El debate de la Oxford Union sobre el islam: la pregunta que nadie planteó, ni respondió

RAYMOND IBRAHIM





Antes de preguntarnos si Occidente debería «desconfiar del islam», primero debemos establecer qué es lo que realmente HACE que algo sea islámico. La ley islámica es absolutamente clara.

 

He estado viendo el reciente debate de la Oxford Union sobre si Occidente tiene derecho a «desconfiar del islam».


En medio de todas las disputas, resulta interesante señalar que nadie se ha tomado el tiempo de responder metódicamente a la pregunta fundamental: ¿Cómo se determina qué es —y qué no es— islámico?


Una vez respondida esta cuestión de importancia capital, queda claro que «debatir» —incluso citando tal o cual versículo del Corán, en un contexto positivo o negativo— es una tarea inútil. Porque la cuestión de qué es y qué no es islámico ya ha sido resuelta, y no está relacionada con las opiniones de esta o aquella persona, ya sea favorable o contraria al islam.


He aquí, pues, la respuesta tradicional, la respuesta islámica, sobre cómo se determina qué es y qué no es islámico:


¿Qué dicen los textos fundamentales y las escrituras del islam acerca de la cuestión en concreto, llamémosla «x»? ¿El Corán, que los musulmanes creen que contiene los mandatos literales de Alá, exige o justifica «x»? ¿Los textos de los hadices y de la sira (que pretenden registrar las palabras y los hechos del profeta de Alá, a quien el Corán, por ejemplo 33,21, exhorta a los musulmanes a imitar en todos los sentidos) exigen o justifican «x»?


Si persiste alguna ambigüedad, la siguiente pregunta pasa a ser: ¿cuál es el consenso (ijma) de las principales autoridades del mundo islámico con respecto a «x»? Aquí hay que acudir a los tafsires, o exégesis, de los hombres más eruditos del islam —los ulemas— y considerar sus conclusiones. El propio Mahoma habría dicho: «Mi umma [nación islámica] nunca estará de acuerdo en un error».


Por ejemplo, el Corán ordena a los creyentes mantener los rezos; por consiguiente, todos están de acuerdo en que los musulmanes necesitan rezar.


Sin embargo, el Corán no especifica cuántas veces al día deben rezar los musulmanes. En los hadices y la sira, no obstante, Mahoma deja claro que los creyentes deben rezar cinco veces. Y los ulemas, después de considerar todos estos textos, concluyeron que los musulmanes deben rezar cinco veces al día.


Así pues, es indudablemente islámico que los musulmanes recen cinco veces al día.


Curiosamente, sin embargo, mientras los académicos occidentales y los apologistas musulmanes aceptan fácilmente esta metodología para determinar qué es islámico (l rezo está en el Corán, Mahoma aclaró su aplicación en los hadices y los ulemas están de acuerdo con ello), cuando la cuestión planteada tiene que ver con algo que hace que el islam «quede mal», este enfoque establecido para determinar qué es islámico se ignora por completo.


Eso es precisamente lo que ocurrió en el debate de la Oxford Union. El bando «promusulmán» puso a menudo en aprietos al bando «antimusulmán» preguntándole: «muéstrame dónde dice eso el Corán».


Por supuesto, no es necesario que la cuestión de que se trate esté explicada por completo en el Corán para que forme parte del islam, del mismo modo que el rezo y tantas otras cuestiones islámicas tampoco están explicadas por completo.


Por ejemplo, consideremos algunos de los actos más extremos cometidos por el Estado Islámico, una organización que el bando proislamista del debate insistió en que no es islámica. Examinemos, uno por uno, aspectos como las decapitaciones, las crucifixiones, las esclavizaciones, las agresiones sexuales, las masacres y la persecución de las minorías religiosas, y veamos si superan la prueba, si cumplen los criterios para ser considerados parte del islam.


 

Decapitaciones


El Estado Islámico decapita a «infieles», incluidos mujeres y niños. Este aspecto del Estado Islámico ha provocado horror en todo el mundo.


¿Es islámico?


El Corán exige la decapitación de los enemigos del islam, especialmente en el contexto de la guerra o yihad: «Cuando os encontréis con infieles en el campo de batalla, golpeadles en el cuello hasta que los hayáis derrotado por completo» (Corán 47,4). Otro versículo afirma: «Infundiré terror en los corazones de los infieles; golpeadles, pues, en el cuello y golpeadles en todos los dedos [es decir, mutiladlos]» (Corán 8,12).


En cuanto a los otros criterios, el ejemplo o sunna del profeta y el consenso de la umma, Timothy Furnish, autor del ensayo de 2005 Beheading in the Name of Islam [Decapitar en nombre del islam], escribe:


«La práctica de decapitar a cautivos no musulmanes se remonta al propio profeta. Ibn Ishaq (m. 768), el primer biógrafo de Mahoma, aparece registrado diciendo que el profeta ordenó la ejecución mediante decapitación de 700 hombres de la tribu judía de Banu Qurayza, en Medina, por haber conspirado presuntamente contra él. Los dirigentes islámicos, desde la época de Mahoma hasta la actualidad, han seguido su modelo. Los ejemplos de decapitación, tanto de vivos como de muertos, en la historia islámica son innumerables... Durante siglos, destacados eruditos islámicos han interpretado literalmente este versículo [el versículo sobre la decapitación, Corán 47,4]... Muchas interpretaciones recientes siguen siendo coherentes con las de hace un milenio.»


 

Crucifixiones

 
En cuanto a crucificar a personas, práctica que el Estado Islámico ha llevado a cabo con regularidad, el Corán 5,33 afirma que «el castigo para quienes hacen la guerra contra Alá y su enviado y se esfuerzan por sembrar la corrupción en la tierra no es otro que ser matados o crucificados, o que se les corten las manos y los pies de lados opuestos, o que sean expulsados de la tierra».


En consecuencia, las crucifixiones son comunes a lo largo de la historia islámica.


Después de la muerte del profeta del islam en 632, muchos árabes fueron acusados de apostasía. El primer califa, Abu Bakr, emprendió una campaña de yihad contra ellos, y muchos «apóstatas» fueron crucificados como escarmiento para los demás. En el libro Witnesses For Christ: Orthodox Christian Neomartyrs of the Ottoman Period 1437-1860, la crucifixión figura como uno de los muchos métodos mediante los cuales miles de cristianos fueron ejecutados por los turcos musulmanes.


Más dramáticamente, en sus memorias Ravished Armenia, Aurora Mardiganian describió cómo a comienzos del siglo XX vio a 16 muchachas crucificadas, mientras los buitres devoraban sus cadáveres: «Cada muchacha había sido clavada viva en su cruz, con clavos atravesándole los pies y las manos», escribió la superviviente armenia. «Solo su cabello, agitado por el viento, cubría sus cuerpos».


 

Esclavitud y violación


¿Qué ocurre con la esclavitud, especialmente la esclavización de mujeres no musulmanas con fines sexuales, a la que se dedican el Estado Islámico y otras organizaciones yihadistas?


Una vez más, desde la máxima autoridad de las escrituras del islam (el Corán) hasta el mayor modelo de conducta para los musulmanes, Mahoma; desde la historia islámica hasta los acontecimientos actuales, la esclavización sexual de mujeres «infieles» constituye un aspecto canónico de la civilización islámica.


El Corán 4,3 permite a los hombres mantener relaciones sexuales con «las que vuestras diestras poseen», expresión que los ulemas definieron categóricamente como «mujeres infieles» capturadas durante la yihad.


El propio profeta del islam tuvo concubinas adquiridas durante la yihad con las que mantenía relaciones sexuales. Una mujer judía capturada, Safiya bint Huyay, fue «casada» con Mahoma justo después de que el profeta hubiera ordenado torturar a su marido hasta la muerte para que revelara donde escondía el tesoro. Anteriormente, los yihadistas de Mahoma habían matado a su padre y a sus hermanos.


Como era de esperar, posteriormente la mujer confesó: «De todos los hombres, era al profeta a quien más odiaba, pues mató a mi marido, a mi hermano y a mi padre», justo antes de «casarse» con él (o, menos eufemísticamente, de ser violada por él).


Jalid bin Walid, llamado la «Espada de Alá» y héroe para los yihadistas de todo el mundo, violó a otra mujer célebre por su belleza, Layla, en el campo de batalla, justo después de que a su marido «apóstata» le cortara la cabeza, le prendiera fuego y cocinara su cena sobre ella.


 

Masacres


¿Qué ocurre con las masacres a gran escala? En un vídeo, por ejemplo, el Estado Islámico parece conducir, humillar y llevar a cientos de rehenes varones (la cifra que se suele dar es de 1.400) hasta sus trincheras, donde miembros del Estado Islámico procedieron a dispararles en la cabeza, mientras ondeaba la bandera negra del islam.


De hecho, el propio profeta ordenó masacres despiadadas de «infieles». Después de la batalla de Badr, donde Mahoma y los primeros musulmanes prevalecieron sobre sus enemigos, Mahoma ordenó la ejecución de varios rehenes. Cuando uno de los rehenes, ‘Uqba, imploró al profeta que lo perdonara, diciendo «Pero ¿quién cuidará de mis hijos, oh Mahoma?», este respondió: «¡El infierno!».


Más célebre aún fue cuando Mahoma ordenó la ejecución de aproximadamente 700 hombres judíos de la tribu de Banu Qurayza. Según el relato de la sira [biografía oficial de Mahoma], después de que la tribu judía se rindiera tras su asedio, Mahoma hizo marchar a todos los hombres hasta una plaza donde se habían excavado fosas y los ejecutó de inmediato mediante decapitación, tal como el Estado Islámico llevó a sus víctimas hasta las trincheras y las ejecutó, en el vídeo mencionado anteriormente.



La condición de dimmi


El Estado Islámico es incluso responsable de resucitar una institución distintivamente islámica que había sido prohibida desde mediados del siglo XIX debido a la intervención de las potencias occidentales. La «condición de dimmi» consiste en exigir un tributo (yizia) a los cristianos y judíos conquistados y someterlos a vivir como ciudadanos de segunda clase, que deben aceptar una serie de medidas debilitantes y humillantes, entre ellas no construir ni reparar iglesias, no hacer sonar las campanas de las iglesias ni rendir culto en voz alta, no exhibir cruces, no enterrar a sus muertos cerca de los musulmanes, etc.


Estas medidas se derivan de los textos fundamentales del islam. El Corán 9,29 insta a los musulmanes a combatir a las «gentes del libro» (interpretadas como cristianos y judíos) «hasta que paguen la yizia voluntariamente sometidos y se sientan humillados». Y el Pacto de Omar —uno de los «califas bien guiados»— explica cómo deben «sentirse humillados», es decir, exactamente de la manera decretada por el Estado Islámico.


Los ulemas del pasado y del presente confirman que el Corán 9,29 y el Pacto de Omar significan lo que dicen literalmente. Así, según el jeque saudí Marzouk Salem al-Ghamdi, durante un sermón del viernes:


«Si los infieles viven entre los musulmanes, de acuerdo con las condiciones establecidas por el profeta, no hay nada de malo en ello siempre que paguen la yizia al tesoro islámico. Otras condiciones [referencia al Pacto de Omar] son... que no renueven una iglesia o un monasterio, que no reconstruyan los que hayan sido destruidos... que se pongan de pie cuando un musulmán desee sentarse... que no muestren la cruz, que no hagan sonar las campanas de las iglesias, que no eleven la voz durante la oración... Si infringen estas condiciones, no gozarán de protección.»


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Basándonos en la exposición anterior, es falso afirmar, como hacen todos los apologistas del islam, que el Estado Islámico «no es islámico». En efecto, el Estado Islámico encuentra respaldo en el Corán y en los relatos sobre el profeta, incluso en los detalles más salvajes, como el hecho de celebrar el triunfo sobre los cadáveres mutilados de los «infieles» y reír mientras posan exhibiendo sus cabezas decapitadas.


Es deshonesto aceptar la metodología de la jurisprudencia islámica (¿forma «x» parte del Corán, los hadices, la sira, y existe consenso entre los ulemas?), para luego rechazar esa misma metodología cuando «x» es algo que hace que el islam quede «mal».


En el contexto de la yihad, todo lo que el Estado Islámico y otros yihadistas y «terroristas» han hecho, las decapitaciones, las crucifixiones, las masacres, la esclavización sexual y el sometimiento de minorías religiosas, es ciertamente islámico.



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