El verdadero
motivo por el que promueven el mito de la «edad de oro» islámica
RAYMOND IBRAHIM
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La operación psicológica definitiva.
¿Por qué insisten los poderes establecidos en que
el islam
tuvo una «edad de oro» —una época en la que «el mundo musulmán era más
avanzado
y más civilizado que la Europa occidental cristiana, que aprendió
muchísimo de
su vecino»—, por citar un artículo de la BBC?
Quizá los poderes establecidos —el mundo
académico, los
medios de comunicación, los cineastas, los políticos, etc.— pretenden,
«altruistamente», que los musulmanes se «sientan mejor» consigo mismos
(algo
que Obama ordenó una vez a la NASA que hiciera). O,
de forma más cínica,
quizá esos poderes tratan de que los occidentales se muestren más
abiertos al
islam y más dispuestos a aceptarlo.
Aunque ambas cosas son ciertas, existe, de hecho,
un motivo
mucho más profundo y peligroso: «Quien controla el pasado controla el
futuro»,
por citar a George Orwell en su novela distópica 1984 (que se
ha vuelto
sorprendentemente aplicable a nuestra época). La verdad de esta
afirmación no
puede exagerarse. Explica por qué la principal apología en favor de los
musulmanes políticamente activos y de sus aliados «izquierdistas» —y la
primera
premisa de todas las apologías posteriores del islam— es de naturaleza
puramente histórica.
Recuérdese, por ejemplo, la pregunta más popular
que surgió
tras el 11 de septiembre de 2001: «¿Por qué nos odian?». Sin que la
mayoría lo
advirtiera, esta pregunta presuponía un punto de vista histórico
forjado a lo
largo de décadas que, hasta la publicación de mis correctivos
históricos, permaneció en gran medida incuestionado,
incluso
entre los críticos del islam moderno: Puesto que el islam fue
tolerante
y avanzado en el pasado, sus problemas actuales —autoritarismo,
intolerancia,
violencia, radicalización, terrorismo, etc.— deben de ser
aberraciones,
productos de circunstancias desfavorables, de la política, de la
economía, de
«agravios»; de cualquier cosa y de todo, salvo del islam mismo.
Dicho de manera sencilla, si antes no «nos
odiaban» —sino
que eran progresistas y tolerantes—, seguramente algo distinto del
islam ha
«salido mal» desde entonces.
De ahí se advierte la importancia de salvaguardar
y
patrocinar la narrativa actual de un islam históricamente «avanzado»
frente a
una Europa históricamente «atrasada» e «intolerante».
Yo mismo experimenté de primera mano —y de manera
dramática—
en 2019 hasta qué punto es importante controlar esta narrativa para los
musulmanes políticamente activos y sus aliados. Relatar esta historia,
bastante
reveladora, quizá subraye mejor la trascendencia de todo ello:
En 2019, el Colegio de Guerra del Ejército de los
Estados
Unidos (U.S. Army War College) me invitó a dar una conferencia sobre el
primero
de los libros de mi trilogía histórica, Sword and Scimitar: Fourteen Centuries
of War between
Islam and the West. Como respuesta, el Consejo de
Relaciones
Americano-Islámicas, «CAIR» —un coconspirador no imputado
en el mayor caso
de financiación del terrorismo de la historia de los Estados Unidos— y
sus
aliados izquierdistas lanzaron lo que entonces se describió como un
ataque «sin
precedentes» contra mí y contra el Colegio de Guerra.
En dos ocasiones distintas
emitieron
comunicados de prensa y peticiones histéricas (que presentaban al
Colegio de
Guerra —e incluso a mí, egipcio de etnia— como «supremacistas
blancos»), y
realizaron varias llamadas directas al director del Colegio de Guerra y
se
reunieron con él, todo ello con el fin de lograr que se cancelara mi
conferencia.
Lo consiguieron.
Pero solo de manera temporal, gracias en parte a
la National
Association of Scholars, que envió una carta de petición al
presidente Donald
Trump —firmada por más de cinco mil personas, en su mayoría académicos
vinculados a universidades—, y a otra carta, firmada por diez
congresistas
estadounidenses, que también me brindaron su apoyo.
Además, tal como explicó Allen West —teniente
coronel
retirado del Ejército de los Estados Unidos y antiguo miembro de la
Cámara de
Representantes—, quien también acudió en mi apoyo y, entre otras
cosas, escribió que
«Raymond Ibrahim es un estudioso muy inteligente de la historia y de la
guerra
civilizatoria del yihadismo islámico», «ni una sola frase de su
reciente
proyecto literario [Sword and Scimitar] fue mencionada por estos
islamofascistas» como errónea.
En otras palabras, y como cabía esperar, dado que
CAIR y sus
aliados woke no pudieron encontrar ningún fallo en mi historia,
recurrieron al ad hominem.
Al final, tras ser públicamente avergonzado por
haber
capitulado, el Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos me volvió a invitar a dar
la conferencia en
2020 (para lo sucedido después, véase aquí y aquí).
Sin embargo, ¿por qué lanzaron CAIR y sus
aliados
semejante ataque contra mí en primer lugar, sobre todo teniendo en
cuenta que
no respondieron de manera similar a mis otros libros, sobre los que
también di
conferencias en otros ámbitos prestigiosos, libros que trataban temas
potencialmente más incendiarios contra el islam (por ejemplo, Crucified Again: Exposing Islam's New
War on Christians
y The Al Qaeda Reader)?
¿Por qué, en cambio, arremetieron contra un libro
que
giraba, nada menos, en torno a la historia militar medieval —y
con tal
vehemencia que, en un momento dado, llegaron a insistir
desesperadamente en
que, si se me permitía dar una conferencia sobre el tema en el Colegio de
Guerra,
los militares estadounidenses se enfurecerían hasta el punto de empezar
a
masacrar a los musulmanes nada más verlos?
Porque ellos también saben lo que estaba en
juego; ellos
también saben que «quien controla el pasado» —algo que están decididos
a seguir
haciendo— «controla el futuro».
Mientras los pueblos de Occidente acepten como
primera
premisa que el islam fue históricamente una fuerza avanzada, ilustrada
y
tolerante —especialmente en comparación con Europa—, todas las cosas
violentas
y terribles que se cometen hoy en su nombre habrán de atribuirse a
otros
factores —disputas territoriales, agravios, economía, educación,
política—,
nunca al islam mismo.
Cabe admitir que tal lógica es sólida, pero solo
mientras su
primera premisa no sea cuestionada.
Para quienes, en cambio, llegan a conocer la verdadera historia
del islam frente a Occidente, no hay ningún «¿por qué
nos
odian?» ni «¿qué salió mal?» que zanjar con explicaciones.
Por el contrario, todo cobra perfecto sentido: el
presente del islam concuerda con su pasado. Librar la yihad contra
los no
musulmanes y subyugarlos, matar a los blasfemos y a los apóstatas,
abusar
sexualmente de las mujeres infieles y esclavizarlas, todo ello forma
parte del
islam en el presente, no debido a circunstancias especiales, sino
porque siempre
ha formado parte del islam, desde el primer día.
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