Ceuta: ¿Se repite el 711 d. C.?

RAYMOND IBRAHIM





Hace más de trece siglos, invasores musulmanes cruzaron por Ceuta y conquistaron España. Lo que siguió reconfiguró Europa durante siglos.


Hace apenas unos días, el enclave español del norte de África, Ceuta —la misma puerta estratégica desde la cual comenzó la conquista musulmana original de España en el año 711 d. C.—, fue nuevamente desbordada por masas musulmanas llegadas de África.


En el transcurso de varios días, más de 50.000 inmigrantes traspasaron las fronteras de la ciudad, desbordando a las autoridades locales y obligando a Madrid a desplegar medidas de emergencia.


Las imágenes son impactantes: interminables columnas de jóvenes musulmanes que fluyen hacia territorio europeo por tierra y por mar, a través del mismo corredor que, más de trece siglos antes, sirvió como punto de partida de una de las invasiones más trascendentales de la historia de Occidente.


Y esto no es nada nuevo ni sorprendente. Como uno de tantos ejemplos, en 2021, 6.000 musulmanes invadieron Ceuta. Llegaron «por mar, ya fuera nadando o con embarcaciones neumáticas, todo con el fin de llegar finalmente a la Europa continental».


Ni tampoco Ceuta es un episodio aislado. España ha experimentado durante años un flujo constante de inmigración musulmana ilegal procedente de África. Solo en 2020, unos 23.000 inmigrantes llegaron a las Islas Canarias, un incremento del 234 % respecto al año anterior. Las cifras siguieron aumentando, con más de 1.600 llegadas en apenas tres días en octubre de 2023. Como señaló un informe:


«De las embarcaciones que llegaron durante el fin de semana, una, el sábado, transportaba a 320 inmigrantes. La agencia estatal de noticias EFE afirmó que se trataba del mayor número registrado en una sola embarcación desde que los traficantes de personas comenzaron a utilizar regularmente la ruta de las Islas Canarias en 1994. El récord anterior, de 280, se había registrado a principios de ese mismo mes.»


Una vez que llegan a territorio español, tales inmigrantes se involucran invariablemente en conductas indecorosas y abiertamente delictivas, entre ellas violaciones en grupo, asesinatos, profanaciones de iglesias y matanzas de cristianos; y crean enclaves, o ribats, donde la policía teme adentrarse.


De hecho, hace apenas unos días supimos que «España registra el mayor número de detenciones por extremismo islamista en la UE». Esto ya dice bastante, considerando que la propia UE es un semillero de actividad yihadista.


En cualquier caso, para comprender por qué Ceuta importa —y por qué los acontecimientos actuales son tan significativos desde el punto de vista histórico—, es necesario remontarse al año 711 d. C.


Según la Crónica de 754, en 711, hordas de musulmanes africanos «invadieron España de manera impía para destruirla». No pasaron «por ningún lugar sin reducirlo y apoderarse de sus riquezas», se jactaba al-Hakam, un cronista musulmán temprano, «pues Alá Todopoderoso había infundido el terror en los corazones de los infieles».


Semejante terrorismo fue cultivado deliberadamente, en consonancia con el Corán (por ejemplo, Corán 3,151; 8,12). De hecho, en algunos lugares, los invasores del siglo VIII masacraron, cocinaron y comieron —o más bien fingieron comer— a sus cautivos cristianos, provocando entre la población la histeria «de que los musulmanes se alimentaban de carne humana», contribuyendo así «en no poca medida a aumentar el pánico de los infieles», según escribió al-Maqqari, otro cronista musulmán, en su historia de Al-Andalus.


Envalentonados por las victorias iniciales de sus correligionarios, y en un paralelismo con lo que ocurre hoy, enjambres de otros musulmanes procedentes del norte de África «cruzaron el mar en cualquier embarcación o barca que pudieron conseguir», continúa el cronista musulmán. Desbordaron de tal modo la península que «los cristianos se vieron obligados a encerrarse en sus castillos y fortalezas, y, abandonando las tierras llanas, refugiarse en sus montañas».


Hacia 712, un año después de la invasión islámica, los musulmanes habían, en palabras de la Crónica de 754, «arruinado hermosas ciudades, incendiándolas; condenado a la cruz a señores y hombres poderosos; y masacrado a jóvenes y niños a espada».


Otras fuentes tempranas corroboran la devastación y la persecución. El relato más antiguo, el Tempore belli, refiere que los musulmanes «saquearon templos [iglesias] y casas cristianas, incendiaron las ciudades de quienes resistían, y tomaron a sus jóvenes mujeres como esclavas sexuales, generando todo ello un terror indescriptible».


La diferencia entre entonces y ahora es que los cristianos opusieron resistencia. Con la caída de España (Hispania) ante el islam, muchos cristianos huyeron hacia el inhóspito cuadrante noroccidental de la península. Aunque los musulmanes intentaron conquistar esta región montañosa en varias ocasiones, fracasaron, y de ella nació la Reconquista.


En palabras de el primer rey cristiano que surgió tras la conquista musulmana de España, don Pelayo (685-737): «No me asociaré con los árabes en amistad ni me someteré a su autoridad… Cristo es nuestra esperanza de que, a través de esta pequeña montaña» —que comparó con el «grano de mostaza» de la célebre parábola que con el tiempo se convierte en algo grande (Marcos 4,30-32)— «el bienestar de España… será restaurado».


Y así fue. Siglo tras siglo, los cristianos se expandieron militarmente desde sus bastiones del norte hacia el centro y, finalmente, el sur de España, hasta 1492, cuando prácticamente la totalidad de España había vuelto a estar bajo dominio autóctono.

En suma, tras la conquista musulmana de España en el siglo VIII —que comenzó con africanos llegados por mar a las costas españolas—, fueron necesarios casi ocho siglos de guerra encarnizada para que los cristianos lograran finalmente expulsar a los invasores musulmanes.


Esa es la gran diferencia entre entonces y ahora. Los cristianos premodernos de España hicieron todo lo posible por impedir la invasión musulmana, pero se vieron desbordados: el propio rey don Rodrigo murió en combate en el Guadalete en 711. Aun así, perseveraron y, durante siglos, continuaron la lucha hasta recuperar su patria.


¿Y sus descendientes? Estos, al menos sus responsables políticos, ignoran, cuando no consienten, la inmigración musulmana, hasta el punto de «recompensar» a nada menos que 1,2 millones de inmigrantes ilegales con un estatuto legal.



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