Orígenes del
islam: el tabú musulmán
HOCINE KERZAZI
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Numerosos musulmanes siguen
sin percatarse de que una
revolución copernicana está barriendo el campo de los estudios
históricos sobre
los primeros tiempos del islam. Ese tabú les priva de una comprensión
razonada
de su historia y no hace justicia a las transformaciones en curso en
este
ámbito. Sin embargo, solo explica en parte por qué existen semejantes
divergencias entre el relato histórico islámico y los nuevos
conocimientos
sobre los orígenes del islam y del Corán.
Convendría, pues, analizar a
fondo cómo se difunden estas
nuevas investigaciones, cómo son recibidas y de qué modo podrían
articularse
con el relato islámico; así como hacer balance de la recepción y el uso
que
hacen de los resultados de la investigación los hombres y las mujeres
que encarnan
públicamente un discurso musulmán en Francia. Y ello tanto más cuanto
que los
conocimientos recientemente adquiridos sobre este asunto, también de
proporciones considerables, afrontan un verdadero obstáculo en su
difusión.
Los avances de la
investigación
¿Encontraremos algún día, en los
meandros de la historia
humana, una prueba manifiesta e irrefutable que establezca con certeza
cuáles
son los orígenes históricos del islam? La historia lo dirá. Pero ya
disponemos
de un conjunto de pruebas e indicios suficientemente denso y
convergente para
establecer hechos cuyo análisis socava las convicciones musulmanas más
profundas.
Mencionemos, por ejemplo,
ciertos estudios, como el de los
manuscritos de Saná —algunos de cuyos ejemplares más antiguos indican
que el
Corán procede de un trabajo editorial[i]—;
como ciertas investigaciones sobre los testimonios no musulmanes
contemporáneos
de Mahoma y de la conquista árabe[ii];
como esos estudios coránicos que establecen que los «naṣārā» coránicos
no eran
«cristianos», sino fieles del «pueblo de la Torá»[iii];
como el estudio del contexto político-religioso de la Siria de
comienzos del
siglo VII, que fue posiblemente el foco real del nacimiento del islam[iv];
como el de los vestigios arqueológicos del caravasar de los Quraysh
excavados
en Siria[v];
como
el de los orígenes sirios de la primera comunidad de los Emigrantes[vi];
como el del papel capital de los «judíos» en la toma de Jerusalén
(637-638),
comprometidos conjuntamente con los árabes según atestiguan los
testimonios de
la época[vii];
como el del proyecto de reconstrucción del Templo de Jerusalén en esa
misma
época por esos mismos conquistadores[viii];
como el de los fundamentos siroarameos del texto coránico[ix],
etc. Todos estos avances chocan con el escenario tradicional musulmán
de los
orígenes y están conociendo una dinámica de difusión inédita en los
últimos
años entre el gran público.
Una dinámica de difusión
La publicación de amplio eco, a
finales de 2019, del Coran
des historiens es una ilustración notable de ello: fruto de un
colosal
proyecto universitario dirigido por Mohammad Ali Amir-Moezzi, director
de
estudios en la EPHE, y Guillaume Dye, profesor de estudios islámicos en
la
Universidad Libre de Bruselas, este monumento de la islamología trazaba
un
estado de la cuestión de la investigación sobre el Corán. En él
diseccionaba su
contexto de producción y ofrecía una lectura histórico-crítica inédita
de cada
una de las 114 suras. Saludado por la crítica especializada y la prensa
generalista, el mismo colectivo de universitarios regresa hoy con una Histoire
du Coran (2022): se trata de una obra que retoma los estudios
presentados
en el primer volumen del Coran des historiens, actualizados en
algunos
casos y ampliados con dos nuevas contribuciones[x].
En realidad, la intención es
ofrecer al público el análisis
histórico-crítico desarrollado en el voluminoso y costoso estuche de Coran
des historiens de manera más práctica y asequible. La veintena de
especialistas de renombre internacional prolonga así su examen del
contexto
histórico, político, religioso y cultural contemporáneo a la irrupción
del
Corán en la historia humana, en el cruce de numerosas tradiciones y
religiones
de la Antigüedad tardía. Ajenas a toda aproximación confesional, esta
suma
histórico-crítica favorece un acercamiento racional a los textos
fundadores del
islam e invita a las personas de buena voluntad a aproximarse un poco
más a la
«verdad histórica».
Un déficit de articulación
A pesar de la amplitud de esta
empresa de divulgación sin
precedentes, no existe una síntesis verdadera de los trabajos sobre los
orígenes del islam que colmara el déficit de articulación que se
establece
entre disciplinas hiperespecializadas. El notable Coran des
historiens[xi]
mencionado más arriba reúne contribuciones ciertamente ricas y
abundantes, pero
no permite ofrecer una perspectiva global, debido especialmente a la
diversidad
de enfoques y ámbitos estudiados, ni explicar de manera generalista la
aparición del islam en la historia[xii].
Los estudios presentados responden a exigencias disciplinarias muy
elevadas y
precisas sobre aspectos aislados, y no ofrecen, pues, un marco teórico
capaz de
proporcionar una visión de conjunto. Esta ausencia de síntesis
dificulta un
aprovechamiento pedagógico de cara al gran público. Sin embargo, como
se ha
indicado anteriormente, las conclusiones ofrecidas por estos estudios
críticos
aportan, cada uno en su especialidad, elementos que chocan frontalmente
con el
relato tradicional de los orígenes.
Del mismo modo, los colegas que
estudian la actualidad no
explotan prácticamente los resultados de las investigaciones
histórico-críticas
que tratan de los orígenes del islam. Sería sin embargo saludable que
quienes
estudian los fenómenos musulmanes contemporáneos pudieran apropiarse de
los
resultados de los trabajos críticos sobre los comienzos del islam, a
fin de
interrogar la pretensión a la historicidad de un discurso musulmán
contemporáneo que confunde acto de fe y hechos históricos. Se constata
así la
ausencia de un enfoque transversal capaz de articular los conocimientos
adquiridos. El «imaginario» salafista que describe muy justamente
Bernard
Rougier en su última obra[xiii]
no
es, por ejemplo, casi nunca objeto de lecturas críticas, cuando el
referencial
«histórico» de los salafistas se articula en torno a imperativos
confesionales
y elementos de doctrina importantes que merecerían ser discutidos desde
el
punto de vista de la historicidad[xiv].
Un déficit de recepción
Interrogar la recepción de los
resultados de la
investigación en contexto musulmán permitiría evaluar con mayor
profundidad el
prejuicio según el cual los avances histórico-críticos no interesan a
los
principales actores de esa comunidad. A la espera de un estudio
exhaustivo
sobre este punto, que la presente contribución no puede por desgracia
abordar,
el examen de sus diversas actividades de predicación pone al
descubierto una
visión fantasiosa de la génesis de su religión. Esta idealización del
pasado
parece ser la única capaz de validar ciertos presupuestos de la fe
musulmana
suní: conservación milagrosa del Corán, relato fiel de los hechos y
gestos del
profeta del islam[xv],
etc. Así, los resultados
de la investigación sobre los orígenes del islam, aunque reciban amplio
eco en
la prensa, son habitualmente silenciados cuando no rechazados por los
responsables comunitarios.
Hasta la fecha, solo un artículo
publicado en el sitio
Mizane.info[xvi]
por un internauta que
escribe bajo seudónimo ha ofrecido un comentario apologético del Coran
des
historiens con el fin de demostrar la islamocompatibilidad de los
trabajos
histórico-críticos, a la manera de lo que ya propone el historiador
autodidacta
Ahmed Amine[xvii].
Existe el intento de
Michaël Privot (antiguo hermano musulmán convertido al islam) en su
libro Mais
au fait qui était vraiment Mahomet? (2018), que presenta el interés
de
relativizar y criticar el relato tradicional a la luz de las
investigaciones
históricas. Sin embargo, al igual que Ahmed Amine, el autor detiene su
crítica
en cuanto esta podría poner en cuestión los presupuestos fundamentales
de la fe
musulmana vinculados, entre otras cosas, a la persona del profeta del
islam, a
su revelación y a la ubicación de La Meca.
Un silencio incómodo
El hecho es que ningún erudito
musulmán ni ninguna autoridad
institucional islámica suní se ha expresado públicamente sobre este
tema. Tariq
Ramadan ha eludido siempre la cuestión: su biografía apologética y
deshistorizada Vie du Prophète (2006) no contiene ninguna nota
a pie de
página que mencione trabajos de investigadores sobre este asunto, y su
ensayo Les
musulmans d'Occident et l'avenir de l'islam (2003) no da cuenta de
ninguna
disciplina histórica, lingüística y filológica en el esquema de las
ciencias
incluido como apéndice. Ousmane Timéra o Hassan Iquioussen —que se
presenta sin
embargo como historiador— prefieren la negación[xviii],
al igual que Marwan Muhammad y Mohammed Bajrafil, quien abogaba antaño
por una
lectura del Corán «con los ojos del siglo XXI»[xix].
Los imanes salafistas como Rachid Eljay o Eric Younous no son mucho más
locuaces sobre este asunto, a pesar de su hiperactividad en las redes
sociales.
Los principales actores del
islam francófono parecen así
escasamente concernidos por los hechos históricos, lo que lleva a
Mohammed Ali
Amir-Moezzi a evocar el «abismo» que separa al «erudito filólogo»
versado en el
estudio crítico de los textos[xx],
y
la comprensión que de esos textos tienen los creyentes musulmanes. Se
le suma
en esto Hugo Micheron[xxi],
quien reclama «comprender de dónde procede el yihadismo para saber
hacia dónde
va» y afirma la necesidad de una mirada histórica de conjunto sobre las
tradiciones musulmanas que nutren la esperanza mesiánica de los
discursos
terroristas.
Conclusión
Frente a los avances
absolutamente mayúsculos de los que da
cuenta la investigación histórica, los líderes musulmanes franceses no
parecen
tener más que su negación para oponer. Un tabú que raya en lo grotesco,
pero
que no sorprende en absoluto, habida cuenta de que esos descubrimientos
invalidan el escenario musulmán de los orígenes.
Si bien es posible, en una
aproximación creyente, asumir
como válida la tradición musulmana tardía, se espera hoy de los
responsables
comunitarios que se entreguen a un ejercicio crítico elemental sobre el
tema.
Pues en el estado actual de las cosas, no puede sino constatarse que la
mayoría
se limita a una actitud de negación primaria que no sirve a su ambición
de
verdad, y a un ataque sistemático contra lo que juzgan ser una empresa
de
mentiras, manipulaciones o islamofobia.
Confiemos en que se abran un día
a estos descubrimientos y
en que las nuevas investigaciones sean tomadas en consideración por
ellos en el
marco de una aproximación actualizada y más profunda de las cuestiones
problemáticas contenidas en el Corán y de su dimensión mesiánica
fundamental. Y
ello cuando semejante aproximación es más necesaria que nunca habida
cuenta de
los retos de moral, cohesión nacional y seguridad pública a los que se
enfrenta
Francia en estas últimas décadas.
[i]Hanane Harrath, «L'inavouable vérité des
manuscrits de Sanaa», Le
Courrier de l'Atlas, n.º 24, 16 de marzo de 2009. Véanse asimismo los
manuscritos denominados de Tubinga
(http://www.islamicawareness.org/Quran/Text/Mss/soth.html) y de
Wetzstein II
1913
(http://www.corpuscoranicum.de/handschriften/index/sure/89/vers/7/handschrift/163).
[ii]Alfred-Louis de Prémare, Les Fondations de
l'islam. Entre écriture et
histoire, Le Seuil, 2002.
[iii]Exégesis lexicológica realizada por André
Moussali y Edouard-Marie
Gallez, Le messie et son prophète : aux origines de l'islam, op. cit.
[iv]Patricia Crone, «How Did the Quranic Pagans
Make a Living?», op. cit.;
Christian Robin, «La péninsule arabique à la veille de la prédication
muhammadienne», en Thierry Bianquis, Pierre Guichard y Mathieu Tillier
(dirs.),
Les débuts du monde musulman, VIIe–Xe siècle. De Muhammad aux dynasties
autonomes, Presses universitaires de France, col. «Nouvelle Clio»,
2012, p. 28;
cf. documental The Sacred City de Dan Gibson.
[v]Topographie historique de la Syrie antique et
médiévale, Geuthner 1927:
este caravansar figuraba todavía en el mapa de Siria elaborado en 1927
por René
Dussaud bajo el nombre de Khân el-Qurashiyé. La presencia de estos
Quraysh en
la región es señalada por el cronista sirio Narsai (siglo V), quien se
quejaba
de las terribles razias lanzadas por esta tribu.
[vi]Frédéric Imbert, «L'Islam des pierres:
l'expression de la foi dans les
graffiti arabes des premiers siècles», op. cit.
[vii]Alfred-Louis de Prémare, Les Fondations de
l'islam. Entre écriture et
histoire, op. cit.
[ix]Catherine Pennacchio, «Les emprunts lexicaux
dans le Coran», Bulletin
du Centre de recherche français à Jérusalem, p. 31 [en línea], 22 |
2011,
publicado el 1 de abril de 2012, consultado el 26 de mayo de 2017;
«Muḥammad
habla "según una lengua árabe clara" (S. 16, 103: "bi-lisānin
ʿarabiyyin mubīn"). Sin embargo, "mubīn" no es un adjetivo sino
un participio activo: "en lengua árabe aclarada", es decir,
interpretada. Los exegetas y juristas de la sunna han defendido
igualmente la
excelencia de la lengua coránica, así Ṭabarī: véase Claude Gilliot,
«Langue et
Coran selon al-Ṭabarī», en Studia Islamica, t. 68, 1988, pp. 79-106»,
en
Olivier Hanne, «Le Coran à l'épreuve de la critique
historico-philologique.
Écueils de l'hypercritique, impasses de la littéralité…», 2017.
[x]Emi Gounelle, «Les écrits apocryphes
chrétiens et le Coran», y Pierre
Larcher, «La langue du Coran».
[xi]Dye, G.; Moezzi, M.-A. (dirs.), Le Coran des
historiens, Éd. du Cerf,
París, 2019, 3408 pp.
[xii]Del mismo modo, cabría mencionar las
contribuciones de Fred Donner,
Gerald Hawting, Robert Hoyland o Stephen Shoemaker, así como las de
Jacqueline
Chabbi o Hicham Djaït, cuya difusión no siempre está a la altura de sus
méritos
(véase bibliografía; y, p. ej., Donner, F., «La question du messianisme
dans
l'islam primitif», Revue des mondes musulmans et de la Méditerranée,
91-94,
2000, pp. 17-28; Hawting, G. R., The First Dynasty of Islam: The
Umayyad
Caliphate A.D. 661-750, Oxon-Nueva York, Routledge, 2000; Hoyland,
Robert G.,
Seeing Islam as others saw it, Princeton, Darwin Press, «Studies in
late
antiquity and early Islam» 13, 2001; Shoemaker, S., The Death of a
Prophet: the
end of Muhammad's life and the beginnings of Islam, 2012; Kerr, Robert,
The
Language of the Koran, 2013; Crone, P., Meccan trade and the rise of
Islam,
Princeton, Princeton University Press, 1987, 300 pp.).
[xiii]Rougier, B., Les territoires conquis de
l'islamisme, PUF, París, 2020.
[xiv]Historicidad de los relatos fundadores,
origen de la lengua árabe,
dogma del Corán increado, enseñanza del creacionismo, rivalidad de
posicionamientos doctrinales del salaf ṣāliḥ y del ahl sunna wa-jamāʿa,
enfrentamientos intramusulmanes, discursos heresiólogos, etc.
[xv]R. Blachère, Introduction au Coran…, p. 27;
Jacqueline Chabbi, Le
seigneur des tribus. L'islam de Mahomet, París, 1997, p. 65: «La
representación
de una fijación del texto coránico en un lapso de tiempo tan breve y
durante un
período tan positivo desde todos los puntos de vista es muy
satisfactoria para
la creencia». Citado por Olivier Hanne, Le Coran à l'épreuve de la
critique
historico-philologique. Écueils de l'hypercritique, impasses de la
littéralité…
[xvi]https://www.mizane.info/le-coran-des-historiens-que-faut-il-en-penser-1-2/
[xvii]https://oumma.com/origines-de-lislam-le-deni-musulman/
[xviii]https://oumma.com/origines-de-lislam-ecueil-du-discours-musulman/
[xix]https://www.liberation.fr/france/2016/02/17/mohamed-bajrafil-coran-alternatif_1434047,
admitiendo en 2016 «no conocer en absoluto» los trabajos
histórico-críticos.
[xx]Documental Jésus et l'islam,
https://youtu.be/JRcKaOq_zUQ.
[xxi]Entrevista concedida al diario Le Monde con
ocasión de la publicación
de su obra Le djihadisme français, Gallimard (Esprits du monde), 2020.
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