La mafia de
Alá
RAYMOND IBRAHIM
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Diez paralelismos llamativos —muchos de ellos rara
vez advertidos— entre el islam y el crimen organizado.
A lo largo de los años, diversas personas
han comparado de manera independiente el islam con la mafia. Durante un debate
celebrado en 2014 en el programa Real Time de HBO, Bill Maher describió
célebremente el islam como «la única religión que actúa como la mafia, que te
matará sin contemplaciones si dices algo equivocado, haces el dibujo equivocado o
escribes el libro equivocado».
En 2021, la Grace Baptist Mission de Gran
Bretaña, refiriéndose específicamente a los peligros a los que se enfrentan los
musulmanes que se convierten al cristianismo, ofreció una formulación aún más concisa: «El islam
es como la mafia: puedes entrar, pero no puedes salir».
En 2022, el activista bangladesí exmusulmán
Arifur Rahman describió las comunidades musulmanas
como «sistemas autónomos» cuyos abusos internos permanecen ocultos para las
sociedades que las rodean: «No sabemos qué ocurre dentro», dijo. «Es casi como
la mafia».
Quizá lo más revelador sea que fueron los
propios musulmanes quienes utilizaron la comparación al amenazar a un apóstata
egipcio entrevistado para el estudio académico de 2024 Leaving Islam: Ex-Muslims and Zemiology.
«¿Sabes lo que es la mafia?», le preguntaron. «Ahora mismo simplemente existes;
dentro de diez minutos ya no existirás y nadie sabrá qué te ha pasado».
Posteriormente, él y su hija se vieron obligados a huir de Egipto.
La mayoría de quienes comparan el islam con
la mafia señalan los mismos uno o dos paralelismos: asesinar a los críticos o
castigar a los desertores. En realidad, existen al menos diez paralelismos, y
algunos de los más reveladores rara vez, si acaso alguna vez, son advertidos.
1.
Muerte a los traidores
Una vez que un miembro novato de la mafia
presta el juramento de lealtad a la mafia —incluido el código de silencio y
secreto de la omertà—, intentar abandonar la «familia» se considera una
traición y se castiga con la muerte. A cualquier miembro de la familia, grande
o pequeño, se le reconoce la autoridad para matar al traidor, al «renegado».
Compárese esto con el islam. Nacer de un
padre musulmán convierte inmediatamente al recién nacido en musulmán: no hay
juramentos que prestar, y mucho menos posibilidad alguna de elección al
respecto. Y, según la ley islámica, si quienes han nacido musulmanes deciden en
algún momento de su vida abandonar el islam, son considerados «apóstatas»
—traidores— y castigados, incluso con la muerte. Cualquier musulmán celoso, no
solo las autoridades, está legitimado para matar al apóstata (de ahí que las
familias musulmanas que matan a hijos apóstatas rara vez, si es que alguna vez,
sean procesadas).
En palabras de Mahoma —el fundador del
islam—: «A quien abandone su fe islámica, matadlo».
2. La
extorsión de la «protección»
Una vez que la mafia se hace con el control
de un territorio, una de sus principales formas de obtener beneficios consiste
en cobrar «dinero por protección» a sus habitantes. Aunque la extorsión por
protección presenta varios aspectos, uno de ellos guarda semejanza con una
práctica islámica: obligar a las personas del territorio de la mafia a pagar
dinero por «protección», supuestamente frente a elementos externos; en
realidad, la protección que se compra es frente a la propia mafia, es decir,
dinero de extorsión, o pizzo. A los posibles «clientes» que se niegan a pagar
por la «protección» de la mafia se les suele vandalizar la propiedad y se les
amenaza y acosa de manera habitual.
Compárese el cobro del pizzo con el cobro
de la yizia islámica: la palabra yizia aparece en el Corán 9,29: «Combatid a
aquellos de entre la Gente del Libro [cristianos y judíos] que no creen en Alá
ni en el Último Día, ni prohíben lo que Alá y su Mensajero han prohibido, ni
abrazan la religión de la verdad, hasta que paguen la yizia con sumisión
voluntaria y se sientan sometidos».
Del mismo modo, en los hadices, Mahoma
exhorta regularmente a los musulmanes a exigir la yizia a los no musulmanes:
«Si se niegan a aceptar el islam», ordenó, «exigidles la yizia. Si aceptan
pagarla, aceptadla de ellos y no levantéis la mano contra ellos. Si se niegan a
pagar la yizia, buscad la ayuda de Alá y combatidlos».
El significado raíz de la palabra árabe
«yizia» es simplemente «devolver» o «recompensar», básicamente «compensar» por
algo. Según el Hans Wehr Dictionary, el diccionario normativo árabe-inglés, la
yizia es algo que «ocupa el lugar» de otra cosa o que «sirve en su lugar».
(Artículo completo sobre la yizia aquí).
En resumen, los no musulmanes conquistados
debían comprar sus vidas, que de otro modo quedaban a merced de sus
conquistadores musulmanes, con dinero. Como lo expresa sucintamente un jurista
medieval, «sus vidas y sus bienes solo están protegidos en virtud del pago de
la yizia».
Y, para rematar, del mismo modo que la
mafia racionaliza el cobro del «dinero por protección» presentándolo como
dinero que compra protección de la mafia frente a los «de fuera» —cuando, como
se ha señalado, el dinero/tributo solo sirve para proteger al cliente de la
propia mafia—, los apologistas del islam presentan asimismo el cobro de la yizia como dinero destinado a comprar
protección musulmana frente a los de fuera, cuando en realidad el dinero/la
yizia compra protección frente a los propios musulmanes.
3.
Asesinatos selectivos
El padrino, a través de su lugarteniente,
envía regularmente a hombres de la mafia a realizar «trabajos» —a asesinar— a
quienes considera enemigos de la familia.
Así lo hicieron también Alá y su mensajero.
Un ejemplo: un poeta no musulmán, Ka‘b ibn Ashraf, insultó a Mahoma, lo que
llevó a este a exclamar: «¿Quién matará a este hombre que ha ofendido a Alá y a
su mensajero?». Un joven musulmán llamado Ibn Maslama se ofreció voluntario con
la condición de que, para acercarse lo suficiente a Ka‘b como para asesinarlo,
se le permitiera mentir al poeta.
El mensajero de Alá aceptó. Ibn Maslama
viajó hasta Ka‘b y comenzó a denigrar el islam y a Mahoma hasta que su
desafección resultó tan convincente que el poeta le confió sus secretos. Poco
después, Ibn Maslama apareció con otro musulmán y, cuando Ka‘b bajó la guardia,
degolló al poeta, llevando su cabeza a Mahoma entre gritos triunfales de
«¡Alahú Akbar!».
4.
«Una oferta que no puedes rechazar»
Aunque la novela convertida en película, El
padrino, es ficticia, también refleja buena parte del modus operandi de la
mafia. Considérese, por ejemplo, la más famosa de sus frases —«Voy a hacerte
una oferta que no podrás rechazar»—, pronunciada por el Padrino a uno de sus
«ahijados», un aspirante a actor y cantante. Después de que el director de un
estudio rechazara el papel que deseaba desesperadamente, el ahijado acudió a su
Padrino en busca de ayuda.
A medida que avanza la película, queda
claro que la oferta que no puede rechazarse no consiste en otra cosa que en
violencia y amenazas de muerte: después de que el mensajero del Padrino vuelva
a ser rechazado por el director cuando le pide que conceda el papel al actor,
el director se despierta a la mañana siguiente y encuentra en su cama la cabeza
ensangrentada y decapitada de su caballo favorito. Posteriormente, el ahijado
obtiene el papel en la película.
A lo largo de toda la trilogía de El
padrino (que refleja bien la manera de hacer negocios de la mafia), hacerle a
alguien «una oferta que no puede rechazar» significa «haz lo que te digo o
sufre las consecuencias», posiblemente la muerte.
Compárese esto con la triple elección del
islam. Por orden de Mahoma, cada vez que los musulmanes conquistan un
territorio en nombre del islam, sus habitantes no musulmanes reciben tres
opciones: 1) convertirse al islam («unirse a la familia»); 2) conservar su
identidad religiosa, pero pagar un tributo (la yizia, véase más arriba) y vivir
como uno «de fuera», un dimmi sometido; o 3) enfrentarse a la muerte.
A lo largo de la historia, convertirse al
islam ha sido una «oferta» que innumerables no musulmanes no pudieron rechazar.
De hecho, esta «oferta» fue responsable de transformar gran parte de Oriente
Medio y el norte de África, que eran de mayoría cristiana en el siglo VII,
cuando la yihad irrumpió desde Arabia, en el «mundo musulmán».
Y esta oferta sigue vigente hoy. Por
ejemplo, varios cristianos ancianos y discapacitados que no pudieron sumarse al
éxodo de los territorios controlados por el Estado Islámico optaron por
convertirse al islam en lugar de morir.
Así pues, al igual que la mafia, la oferta
del islam a los no musulmanes conquistados («los de fuera») es básicamente:
«únete a nuestra ‘familia’, ayúdanos y nosotros te ayudaremos; recházanos y te
haremos daño».
5.
Lealtad al clan
La lealtad es fundamental en la mafia. Tras
elaborados rituales de juramentos de sangre, se espera que los miembros de la
mafia mantengan una lealtad absoluta a la familia, bajo pena de muerte.
Del mismo modo, se espera que los miembros
de la mafia estén siempre disponibles para la familia —«incluso si tu esposa
está a punto de dar a luz», como establece uno de los «diez mandamientos» de la
mafia— y que defiendan al padrino y su honor, aunque ello les cueste la vida.
Compárese esto con la violencia y los
disturbios generalizados que se producen cuandoquiera que se ofende a Alá o a
su profeta —cuando los no musulmanes los «blasfeman»—. O, para reiterar las
palabras de Bill Maher: «Es la única religión que actúa como la mafia, que te
matará sin contemplaciones si dices algo equivocado, haces el dibujo equivocado o
escribes el libro equivocado».
La doctrina islámica de al-wala’ wa’l-bara’
(«Lealtad y enemistad») —que exhorta a los musulmanes a ser leales unos a otros
incluso si se desagradan mutuamente— resulta especialmente ilustrativa. El
Corán 9,71 declara que «Los hombres creyentes [musulmanes] y las mujeres
creyentes [musulmanas] son aliados unos de otros» (véase también 8,72-75). Y,
según Mahoma, «Un musulmán es hermano de otro musulmán. No lo oprime, ni lo
humilla, ni lo desprecia… Todas las cosas de un musulmán son inviolables para
su hermano en la fe: su sangre, sus bienes y su honor», precisamente esas tres
cosas que los miembros de la mafia respetan entre sí.
Precisamente por eso los musulmanes que
sirven en el ejército de Estados Unidos, como el mayor del Ejército Nidal
Hasan, cuya «peor pesadilla» era ser destinado a luchar contra otros
musulmanes, a menudo reaccionan violentamente.
6.
Desconfianza y rechazo de «los de fuera»
Además de la lealtad a la familia, también
se espera de los miembros de la mafia que no entablen amistad ni se relacionen
libremente con «los de fuera» —quienes, por naturaleza, no deben ser
considerados dignos de confianza, puesto que no pertenecen a la «familia»—,
salvo que esa «amistad» contribuya a mejorar la posición de la familia.
Del mismo modo, la segunda mitad de la
doctrina de la Lealtad y Enemistad —la enemistad (al-bara’)— exhorta a los
musulmanes a mantener la distancia y sentir enemistad hacia todos los no
musulmanes, o «infieles».
Así, el Corán 5,51 advierte a los
musulmanes contra «tomar a los judíos y cristianos como amigos y aliados…
quienquiera de vosotros que los tome como amigos y aliados es ciertamente uno
de ellos». Según la exégesis islámica mayoritaria de al-Tabari, el Corán 5,51
significa que el musulmán que «se alía con ellos [los no musulmanes] y los
ayuda contra los creyentes, ese mismo es miembro de su fe y de su comunidad»,
es decir, un desertor, un apóstata, un enemigo.
Textos similares incluyen el Corán 4,89; 5,54;
6,40; 9,23 y 58,22; este último simplemente afirma que los verdaderos
musulmanes no entablan amistad con los no musulmanes, «aunque sean sus padres,
hijos, hermanos o parientes». El Corán 60,1 declara: «¡Oh, creyentes! No toméis
a mi enemigo y a vuestro enemigo [los no creyentes] como amigos: ¿les
ofreceríais amor mientras niegan lo que os ha llegado de la verdad [es decir,
mientras niegan el islam]?». Y el Corán 4,144 declara: «¡Oh, creyentes! No
toméis a los infieles como aliados en lugar de a los creyentes. ¿Queréis
proporcionar a Alá una prueba clara contra vosotros mismos?»
7.
Engaño y disimulo
Se fomentan las relaciones estrechas con
individuos ajenos a la mafia que resulten ventajosas para la familia (por
ejemplo, la colaboración con un «policía corrupto»), siempre que la mafia
mantenga una distancia prudente y conserve su tradicional distancia respecto de
los «de fuera», cuando no su desprecio hacia ellos.
Compárese esto con el Corán 3,28, que
ordena a los «creyentes no tomar a los infieles como amigos y aliados en lugar
de a los creyentes… salvo que os protejáis de ellos, tomando precauciones».
Según el comentario oficial del Corán de al-Tabari, «tomar precauciones»
significa:
«Si vosotros [los musulmanes] estáis bajo su
[de los no musulmanes] autoridad, temiendo por vosotros mismos, mostraos leales
a ellos con la lengua mientras albergáis una animadversión interior hacia
ellos… [pero sabed que] Alá ha prohibido a los creyentes ser amigos o mantener
relaciones íntimas con los infieles en lugar de con otros creyentes, excepto
cuando los infieles estén por encima de ellos [en autoridad]. Si ese fuera el
caso, que se muestren amistosos con ellos mientras preservan su religión.»
Después de interpretar el Corán 3,28 en el
sentido de que los musulmanes pueden «protegerse» «mediante una apariencia
externa» cuando están bajo autoridad no musulmana, Ibn Kathir, quizá el exégeta
más célebre del islam, cita al profeta del islam diciendo: «En verdad,
sonreímos a la cara de algunas personas, mientras nuestros corazones las
maldicen».
Del mismo modo, hace unos años, el jeque
Muhammad Hassan —un destacado clérigo salafista de Egipto— afirmó en televisión
en directo que, aunque los musulmanes nunca deberían sonreír a la cara de los
no musulmanes, sí deberían sonreír, por insinceramente que fuera, si hacerlo
ayuda a fortalecer el islam, especialmente en el contexto de la da‘wa.
La idea de odiar a los «de fuera» está
al parecer tan arraigada en el islam que otro destacado clérigo salafista,
el Dr. Yasser al-Burhami, sostiene que, aunque los hombres musulmanes pueden
casarse con mujeres cristianas y judías, deben odiarlas en su corazón y
mostrarles que las odian con la esperanza de que se conviertan a la «familia»
del islam.
8.
Alá y Mahoma/Padrino y lugarteniente
El padrino de las organizaciones y familias
mafiosas más grandes —literalmente, el «padrino» o «jefe de jefes»— tiene un
control absoluto sobre sus subordinados y estos suelen temerlo enormemente por
su crueldad. Tiene un «lugarteniente», un hombre de confianza que transmite sus
órdenes y hace cumplir su voluntad. El propio padrino suele ser inaccesible;
los miembros de la mafia necesitan pasar por el lugarteniente u otros asociados
de alto rango.
Compárese esto con la relación entre Alá y
su «mensajero», Mahoma (en árabe, Mahoma recibe habitualmente el nombre de
al-rasul, «el mensajero»). A diferencia del Dios judeocristiano —un Dios
personal, un Padre, con quien, según Cristo, se puede comunicar directamente
(Mateo 6,9)—, el dios del islam, Alá, es inaccesible, incognoscible e
intocable. Al igual que el padrino, es inaccesible. Sus órdenes son reveladas
por su mensajero, Mahoma.
Si Dios llama a los fieles a «venid ahora,
razonemos juntos» (Isaías 1,18), Alá dice: «No preguntéis acerca de cosas que,
si se os dieran a conocer, solo os causarían dolor» (Corán 5,101). Simplemente,
seguid las órdenes.
9.
«Una parte del botín»
El padrino y su lugarteniente siempre
reciben «una parte del negocio» —un «porcentaje»— de todo el botín adquirido
por sus subordinados.
Lo mismo hacen Alá y su mensajero, Mahoma.
El Corán 8,41 informa a los musulmanes de que «una quinta parte de todo el
botín de guerra que adquiráis corresponde a Alá y al mensajero» (seguido por la
familia de Mahoma y, finalmente, los necesitados).
10.
Las circunstancias lo son todo
Mientras que la mafia se atiene a un código
general de conducta, el padrino dicta órdenes más flexibles según las
circunstancias.
Esto recuerda a toda la «revelación» del
Corán, en la que versos/mandatos posteriores contradicen versos/mandatos
anteriores, dependiendo de las circunstancias (conocido en la jurisprudencia
islámica como al-nāsikh wal-mansūkh, o doctrina de la abrogación).
Así pues, aunque Alá declaró que «no hay
coacción en la religión» (Corán 2,256), a medida que aumentaba el poder de
Mahoma, las revelaciones llamaron cada vez más a la guerra hasta que el islam
prevaleciera o los no musulmanes se sometieran al dominio islámico (Corán 8,39;
9,5; 9,29, etc.). Algunas autoridades musulmanas clásicas sostenían que los
versículos posteriores sobre la yihad abrogaban o restringían el principio
anterior; otras mantenían que «no hay coacción» prohibía únicamente la
conversión forzosa, no la guerra, la conquista o el sometimiento de los no
musulmanes.
Conclusión.
La mafia: ¿qué hay en una palabra?
¿Qué explica todas estas similitudes entre
el islam y la mafia? Una pista intrigante puede encontrarse en la propia
Sicilia —cuna de la mafia—, que estuvo bajo dominación árabe e islámica durante
más de dos siglos. Algunos incluso hacen derivar la palabra mafia del árabe
mahyas, que significa «jactancia agresiva», «bravuconería» o «fanfarronería»,
aunque su etimología precisa sigue siendo objeto de debate.
¿Podrían los sicilianos autóctonos haber
absorbido algunos de los métodos de intimidación, tributo, solidaridad clánica
y control social practicados por sus antiguos señores musulmanes,
reproduciéndolos posteriormente sin su revestimiento islámico original?
Tampoco la mafia es el único fenómeno
criminal con posibles vínculos islámicos.
La palabra asesino deriva de los hashashin medievales, una secta ismailí nizari célebre por sus asesinatos
políticos.
Los thuggees de la India, de quienes
procede la palabra thug [matón, en inglés], incluían a muchos musulmanes, y algunas tradiciones
remontan sus orígenes a bandas musulmanas.
Sea como fuere, el argumento aquí
presentado no depende de ninguna de estas conexiones hipotéticas.
El punto principal es que el islam y la
mafia operan de acuerdo con la misma lógica primordial y clánica, dividiendo el
mundo entre los de dentro y los de fuera, la lealtad y la traición, la sumisión
y la resistencia.
Eliminando las diferencias terminológicas,
el parecido resulta inconfundible: se exige lealtad, se castiga la deserción,
se subordina y explota a los de fuera, y la resistencia se encuentra con
represalias.
La mafia hace esto en nombre de su padrino. El islam lo hace en nombre de Alá.
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