en apoyo tanto de
las relaciones e interacciones sociales como en apoyo del conocimiento,
¿cómo influirá en el futuro de la evolución de la naturaleza humana? La
red creada por el hombre podía ser resultado de un inevitable proceso
determinista e inducir a un comportamiento dirigido, en el fondo
determinista, mecánico y ciego. Quizá esto fuera conforme con la
naturaleza humana si esta fuera un sistema determinista. Entonces sería
más fácil el tender redes de dominación de los individuos.
Pero, si no lo fuera, si la mente fuera abierta, entonces una red que
indujera a eliminar la flexibilidad abierta de la conducta humana podría
conducir a empobrecer y limitar la existencia del hombre real. En todo
caso la sociedad determinada cualitativamente por la red está necesitada
de una nueva ética y esta se debe fundar en la defensa de la naturaleza
humana, tal como realmente es.
La conferencia final del
tercer núcleo está a cargo del Dr. Luciano Floridi de la Universidad de
Oxford, presentada por la Dra. Sara Lumbreras del ICAI, Universidad
Comillas. Para Floridi la nueva sociedad de la información necesita, en
efecto, la existencia de una nueva ética que salvaguarde la libertad y
la riqueza existencial del hombre. ¿Cómo quedaría afectada la ética en
la nueva era de las tecnologías digitales? ¿Qué estructura ética sería
adecuada a la era de la información?
Sería necesario
perfilar la naturaleza y los objetivos de esta nueva ética de la
información. Esta sería un nuevo campo filosófico de investigación que
apuntaría al impacto ético de la información y de las tecnologías de la
comunicación sobre la vida humana y sobre la sociedad. Podría argüirse
que las tecnologías digitales podrían alentar e impulsar un acercamiento
más espiritual al mundo y el esfuerzo por un cuidado de las cosas. Esto
debería llevar a poner el Ser en el centro del discurso moral, que el
profesor Floridi llama ontocentrismo.
Naturalización de la espiritualidad
Entramos finalmente en el núcleo cuarto del Simposio. La ponencia de
este núcleo será defendida por el Dr. Jordi Font, de la Fundación Vidal i
Barraquer, Universitat Ramón Llull y por la Dra. Camino Cañón de la
Universidad Comillas, siendo presentados por el Dr. Francesc Grané de la
Universitat Ramón Llull.
El núcleo temático de este núcleo
describe un hecho fenomenológico cuya existencia es objeto de una
observación social: la tendencia actual a vivir la espiritualidad como
un proceso puramente natural, es decir, encerrado en la pura naturaleza,
sin las connotaciones transcendentes que hasta ahora han sido propias
de la espiritualidad. Esta naturalización parece una consecuencia de lo
anterior.
Si el hombre tiene una naturaleza que no
trasciende al mundo puramente físico, si el hombre tiene una naturaleza
determinista, mecánica y ciega, si el sistema neuronal es igualmente
mecánico y ciego, sin diferencia cualitativa con el mundo físico, si el
positivismo tecnológico le hace ver que todos los problemas se resuelven
y las redes de la sociedad del conocimiento lo encierran en un interés
exclusivo por lo inmediato, entonces el hombre que busca el consuelo de
la espiritualidad, del humanismo y de la belleza, lo hace de una forma
puramente natural. Es la naturalización de la espiritualidad.
Sin embargo, como antes decíamos, qué sea la naturaleza humana es una
cuestión por dilucidar. El hombre es físico, pero nuestra experiencia
nos dice que en nosotros hay algo que supone una forma de ser real
distinta del mundo puramente físico, mecánico y ciego, del que, por otra
parte, sin duda formamos parte. La neurología no nos ofrece
necesariamente una imagen cerrada de las funciones de la mente y del
hombre en general. El hombre real está abierto a configurar
creativamente su vida: es verdad que puede orientar su vida hacia una
naturalización de la espiritualidad; pero no necesariamente porque
muchos hombres, como muestra nuestra experiencia personal y social,
viven su espiritualidad en apertura a dimensiones de la realidad que
desbordan el puro mundo y abren a lo metafísico, al más allá.
Por tanto, puede accederse al ser humano por una experiencia
fenomenológica. Podemos describir la actividad racional de la mente
humana, cómo ha creado la ciencia y la cultura, podemos ponderar el
maravilloso mundo de los sentimientos y las emociones, en un marco
individual y social, podemos sentir el drama de la vida, las angustias
del hombre en el trabajo para el dominio del mundo, el dolor por las
relaciones interhumanas, en la amistad y en el amor, podemos describir
cómo en el arte, la poesía, la literatura, la religión, la filosofía, el
mismo hombre ha reflexionado sobre la belleza y el dramatismo de su
extraña condición racio-emocional aparecida en el proceso evolutivo del
universo.
Es evidente, pues, que cuando el hombre –al
margen de la ciencia y de los complejos conocimientos que esta ha
producido– reflexiona directamente sobre sí mismo (sobre el fenómeno o
aparecer de sí mismo) queda impresionado por la grandeza de la persona
humana y de la riqueza de cuanto ha producido en la historia.
Desde el orgullo por la condición humana, al mirar hacia atrás en el
proceso evolutivo, es explicable que el hombre se entienda como muy
superior al mundo animal, al puro mundo de la vida, y no digamos al
mundo de la materia, de los seres físicos, sin vida. El hombre además es
consciente de que por su razón-emocional se pregunta por el sentido de
la vida y por lo metafísico. El más allá alberga conjeturas sobre un
mundo transcendente, más allá de lo inmediato que pudiera incluso
responder a las esperanzas religiosas.
Por ello es
explicable que el hombre –acentuando su dignidad y superioridad personal
frente al resto del universo– haya tendido a considerarse algo distinto
al puro mundo “material”. Pero al conocer hoy al hombre en el marco de
los conocimientos producidos por la ciencia, en el marco del paradigma
evolutivo, sabemos que no podemos dejar de afirmar la unidad ontológica
del proceso evolutivo, la unidad de la naturaleza. No tenemos
alternativa científica, y por ello antropológica y filosófica. El
universo fue puramente físico durante miles de millones de años.
De ese universo emergió la vida. En la vida apareció la
sensibilidad-conciencia que llevó evolutivamente a conformar la mente
animal y después la mente humana. El hombre, con toda la riqueza que
constatamos en nuestra experiencia fenomenológica, individual y social,
es resultado evolutivo de un proceso en el que la materia “da de sí” (en
expresión zubiriana) lo que en alguna manera debe de estar posibilitado
por la ontología primordial de la materia, ya que de ella surgió la
vida, la conciencia, la psique, y en definitiva el mundo racio-emocional
del hombre. Es verdad que somos distintos. Es verdad que el modo de ser
real propio del hombre no puede reducirse al modo de ser real de los
animales, y mucho menos del mundo físico de la pura materia. Pero no es
menos verdad que la ciencia nos impone hoy aceptar que formamos parte de
un proceso evolutivo unitario que no tiene alternativa.
Esto quiere decir que para entender cuáles son las causas de la belleza
de ese sorprendente mundo de la condición humana debemos referirnos a la
física, a la biología evolutiva, a la neurología. Una cosa no quita la
otra. Querer construir una imagen del hombre al margen de la ciencia es
posible, sobre todo para el arte, la poesía, la literatura, pero es
improcedente para la filosofía, que por principio aspira a una visión
racional del universo y del hombre.
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