El cristianismo en sus comienzos. Tomo I. Jesús recordado
Primera parte. La fe y el Jesús histórico
Capítulo 1. El cristianismo en sus comienzos
JAMES D. G. DUNN
|
RESUMEN
1. Planteamiento e importancia del estudio
Dunn parte de
la convicción de que el cristianismo ha sido la influencia más significativa y
duradera en la configuración del carácter y la cultura de Europa —y, por
extensión, de Occidente— durante los últimos dos milenios. Comprender mejor su
naturaleza y los elementos que dieron tanta fuerza a sus creencias y valores
constituye, por tanto, una tarea histórica fundamental. Dentro de esa empresa,
los comienzos del cristianismo merecen una atención especial: en parte por el
peso intrínseco que toda fuerza religiosa y social tan trascendente tiene para
el historiador, y en parte porque el propio cristianismo considera los primeros
escritos cristianos —el Nuevo Testamento— como definitivos o canónicos para sus
creencias.
El autor
aclara que centrarse en los orígenes no equivale a sostener que solo lo
«original» sea auténtico ni que únicamente la «era apostólica» pueda
considerarse pura. Significa, más modestamente, reconocer la relevancia
continuada de los factores primitivos para entender los rasgos del cristianismo
que han hecho posible su prolongado impacto.
2. Estado de la cuestión: la tradición erudita previa
Dunn ofrece
un panorama de la investigación previa, particularmente en lengua alemana y
francesa. A partir de las influyentes apreciaciones de F. C. Baur (1845, 1854)
y Ernest Renan (1863-1881), surgieron obras de envergadura como las de Carl
Weizsäcker, Alfred Loisy, Maurice Goguel, Eduard Meyer y, especialmente,
Johannes Weiss, cuyo Das Urchristentum (incompleto a su muerte en 1914)
Dunn considera el más afín a su propio proyecto, por su intento de reunir los
frutos de la investigación histórica, literaria y teológica.
La erudición
de lengua inglesa, en cambio, raramente se embarcó en síntesis de ese alcance,
contentándose con tratamientos específicos o introductorios. La gran excepción
reciente es la obra en varios tomos de N. T. Wright, Christian Origins and
the Question of God, con la que Dunn dialogará a lo largo de su trabajo,
manifestando acuerdo general pero también reservas significativas.
3. Razones para una nueva síntesis
El comienzo
del tercer milenio es, para Dunn, una coyuntura idónea para reevaluar dos
siglos de investigación. Tres factores hacen especialmente urgente esta
revisión:
a) La crisis metodológica: el
método histórico-crítico de análisis de fuentes y tradiciones se halla
cuestionado por el posmodernismo en sus diversas formas, y debe ser tratado con
cierta profundidad.
b) Las disciplinas sociocientíficas,
especialmente la sociología, han arrojado abundante luz sobre los textos
neotestamentarios y los orígenes del cristianismo, y sus aportaciones deben
incorporarse críticamente a la visión de conjunto.
c) Los nuevos textos descubiertos
—en particular los manuscritos del Mar Muerto y los códices de Nag Hammadi— han
socavado las viejas hipótesis sobre la diferenciación del cristianismo respecto
a su matriz judía y dentro de la amalgama religiosa del mundo mediterráneo de
los dos primeros siglos.
4. Las tres grandes preguntas
Quien estudia
los comienzos del cristianismo, sostiene Dunn, debe afrontar tres cuestiones
decisivas:
1) ¿Qué había en Jesús que pueda
explicar la huella dejada en sus discípulos y su propia crucifixión?
2) ¿Cómo y por qué el movimiento
surgido de Jesús no permaneció dentro del judaísmo del siglo I y resultó
inaceptable para el emergente judaísmo rabínico?
3) El cristianismo del siglo II,
ya religión predominantemente gentil, ¿era esencialmente el mismo que el del
siglo I, o tenía un carácter significativamente distinto?
5. Los grandes ejes del debate: judaísmo, helenismo y diversidad
La primera
cuestión —el surgimiento del cristianismo desde dentro del judaísmo— fue ya
central para Baur, aunque su formulación reflejaba un triunfalismo decimonónico
chirriante para una sensibilidad postholocausto. La cuestión, sin embargo, ha
resurgido con nueva intensidad en la segunda mitad del siglo XX como uno de los
temas esenciales para entender el período formativo tanto del cristianismo como
del judaísmo.
El final del
siglo XIX trajo a primer plano la cuestión de la «helenización» del
cristianismo primitivo, formulada con claridad por Adolf Harnack y desarrollada
por la escuela de la historia de las religiones. Las consecuencias se
sintetizan en la célebre descripción de Pablo por William Wrede como «el
segundo fundador del cristianismo», el que ejerció la mayor —no la mejor—
influencia, superando incluso a Jesús.
Una
percepción clave del siglo XX, sin embargo, ha sido el reconocimiento de que el
discurrir histórico no admite compartimentaciones nítidas: ya no es fácil
distinguir limpiamente a Jesús del cristianismo helenístico, ni los Padres
Apostólicos de las formas judeocristianas y gnóstico-heréticas. Walter Bauer
(1934) sostuvo que las formas primitivas del cristianismo en varios centros
mediterráneos pudieron consistir en lo que la ortodoxia posterior llamaría
«herejía». Robinson y Koester, a la luz de Nag Hammadi, extendieron esta tesis
al siglo I, planteando si existió alguna vez una sola forma de cristianismo, y
si el del Nuevo Testamento es solo el depósito de la forma que perduró frente a
otras rivales.
6. Estructura de la obra
El
cristianismo en sus comienzos pretende ofrecer, en tres volúmenes, una
descripción y análisis integrales —histórico, teológico, social y literario— de
los primeros ciento veinte años del cristianismo, aproximadamente entre los
años 27 y 150 d. C.
Tomo I. Jesús recordado.
Gira en torno a Jesús. La Primera Parte revisa la «búsqueda del Jesús
histórico» y sostiene que las tradiciones evangélicas ofrecen un retrato claro
de Jesús tal como era recordado. La Segunda Parte analiza las fuentes y el
contexto histórico; el rasgo más característico será reevaluar la importancia
de la tradición oral y argumentar que los evangelios sinópticos atestiguan una
continuidad y estabilidad mayores de lo habitualmente aceptado. Las Partes
Tercera a Quinta abordarán los grandes temas de la misión de Jesús, qué
pensaban de él sus oyentes, qué pensaba él de sí mismo y por qué fue
crucificado.
Tomo II. Comenzando desde Jerusalén. Empezará con la búsqueda de la «comunidad primitiva» y la evaluación de
fuentes (Hechos, evangelios y epístolas), examinará el carácter de la antigua
secta de los nazarenos dentro del sectarismo del judaísmo del Segundo Templo,
su expansión, y dedicará atención central a Pablo, cuya figura debe situarse en
el contexto más amplio de la secta nazarena «partiendo de Jerusalén». La muerte
de Pablo y el inicio de la primera rebelión judía (66 d. C.) apuntan al año 70,
fecha de la destrucción del templo, como terminus ad quem natural.
Tomo III. Ni judío ni griego. Cubrirá aproximadamente la segunda y tercera generaciones del
cristianismo (70-150 d. C.). El año 150, propuesto ya por Weiss como límite,
debería bastar para colmar la laguna entre el Nuevo Testamento y el
cristianismo posapostólico, y para que las orientaciones que dieron al
cristianismo su carácter permanente queden suficientemente claras.
|
|
|