La
inquietante verdad sobre el «Jesús musulmán»
RAYMOND IBRAHIM
|
Sí, «los musulmanes
aman a Jesús», pero solo porque este romperá la cruz y degollará a los
cerdos.
La
reciente
afirmación de Tucker Carlson según la cual «los musulmanes aman a
Jesús» es más
grave de lo que podría parecer. El problema no es que los musulmanes no
amen realmente a Jesús; es que aman a un Jesús falsificado: uno
que
promueve el odio hacia los cristianos y la guerra contra ellos.
Examinemos
con detenimiento esta inquietante afirmación.
El
14 de
abril, Tucker Carlson afirmó:
«Los
que
están al mando no quieren que ustedes lo sepan, pero los musulmanes
aman a
Jesús. El islam lo venera como profeta y mensajero eminente del Señor,
cree que
obró milagros y afirma que regresará a la Tierra para derrotar al
Anticristo».
Este
es un
ejemplo perfecto de cómo un conjunto de palabras puede ser verdadero
(literalmente
hablando, lo que escribió Tucker es verdad), pero al mismo
tiempo
significar cosas antitéticas para audiencias antitéticas, en este caso,
musulmanes y cristianos.
Dicho
de otro
modo, el «Jesús» al que los musulmanes aman (conocido en árabe como ‘Isa)
se comporta más como un musulmán devoto y, en ocasiones, yihadista, y
no como
el Hijo de Dios proclamado por el Nuevo Testamento, el cual, en opinión
de los
musulmanes, es información falsa (o, en palabras del Corán, está
«distorsionado» y «corrompido», de la raíz h-r-f, ح ر ف).
He
aquí la
confusión de Tucker: sí, en lo que respecta a Jesucristo, los
musulmanes
coinciden con los cristianos en varios aspectos —ciertamente en
comparación con
los judíos—: los musulmanes creen que Jesús nació de una virgen, estuvo
sin
pecado, obró milagros y regresará al final de los tiempos.
De
nuevo, en
la superficie, sin duda esto parecería sugerir que «los musulmanes aman
a
Jesús», ¿no es así? No, si se profundiza un poco más (continúe leyendo
a
continuación…).
En
realidad,
los musulmanes no solo rechazan, sino que condenan
enérgicamente los
aspectos más cardinales de Cristo; condenan —porque el propio Corán lo
condena—
la idea de que Jesús fue crucificado, murió y resucitó.
Dicho
de otro
modo, los musulmanes condenan la totalidad del mensaje evangélico
(p.
ej., Juan 3,16; 1 Corintios 15).
Condenan
especialmente
la noción de que Jesús es el «Hijo de Dios». De hecho, el Corán (por
ejemplo,
5,72) llega a proclamar con estruendo: «¡Infieles son quienes dicen que
Dios es
el Cristo, hijo de María!».
Conviene
aclararlo: en la terminología islámica, ser clasificado como «infiel»
(singular
kafir) equivale a ser clasificado como un
enemigo existencial al que
siempre se debe odiar, combatir y, en el mejor de los casos, someter de
una
manera u otra. (De ahí que los musulmanes, desde los mismos inicios de
su
religión en el siglo VII, atacado, hayan matado y conquistado a los
cristianos,
y destruido sus iglesias.)
La
verdad es
que el islam se apropió de Jesús como forma de validarse a sí
mismo,
específicamente transformando a Cristo en una figura que respalda las
nuevas
pretensiones de Mahoma.
Consideremos
lo que dicen sobre Jesús algunos de los hadices más canónicos:
En
uno, Jesús
cita con aprobación la shahada [declaración de fe islámica] y
equipara a
Mahoma consigo mismo, contradiciendo así el Credo cristiano más antiguo
(1 Corintios
15,3-7). Dice el Jesús musulmán: «Quien atestigüe que no hay más dios
que Alá,
único y sin asociado, y que Mahoma es Su siervo y enviado, y que Jesús
es Su
siervo y enviado… Alá lo admitirá en el paraíso por decir eso».
En
otro
hadiz, una mujer dice a Jesús: «Bendito el vientre que te llevó y el
pecho que
te amamantó». Ante lo cual un Jesús sorprendido responde: «No, sino
bendito
aquel que lee el Corán y sigue lo que hay en él».
Y
están,
además, todos los hadices en los que Mahoma se empeña en equipararse a
Jesús.
Así,
cuando
la esposa-niña de Mahoma, Aisha, preguntó al profeta: «Si te sobrevivo,
¿me
permitirías ser enterrada a tu lado?», Mahoma respondió: «No; en ese
lugar solo
hay espacio para mi tumba, para la tumba de Abu Bakr [compañero de
Mahoma],
para la tumba de Omar [otro compañero] y para la tumba de Jesús, hijo
de
María». (Por cierto que también se dice que Mahoma mantiene relaciones
sexuales
con María en el paraíso, pero esa es otra historia…)
En
otro
relato, Mahoma afirma: «Los profetas bíblicos son hermanos del mismo
linaje.
Jesús y yo también somos hermanos, porque él me profetizó y no hay
profetas
entre él y yo».
Pero
es solo
cuando el Jesús musulmán regresa en la versión islámica de los «últimos
tiempos» cuando realmente resplandece. Según la enseñanza islámica,
regresará
para «romper las cruces, degollar a los cerdos, poner fin al impuesto
de la yizia
sobre los no musulmanes, y declarar lícita la guerra contra la Gente
del Libro
(judíos, cristianos, zoroástricos) y otros», por citar a los profesores
James
E. Lindsay y Suleiman Mourad en su Muslim
Sources of the Crusader Period, obra de la que se han
tomado los
hadices anteriormente mencionados.
En
otras
palabras, Jesús, para demostrar a todos esos cristianos insensatos que
él nunca
fue crucificado (y, por tanto, nunca murió ni resucitó), va a romper
todas las
cruces que encuentre (validando así aquello en lo que los musulmanes
han estado
empeñados desde
el mismo comienzo y hasta el presente); va a degollar a todos
los cerdos,
como recordatorio a los cristianos comedores de cerdo de que los cerdos
no son halal/kósher;
y, por último, va a abolir la yizia, lo que significa que, en
lugar de
tres opciones (convertirse al islam, pagar la yizia y aceptar
el estatus
de segunda clase, o morir), Jesús dejará a los cristianos con solo dos
opciones: el islam o la muerte.
Este
es el
«Jesús» al que los musulmanes «aman»: un impostor, un fraude, un doble
del verdadero
Cristo, urdido para justificar al islam y conferirle poder sobre el
cristianismo.
|
|
|