El cristianismo en sus comienzos. Tomo I. Jesús recordado
Primera parte. La fe y el Jesús histórico
Capítulo 2. Introducción

JAMES D. G. DUNN





RESUMEN

1. El punto de partida: Jesús como figura histórica


Con Jesús comenzó lo que después se llamó cristianismo. Independientemente de si fue él quien lo puso en marcha o si el movimiento posterior se retrotrajo a su figura para situar en ella su origen, la afirmación sigue siendo válida: toda investigación sobre los orígenes del cristianismo debe partir de esa figura histórica que llegó a su apogeo hacia el año 30 de la era común.

Por su significación inconmensurable, Jesús ha sido siempre objeto de curiosidad y fascinación. En siglos pasados, ese interés se canalizó sobre todo a través de la peregrinación —desde el viaje de la reina Elena en el siglo IV—, las Cruzadas y, en una época de analfabetismo, las representaciones artísticas de los episodios evangélicos. En los últimos cinco siglos, en cambio, ha crecido un interés específicamente histórico por la figura de Jesús, lo cual ha generado una tensión cada vez mayor con las afirmaciones tradicionales de la doctrina cristiana —fijadas en los credos ecuménicos y en imágenes como la del Pantocrátor bizantino—. Esa tensión, a veces fecunda y a veces percibida como destructiva, atraviesa todo el debate moderno.



2. Las tres dimensiones del debate: fe, historia y hermenéutica


Dunn identifica tres dimensiones que forman la urdimbre y la trama de su exposición:


Fe. Es la dimensión constituida por la creencia cristiana en Jesús: la convicción de que ha proporcionado «una ventana a lo divino», que su muerte produjo salvación del pecado y/o que fue resucitado por Dios. Esa fe configura inevitablemente todo intento de análisis histórico realizado desde dentro de la tradición cristiana, y plantea la cuestión —recurrente en los últimos siglos— de si tal perspectiva debe o puede ponerse entre paréntesis.


Historia. Implica tomar en serio que Jesús es un personaje histórico y, en cuanto tal, susceptible de ser tratado con los métodos del estudio de la historia. Surgen entonces preguntas sobre cuáles son esos métodos, qué presupuestos los guían y si la investigación histórica puede o debe librarse del condicionamiento de la fe o de cualquier ideología. Conviene recordar, además, que la propia fe es un dato histórico que ninguna narración seria de los comienzos del cristianismo puede ignorar.


Hermenéutica. Es el arte de interpretar los datos disponibles —principalmente los escritos neotestamentarios, ahora ampliados por los hallazgos de los últimos cincuenta años—. Para Dunn, la hermenéutica funciona como un puente entre fe e historia; queda por ver si ese puente es sostenible o si descansa de modo desigual sobre uno solo de sus extremos.



3. La «búsqueda del Jesús histórico»


La tarea suele denominarse «búsqueda del Jesús histórico», expresión popularizada por la traducción inglesa del estudio de Albert Schweitzer (1906). Schweitzer la describió como «el mayor logro de la teología alemana», valoración excesiva que reflejaba la confianza de los biblistas germanos de la época —confianza que él mismo, paradójicamente, estaba a punto de quebrantar—. Centrados casi exclusivamente en la búsqueda alemana, esos especialistas no tuvieron en cuenta el interés que el tema suscitaba fuera de su país; pero, para bien o para mal, durante décadas arrastraron consigo a los expertos de otras naciones.

La búsqueda descrita por Schweitzer fue solo parte de un período más amplio de interés histórico por Jesús, que se inicia antes y continúa después de él, y que ha producido formulaciones clásicas y percepciones todavía válidas. Reunirlas, reevaluarlas y reformularlas se hace especialmente necesario porque el clima intelectual de finales del siglo XX se ha mostrado en general hostil a ellas.



4. Plan de la primera parte: tres objetivos


Dunn propone analizar la búsqueda desde la perspectiva de la tensión y el diálogo entre fe e historia, incorporando además la dimensión hermenéutica. La historia de la búsqueda puede examinarse con provecho considerándola, primero, desde «el alejamiento del dogma» y, después, desde «el alejamiento de la historia» —entendidos como tendencias irregulares más que como programas deliberados—. Sus tres objetivos son:



1) Recordar los orígenes de la búsqueda, que se remontan a mucho antes de la Ilustración.

2) Señalar los progresos auténticos —que no deben abandonarse a la ligera— y las cuestiones históricas, hermenéuticas y teológicas planteadas por las contribuciones clásicas, en su mayoría aún vigentes.

3) Tras una exposición principalmente descriptiva en los capítulos 3-5, presentar en el capítulo 6 los principios históricos, hermenéuticos y teológicos que guiarán su propio intento de situar los comienzos del cristianismo en Jesús de Nazaret.


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