Los bebés llamados Mahoma están conquistando silenciosamente Occidente

RAYMOND IBRAHIM






Comprender la más insidiosa de todas las yihads: la yihad demográfica.


La yihad demográfica está arrasando en el mundo no musulmán.


Por tercer año consecutivo, Mahoma es el nombre más popular para los niños nacidos en 2025 en el Reino Unido, según publicaba recientemente la Oficina Nacional de Estadística.


Quizá convenga recordar que, hace 17 años, un reportaje del Daily Mail advertía de que «fanáticos musulmanes que odian [a los demás] planean apoderarse de Gran Bretaña teniendo más hijos y provocando una explosión demográfica… El aumento de la población musulmana sería suficiente para conquistar Gran Bretaña desde dentro».


(Curiosamente, aquel reportaje ha sido eliminado, aunque el nombre de la URL resulta suficientemente revelador…)


En realidad, los bebés llamados Mohamed [=Mahoma] están conquistando toda Europa occidental (antaño un bastión frente a Mahoma).


Según un informe de 2023:


«El nombre de pila Mohamed ha ganado popularidad en Alemania durante el último año… En Berlín, Mohamed fue el nombre de pila más popular para los niños en 2022. El año anterior había ocupado el tercer puesto… En Bremen, el nombre de pila Mohamed ha pasado del tercer al segundo puesto… En Hesse, también, el nombre del profeta musulmán está en ascenso. Allí ha pasado del octavo al tercer puesto».


Mohamed/Mahoma es el nombre más popular en las principales ciudades belgas —incluida Bruselas, la capital de la Unión Europea—; en Oslo, la capital de Noruega; y en las ciudades más grandes de los Países Bajos, entre ellas Ámsterdam, Róterdam, La Haya y Utrecht.


Esto sin mencionar otros nombres árabes/musulmanes, que también encabezan las listas de nombres para recién nacidos. Según un informe de 2015, en el Reino Unido:


«En general, se observa un auge de los nombres árabes, con Nur como nueva incorporación a los 100 nombres más populares para niñas, entrando directamente en el puesto 29, y Maryam ascendiendo 59 puestos hasta el número 35. Omar, Ali e Ibrahim son nuevas incorporaciones a los 100 nombres más populares para niños».


Incluso en Estados Unidos, en 2019, Muhammad entró en la lista de los diez nombres más populares para bebés. «Los nombres árabes están en auge este año», afirmó el BabyCenter, «con Muhammad y Aaliyah entrando en los 10 primeros y desplazando a Mason y Layla».


Por un lado, todo esto puede parecer bastante inocuo. Después de todo, ¿qué importancia tiene un nombre?


Por otro lado, dado que un mayor número de personas equivale a un mayor poder y una mayor influencia, muchos musulmanes consideran a su descendencia como su contribución a la yihad —la antigua «lucha» por hacer que el islam sea supremo—.


Un vídeo en el que varios musulmanes y daneses discuten en Dinamarca deja esto claro. En el vídeo, se escucha a un musulmán gritarle a un danés las siguientes palabras:


«Nosotros tenemos cinco hijos; vosotros solo tenéis uno o dos. ¡Dentro de 10 o 15 años habrá más pakistaníes que daneses en este país!… Los daneses son cinco millones; pronto seréis exterminados. ¡Mirad a los suecos, mirad a los noruegos, mirad a los finlandeses, hombre! ¡Nosotros somos millones y millones, hombre!».


El musulmán, que vocifera, continúa acusando a los europeos de preferir la bestialidad al matrimonio y atribuye a ello su escasez de hijos.


Pronto intervienen otros musulmanes. Uno de ellos dice: «Acabo de casarme y también tendré cinco hijos». Otros comienzan a gritar que las «madres» de los daneses «volverán a estar embarazadas», porque sus madres y hermanas son «putas» (que, presumiblemente, mantienen relaciones sexuales con los musulmanes).


Otros corean: «Esto ya no es Dinamarca, esto es Pakiland», repetido varias veces: «Nos estamos apoderando de vuestro país».


Este tipo de pensamiento tiene una larga tradición. «Tenemos 50 millones de musulmanes en Europa», presumía Muamar el Gadafi en 2006, antes de añadir, de manera más realista: «Hay señales de que Alá concederá la victoria al islam en Europa —sin espadas, sin armas, sin conquista— y la convertirá en un continente musulmán en unas pocas décadas».


Los informes y encuestas que se publican continuamente sugieren que este antiguo sueño musulmán no está lejos de hacerse realidad.


Así, en el Reino Unido, «fanáticos musulmanes que odian [a los demás] planean apoderarse de Gran Bretaña teniendo más hijos y provocando una explosión demográfica», revelaba un reportaje de hace unos quince años: «El aumento de la población musulmana sería suficiente para conquistar Gran Bretaña desde dentro». Dos años después, «las estimaciones de 2010 mostraban que Europa tenía 44 millones de musulmanes».


Un informe del Pew Research Center concluyó que una de cada tres personas en el planeta será musulmana en 2070. Otro informe de Pew afirma que la población musulmana de Europa se triplicará de aquí a 2050, justo cuando todos esos bebés llamados Mahoma alcancen la edad adulta.


En Alemania, se prevé que alrededor del 20 % de la población sea musulmana en 2050; lo mismo ocurriría en Austria. Teniendo en cuenta que el musulmán medio muestra mayor fervor por su forma de vida y por el propósito de esta (la islámica) que el varón alemán medio, un 20 % podría ser más que suficiente para una toma del poder islámica o, al menos, para provocar un caos generalizado en Alemania.


Por cierto, esta «yihad de los bebés» puede llevarse a cabo tanto con mujeres musulmanas como con mujeres no musulmanas (infieles). Como ejemplo de esto último, se grabó en vídeo a un imán musulmán afirmando que, debido a la falta de virilidad de los hombres europeos, sus mujeres buscan fertilidad entre los hombres musulmanes:


«¡Nosotros les daremos fertilidad! Engendraremos hijos con ellas, porque conquistaremos sus países. Os guste o no, vosotros, alemanes, estadounidenses, franceses e italianos, y todos aquellos que se os parecen [los occidentales], acoged a los refugiados. Porque pronto los llamaremos a ellos [y a sus hijos nacidos en Occidente] en nombre del califato venidero. Y os diremos: “Estos son nuestros hijos”».


De manera similar, el diario de Patrick Kabele, un hombre musulmán africano que vivía en Gran Bretaña y que fue detenido por intentar unirse al Estado Islámico —siendo su principal motivación la compra de una esclava sexual de nueve años—, contenía referencias que solo otros musulmanes afines podrían comprender: en un esfuerzo, como había dicho el imán mencionado anteriormente, por utilizar a las mujeres europeas como incubadoras y «engendrar hijos con ellas», Kabele anotó que había estado «sembrando algunas mujeres aquí, blancas del Reino Unido», y añadió: «Ya no beso».


(A diferencia de la relación sexual propiamente dicha, el beso se considera un acto íntimo y los musulmanes, de acuerdo con la doctrina del «amor y el odio» o al-wala’ wa-l-bara’, deben odiar siempre a los no musulmanes, incluso cuando mantienen relaciones sexuales con ellos o están casados con ellos).


Esta misma estrategia se está utilizando en el mundo musulmán contra las minorías cristianas. Sin embargo, a diferencia de Occidente, donde las mujeres se entregan libremente a los musulmanes, las minorías cristianas son raptadas y fecundadas por hombres musulmanes.


Aun así, las mujeres musulmanas siguen siendo las principales incubadoras de esta yihad demográfica, y muchas de ellas lo consideran una obligación. Una voluntaria y traductora cristiana eritrea, que trabajaba en centros de acogida de inmigrantes en Alemania y a la que los inmigrantes a menudo tomaban por musulmana, confesó en una ocasión que «los inmigrantes musulmanes suelen confiarse a ella y hablarle de su rechazo hacia los cristianos», y que «varios de los inmigrantes musulmanes con los que ha hablado le revelaron su odio hacia los cristianos y que están decididos a destruir la religión».


La manera en que planean hacerlo resulta reveladora: «Algunas mujeres me dijeron: “Multiplicaremos nuestro número. Debemos tener más hijos que los cristianos porque es la única manera de destruirlos aquí”».


No es que muchos europeos occidentales parezcan preocuparse por ello; algunos perturbados incluso se alegran de ver cómo los miembros de su propio pueblo desaparecen y son sustituidos por musulmanes, como la doctora Stefanie von Berg, quien exclamó ante el Parlamento alemán:


«Señora presidenta, señoras y señores. Nuestra sociedad cambiará. Nuestra ciudad cambiará radicalmente. Sostengo que dentro de 20 o 30 años ya no habrá una mayoría [alemana] en nuestra ciudad… Y quiero dejarlo muy claro, especialmente para los derechistas: ¡esto es algo bueno!».


A partir de aquí se comprende la verdadera raíz del problema inmediato y, como de costumbre, no está en los musulmanes que procrean, sino en los occidentales pervertidos. Al haber dado la espalda a su fe fundacional y a los principios cristianos, una cultura moribunda —caracterizada por el nihilismo, el hedonismo y el cinismo y, en consecuencia, por el descenso de las tasas de natalidad— simplemente tiene poco por lo que valga la pena vivir y está capitulando ante una cultura más ferviente y segura de sí misma.

 


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