Dios, ¿hipótesis insostenible ante el darwinismo?
JUAN ANTONIO ROLDÁN
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Dawkins y Ruse, dos respuestas antagónicas a esta pregunta.
La publicación mensual “Revista de Libros”, en el número 129
(septiembre 2007), comenta varias obras recientes sobre la religión
desde un punto de vista ante todo científico. Los dos primeros
comentarios están dedicados a “The God Delusion” de Richard Dawkins y a
la traducción española de “¿Puede un darwinista ser cristiano? La
relación entre ciencia y religión”, de Michael Ruse. Ambos autores
muestran enfoques antagónicos y este hecho es ciertamente iluminador.
Nos permite ponderar que en una sociedad como la actual –iluminada cada
vez más por las epistemologías críticas– es esencial moverse no
dogmáticamente dentro de las propias convicciones intelectuales.
Richard Dawkins
defiende radicalmente en su libro “The God Delusion”, traducido al
español como “El espejismo de Dios” que el cristianismo ha quedado
absolutamente refutado por la ciencia, hasta el punto de que con casi
total seguridad puede decirse hoy que “Dios no existe”. El eje
lógico-científico de la argumentación que le conduce a esta conclusión
es el darwinismo.
Darwinismo biológico, en primer lugar,
para explicar naturalmente la complejidad de la vida y, en segundo,
darwinismo cosmológico al considerar el problema del origen, naturaleza
y evolución del universo a partir de la teoría de multiuniversos. No es
que sea sorprendente, pero sí chocante para el observador neutral que,
al mismo tiempo, se esté difundiendo el libro de otro autor importante
y prestigioso, el norteamericano Michael Ruse.
Para éste el cristianismo es completamente compatible con el
darwinismo. En otras palabras, el cristianismo puede asumir las
doctrinas darwinistas y seguir congruentemente dentro de sus posiciones
cristianas. ¿Con qué nos quedamos?.
Evidentemente parece que debemos
respetar la posición de ambos autores. En principio, por tanto, cabe
respetar que Dawkins considere que la idea de que Dios sea real haya
quedado refutada por el darwinismo; es también igualmente respetable la
seguridad subjetiva que para él tiene su propio dictamen racional.
Otras muchas personas asumen de la misma forma posiciones ateas, aunque
la verdad es que ni hacen tanta fuerza en el darwinismo ni muestran la
sorprendente seguridad subjetiva que se observa en Dawkins.
Radicalidad de juicio
Sin embargo, lo que sorprende por su radicalidad en Dawkins y es más
difícil no juzgar críticamente es tanto su exclusión absoluta y falta
de respeto a maneras de pensar alternativas como el haber construido su
posición desde supuestos muy cuestionables. No se trata de que Dawkins
tenga su opinión, cosa a todas luces inobjetable y respetable como tal,
ya que se trata del ejercicio libre de su capacidad valorativa
personal.
Se trata además de que la radicalidad
de su juicio supone falta de respeto a la libertad valorativa de los
demás. La libertad es siempre no sólo respetable, sino admirable; pero
hasta que esta libertad interfiere en la libertad de los demás. La
afirmación de nuestras opciones libres no debe llevarnos a no respetar
las opciones libres de los demás.
El problema es no ver que la
complejidad de las cosas exige respetar las tienen opiniones
alternativas (aunque quizá no compartibles). Cuando las propias
convicciones se absolutizan, hasta el punto de no respetar otras
convicciones, se cae en el dogmatismo. Dawkins, en efecto, no respeta
que en el problema racional de lo religioso pueda haber otras
opiniones. Y esto es ya una situación intelectual de grave
repercusiones para la sociedad en su conjunto.
La sociedad crítica e ilustrada,
tanteante en el conocimiento de un universo borroso, que tiene hoy en
día los valores del respeto y de la tolerancia, comienza entonces a
desmoronarse. Si el teísmo y ateísmo dogmático siguen hundidos hoy en
el dogmatismo caemos en el siglo XIX y nos alejamos de los grandes
valores que configuran la modernidad, de acuerdo con la evolución
general de la epistemología moderna. ¿Por qué lo decimos?
Darwinismo y cristianismo
Pues por un tema esencial de la argumentación de Dawkins: el
darwinismo. ¿Es el darwinismo absolutamente irreconciliable con el
cristianismo? Dawkins piensa que sí. Sin embargo, otro autor de gran
categoría, Michael Ruse, escribe un libro para mostrar precisamente que
dawinismo y cristianismo son conciliables. Evidentemente la actitud
inicial ante las opiniones de Michael Ruse es también de respeto, ya
que están escritas desde una pretensión de objetividad científica y no
desde la creencia.
Además resulta que hoy en día la mayor
parte de los filósofos y teólogos cristianos aceptan el darwinismo sin
problema. Incluso el mismo papa Juan Pablo II consideró que el
darwinismo constituía hoy una aportación a la ciencia ya
imprescindible.
Se debe tener en cuenta que las
recientes críticas al darwinismo de parte de los defensores de la
posición hoy conocida como inteligent design
en América (una forma moderna del creacionismo propio de algunas
iglesias fundamentalistas americanas) es algo sectorial en el
cristianismo; es decir, reducido a ciertos sectores minoritarios
protestantes (a los que se ha sumado quizá algún católico como Behe) en
el marco fundamentalista.
En otras palabras: hoy en día la mayor
parte de filósofos y teólogos cristianos (no sólo católicos) no tienen
problema alguno en conciliar darwinismo y cristianismo. Si recordamos
el nombre de Teilhard de Chardin nos basta para entender que hace ya
muchos años se comenzó a integrar la evolución en la cosmovisión
cristiana.
En todo caso la consideración del
libro de Michael Ruse es un ejemplo concreto de que las opiniones de
Dawkins tienen de hecho alternativas diametralmente opuestas que
merecerían un respeto. Tras leer el libro de Dawkins, ¿debemos concluir
que Ruse es “tonto”? La verdad, no parece sensato. Más bien, como antes
decíamos, habría que reconocer la enorme dificultad de responder las
preguntas últimas sobre la realidad y respetar toda opción
interpretativa personal, siempre que ésta respete a las demás (es
decir, que no sea dogmática, sino crítica y tolerante).
Argumentos bien construidos
Toda posición humana ante los grandes enigmas intelectuales de la vida,
del hombre y del universo, es respetable, bien sea atea o teísta.
Creemos que ambas posiciones pueden ser construidas desde argumentos
congruentes con el pensamiento contemporáneo. De hecho esto es lo que
sucede en la sociedad.
Pero hay posiciones que pueden estar
quizá distorsionadas en sus aspectos esenciales. Es decir, desde la
altura de la ciencia y de la filosofía de nuestros días, podemos
valorar si los argumentos para situarse en el teísmo o en el ateísmo
están bien construidos (es decir, responden a las grandes líneas de
consenso de la cultura contemporánea). Un teísmo que, por ejemplo, se
presentara con argumentos “medievales” podría ser valorado como
“anacrónico”. Esta falta de congruencia lógica, filosófica y científica
debe poder ser denunciada. Pongamos un ejemplo.
Imaginemos un científico que dice: la
“física moderna” es un error porque el “universo gravitatorio de
Newton” ha sido refutado por el hecho de un “universo en expansión”. Es
lógico que la física moderna responda: si usted habla del “universo
gravitatorio de Newton” no está hablando de la “física moderna”; ésta
ya no es hoy la “física de Newton” y, además, ha aceptado el “universo
en expansión”.
Veamos ahora a Dawkins diciendo: El
“cristianismo” es un error porque el “cristianismo medieval” (el único
del que Dawkins habla en su libro) ha sido refutado por el
“darwinismo”. En esta situación es lógico que el cristianismo (por
mucho respeto que tenga a las posiciones ateístas) diga: oiga, si usted
habla del “cristianismo medieval” no está hablando del “cristianismo
ilustrado actual” y, además, éste acepta hoy sin problema alguno la
teoría darwinista.
¿Qué quiere esto decir? Pues que tanto
el ateísmo como el teísmo deben construir su argumentación sin errores
de enfoque de grueso calibre. Si desde el interior de un universo que
sigue siendo últimamente enigmático, tanto ateísmo como teísmo pueden
ser construidos racionalmente esto quiere decir para ambos es posible
formular argumentos bien construidos. Pero las argumentaciones
pintorescas o distorsionadas son posibles y deben denunciarse.
Hay muchas formas de argumentación a
favor del teísmo que pueden denunciarse (por ejemplo, el “creacionismo”
fundamentalista y el intelligent design). De la misma forma creemos que
el ateísmo de Dawkins debe ser denunciado por distorsionado y mal
construido. No se trata de negar que el ateísmo pueda ser construido
por argumentos congruentes; se trata de denunciar que el ateísmo de
Dawkins no sólo no está bien construido lógica, filosófica y
científicamente, sino que además responde a una epistemología
dogmática, intolerante, radical, agresiva, que no contribuye en
absoluto al tipo de sociedad culta, abierta, tolerante, crítica y
abierta de nuestros días.
Epígonos de Dawkins
En otro artículo de Tendencias21
ya hemos expuesto nuestra valoración personal del libro de Dawkins. No
vamos a repetirla aquí. Pero sí queremos comentar la valoración de
Julio Aramberri en la crónica de “Revista de Libros” mencionada (n.
129, septiembre 2007). Esta recensión del libro Dawkins muestra cómo,
en efecto, abundan en nuestra sociedad muchos epígonos de Dawkins.
Esto quiere decir que hay personas incapaces de distinguir entre una
buena argumentación y una mala. Comulgan, pues, con argumentaciones tan
pintorescas y descontextualizadas como la de Dawkins, sin rechistar.
Además, y esto es peor, optan por una actitud dogmática de superioridad
subjetiva que les sitúa en una actitud arrogante de desprecio, falta de
respeto e intolerancia para el mundo de lo religioso.
Esto no es trivial sino socialmente grave: no contribuye ciertamente,
como decíamos, al proceso creciente de una sociedad ilustrada,
tolerante y crítica, que sea capaz de restañar las heridas y entre por
la vía de la solidaridad, respetando siempre la pluralidad de opciones
personales de sentido. Pensamos que el “dawkinismo” es una descarga
inmadura contra la religión que no contribuye a perfilar los trazos de
un ateísmo posible, moderno, construido con seriedad intelectual y con
argumentos en congruencia con nuestra cultura.
Una lectura “dawkiniana” de Dawkins
Julio Aramberri comienza confesando su coincidencia con las ideas
centrales del libro de Dawkins. Esto es lo que se puede constatar
cuando describe y comenta los capítulos principales de la obra. En
realidad no hace sino exponer y admirar, añadiendo algunos recursos
retóricos, la “precisión” de los argumentos de Dawkins. La verdad es
que no hemos advertido extensión alguna o comentario que vaya más allá
de la pura relación del contenido estricto de Dawkins.
En la lectura de esta recensión dawkiniana de Aramberri no sólo se
advierte la identificación con los “argumentos” científico-filosóficos
de Dawkins, sino que además hay una total coincidencia con su estilo
agresivo contra lo religioso que se mira desde esa posición de
prepotencia y superioridad que en el lenguaje ordinario se denomina
“perdona vidas”.
“No parece fácil de entender, nos dice Aramberri, que alguien se admire
u ofenda cuando Dawkins pone en solfa a los teólogos que, podría
añadirse, como los astrólogos, los lectores de posos del té, los
escritores de horóscopos y demás arúspices, en realidad, ´no tienen
nada que decir sobre nada´”.
“Ni la teodramática de Urs von Baltasar, ni la aproximación asintótica
a Dios de Rahner, ni el irénico Hans Küng (all you need is love)
quieren o pueden desembarazarse del misterio, algo que los científicos
no sufren de buen grado. ¿Por qué, pues, ha de pasar por mala educación
que se recuerde que todos ellos y otros congéneres menos ilustrados se
mueven en idénticas fantasmagorías y echan sus raíces en cosas como la
trinidad, la transustanciación, el nacimiento virginal de Jesús, los
prodigios o milagros que supuestamente llevaba a cabo como la
resurrección de Lázaro o la propia, y tantas otras consejas propias de
la Iglesia de Roma, pero compartidas muchas de ellas por las demás
denominaciones cristianas?”.
Aramberri sólo presenta una disconformidad con Dawkins. No cree que lo
religioso vaya a desaparecer tan fácilmente. Aramberri se conforma con
que lo religioso se mantenga en el ámbito privado y no tenga
pretensiones de inmiscuirse en la privacidad de los demás. Este
“mantenerse lo religioso en el ámbito privado”, bien entendido y sin
radicalismos, quizá no sea el comportamiento habitual de muchos grupos
religiosos. Es obvio coincidir en que, en efecto, lo religioso no se
meta en el ámbito de los demás, que es lo mismo que respetar (no sólo
tolerar) su libertad.
Pero es lógico que los millones y millones de creyentes de todo tipo
–desde gente normal hasta intelectuales, científicos y profesionales de
altísima cualificación en todos los órdenes– pidan respeto, no sólo
tolerancia. Tener respeto supone estar en una posición epistemológica
precisa: no creer de una forma dogmática en la propia posición, sino
entenderla como la hipótesis crítica ante un mundo que, aunque a
Aramberri no le guste, la ciencia moderna sigue considerando un enigma
final cuyo estudio remite a la filosofía. Este respeto no parecen
tenerlo Dawkins, ni Aramberri, ni sus epígonos en general. No creemos
que esta intolerancia, fundada en el desprecio, sea beneficiosa para el
compromiso por construir una sociedad madura, plural y solidaria.
La alternativa de Michael Ruse
“¿Es compatible el conocimiento científico actual sobre la evolución
con el pensamiento religioso y, más concretamente, con el cristiano? La
elaboración de una respuesta afirmativa constituye el tema central del
libro de Michael Ruse”.
“Ruse es un prestigioso filósofo de la biología de origen británico,
profesor durante treinta y cinco años en la Universidad de Guelph en
Canadá y, desde hace unos años, director del programa de Historia y
Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Florida”. “Ha sido
fundador y editor jefe de la revista Biology&Philosophy y es autor
o coautor de más de treinta libros, la mayor parte de los cuales versan
sobre temas de evolución”.
Así introducen Laureano Castro y Miguel A. Toro su comentario al libro
de Michael Ruse titulado “¿Puede un darwinista ser cristiano? La
relación entre ciencia y religión”, publicado en el número ya
mencionado de la “Revista de Libros”. Se trata de una recensión
objetiva, bien hecha, donde se resume el contenido del libro de Ruse y
se valoran acertadamente sus argumentos.
La idea fundamental que Ruse defiende es que el darwinismo no sólo es
compatible con el cristianismo, sino que en muchos aspectos puede
servirle de apoyo. ¿Por qué es esto así? En su esencia el argumento de
Ruse no es exclusivo suyo; ya ha sido y es mantenido por otros muchos
filósofos y teólogos cristianos de diversas confesiones.
Castro y Toro describen así este argumento. “Ruse es consciente de que
hay muchos evolucionistas que son cristianos y de que hay muchas formas
de compatibilizar el cristianismo con la evolución. Parece tener en
mente una suerte de teísmo evolucionista en el que puede imaginarse a
Dios como el Creador inicial de un universo que desde entonces sigue el
camino que le marcan las leyes de la física sin que aparentemente haya
más intervención divina”.
Dios, por tanto, si es Creador del universo, lo es del universo que la
ciencia nos describe. La ciencia nos describe un universo abierto en
que su evolución en el tiempo cuenta con procesos estadísticos,
probabilísticos y con mecanismos de naturaleza darwinista, bien en lo
puramente físico-cosmológico o en lo biológico.
Dios habría creado y mantiene en la existencia real un universo que,
una vez creado, evoluciona en conformidad con leyes y formas
procesuales autónomas. No tendría entonces sentido recurrir a Dios para
explicar cómo aparece la retina o el sistema inmunológico. Dios habría
diseñado un mundo capaz de producir evolutivamente sus propios
contenidos. Dios sería el creador del diseño global del universo; no el
“Deus ex machina” actuante en las “causas segundas” del proceso
natural.
El que Dios haya creado un mundo autónomo es congruente, además, con la
idea cristiana de que Dios no ha pretendido imponer su presencia (por
ejemplo dando al universo una forma en que la existencia de Dios
debiera ser racional e inapelablemente reconocida). El Dios cristiano
es un Dios que, desde la cultura moderna, se entiende como el Dios que
crea y hace posible la libertad humana. Otros artículos de Tendencias21, además del mencionado comentario al libro de Dawkins, han hecho referencia también a estas ideas.
Otros argumentos de Ruse
Aparte de la idea fundamental que hace posible el darwinismo cristiano,
tal como acabamos de exponer, Ruse ofrece argumentos concretos para
explicar más en detalle la compatibilidad entre cristianismo y
darwinismo. Como observan Castro y Toro estos argumentos parecen
cogidos con alfileres y no dejarían satisfechos ni a darwinistas ni a
cristianos. Creemos que así es.
En primer lugar se plantea Ruse el problema de si nuestra especie sería
resultado de un proceso evolutivo inevitable. Intenta también abordar
el problema del alma humana, cómo entenderla en sentido cristiano y
cómo hacerla congruente con el proceso evolutivo. Igualmente la
necesidad de admitir la autosuficiencia del proceso evolutivo para
explicar la aparición de los sistemas complejos (en contra del
intelligent design de Behe). Y en el problema del origen del dolor, del
pecado, de la condición moral en la especie humana, siguiendo a Edward
O. Wilson, trata de mostrar su coherencia con el cristianismo.
La pertinencia de estos intentos de conciliación
cristianismo-darwinismo son cuestionables y, a nuestro entender, no
siempre acertados. Aquí no podemos abordarlos en detalle. Mencionemos
sólo la discusión del problema del alma humana que Ruse trata de
orientar desde la visión clásicamente tomista de la antropología
cristiana. Hoy en día filósofos y teólogos cristianos abordan este
problema sin necesidad de considerar el tomismo como referencia básica.
A esta cuestión se han dedicado otros artículos de Tendencias21.
Un antagonismo iluminador
En todo caso, como decíamos, la contraposición de estas dos obras, la
de Dawkins y la de Ruse, es iluminadora. Que ante el mismo problema –la
relación entre darwinismo y cristianismo– dos autores de importancia
tomen posiciones antagónicas debería conducirles a no caer en el
dogmatismo. No creemos que Ruse haya caido; pero nos tememos que sí lo
haya hecho Dawkins.
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