Paradigmas
de la neurociencia actual y la
explicación de la conciencia
JAVIER MONSERRAT
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¿Cómo entender la unidad de la
experiencia humana, a la vez física,
biológica y psíquica?
La explicación científica del origen y
naturaleza de la conciencia es el “núcleo
duro” para la comprensión de nuestra
arquitectura psíquica. Sin embargo, las
teorías básicas que explican la conciencia
dependen de sus presupuestos
epistemológicos, es decir, de cómo se
piensa que deben ser entendidos los
resultados científicos.
Uno de los hechos más sorprendentes
que pesan sobre la experiencia humana
ha sido desde siempre la dualidad de
dimensiones de esa experiencia: por
una parte, a través de los sentidos,
la experiencia del mundo físico lleno
de objetos consistentes, del que forma
parte el mismo cuerpo humano; por otra
parte, a través de la mirada interior,
hacia dentro, la experiencia de la
dimensión psíquica como experiencia
holística que abarca el propio cuerpo
como unidad y el mundo exterior.
¿Cómo entender la unidad de la
experiencia humana, a la vez física,
biológica y psíquica? Es decir, ¿cómo
entender la unidad psico-bio-física
del ser humano (en parte extendible
también al mundo animal)? A lo largo
de la historia del pensamiento humano,
especialmente dentro de la filosofía,
surgieron multitud de teorías
explicativas, muchas de ellas
dualistas o reduccionistas. Sin
embargo, los resultados de la ciencia,
especialmente de la neurología, han
permitido modernamente volver sobre el
problema.
Hoy en día tenemos toda una gama de
teorías neurológicas sobre la
conciencia, que integran las grandes
cuestiones filosóficas pero que las
consideran desde una nueva
perspectiva. No es posible hoy pensar
correctamente sobre el hombre sin
atender y distinguir con precisión
sobre este cúmulo de teorías.
Primero, las células vivientes se
formaron como sistemas
físico-químicos. Después, en el
proceso evolutivo superior, fueron
apareciendo la sensación-percepción,
la conciencia, el sujeto psíquico, la
atención, la memoria, el aprendizaje,
el pensamiento, el conocimiento, las
emociones, el lenguaje, etc. Este
conjunto de procesos constituye la arquitectura
funcional básica del psiquismo.
La lógica de su génesis evolutiva
tiene dos pilares ontológicos: un
mundo físico-químico previo
determinado por causalidad rígida y un
mundo físico que permitió también la
constitución de la vida, así como la
emergencia ontológica de la
sensación-percepción, que
evolutivamente termina en la
conciencia humana. La
sensibilidad-conciencia se construyó a
partir del desarrollo evolutivo del
sistema nervioso. Los paradigmas de la
neurología actual son las diversas
formas de explicar, predecir e
intervenir el sistema nervioso como
contribución sistémica a la
supervivencia y adaptación de los
organismos al medio, tanto como
soporte de procesos de naturaleza
reguladora inconsciente como soporte
de los estados y procesos de
sensibilidad-conciencia, así como de
la actividad psíquica superior
(conocimiento, lenguaje, emoción,
etc.).
Un organismo tiene, pues, psique;
una piedra no. Hubo psique cuando los
organismos comenzaron a ser entidades
psicobiofísicas. Pero hay también otro
término importante que debemos
precisar: la mente.
Proponemos que la definición de mente
sea ésta: el conjunto de estructuras,
contenidos y mecanismos físicos,
biológicos y psíquicos, conscientes e
inconscientes, que están en la base
funcional de nuestra actividad
psíquica. La mente es, pues, un
subsistema de la psique: hemos
construido una mente porque nuestro
cuerpo es una psique; es decir, porque
tiene una ontología psicobiofísica que
lo permite.
Pero nuestra psique deja abierto un
horizonte de posibilidades: al
llenarlo de contenido cada hombre
construye “su” mente y la especie
humana construye igualmente “su”
mente. En este sentido una cierta
explicación científica de la
arquitectura psíquica básica (de la
psique o psiquismo) permitirá
construir lógicamente determinadas teorías
de la mente. Pero dado el
protagonismo esencial del sistema
nervioso en la producción de la
sensibilidad-conciencia, es lógico
entender que las teorías neurológicas
deben ser la base de las teorías de la
mente. La variedad de teorías de la
neurociencia actual están
estrechamente relacionadas con las
teorías de la mente.
Teorías sobre el origen y
naturaleza de la conciencia
En la propuesta de una arquitectura
psíquica hemos considerado que el
término “conciencia” es una
denominación de la integración
coordinada de los sistemas
senstivo-perceptivos surgidos
evolutivamente. Esta integración de
sistemas sensitivo-perceptivos es la
que supuestamente produce por
evolución otra integración coordinada
en paralelo, la del sistema de
respuestas motrices, terminando todo
ello en la aparición coordinada del
“sujeto psíquico” molar u holístico.
Es ya el organismo que “siente”
unitaria y coordinadamente “su” propio
cuerpo y controla como sujeto las
respuestas adaptativas.
Por consiguiente, la explicación
científica del origen y naturaleza de
la conciencia es el “núcleo duro” para
entender la arquitectura psíquica
(sensación, percepción, conciencia,
subjetualidad psíquica atención). Una
u otra teoría de la conciencia
afectará esencialmente a nuestro modo
de entender la arquitectura psíquica
superior de los procesos psíquicos
(por ejemplo, el conocimiento o las
emociones).
Pero las teorías básicas de la
conciencia dependerán de sus
presupuestos epistemológicos. Es
decir, los criterios epistemológicos
sobre cómo los hechos de experiencia
fenomenológica (interna) pueden ser
considerados por la ciencia: así, el
objetivismo-conductista, la psicología
analítica, la psicología cognitiva
actual, la psicobiología y la
neurología tienen enfoques
epistemológicos específicos que nos
darán la clave del por qué de algunas
de estas teorías de la conciencia.
Estos enfoques están presentes al
revisar el listado de teorías
neurológicas de la conciencia. Estas
teorías se agrupan, como más adelante
diremos, en grandes paradigmas que
expresan la forma explicativa del
sistema nervioso y de la producción de
la conducta animal y humana. De las
teorías básicas sobre la conciencia
dependerán obviamente las teorías
sobre el psiquismo superior (vg. el
conocimiento) y sus bases
neurológicas.
Agnosticismo psicofísico
interaccionista
Esta posición pragmática es
defendida por neurólogos, psiquiatras,
psicólogos, biólogos, epistemólogos,
etc., que consideran inviable resolver
el problema psicofísico en el actual
estado de conocimientos científicos.
Su posición teórica es así agnóstica
(no se comprometen con ninguna
teoría). Sin embargo, estos autores
admiten el interaccionismo,
como se ve en la praxis médica (lo
quirúrjico o farmacológico tienen
repercusión psíquica) o psicológica
(la terapia influye en los estados
físicos).
Por tanto, en el interaccionismo
se admite que la conciencia tiene un
modo de causación específico
(descendente) que puede influir y
controlar los mecanismos neuronales
físico-químicos. Se admiten las
evidencias fenomenológicas que la
gente tiene en su vida ordinaria.
Desde luego, esta posición, muy común
en médicos y profesionales de la
psicología, está muy alejada de la
interpretación robótica de naturaleza
computacional y más bien tiende al
emergentismo-evolutivo-funcional. Pero
no se asume ningún compromiso
teorético explicativo.
Dualismo psicofísico
interaccionista
Esta teoría ya fue defendida por
Sherrington a comienzos del XX;
después, al parecer, por Penfield y
finalmente por el Premio Nobel de
Medicina, Sir John Eccles. El dualismo
filosófico contempla dos tipos de
realidad irreductibles entre sí que
producen como causas, bien los seres
reales en general, bien los seres
vivos, bien sólo el ser humano. Por
irreductibilidad se entiende la
imposibilidad de que cada uno de estos
dos principios reales, por evolución
en conformidad con su propia
ontología, llegue a producir la
generación del otro. John Eccles
admite un dualismo entre el mundo
físico y lo que él llama la mente
autoconsciente.
Propone dos tipos de argumentos: neurológicos
(la actividad psíquica funciona sin el
soporte de los mecanismos neuronales,
es libre e independiente, tal como
cree comprobar en algunos
experimentos, por ejemplo el de Libet)
y humanísticos (sólo el
dualismo es compatible con la imagen
“humanista” del hombre en nuestra vida
social).
La posición de Eccles es
minoritaria y excepcional en ambientes
científicos. Sus argumentos son
discutibles, ignora las posiciones
emergentistas y, además, tiene en
contra que el dualismo rompería la
unidad del universo, del proceso
evolutivo y de la ciencia. Tiende a
explicar lo biofísico (el cuerpo) por
el puro mecanicismo de las ciencias
físico-químicas.
En cambio, los aspectos
fenomenológicos pertenecerían al mundo
de la mente autoconsciente. El mundo
animal es para Eccles
robótico-determinista. La mente
autoconsciente pertenecería en
exclusiva a la especie humana. Eccles
sólo piensa en ofrecer una alternativa
humanista al identismo; pero sus
argumentos son flojos frente al
emergentismo; posición ésta que ni
parece conocer ni somete a
consideración.
Monismo fisicalista
Deriva de la clásica posición de
Ryle y de la interpretación
conductista de la epistemología
positivista del Círculo de Viena. El
fisicalismo se funda en una estricta
posición epistemológica: los hechos
de experiencia introspectiva no
caben en la ciencia sobre el hombre
y, en consecuencia, la
sensibilidad-conciencia (en cuanto
conocida por experiencia interior
fenomenológica) debe ser excluida e
ignorada por la ciencia
(conductismo).
Se construye así un monismo
exclusivamente fundado en los datos
objetivos de las ciencias
físico-químicas,
biológico-neurológicas y
objetivo-conductuales. La
consecuencia es un monismo
mecanicista y determinista. Para
esta manera de pensar, por ejemplo,
no hay que tomar posición ante la
disputa entre constructivismo y
óptica ecológica (ver más adelante).
La ciencia debe ignorar estos
problemas, pues nacen de una
experiencia sólo introspectiva. Por
tanto, los argumentos a favor del
fisicalismo dependen de que se
considere correcto el objetivismo
conductista como epistemología de
referencia.
Pero en epistemología, y ciencias
humanas en general, esta
epistemología objetivística es hoy
muy endeble, por cuanto el
positivismo ha sido superado por las
epistemologías popperiana y
postpopperiana (que ya no son
objetivistas). El esplendor del
fisicalismo fue en los años
cuarenta, cincuenta y quizá también
algo en los sesenta. Hoy el
fisicalismo suena ya a excentricidad
epistemológica y científica. Para
entender lo que históricamente fue
el fisicalismo debemos observar
también que su idea de la
ciencia respondió a una mecánica
clásica determinista (primera parte
del siglo XX) que propició
posiciones reduccionistas
consecuentes.
Fisicalismo
lógico-computacional
El desarrollo de la ingeniería y
lógica del ordenador, después de los
sesenta, favoreció nuevos argumentos
y enfoques para defender el
fisicalismo. La informática aplicada
a las ciencias humanas mostraba que
la conducta animal y humana podía
simularse por medio de programas
mecánico-computacionales.
El ordenador mostraba, en efecto,
cómo podía procesarse compleja
información y seleccionarse
mecánicamente respuestas
inteligentes que incluso simulaban
el comportamiento animal-humano. Por
consiguiente, ¿por qué no admitir
que la complejidad de respuestas
hubiera podido ser programada
neuronalmente en el proceso
evolutivo?
Así, el cerebro humano sería un
complejo computador mecánico que
funcionaría en conformidad con los
paradigmas neuronales
físico-químicos de la ciencia
natural. La consecuencia es obvia:
no es necesario recurrir a la
conciencia para explicar la compleja
actividad humana y la ciencia puede
seguir ignorándola. En nuestra
opinión, el fisicalismo
computacional presenta las mismas
dificultades del fisicalismo
clásico.
Además, la posibilidad de simular
la inteligencia por ordenador (que,
en principio, sería admisible sin
limitación alguna) no supone que
entre ordenador y hombre exista
identidad ontológica y, en
consecuencia, funcional. Todo parece
indicar que ordenador y hombre
poseen una ontología distinta
(físico-mecánica y
biológico-sensitiva), así como unos
mecanicismos funcionales
consecuentes también diferentes. Hoy
en día las posiciones fisicalistas y
fisicalistas-computacionales tienden
a desaparecer y quedar absorbidas
por la teoría de la identidad, por
el epifenomenalismo computacional y
otras posiciones similares.
Teoría de la identidad
Ha sido la teoría más defendida
entre los neurólogos en los años
cincuenta y sesenta. Es la teoría
combatida por Eccles al oponerle el
dualismo. Entiende que lo físico y
lo psíquico son manifestaciones de
una única realidad (monismo); son
como dos caras de una misma moneda.
Lo real se manifiesta como
“físico” al verse desde fuera y como
“psíquico” visto desde dentro. Lo
físico y lo psíquico son, pues, la
misma cosa (identismo). Pero el
identismo no es fisicalista: admite
que la conciencia es algo real que
existe; por tanto, debe ser tenida
en cuenta y explicada por la
ciencia. Su epistemología no es
conductista-objetivista.
Ahora bien, la conciencia se
“reduce” a lo físico. Se explica
como resultado de las cadenas
causa-efecto que se describen en los
paradigmas
físico-químico-neuronales. Sólo
existe entonces la causalidad
determinista descrita en una ciencia
física clásica aplicada
reductivamente (reduccionismo) a las
ciencias biológicas y humanas. La
conciencia, por tanto –y esto es muy
importante–, no posee un nivel
causal más allá del de la causalidad
física.
No interfiere por ello la
determinación absoluta de las
cadenas causales físico-químicas
dadas en el cerebro. El identismo
es, por tanto, la expresión más
radical del reduccionismo. Admite la
existencia de la conciencia y de los
estados psíquicos. Pero estos no
sirven para nada evolutivamente. Los
organismos, y su conducta, se
explican por pura causalidad
reduccionista. ¿Para qué ha surgido
entonces la conciencia en la
evolución, si no sirve para nada?
Este es el problema que se plantea
con mayor fuerza en el
epifenomenalismo.
Epifenomenalismo
Esta posición teórica es una forma
de identismo. Es, por decirlo así,
una prolongación lógica y
radicalizada del identismo clásico.
Precisa cómo entender la naturaleza
de la conciencia en medio de un
sistema orgánico explicado como un
sistema cerrado de causas y efectos
determinados y mecánicos.
La conciencia es un
“epifenómeno”: un fenómeno real
producido por los mecanismos físicos
que es meramente marginal, residual,
que no interfiere en las cadenas
causales físico-químicas. No existe,
pues, una causalidad psíquica
descendente con que la conciencia
interviniera en el control de los
mecanismos neuronales y, por ellos,
de la conducta.
La conciencia produce así, por su
propia naturaleza, sin embargo, la
impresión subjetiva de que es
“causa” de la conducta; por ejemplo,
en los actos volitivos en que el
sujeto siente ilusoriamente que
decide las acciones. Pero la
activación humana es en realidad
resultado inevitable de cadenas
causales ciegas y deterministas
(determinismo neural).
Tanto el identismo como el
identismo epifenomenalista presentan
un serio problema teórico: la
dificultad de explicar por qué
causas evolutivas se ha desarrollado
la conciencia hasta producir el
complejo sistema de sentidos que la
soporta. Si en realidad la
conciencia no cumple una eficaz
función en la supervivencia, si no
sirve para nada, ¿por qué la
evolución ha emprendido esa
complicada tarea de producir los
sentidos?
Algunos autores identistas y
epifenomenalistas como Stephen
Kosslyn –y al parecer también Daniel
Dennett – atribuyen a la conciencia
un simple papel de control último
del buen funcionamiento del sistema.
La conciencia no interviene en
causar la conducta; pero está ahí,
controla que todo funciona
correctamente y da la voz de alarma
cuando algo falla.
Identismo
epifenomenalista, formalista y
computacional
Al igual que ocurrió con el
fisicalismo, también el identismo
epifenomenalista ha encontrado apoyo
en el moderno formalismo
computacional. El razonamiento es el
mismo. Los complejos programas de
procesamiento que producen
inteligencia artificial y simulación
de la conducta animal-humana, se
consideran modelos del procesamiento
que tiene lugar en el sistema
nervioso animal-humano hasta
producir mecánica y ciegamente la
conducta.
Los programas computacionales han
mostrado su viabilidad para generar
complejas conductas (incluso la
racional humana en robots androides
o cyborgs) de forma puramente
mecánica. Sería posible, pues, que
un mecanicismo ciego
físico-biológico haya llegado a
producir por evolución las complejas
programaciones neuronales que
producen la conducta en los seres
vivos, animales y hombres.
El sistema nervioso sería un
computador biológico diseñado
evolutivamente. La mayor parte de
los autores que defienden hoy el
constructivismo computacional
pertenecerían a esta corriente. No
así, sin embargo, podría decirse de
los defensores del contructivismo
puro cuya posición sería, en
principio, compatible tanto con el
identismo como con el emergentismo,
según la interpretación que se diera
de ella.
Identismo pampsiquista y
pamprotopsiquista
Esta forma de identismo es ya
clásica en la biología desde el
siglo pasado. En la actualidad ha
sido defendida sobre todo por el
profesor alemán Bernard Rensch. Ha
sido asimilado hoy por las
corrientes identistas y puede
entenderse como un desarrollo o
interpretación especial del
identismo. Hay que tener también en
cuenta que muchas de las posiciones
del pampsiquismo, debidamente
reinterpretadas, pueden formar parte
de otras posiciones teóricas
importantes, como es el caso del
emergentismo, tal como veremos.
Tanto el pampsiquismo
como el pamprotopsiquismo
defienden que para explicar que la
sensación-percepción-conciencia se
haya producido evolutivamente hay
que presuponer que las partículas
elementales (el sustrato primigenio
de la realidad material) deben
poseer una forma rudimentaria y
elemental de “psiquismo”. De ahí el
término pampsiquismo que significa
“todo tiene psiquismo”.
Por lo demás, el pampsiquismo se
mueve en el marco monista,
mecanicista y determinista, propio
del identismo. Lo que en realidad
trata de explicar el pampsiquismo
son las causas materiales que
producen la génesis evolutiva de la
sensación-percepción-conciencia en
cuanto epifenómeno, aunque no tenga
influencia causal real en la
conducta.
Se critica a esta teoría (por
ejemplo como hace Popper) la
utilización del término “psiquismo”.
Este, en efecto, parece suponer una
compleja organización biológica
superior, difícilmente atribuible a
las partículas elementales como
tales, o a otros estados primigenios
de la realidad física. Estos no
pueden tener efectos derivados de
una complejidad que no poseen; la
psique y la conciencia serían
efectos de esta complejidad.
Existe, pues, quizá una
utilización inapropiada de términos.
Por otra parte, suponer que la
materia debe de tener una
constitución ontológica
cualitativamente apropiada para
producir sensibilidad-conciencia
parece necesario para la explicación
científica de los hechos
fenomenológicos, tal como vemos en
el emergentismo.
Funcionalismo puro y
funcionalismo computacional
Desde hace pocos años, el término
funcionalismo (en sentido no siempre
coincidente por la diversidad de
autores y contextos científicos) se
ha aplicado para designar una nueva
versión de la teoría de la
conciencia. Para el funcionalismo es
imposible conocer los mecanicismos
físico-biológico-neuronales que
realmente causan la
sensación-percepción-conciencia.
Por ello la teoría de la
conciencia debe ser sólo
“funcional”: es decir, descripción
de las funciones conceptuales,
representativas, lógicas,
matemáticas, linguísticas, etc., que
descubrimos en la actividad de la
mente humana (y en su caso animal).
Puede haber un “funcionalismo puro”
si las funciones descritas no usan
especialmente los modelos
computacionales.
En cambio, habría un
“funcionalismo computacional” si la
lógica e ingeniería del computador
proporcionan los modelos principales
aplicados a la descripción de las
funciones de la mente. Es posible
también, en estos casos, hablar de
un funcionalismo computacional
entendido según la “metáfora débil”
o la “metáfora fuerte” del
ordenador.
Por otra parte, algunos han
entendido –a nuestro entender
incorrectamente– como si el
funcionalismo propusiera
extrañamente que los estados de
conciencia, más que corresponder a
estados físico-neuronales reales,
correspondieran a “estados lógicos”
del cerebro.
Nosotros creemos, en cambio, que
el funcionalismo no niega que, en el
fondo, las funciones de la mente se
asienten en estructuras neuronales,
y en último término físico-químicas;
lo que ocurre es que, de momento,
las desconocemos y, por ello, la
teoría de la mente debe ser
puramente el estudio de los sistemas
formales que nos permiten entender
su funcionamiento de hecho.
Hacia esta posición funcionalista
parece haber derivado el identismo
de autores como William Lycan o Ray
Jakendoff. Como método es admisible
el estudio de programas
computacionales de la mente (es
decir, modos funcionales de la mente
explicados por analogía con
programas computacionales, bien
seriales o conexionistas) antes de
conocer cómo están implementados
neuronalmente.
Pero parece de “sentido común
científico” esperar que tales
programas puedan ser explicados
algún día desde su soporte neuronal.
Por ello, la pretensión de que la
conciencia sea sólo “pura lógica
computacional”, sin soporte físico,
es, al menos, como subraya Humphrey,
altamente extraña; nosotros diríamos
más: ajena al razonamiento
científico.
Neurología marxista
El marxismo mantuvo
tradicionalmente una posición
monista, pero criticó el llamado
“materialismo clásico”, al admitir
que el proceso evolutivo, dentro de
su continuidad, presenta “saltos
cualitativos” que producen la
aparición de formas de causalidad y
de ser real cualitativamente
distintas. Así, la conciencia supone
un salto cualitativo que produce la
introducción de un factor causal no
mecánico; es decir, cualitativamente
distinto a la causalidad puramente
física.
El neurólogo ruso Luria puede
considerarse el ejemplo más
importante de esta posición teórica.
La explicación marxista de la
conciencia es muy semejante a la
emergentista. En la posición
marxista la conciencia nunca se
explica por aplicación del
reduccionismo, tan habitual en CCHH
no marxistas según la doctrina
“políticamente correcta” del
cientificismo de gran parte del
siglo XX.
La conciencia representa un nivel
cualitativo emergente que produce
formas causales nuevas. Produce
incluso un nuevo modo de ser real.
Un salto cualitativo. Una nueva
cualidad ontológica con una
causalidad física descendente que
controla la conducta. Por ello exige
explicaciones distintas a las que
son propias de los puros paradigmas
físico-químicos del mundo no
orgánico. El marxismo no fue nunca
reduccionista.
Emergentismo
Se trata también de una posición
epistemológico-neurológica con larga
historia. Por lo menos desde el
siglo XVIII –recordemos a Robinet–
se vienen repitiendo, en efecto,
teorías muy cercanas a lo que hoy
llamamos emergentismo.
En la actualidad se ha puesto de
moda y se halla en una dinámica de
crecimiento constante, presentándose
en perfecta congruencia con los
resultados neurológicos y como
sólida alternativa a los
fisicalismos, identismos y
computacionalismos. Es defendido por
muchos autores que, sin embargo,
presentan enfoques diferenciados.
No se presenta, pues, en el
emergentismo una terminología
unificada y, por ello, más que de
“emergentismo” debemos hablar de
“emergentismos”. Defienden esta
posición, por ejemplo, Sperry, Mario
Bunge, Karl Popper, F.J. Varela y,
en España, J.L. Pinillos, entre
otros muchos biólogos, psicólogos,
antropólogos, etc. Indicamos también
en lo que sigue que es posible, y
conveniente, distinguir entre un
“emergentismo neuronal clásico” y un
“emergentismo neuronal cuántico”.
La sensibilidad juega, pues, un
papel decisivo en orden a la
supervivencia en el medio. Pero el
emergentismo no niega la evidencia
científica de la formación de
objetos físicos y biológicos
“ciegos”. El universo “sensible”
está evolutivamente coordinado con
un universo “ciego” en orden a la
eficacia de supervivencia óptima. La
evolución ha ido produciendo así
complejos sistemas de mecanicismos
ciegos que son el soporte básico de
la vida. Pueden ser explicados en
parte con la ayuda de los
formalismos en general y por
formalismos computacionales.
Pero la evolución ha coordinado
estos mecanicismos con los sistemas
de sensación-percepción-conciencia.
La conciencia se genera dentro de
los mecanicismos neuronales, pero
estos son flexibles y se trasforman
a impulsos de la causalidad generada
en la misma actividad consciente.
Tanto el hecho de la conciencia
como las percepciones, por ejemplo
la percepción visual, se producen
para el emergentismo como resultado
de la interacción de redes, sistemas
o engramas neuronales que abarcan
probablemente todo el cerebro. La
plasticidad cerebral para ir
construyendo estos engramas en
función de la experiencia cambiante
ha sido diseñada poco a poco en el
proceso evolutivo.
Emergentismo neuronal
clásico
El conocimiento producido en
neurología –sobre todo desde que se
habilitó la técnica del registro
individual de neuronas en los años
cincuenta por Kuffler– ha permitido
describir multitud de correlatos
neuronales de la actividad psíquica.
Lo que se ha conocido son patrones,
circuitos, pautas, engramas, redes,
estructuras, cánones, mapas o
mapeados, etc., de interactivación
neuronal por medio de las conexiones
sinápticas ordinarias en el sistema
nervioso.
Estos engramas pertenecen a
diversos módulos o sistemas (visual,
auditivo, motor, lingüístico, etc.)
que, a su vez están conectados entre
sí en sistemas multimodulares. La
idea básica es que desde un punto de
vista experimental existe un
correlato entre las diversas
modalidades de la actividad psíquica
y las redes de actividad neuronal
que les sirven de soporte.
La inferencia esencial derivada
es que la actividad psíquica en
todas sus facetas está causada por o
consiste en la activación de estas
redes. El lema de la teoría es: yo y
mi actividad psíquica no somos otra
cosa que mi cerebro y mis neuronas.
Cuando estas redes neuronales se
entienden según los principios
funcionales del reduccionismo
ordinario de los paradigmas
físico-químicos y, además, no se
atribuye a la
sensibilidad-conciencia ninguna
facultad de control o causalidad
descendente de lo físico-químico,
entonces nos hallamos en el
identismo epifenomenalista.
Sin embargo, hablamos de
emergentismo neuronal clásico cuando
se establecen estos supuestos: 1)
redes neurales como correlato y
causa de la actividad psíquica; 2)
aceptación de la experiencia
psíquica descrita por los métodos
fenomenológicos ordinarios; 3)
causalidad descendente y control
neuronal ejercido por la actividad
psíquica; 4) interaccionismo
psicofísico bidireccional; 5)
limitación a explicaciones
físico-químicas de corte
reduccionista en el marco de la
mecánica clásica.
Defienden esta posición la mayor
parte de los grandes neurólogos
actuales: Edelman, Damasio,
Gazzaniga, Koch, Crick,
Ramachandran, etc. Su posición se
caracteriza por considerar
suficiente decir: la causa
explicativa de la actividad psíquica
son los engramas neuronales. Ahora
bien, teniendo en cuenta que éstos
se explican en el marco de una
física reduccionista, ¿basta este
conocimiento para explicar cómo son
posibles todas las propiedades
fenomenológicas del psiquismo?
Creemos que en la mayor parte de
autores la respuesta sería:
evidentemente todavía es oscuro,
faltan elementos para conocer cómo
las redes neurales producen en
realidad el psiquismo, pero asumimos
que la causa del psiquismo es
ciertamente la interacción sistémica
de estas redes. Si a estos autores
les preguntáramos: ¿considera usted
que las actuales hipótesis
heurísticas sobre la neurología
cuántica podrían ayudar a clarificar
esa oscuridad final en torno a la
forma en que los engramas producen
el psiquismo?, la respuesta sería de
dos tipos. Unos –Damasio, Gazzaniga,
Ramachandran– dirían que respetan
estas hipótesis pero no se
identifican con ellas positivamente
(reservan su valoración).
Otros, Edelman, Koch o Crick (de
este último no lo afirmaría con
seguridad)– dirían en cambio que son
inapropiadas y las rechazarían.
Pensarían que la interacción entre
engramas basta para explicar las
propiedades fenomenológicas del
psiquismo. Esto podría argumentarse
quizá en relación a la
indeterminación, pero es muy difícil
hacerlo en relación a las
experiencias psíquicas campales.
Edelman, por tanto, lo rechazaría
porque, en su opinión, lo que tratan
de explicar las hipótesis cuánticas
puede explicarlo ya por sí misma la
neurología clásica reduccionista
(por sus teorías del darwinismo
neural del núcleo dinámico de la
conciencia). Christof Koch lo
rechaza por un razonamiento
pintoresco: opina que no es posible
ni apropiado explicar un misterio
(el psiquismo) por otro misterio (la
mecánica cuántica); por ello es
mejor quedarse simplemente dónde
estamos, en la correlación
psiquismo-engramas.
El problema inadvertido de Koch
es que la ciencia no considera un
misterio ni al psiquismo ni a la
mecánica cuántica; en cambio, sí ha
sido, y sigue siendo, un misterio
para la ciencia cómo el
reduccionismo puede explicar las
propiedades fenomenológicas del
psiquismo.
Emergentismo
neuronal cuántico
La versión “cuántica” del
emergentismo no niega el
correlato psiquismo-engramas ni
la causalidad interaccionista
bidireccional psicofísica.
Evidentemente el emergentismo
neuronal cuántico asume todo
cuanto ha investigado y conoce
la neurología clásica sobre las
redes neurales, sus módulos,
sistemas e interconexiones
modulares en la actividad
neuronal del cerebro en su
conjunto y su conexión causal
con la actividad psíquica que la
ciencia trata de explicar.
Sólo pretende añadir algo que
es perfectamente compatible con
las redes clásicas: que en la
profundidad bioquímica de las
neuronas tienen lugar ciertos
procesos cuánticos que nos
ayudan a explicar –como
hipótesis heurísticas
relevantes– algunas de las
incógnitas que hasta ahora tenía
la neurología clásica
reduccionista para hallar un
soporte físico apropiado para
dar razón de las propiedades
fenomenológicas emergentes del
psiquismo. La materia es en su
esencia cuántica (tiene las
propiedades cuánticas), lo
clásico es un caso especial.
Sería muy extraño que las
propiedades cuánticas de la
materia no tuvieran relación con
la psique.
Estarían a favor de las
hipótesis cuánticas (no como
verdades absolutas sino como
conjeturas verosímiles y
enriquecedoras) autores como von
Neumann, Stapp, Hameroff,
Penrose, Bohm, Eccles, Beck,
Kauffman, etc. La neurología
cuántica ofrecería, por tanto,
una explicación más profunda y
verosímil de las causas físicas
que, en el proceso evolutivo,
han hecho posible la emergencia
de la
sensibilidad-percepción-conciencia.
Grandes paradigmas
neurológicos
Debemos finalmente colocar
estas teorías en relación a los
grandes paradigmas sobre el
psiquismo y la conciencia que
son hoy objeto de discusión en
las ciencias humanas. Estos
paradigmas no pueden ponerse en
paralelo con las teorías de la
conciencia hasta aquí expuestas;
no son una teoría más.
Son algo distinto. Son
opciones explicativas más
amplias. Estas teorías serán
bien constructivistas, bien
gibsonianas. Pero, además,
pertenecerán también a uno de
estos dos paradigmas: el emergentista-evolutivo-funcional
o el
mecanicista-reduccionista-computacional.
Constructivismo
(Helmholz) versus teoría de la
percepción directa (Gibson)
La importancia de esta
alternativa se debe que nos abre
a dos paradigmas globales en la
explicación del mundo de los
sentidos y del papel del sistema
nervioso. Para el
constructivismo de Hermann von
Helmholz (muerto en 1094) la
función del sistema nervioso es
construir dentro del cerebro un
sistema de interacciones que
producen constructivamente la
sensación (el mundo sensible
está en mi cerebro).
Para J.J. Gibson –teoría de
la percepción directa u óptica
ecológica–, en cambio, el
sistema nervioso produce la
resonancia del cerebro con el
mundo exterior (por los sentidos
mi psique está en el mundo). Si
nos referimos a la visión es
incuestionable que su ontología
deberá explicarse de una de
estas dos formas: la imagen,
bien será percepción directa de
un campo de realidad (el cuerpo
o los patrones de luz como
supone el gibsonianismo), bien
será la construcción neuronal
interna de una sensación (como
supone el constructivismo).
Por tanto, cuando un autor
defiende alguna de las teorías
de la conciencia expuestas
debería siempre matizar si se
mueve en el constructivismo o en
el gibsonianismo. Casi todas las
teorías expuestas son
compatibles con uno u otro
paradigma; sólo quizá el
computacionalismo, bien
fisicalista, identista o
funcionalista, sería
exclusivamente compatible con el
constructivismo; pero incluso
esto sería discutible.
Paradigma MRC versus
paradigma EEF
Las teorías de la conciencia
expuestas responden, además,
bien al paradigma
mecanicista-reduccionista-computacional,
bien al paradigma
emergentista-evolutivo-funcional.
Al primer paradigma pertenecen
fisicalismos, identismos, sus
formas computacionales y algunos
tipos de funcionalismos. Al
paradigma EEF pertenecen los
emergentismos, el marxismo y
algunos funcionalismos.
El agnosticismo psicofísico
interaccionista lo dejamos fuera
ya que renuncia a tomar una
posición teórica, aunque más
bien se inclina hacia el
paradigma EEF. El dualismo
psicofísico interaccionista, así
como los dualismos en general,
no pertenecerían ni al MRC ni al
EEF; serían una posición
alternativa. Sin embargo, el
dualismo tiene hoy una
escasísima presencia en el mundo
de la ciencia y se puede
prescindir de él, aunque su
presencia en la filosofía sea
más manifiesta.
Neurociencia y
explicación causal del origen
de la razón-emocional
La neurociencia debe también
explicar obviamente el
funcionamiento de la mente
animal y de la mente humana, en
concreto de la mente
racio-emocional del hombre. Pero
las explicaciones de la
hominización (el tránsito
evolutivo desde la conciencia
animal a la mente humana)
dependen de las previas teorías
de la conciencia. Así, si nos
movemos en el previo paradigma
mecanicista-reduccionista-computacional,
entonces la explicación del
origen y naturaleza de la razón
nos lleva lógicamente a
concebirla como un sistema
mecánico-computacional de un
procesamiento ciego de símbolos.
En cambio, si nos movemos en
el paradigma
emergentista-evolutivo-funcional
de redes neurales, entonces, ya
dentro del emergentismo,
aparecen cinco teorías (no
excluyentes entre sí sino
complementarias) que apuntarían
al origen causal de la
razón-emocional: la teoría de la
inespecialización biológica de
A. Gehlen; la teoría del trabajo
de corte marxista, como en
Luria; la teoría de la
socialización-lenguaje de
Tobías, Leakey y Eccles; la
teoría
biológico-etológico-evolutiva de
Konrad Lorenz y Rupert Riedl; y,
por último, la teoría de la
hiperformalización neurológica
de X. Zubiri.
Este último es, a nuestro
entender el que ofrece la
explicación más profunda de la
hominización: la maduración
neurológica (hiperformalización)
del psiquismo humano habría
puesto en condiciones a la mente
humana de sentir la realidad
y su constitución como estructura.
Este sería el orto de la razón.
Referencias bibliográficas
Monserrat, J., La percepción
visual. La arquitectura del
psiquismo desde el enfoque de la
percepción visual, Ed.
Biblioteca Nueva, Madrid 2008 (2ª
Edición): véase el capítulo XIV y la
amplia bibliografía de este libro que
cubre los temas tratados en este
artículo.
Monserrat, J., “Los paradigmas de
la neurociencia actua”l, en: Cuenta
y Razón, 34 (primavera 2015).
El artículo que aquí presentamos es
una adaptación para
Tendencias21/religiones de este
artículo publicado en la revista
Cuenta y Razón.
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