Más allá del reduccionismo: Stuart Kauffman reinventa la sacralidad
JAVIER MONSERRAT
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La ontología autocreativa de la materia produce un universo sacral.
Stuart Kauffman ha sido y es una de las mentes más preclaras en el
desarrollo de la moderna biología evolutiva. Sus teorías sobre la
auto-organización de la materia han complementado la explicación
ordinaria del darwinismo y las teorías de la complejidad. En una
reciente contribución a la revista Zygon, fechada el 22 de octubre de
2006, Kauffman se abre a la aceptación de los factores cuánticos en la
emergencia de la vida, al mismo tiempo que ofrece una imagen
autocreativa y sacral de la naturaleza, aunque distinta del teísmo
tradicional. El teísmo moderno se encuentra mucho más a gusto con la
sacralidad “atea” de Kauffman que con el robotismo reduccionista del
“antiguo régimen” de la ciencia. El teísmo no es sino la apertura al
último nivel superior que explica el origen ontológico de la vida, de
la sensibilidad y de la conciencia, en el universo físico.
En un reciente artículo,
Stuart Alan Kauffman toma posición ante recientes tendencias en la
filosofía de la biología. Por una parte ofrece su opinión en torno a la
recientemente suscitada polémica en torno al teísmo-ateísmo a partir de
las obras de Dawkins y Dennett. Kauffman se mantiene en su línea ya
anterior de increencia en un Dios trascendente. Pero matiza esta
posición al defender la creencia en un mundo sacral que debería fundar
nuestra búsqueda de sentido.
El mundo de la complejidad no es reduccionista, sino un portentoso
avance autocreativo y emergente hacia niveles superiores de realidad.
Esta autocreatividad natural sobrecoge y crea en nosotros una actitud de
reverencia, de respeto y de misterio. Pero por otra parte Kauffman ha
dado también un paso importante al aceptar el papel de la causalidad
cuántica en el origen de la vida. En este sentido, su autoridad refuerza
las especulaciones heurísticas que intentan hoy explicar la vida desde
un “soporte físico” cuántico, emergentista y no reduccionista.
La obra de Kauffman es hoy una de las más importantes si nos
atenemos al estudio de los procesos de auto-organización biológica en el
marco de las teorías de la complejidad. Su formación interdisciplinar
puede quizá explicarnos la amplitud de sus preguntas y la ambición de
sus respuestas. Sus análisis tocan la física, la biología, la
psicología, la neurología, e incluso la filosofía. Sus aportaciones
afectan muy directamente al paradigma neodarwinista vigente. No para
negarlo, sino para complementarlo. Las causas que habrían producido la
vida dependerían de la ontología misma de la materia cuyas propiedades
ontológicas conducirían a promover un automovimiento hacia la
complejidad organizada. Estas propiedades se mostrarían especialmente en
el proceso genético y en las redes genéticas ya estudiadas antes por
otros autores.
Una línea de investigación congruente
Stuart Kauffman
nace en 1939. Obtuvo los grados de filosofía y física en el Dartmouth
College en el año 1960. Pasó a Oxford donde prosiguió con la filosofía,
abriéndose a la psicología y a la biología. Por último, concluyó sus
estudios de medicina en la universidad de California en 1968. Al cabo de
poco tiempo su dedicación profesional se centró exclusivamente en la
investigación. Investigó genética en la universidad de Chicago y, desde
1975 a 1995, explicó bioquímica en Pennsylvania. Ha estado en contacto
también con otros institutos de investigación, como el de los sistemas
complejos de Santa Fe. En la actualidad, ya emérito en Pennsylvania, ha
pasado a la universidad de Calgary, Alberta, donde dirige diversos
institutos sobre la complejidad biológica. Desde el año 2000 es también
asesor de la NASA.
Su obra fundamental es “Origins of Order: Self-Organization and
Selection in Evolution” (1993). Poco después, en 1995, publicó “At Home
in the Universe: The Search for the Laws of Self-Organization and
Complexity”. Por último, en el 2000 aparece su última obra:
“Investigations”, donde insiste en los mismos tópicos de su trabajo. En
el paper de 2006 titulado “Beyond Reduccionism: Reinventing the Sacred” aporta las ideas novedosas que comentamos en este artículo.
¿Cómo entender la obra de Kauffman? ¿Qué causas propone para
explicar la emergencia de sistemas biológicos complejos? ¿Hay
irreductibilidad entre los distintos niveles emergentes? ¿En qué sentido
podemos hablar de novedades emergentes? ¿Qué relación tienen con lo
sistémico y la complejidad? La posición de Kauffman es
anti-reduccionista; lo real no puede surgir por mera evolución de
sistemas lineales. Para Kauffman la emergencia de la novedad surge de la
continuidad y de la interacción sistémica de la materia. Nuevos
sistemas producen nuevas formas de realidad. En este sentido la obra de
Kauffman se situaría dentro de las líneas tradicionales de la teoría
emergentista.
En un paper de investigación
de Alfredo Pérez publicado por la Universidad Complutense de Madrid
sobre la obra de Stuart Kauffman, puede hallarse una buena síntesis de
sus aportaciones. En este paper se nos dice: “La cuestión es de dónde
procede la variación útil sobre la que actúa la selección [Margullis
2000]. Este es el problema que Kauffman pretende resolver. Por otra
parte, en torno al problema del origen de la vida, una de las corrientes
dominantes sostiene que no pudo haber vida sino hasta que hubo un
sistema genético primitivo, y que tal sistema genético primitivo fue
producto del azar. Si el peso del argumento sobre el origen de la vida
descansa sobre la formación de un sistema genético primitivo creado a
partir de la conjunción azarosa de diferentes elementos bajo ciertas
condiciones, el surgimiento de la vida se vuelve un hecho enormemente
improbable.
Estos problemas son los que guían el proyecto de investigación de
Kauffman, y que se pueden plantear así: ¿cómo explicar convincentemente
el hecho del surgimiento y la evolución de la vida?, ¿cómo explicar el
orden mostrado por los sistemas adaptativos complejos? Para el proyecto
kauffmaniano, la clave está en tener en cuenta las capacidades de
auto-organización de los sistemas complejos” (p.8).
En búsca de la lógica autoorganizativa de la vida
Las aportaciones de Kauffman se han construido históricamente a
partir de los resultados de Watson, Crick y Walkins. Para ellos es
esencial la estructura molecular de los ácidos nucleicos y la
transferencia de información entre unos organismos y otros. La
estructura de la molécula transmitiría así la información genética
hereditaria necesaria para la estabilidad de las especies.
Poco después los investigadores François Jacob, Jacques Monod y
André Lwoff, en 1965, fueron galardonados con el premio Nobel de
medicina. Su investigación permitió conocer mejor el control genético
de las enzimas, la síntesis de los virus, la diferenciación celular y la
ontogénesis. Se entendió entonces la síntesis de una proteína en el
citiplasma celular por medio del gen transcrito desde el ADN por medio
del ARN (ácido ribonucleico). El así llamado ARN mensajero, desde el
código genético, controlaba la síntesis de las proteínas.
En 1977 el investigador ruso-belga Ilya Prigogine recibió el
premio Nobel. Descubrió las características que hacen surgir el orden
desde los sistemas que se alejan del equilibrio (cuando las partículas
del sistema se mueven al azar en desorden total). El orden generado por
fluctuaciones es un mecanismo que produce la auto-organización, fenómeno
esencial para la formación de estructuras disipativas. Pequeñas
variaciones en las fluctuaciones de un sistema no trastornan la
estabilidad; pero, al amplificarse, las fluctuaciones producen que el
sistema se haga inestable y se coloque en el límite del caos. Es
entonces cuando surge la auto-organización que permite al sistema
estabilizarse en otro estado ordenado diferente.
Las fluctuaciones empujan al sistema, a través de situaciones de
inestabilidad, hacia estructuras totalmente nuevas y estables, aunque a
su vez también fluctuantes. La estabilidad de los sistemas biológicos es
así dinámica y fluctuante y es la base de la evolución de los sistemas
vivos en busca de nuevas formas de organización que permitan su
estabilidad adaptativa. El modelo de Prigogine se ha aplicado con éxito,
desde entonces, para entender las causas que producen la evolución de
las entidades vivientes.
A estas ideas se sumaron pronto las nuevas investigaciones sobre
la física del caos y su aplicación a los sistemas vivientes. En último
término, estas líneas de investigación permitían entender que la vida no
sólo estaba producida por la selección, sino por la naturaleza misma
primordial de la materia y de la materia viviente (recordemos también
los sistemas auto-poiéticos de Varela y Maturana). La selección natural,
según los principios darwinistas, actúa sobre estructuras de sistemas
con orden que ya han sido producidos por la evolución. La evolución
selecciona aquellas estructuras de orden ya ensayadas por la naturaleza
de acuerdo con principios ontológicos previos a la misma selección.
La propuesta de Kauffman: más allá del reduccionismo
Para exponer el punto de vista de Kauffman vamos a seguir la
síntesis que él mismo nos ofrece en un reciente paper titulado “Beyond
Reductionism: Reinventig de Sacred” (2006). Como hemos dicho, la
posición de Kauffman responde plenamente a un enfoque emergentista
propio, en el margo de sus conceptos básicos sobre el origen de la vida.
El reduccionismo ha sido el punto de vista habitual en la ciencia
de los últimos años. “Es el enfoque que, como explica con elocuencia el
premio Nobel Steven Weinberg, nos dice que la dirección explicativa siempre apunta hacia abajo”.
En último término este “hacia abajo” nos llevaría a explicarlo todo a
partir de las partículas elementales que constituirían el sustrato
primordial del universo. Un conjunto de leyes simples sobre esta materia
primordial sería el “sueño de la teoría final”, cuya existencia
Weinberg ha postulado.
Kauffman subraya “la duda creciente entre muchos científicos sobre
la suficiencia del reduccionismo” y menciona la autoridad de dos
premios Nóbel, Philip Anderson y Robert Laughlin. Sin embargo es hoy en
la teoría de cuerdas donde los reduccionistas buscan esa “teoría final” y
parecen hacerse fuertes.
“Pero es precisamente en el marco de la misma teoría de cuerdas
donde están surgiendo las dudas –nos dice Kauffman. La primera esperanza
era que una simple teoría de cuerdas explicaría la gravedad cuántica y
todas las partículas y fuerzas conocidas. Esta pura teoría sería la
respuesta al sueño de Weinberg de una teoría final. Pero en la
actualidad parece que hay como del orden de 10 elevado a 500 teorías de
cuerdas distintas. La esperanza de una teoría simple está desapareciendo
y muchos físicos de altas energías están abandonando el reduccionismo
en el sentido de hallar una teoría de esta naturaleza. Así, Leonard
Susskind, en The Cosmic Landscape,
sugiere un multiverso de “pocket universes” (universos “burbuja”), cada
uno de ellos respondiendo a una aleatoria teoría de cuerdas, y entre
ellos un abanico de universos burbuja cuyas leyes serían favorables a la
vida. Como observación crítica nótese que parte de la propuesta de
Susskind es un intento de explicar las, digamos, 23 constantes físicas
como la velocidad de la luz, la relación entre la masa del electrón y la
del protón, etc. Nadie conoce de dónde vienen estas constantes o cómo
explicarlas. El mismo Weinberg pronunció la palabra “A”, de antrópico”.
“En resumidas cuentas, concluye Kauffman, muchos, pero no todos
los físicos, están abandonando la suficiencia del sólo reduccionismo
como principio científico para explicar las propiedades del mundo. En su
lugar una nueva visión científica del mundo está naciendo precisamente
ante nuestra mirada: el emergentismo”.
Emergencia de la vida: su no reductibilidad a la física
La obra científica de Kauffman se ha centrado en los fundamentos
más duros, más mecánicos y físico-químicos, involucrados causalmente en
el origen de la vida. Sin embargo, ya desde el principio se manifiestó
siempre en contra del reduccionismo. Su posición responde al
emergentismo, marco teórico hoy en crecimiento, cada vez más participado
por físicos y biólogos que abandonan el reduccionismo como doctrina del
pasado.
El emergentismo de Kauffman no es “dualismo”, sino monismo
sistémico que justifica la emergencia de la novedad al combinar la
continuidad del proceso evolutivo (que tiene su referencia de partida en
el mundo físico) con la génesis evolutiva de nuevas estructuraciones
sistémicas que producen las novedades ontológicas.
Su emergentismo es sistémico y ontológico. Nos dice Kauffman que
“el punto de vista ontológico (en el emergentismo) afirma que nuevas
entidades con sus propiedades específicas y sus poderes causales son
producidas y son parte de la construcción del universo”.
¿Cómo ha surgido la vida? En realidad no lo sabemos, pero hay
algunas teorías, ninguna de ellas definitivamente establecida, en
opinión de Kauffman. La primera se funda en las propiedades del DNA y
del RNA, su estructura helicoidal y su potencialidad reduplicativa. La
segunda sería la teoría fundada en las nuevas propiedades descubiertas
en la actuación del RNA, no sólo para trasmitir información, sino para
actuar como enzima catalizando la velocidad de las reacciones en el
citoplasma. La tercera teoría parte de la estructura química de los
lípidos, capaces de crecer y dividirse, como se ha demostrado
experimentalmente. Estos procesos podrían ser parte del origen de la
vida.
La cuarta teoría es la del mismo Kauffman, defendida también por
Freeman Dyson y podría describir también eventos producidos en el origen
de la vida. Se basa en la observación de que la vida celular se funda
en procesos colectivos de autocatálisis –donde catálisis es la
aceleración de la velocidad de reacción. Ninguna molécula puede
catalizar su propia formación. Pero un sistema de moléculas puede
mantener relaciones sistémicas interactivas que, en conjunto, controlen
la regularidad, estabilidad y replicación de un sistema que sería así
autocatalítico. Estos sistemas, junto con la química de los lípidos,
podrían haber creado la estabilidad replicativa básica de los sistemas
vivientes en los que tendría cabida la posterior función del ADN y del
RNA.
La aparición de estos sistemas, o sea de la vida, ¿representa una
emergencia en relación con el mundo físico? La respuesta de Kauffman es
que sí. La selección natural de Darwin ha operado sobre entidades
biológicas ya emergidas, capaces de reproducción y variación
hereditaria. “Esto significa a todas luces, nos dice Kauffman,
emergencia ontológica, no reducible a la física”. “En resumidas cuentas,
la selección natural darwiniana es una nueva ley que opera en el nivel
de entidades autoreproductoras con variabilidad hereditaria, al margen
del soporte físico. Al contrario del enfoque de Weinberg, aquí la
dirección explicativa apunta siempre hacia arriba”.
La emergencia de agentes vivientes
La vida no sólo es un nivel de emergencia no reductible a la
física por la novedad de sus estructuras autoreproductoras con
variabilidad hereditaria por selección darwinista, sino que, además, lo
es por suponer una “agencialidad” (una capacidad de seleccionar acciones
dirigidas).
Kauffman, en muchas de sus obras, se ha planteado la pregunta por
las propiedades mínimas que debe tener un sistema físico para ser
considerado un “agente”. “Un agente molecular mínimo, nos dice, es un
sistema que puede reproducirse y llevar a cabo al menos un ciclo de
trabajo en sentido termodinámico”. “Una bacteria, nadando en un
gradiente de glucosa y realizando ciclos de trabajo, es un agente; la
glucosa tiene valor y significación para la bacteria aun sin tener
conciencia. Por descontado es la selección natural la que ha realizado
este acoplamiento. El lenguaje teleológico debe comenzar en algún punto y
yo quiero situarlo en el comienzo de la vida. Bien aquí, bien más
adelante en los senderos evolutivos, la significación y el valor surgen
en la biosfera. Y son también ontológicamente emergentes”.
En este surgimiento, como vamos a ver, tendrá también un papel
decisivo la aparición evolutiva de la sensación-conciencia.
La emergencia de la conciencia y su origen cuántico
Pero el hecho es que en los organismos vivientes se ha producido
también la conciencia. “Nosotros somos, de hecho, conscientes, afirma
Kauffman. Esto quiere decir que tenemos experiencias del mundo. Los
filósofos llaman a estas experiencias qualia. Durante años los filósofos de la mente han querido argumentar que tales experiencias son fantasmas en la máquina
(ghosts in the machine). Y esto es justamente falso. Nosotros somos de
hecho conscientes. Se explique como se explique la conciencia, es sin
dudar ontológicamente emergente”.
Sin embargo, ¿cómo explicar el hecho de esta emergencia? En el
fondo se trata de explicar las causas de la emergencia: es decir, las
causas (o hechos reales) que nos explican que en el mundo animal y en
nosotros se haya producido evolutivamente la emergencia de la conciencia
(y antes de la sensibilidad).
Kauffman se refiere a tres diferentes respuestas a esta pregunta;
sin embargo no sabemos con certeza que alguna de ellas sea la verdadera.
La primera respuesta es la dualista. Se refiere a San Agustin, a
Schroedinger y al budismo tibetano. La segunda respuesta, predominante
hoy en la ciencia cognitiva, es su reducción a los complejos programas
del ordenador. En el fondo sería la pervivencia actual del
reduccionismo. La tercera respuesta, por la que Kauffman toma partido,
es cifrar el hecho de la conciencia en un soporte cuántico producido
evolutivamente en las estructuras biológicas.
Con esto Kauffman se sitúa en línea con el marco general de la
neurología cuántica, acercándose (aunque no la menciona en el texto que
comentamos) tanto a la hipótesis Hameroff-Penrose, como a la posibilidad
de la existencia de otros fenómenos cuánticos en los tejidos vivientes
celulares.
“La tercera explicación de la mente y la conciencia, nos dice
Kauffman, a la que tentativamente me adhiero, es referirlas al
comportamiento cuántico. La respuesta ordinaria de los físicos es que
los efectos cuánticos no pueden ocurrir a la temperatura corporal”.
“Sin embargo, teoremas recientes en computación cuántica, y
evidencias referentes a las células permiten poner en duda esta
conclusión. Los teoremas muestran que, si se toman las medidas y se
trabaja en un computador cuántico, sus qubits pueden permanecer en coherencia cuántica cuando debieran caer en de-coherencia cuántica hacia un comportamiento clásico. Así, cuando se trabaja en un sistema, en principio, partes de él pueden permanecer en coherencia cuántica
a temperatura corporal. Es más, las células trabajan termodinámicamente
y podrían ser capaces de realizar tales medidas y trabajar manteniendo
ciertas variables en coherencia cuántica.
En segundo lugar, las células están llenas de proteinas y otras
moléculas, y el agua entre dichas moléculas está ampliamente ordenada,
no como si fuera un líquido ordinario. Esto podría permitir coherencia cuántica
físicamente en las células. Nadie lo sabe. Pero parece digno de
investigación por derecho propio. Mientras tanto, mi teoría tentativa es
que la mente no está determinada (es acausal); que la mecánica cuántica
no está determinada (es acausal) según la común interpretación de Born
de la ecuación de Schoedinger (a pesar de Einstein); que la conciencia
se produce por un estado especial en que un sistema se mueve entre un
comportamiento cuántico y clásico; que la emergencia de un
comportamiento clásico en la mente, quizá por de-coherencia, es la mente haciendo algo real que sucede en el mundo físico; y, dando un gran salto, que la misma conciencia consiste en este estado de coherencia cuántica
en cuanto vivido por el organismo. Esto es un gran salto, pero no
imposible. No pienso que esto sea más estúpido que otras teorías de la
conciencia, y podría ser verdadero. Pero sea lo que sea la conciencia es
ontológicamente emergente en nuestro universo”.
Kauffman y las tendencias de la filosofía de la biología
Estas interesantes consideraciones de persona tan importante como
Stuart Kauffman muestran sin duda ciertas tendencias que cabe destacar:
1) Su matizada valoración positiva de las hipótesis de la
neurología cuántica muestran la creciente tendencia a admitir que esta
vía heurística es la mejor construida (dentro de su oscuridad) para
explicar el soporte físico en que se asientan la sensibilidad-conciencia
emergidas en el proceso evolutivo. Nos referíamos antes a Margulis que
se preguntaba “de dónde surge la variación útil sobre la que actúa la
selección”. La respuesta sería aquí: de la emergencia de estados
cuánticos que soportaron la sensación (probablemente en el mundo
unicelular, quizá con la aparición del citoesqueleto y los
microtúbulos); la selección posterior fue haciendo posibles los más
eficientes sistemas sensitivos en orden a la supervivencia óptima.
2) Kauffman entiende perfectamente que valorar la neurología
cuántica es una cuestión meramente científica, filosóficamente neutra.
Es compatible con su posición atea, en el sentido de no inclinarse por
la aceptación de un Dios personal. Valorar el interés por la neurología
cuántica es sólo consecuencia de la honestidad científica que nos lleva a
intentar explicar la real experiencia fenomenológica de nuestras
conciencias; o sea, de lo que constituye la sociedad y la historia
humana. Kauffman no teme que aceptar la pertinencia de las hipótesis en
neurología cuántica suponga eo ipso una aceptación del teísmo.
3) Aun dentro de su posición declaradamente atea, Kauffman lleva
su posición antireduccionista y emergentista hacia un modo de entender
la reverencia ante un universo creativo que califica como sacral. Su
posición ante la sacralidad mistérica de la naturaleza nos recuerda la
tan debatida religiosidad de Einstein.
“Dios es el símbolo más poderoso que hemos creado. Los españoles
en el Nuevo Mundo construyeron sus iglesias sobre los sitios sagrados de
aquellos a quienes habían vencido. Notre Dame se halla sobre un lugar
santo de los druitas. ¿Debemos usar la palabra Dios? Depende de nuestra
elección. La mía es un tentativo Sí. Quisiera que Dios significara la
vasta e incesante creatividad del único universo que conocemos, el
nuestro. ¿Qué ganamos usando la palabra Dios? Considero que mucho, pues
esta palabra lleva consigo temor y reverencia. Si podemos transferir
este temor y reverencia, no al trascendente Dios de Abraham de mi tribu
israelita desde tiempo inmemorial, sino a la imponente realidad ante la
que nos hallamos, entonces ganaremos acceso a una renovada
espiritualidad, y temor, reverencia y responsabilidad para todo lo
viviente y para nuestro planeta”.
4) Este emergentismo “sacral” ante una naturaleza que
sorprendentemente apunta hacia arriba y que exige criterios explicativos
superiores que surgen de la misma creatividad evolutiva del universo,
muestra la creciente tendencia a dar carta de ciudadanía estable a los
intentos por la superación del reduccionismo. Kauffman no llega desde
esa naturaleza sacral a la hipótesis del Dios trascendente de las
tradiciones religiosas. Pero el teísmo moderno se encuentra mucho más a
gusto con la sacralidad “atea” de Kauffman que con el robotismo
reduccionista del “antiguo régimen” de la ciencia. El teísmo no es sino
la apertura al último nivel superior que explica el origen ontológico de
la vida, de la sensibilidad y de la conciencia, en el universo físico.
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