Paradigmas de la neurociencia actual y la explicación de la conciencia
JAVIER MONSERRAT
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¿Cómo entender la unidad de la experiencia humana, a la vez física, biológica y psíquica?
La explicación científica del origen y naturaleza de la conciencia es
el “núcleo duro” para la comprensión de nuestra arquitectura psíquica.
Sin embargo, las teorías básicas que explican la conciencia dependen de
sus presupuestos epistemológicos, es decir, de cómo se piensa que deben
ser entendidos los resultados científicos.
Uno de los hechos más sorprendentes que pesan sobre la experiencia
humana ha sido desde siempre la dualidad de dimensiones de esa
experiencia: por una parte, a través de los sentidos, la experiencia del
mundo físico lleno de objetos consistentes, del que forma parte el
mismo cuerpo humano; por otra parte, a través de la mirada interior,
hacia dentro, la experiencia de la dimensión psíquica como experiencia
holística que abarca el propio cuerpo como unidad y el mundo exterior.
¿Cómo entender la unidad de la experiencia humana, a la vez física,
biológica y psíquica? Es decir, ¿cómo entender la unidad
psico-bio-física del ser humano (en parte extendible también al mundo
animal)? A lo largo de la historia del pensamiento humano, especialmente
dentro de la filosofía, surgieron multitud de teorías explicativas,
muchas de ellas dualistas o reduccionistas. Sin embargo, los resultados
de la ciencia, especialmente de la neurología, han permitido
modernamente volver sobre el problema.
Hoy en día tenemos
toda una gama de teorías neurológicas sobre la conciencia, que integran
las grandes cuestiones filosóficas pero que las consideran desde una
nueva perspectiva. No es posible hoy pensar correctamente sobre el
hombre sin atender y distinguir con precisión sobre este cúmulo de
teorías.
Primero, las células vivientes se formaron como
sistemas físico-químicos. Después, en el proceso evolutivo superior,
fueron apareciendo la sensación-percepción, la conciencia, el sujeto
psíquico, la atención, la memoria, el aprendizaje, el pensamiento, el
conocimiento, las emociones, el lenguaje, etc. Este conjunto de procesos
constituye la arquitectura funcional básica del psiquismo.
La lógica de su génesis evolutiva tiene dos pilares ontológicos: un
mundo físico-químico previo determinado por causalidad rígida y un mundo
físico que permitió también la constitución de la vida, así como la
emergencia ontológica de la sensación-percepción, que evolutivamente
termina en la conciencia humana. La sensibilidad-conciencia se construyó
a partir del desarrollo evolutivo del sistema nervioso. Los paradigmas
de la neurología actual son las diversas formas de explicar, predecir e
intervenir el sistema nervioso como contribución sistémica a la
supervivencia y adaptación de los organismos al medio, tanto como
soporte de procesos de naturaleza reguladora inconsciente como soporte
de los estados y procesos de sensibilidad-conciencia, así como de la
actividad psíquica superior (conocimiento, lenguaje, emoción, etc.).
Un organismo tiene, pues, psique; una piedra no. Hubo psique cuando
los organismos comenzaron a ser entidades psicobiofísicas. Pero hay
también otro término importante que debemos precisar: la mente.
Proponemos que la definición de mente sea ésta: el conjunto de
estructuras, contenidos y mecanismos físicos, biológicos y psíquicos,
conscientes e inconscientes, que están en la base funcional de nuestra
actividad psíquica. La mente es, pues, un subsistema de la psique: hemos
construido una mente porque nuestro cuerpo es una psique; es decir,
porque tiene una ontología psicobiofísica que lo permite.
Pero nuestra psique deja abierto un horizonte de posibilidades: al
llenarlo de contenido cada hombre construye “su” mente y la especie
humana construye igualmente “su” mente. En este sentido una cierta
explicación científica de la arquitectura psíquica básica (de la psique o
psiquismo) permitirá construir lógicamente determinadas teorías de la mente.
Pero dado el protagonismo esencial del sistema nervioso en la
producción de la sensibilidad-conciencia, es lógico entender que las
teorías neurológicas deben ser la base de las teorías de la mente. La
variedad de teorías de la neurociencia actual están estrechamente
relacionadas con las teorías de la mente.
Teorías sobre el origen y naturaleza de la conciencia
En la propuesta de una arquitectura psíquica hemos considerado que el
término “conciencia” es una denominación de la integración coordinada de
los sistemas senstivo-perceptivos surgidos evolutivamente. Esta
integración de sistemas sensitivo-perceptivos es la que supuestamente
produce por evolución otra integración coordinada en paralelo, la del
sistema de respuestas motrices, terminando todo ello en la aparición
coordinada del “sujeto psíquico” molar u holístico. Es ya el organismo
que “siente” unitaria y coordinadamente “su” propio cuerpo y controla
como sujeto las respuestas adaptativas.
Por consiguiente,
la explicación científica del origen y naturaleza de la conciencia es el
“núcleo duro” para entender la arquitectura psíquica (sensación,
percepción, conciencia, subjetualidad psíquica atención). Una u otra
teoría de la conciencia afectará esencialmente a nuestro modo de
entender la arquitectura psíquica superior de los procesos psíquicos
(por ejemplo, el conocimiento o las emociones).
Pero las
teorías básicas de la conciencia dependerán de sus presupuestos
epistemológicos. Es decir, los criterios epistemológicos sobre cómo los
hechos de experiencia fenomenológica (interna) pueden ser considerados
por la ciencia: así, el objetivismo-conductista, la psicología
analítica, la psicología cognitiva actual, la psicobiología y la
neurología tienen enfoques epistemológicos específicos que nos darán la
clave del por qué de algunas de estas teorías de la conciencia.
Estos enfoques están presentes al revisar el listado de teorías
neurológicas de la conciencia. Estas teorías se agrupan, como más
adelante diremos, en grandes paradigmas que expresan la forma
explicativa del sistema nervioso y de la producción de la conducta
animal y humana. De las teorías básicas sobre la conciencia dependerán
obviamente las teorías sobre el psiquismo superior (vg. el
conocimiento) y sus bases neurológicas.
Agnosticismo psicofísico interaccionista
Esta posición pragmática es defendida por neurólogos, psiquiatras,
psicólogos, biólogos, epistemólogos, etc., que consideran inviable
resolver el problema psicofísico en el actual estado de conocimientos
científicos. Su posición teórica es así agnóstica (no se comprometen con
ninguna teoría). Sin embargo, estos autores admiten el interaccionismo,
como se ve en la praxis médica (lo quirúrjico o farmacológico tienen
repercusión psíquica) o psicológica (la terapia influye en los estados
físicos).
Por tanto, en el interaccionismo se
admite que la conciencia tiene un modo de causación específico
(descendente) que puede influir y controlar los mecanismos neuronales
físico-químicos. Se admiten las evidencias fenomenológicas que la gente
tiene en su vida ordinaria. Desde luego, esta posición, muy común en
médicos y profesionales de la psicología, está muy alejada de la
interpretación robótica de naturaleza computacional y más bien tiende al
emergentismo-evolutivo-funcional. Pero no se asume ningún compromiso
teorético explicativo.
Dualismo psicofísico interaccionista
Esta teoría ya fue defendida por Sherrington a comienzos del XX;
después, al parecer, por Penfield y finalmente por el Premio Nobel de
Medicina, Sir John Eccles. El dualismo filosófico contempla dos tipos de
realidad irreductibles entre sí que producen como causas, bien los
seres reales en general, bien los seres vivos, bien sólo el ser humano.
Por irreductibilidad se entiende la imposibilidad de que cada uno de
estos dos principios reales, por evolución en conformidad con su propia
ontología, llegue a producir la generación del otro. John Eccles admite
un dualismo entre el mundo físico y lo que él llama la mente autoconsciente.
Propone dos tipos de argumentos: neurológicos
(la actividad psíquica funciona sin el soporte de los mecanismos
neuronales, es libre e independiente, tal como cree comprobar en algunos
experimentos, por ejemplo el de Libet) y humanísticos (sólo el dualismo es compatible con la imagen “humanista” del hombre en nuestra vida social).
La posición de Eccles es minoritaria y excepcional en ambientes
científicos. Sus argumentos son discutibles, ignora las posiciones
emergentistas y, además, tiene en contra que el dualismo rompería la
unidad del universo, del proceso evolutivo y de la ciencia. Tiende a
explicar lo biofísico (el cuerpo) por el puro mecanicismo de las
ciencias físico-químicas.
En cambio, los aspectos
fenomenológicos pertenecerían al mundo de la mente autoconsciente. El
mundo animal es para Eccles robótico-determinista. La mente
autoconsciente pertenecería en exclusiva a la especie humana. Eccles
sólo piensa en ofrecer una alternativa humanista al identismo; pero sus
argumentos son flojos frente al emergentismo; posición ésta que ni
parece conocer ni somete a consideración.
Monismo fisicalista
Deriva
de la clásica posición de Ryle y de la interpretación conductista de la
epistemología positivista del Círculo de Viena. El fisicalismo se funda
en una estricta posición epistemológica: los hechos de experiencia
introspectiva no caben en la ciencia sobre el hombre y, en consecuencia,
la sensibilidad-conciencia (en cuanto conocida por experiencia interior
fenomenológica) debe ser excluida e ignorada por la ciencia
(conductismo).
Se construye así un monismo exclusivamente
fundado en los datos objetivos de las ciencias físico-químicas,
biológico-neurológicas y objetivo-conductuales. La consecuencia es un
monismo mecanicista y determinista. Para esta manera de pensar, por
ejemplo, no hay que tomar posición ante la disputa entre constructivismo
y óptica ecológica (ver más adelante). La ciencia debe ignorar estos
problemas, pues nacen de una experiencia sólo introspectiva. Por tanto,
los argumentos a favor del fisicalismo dependen de que se considere
correcto el objetivismo conductista como epistemología de referencia.
Pero en epistemología, y ciencias humanas en general, esta
epistemología objetivística es hoy muy endeble, por cuanto el
positivismo ha sido superado por las epistemologías popperiana y
postpopperiana (que ya no son objetivistas). El esplendor del
fisicalismo fue en los años cuarenta, cincuenta y quizá también algo en
los sesenta. Hoy el fisicalismo suena ya a excentricidad epistemológica y
científica. Para entender lo que históricamente fue el fisicalismo
debemos observar también que su idea de la ciencia respondió a una
mecánica clásica determinista (primera parte del siglo XX) que propició
posiciones reduccionistas consecuentes.
Fisicalismo lógico-computacional
El desarrollo de la ingeniería y lógica del ordenador, después de los
sesenta, favoreció nuevos argumentos y enfoques para defender el
fisicalismo. La informática aplicada a las ciencias humanas mostraba que
la conducta animal y humana podía simularse por medio de programas
mecánico-computacionales.
El ordenador mostraba, en efecto,
cómo podía procesarse compleja información y seleccionarse
mecánicamente respuestas inteligentes que incluso simulaban el
comportamiento animal-humano. Por consiguiente, ¿por qué no admitir que
la complejidad de respuestas hubiera podido ser programada neuronalmente
en el proceso evolutivo?
Así, el cerebro humano sería un
complejo computador mecánico que funcionaría en conformidad con los
paradigmas neuronales físico-químicos de la ciencia natural. La
consecuencia es obvia: no es necesario recurrir a la conciencia para
explicar la compleja actividad humana y la ciencia puede seguir
ignorándola. En nuestra opinión, el fisicalismo computacional presenta
las mismas dificultades del fisicalismo clásico.
Además, la
posibilidad de simular la inteligencia por ordenador (que, en
principio, sería admisible sin limitación alguna) no supone que entre
ordenador y hombre exista identidad ontológica y, en consecuencia,
funcional. Todo parece indicar que ordenador y hombre poseen una
ontología distinta (físico-mecánica y biológico-sensitiva), así como
unos mecanicismos funcionales consecuentes también diferentes. Hoy en
día las posiciones fisicalistas y fisicalistas-computacionales tienden a
desaparecer y quedar absorbidas por la teoría de la identidad, por el
epifenomenalismo computacional y otras posiciones similares.
Teoría de la identidad
Ha sido la teoría más defendida entre los neurólogos en los años
cincuenta y sesenta. Es la teoría combatida por Eccles al oponerle el
dualismo. Entiende que lo físico y lo psíquico son manifestaciones de
una única realidad (monismo); son como dos caras de una misma moneda.
Lo real se manifiesta como “físico” al verse desde fuera y como
“psíquico” visto desde dentro. Lo físico y lo psíquico son, pues, la
misma cosa (identismo). Pero el identismo no es fisicalista: admite que
la conciencia es algo real que existe; por tanto, debe ser tenida en
cuenta y explicada por la ciencia. Su epistemología no es
conductista-objetivista.
Ahora bien, la conciencia se
“reduce” a lo físico. Se explica como resultado de las cadenas
causa-efecto que se describen en los paradigmas
físico-químico-neuronales. Sólo existe entonces la causalidad
determinista descrita en una ciencia física clásica aplicada
reductivamente (reduccionismo) a las ciencias biológicas y humanas. La
conciencia, por tanto –y esto es muy importante–, no posee un nivel
causal más allá del de la causalidad física.
No interfiere
por ello la determinación absoluta de las cadenas causales
físico-químicas dadas en el cerebro. El identismo es, por tanto, la
expresión más radical del reduccionismo. Admite la existencia de la
conciencia y de los estados psíquicos. Pero estos no sirven para nada
evolutivamente. Los organismos, y su conducta, se explican por pura
causalidad reduccionista. ¿Para qué ha surgido entonces la conciencia en
la evolución, si no sirve para nada? Este es el problema que se plantea
con mayor fuerza en el epifenomenalismo.
Epifenomenalismo
Esta posición teórica es una forma de identismo. Es, por decirlo así,
una prolongación lógica y radicalizada del identismo clásico. Precisa
cómo entender la naturaleza de la conciencia en medio de un sistema
orgánico explicado como un sistema cerrado de causas y efectos
determinados y mecánicos.
La conciencia es un
“epifenómeno”: un fenómeno real producido por los mecanismos físicos que
es meramente marginal, residual, que no interfiere en las cadenas
causales físico-químicas. No existe, pues, una causalidad psíquica
descendente con que la conciencia interviniera en el control de los
mecanismos neuronales y, por ellos, de la conducta.
La
conciencia produce así, por su propia naturaleza, sin embargo, la
impresión subjetiva de que es “causa” de la conducta; por ejemplo, en
los actos volitivos en que el sujeto siente ilusoriamente que decide las
acciones. Pero la activación humana es en realidad resultado inevitable
de cadenas causales ciegas y deterministas (determinismo neural).
Tanto el identismo como el identismo epifenomenalista presentan un
serio problema teórico: la dificultad de explicar por qué causas
evolutivas se ha desarrollado la conciencia hasta producir el complejo
sistema de sentidos que la soporta. Si en realidad la conciencia no
cumple una eficaz función en la supervivencia, si no sirve para nada,
¿por qué la evolución ha emprendido esa complicada tarea de producir los
sentidos?
Algunos autores identistas y epifenomenalistas
como Stephen Kosslyn –y al parecer también Daniel Dennett – atribuyen a
la conciencia un simple papel de control último del buen funcionamiento
del sistema. La conciencia no interviene en causar la conducta; pero
está ahí, controla que todo funciona correctamente y da la voz de alarma
cuando algo falla.
Identismo epifenomenalista, formalista y computacional
Al igual que ocurrió con el fisicalismo, también el identismo
epifenomenalista ha encontrado apoyo en el moderno formalismo
computacional. El razonamiento es el mismo. Los complejos programas de
procesamiento que producen inteligencia artificial y simulación de la
conducta animal-humana, se consideran modelos del procesamiento que
tiene lugar en el sistema nervioso animal-humano hasta producir mecánica
y ciegamente la conducta.
Los programas computacionales
han mostrado su viabilidad para generar complejas conductas (incluso la
racional humana en robots androides o cyborgs) de forma puramente
mecánica. Sería posible, pues, que un mecanicismo ciego físico-biológico
haya llegado a producir por evolución las complejas programaciones
neuronales que producen la conducta en los seres vivos, animales y
hombres.
El sistema nervioso sería un computador biológico
diseñado evolutivamente. La mayor parte de los autores que defienden hoy
el constructivismo computacional pertenecerían a esta corriente. No
así, sin embargo, podría decirse de los defensores del contructivismo
puro cuya posición sería, en principio, compatible tanto con el
identismo como con el emergentismo, según la interpretación que se diera
de ella.
Identismo pampsiquista y pamprotopsiquista
Esta forma de identismo es ya clásica en la biología desde el siglo
pasado. En la actualidad ha sido defendida sobre todo por el profesor
alemán Bernard Rensch. Ha sido asimilado hoy por las corrientes
identistas y puede entenderse como un desarrollo o interpretación
especial del identismo. Hay que tener también en cuenta que muchas de
las posiciones del pampsiquismo, debidamente reinterpretadas, pueden
formar parte de otras posiciones teóricas importantes, como es el caso
del emergentismo, tal como veremos.
Tanto el pampsiquismo como el pamprotopsiquismo
defienden que para explicar que la sensación-percepción-conciencia se
haya producido evolutivamente hay que presuponer que las partículas
elementales (el sustrato primigenio de la realidad material) deben
poseer una forma rudimentaria y elemental de “psiquismo”. De ahí el
término pampsiquismo que significa “todo tiene psiquismo”.
Por lo demás, el pampsiquismo se mueve en el marco monista, mecanicista y
determinista, propio del identismo. Lo que en realidad trata de
explicar el pampsiquismo son las causas materiales que producen la
génesis evolutiva de la sensación-percepción-conciencia en cuanto
epifenómeno, aunque no tenga influencia causal real en la conducta.
Se critica a esta teoría (por ejemplo como hace Popper) la utilización
del término “psiquismo”. Este, en efecto, parece suponer una compleja
organización biológica superior, difícilmente atribuible a las
partículas elementales como tales, o a otros estados primigenios de la
realidad física. Estos no pueden tener efectos derivados de una
complejidad que no poseen; la psique y la conciencia serían efectos de
esta complejidad.
Existe, pues, quizá una utilización
inapropiada de términos. Por otra parte, suponer que la materia debe de
tener una constitución ontológica cualitativamente apropiada para
producir sensibilidad-conciencia parece necesario para la explicación
científica de los hechos fenomenológicos, tal como vemos en el
emergentismo.
Funcionalismo puro y funcionalismo computacional
Desde hace pocos años, el término funcionalismo (en sentido no siempre
coincidente por la diversidad de autores y contextos científicos) se ha
aplicado para designar una nueva versión de la teoría de la conciencia.
Para el funcionalismo es imposible conocer los mecanicismos
físico-biológico-neuronales que realmente causan la
sensación-percepción-conciencia.
Por ello la teoría de la
conciencia debe ser sólo “funcional”: es decir, descripción de las
funciones conceptuales, representativas, lógicas, matemáticas,
linguísticas, etc., que descubrimos en la actividad de la mente humana
(y en su caso animal). Puede haber un “funcionalismo puro” si las
funciones descritas no usan especialmente los modelos computacionales.
En cambio, habría un “funcionalismo computacional” si la lógica e
ingeniería del computador proporcionan los modelos principales aplicados
a la descripción de las funciones de la mente. Es posible también, en
estos casos, hablar de un funcionalismo computacional entendido según la
“metáfora débil” o la “metáfora fuerte” del ordenador.
Por
otra parte, algunos han entendido –a nuestro entender incorrectamente–
como si el funcionalismo propusiera extrañamente que los estados de
conciencia, más que corresponder a estados físico-neuronales reales,
correspondieran a “estados lógicos” del cerebro.
Nosotros
creemos, en cambio, que el funcionalismo no niega que, en el fondo, las
funciones de la mente se asienten en estructuras neuronales, y en último
término físico-químicas; lo que ocurre es que, de momento, las
desconocemos y, por ello, la teoría de la mente debe ser puramente el
estudio de los sistemas formales que nos permiten entender su
funcionamiento de hecho.
Hacia esta posición funcionalista
parece haber derivado el identismo de autores como William Lycan o Ray
Jakendoff. Como método es admisible el estudio de programas
computacionales de la mente (es decir, modos funcionales de la mente
explicados por analogía con programas computacionales, bien seriales o
conexionistas) antes de conocer cómo están implementados neuronalmente.
Pero parece de “sentido común científico” esperar que tales programas
puedan ser explicados algún día desde su soporte neuronal. Por ello, la
pretensión de que la conciencia sea sólo “pura lógica computacional”,
sin soporte físico, es, al menos, como subraya Humphrey, altamente
extraña; nosotros diríamos más: ajena al razonamiento científico.
Neurología marxista
El marxismo mantuvo tradicionalmente una posición monista, pero
criticó el llamado “materialismo clásico”, al admitir que el proceso
evolutivo, dentro de su continuidad, presenta “saltos cualitativos” que
producen la aparición de formas de causalidad y de ser real
cualitativamente distintas. Así, la conciencia supone un salto
cualitativo que produce la introducción de un factor causal no mecánico;
es decir, cualitativamente distinto a la causalidad puramente física.
El neurólogo ruso Luria puede considerarse el ejemplo más importante
de esta posición teórica. La explicación marxista de la conciencia es
muy semejante a la emergentista. En la posición marxista la conciencia
nunca se explica por aplicación del reduccionismo, tan habitual en CCHH
no marxistas según la doctrina “políticamente correcta” del
cientificismo de gran parte del siglo XX.
La conciencia
representa un nivel cualitativo emergente que produce formas causales
nuevas. Produce incluso un nuevo modo de ser real. Un salto cualitativo.
Una nueva cualidad ontológica con una causalidad física descendente que
controla la conducta. Por ello exige explicaciones distintas a las que
son propias de los puros paradigmas físico-químicos del mundo no
orgánico. El marxismo no fue nunca reduccionista.
Emergentismo
Se trata también de una posición epistemológico-neurológica con larga
historia. Por lo menos desde el siglo XVIII –recordemos a Robinet– se
vienen repitiendo, en efecto, teorías muy cercanas a lo que hoy llamamos
emergentismo.
En la actualidad se ha puesto de moda y se
halla en una dinámica de crecimiento constante, presentándose en
perfecta congruencia con los resultados neurológicos y como sólida
alternativa a los fisicalismos, identismos y computacionalismos. Es
defendido por muchos autores que, sin embargo, presentan enfoques
diferenciados.
No se presenta, pues, en el emergentismo una
terminología unificada y, por ello, más que de “emergentismo” debemos
hablar de “emergentismos”. Defienden esta posición, por ejemplo, Sperry,
Mario Bunge, Karl Popper, F.J. Varela y, en España, J.L. Pinillos,
entre otros muchos biólogos, psicólogos, antropólogos, etc. Indicamos
también en lo que sigue que es posible, y conveniente, distinguir entre
un “emergentismo neuronal clásico” y un “emergentismo neuronal
cuántico”.
La sensibilidad juega, pues, un papel decisivo
en orden a la supervivencia en el medio. Pero el emergentismo no niega
la evidencia científica de la formación de objetos físicos y biológicos
“ciegos”. El universo “sensible” está evolutivamente coordinado con un
universo “ciego” en orden a la eficacia de supervivencia óptima. La
evolución ha ido produciendo así complejos sistemas de mecanicismos
ciegos que son el soporte básico de la vida. Pueden ser explicados en
parte con la ayuda de los formalismos en general y por formalismos
computacionales.
Pero la evolución ha coordinado estos
mecanicismos con los sistemas de sensación-percepción-conciencia. La
conciencia se genera dentro de los mecanicismos neuronales, pero estos
son flexibles y se trasforman a impulsos de la causalidad generada en la
misma actividad consciente.
Tanto el hecho de la
conciencia como las percepciones, por ejemplo la percepción visual, se
producen para el emergentismo como resultado de la interacción de redes,
sistemas o engramas neuronales que abarcan probablemente todo el
cerebro. La plasticidad cerebral para ir construyendo estos engramas en
función de la experiencia cambiante ha sido diseñada poco a poco en el
proceso evolutivo.
Emergentismo neuronal clásico
El conocimiento producido en neurología –sobre todo desde que se
habilitó la técnica del registro individual de neuronas en los años
cincuenta por Kuffler– ha permitido describir multitud de correlatos
neuronales de la actividad psíquica. Lo que se ha conocido son patrones,
circuitos, pautas, engramas, redes, estructuras, cánones, mapas o
mapeados, etc., de interactivación neuronal por medio de las conexiones
sinápticas ordinarias en el sistema nervioso.
Estos
engramas pertenecen a diversos módulos o sistemas (visual, auditivo,
motor, lingüístico, etc.) que, a su vez están conectados entre sí en
sistemas multimodulares. La idea básica es que desde un punto de vista
experimental existe un correlato entre las diversas modalidades de la
actividad psíquica y las redes de actividad neuronal que les sirven de
soporte.
La inferencia esencial derivada es que la
actividad psíquica en todas sus facetas está causada por o consiste en
la activación de estas redes. El lema de la teoría es: yo y mi actividad
psíquica no somos otra cosa que mi cerebro y mis neuronas.
Cuando estas redes neuronales se entienden según los principios
funcionales del reduccionismo ordinario de los paradigmas
físico-químicos y, además, no se atribuye a la sensibilidad-conciencia
ninguna facultad de control o causalidad descendente de lo
físico-químico, entonces nos hallamos en el identismo epifenomenalista.
Sin embargo, hablamos de emergentismo neuronal clásico cuando se
establecen estos supuestos: 1) redes neurales como correlato y causa de
la actividad psíquica; 2) aceptación de la experiencia psíquica descrita
por los métodos fenomenológicos ordinarios; 3) causalidad descendente y
control neuronal ejercido por la actividad psíquica; 4) interaccionismo
psicofísico bidireccional; 5) limitación a explicaciones
físico-químicas de corte reduccionista en el marco de la mecánica
clásica.
Defienden esta posición la mayor parte de los
grandes neurólogos actuales: Edelman, Damasio, Gazzaniga, Koch, Crick,
Ramachandran, etc. Su posición se caracteriza por considerar suficiente
decir: la causa explicativa de la actividad psíquica son los engramas
neuronales. Ahora bien, teniendo en cuenta que éstos se explican en el
marco de una física reduccionista, ¿basta este conocimiento para
explicar cómo son posibles todas las propiedades fenomenológicas del
psiquismo?
Creemos que en la mayor parte de autores la
respuesta sería: evidentemente todavía es oscuro, faltan elementos para
conocer cómo las redes neurales producen en realidad el psiquismo, pero
asumimos que la causa del psiquismo es ciertamente la interacción
sistémica de estas redes. Si a estos autores les preguntáramos:
¿considera usted que las actuales hipótesis heurísticas sobre la
neurología cuántica podrían ayudar a clarificar esa oscuridad final en
torno a la forma en que los engramas producen el psiquismo?, la
respuesta sería de dos tipos. Unos –Damasio, Gazzaniga, Ramachandran–
dirían que respetan estas hipótesis pero no se identifican con ellas
positivamente (reservan su valoración).
Otros, Edelman,
Koch o Crick (de este último no lo afirmaría con seguridad)– dirían en
cambio que son inapropiadas y las rechazarían. Pensarían que la
interacción entre engramas basta para explicar las propiedades
fenomenológicas del psiquismo. Esto podría argumentarse quizá en
relación a la indeterminación, pero es muy difícil hacerlo en relación a
las experiencias psíquicas campales.
Edelman, por tanto,
lo rechazaría porque, en su opinión, lo que tratan de explicar las
hipótesis cuánticas puede explicarlo ya por sí misma la neurología
clásica reduccionista (por sus teorías del darwinismo neural del núcleo
dinámico de la conciencia). Christof Koch lo rechaza por un razonamiento
pintoresco: opina que no es posible ni apropiado explicar un misterio
(el psiquismo) por otro misterio (la mecánica cuántica); por ello es
mejor quedarse simplemente dónde estamos, en la correlación
psiquismo-engramas.
El problema inadvertido de Koch es que
la ciencia no considera un misterio ni al psiquismo ni a la mecánica
cuántica; en cambio, sí ha sido, y sigue siendo, un misterio para la
ciencia cómo el reduccionismo puede explicar las propiedades
fenomenológicas del psiquismo.
Emergentismo neuronal cuántico
La versión “cuántica” del emergentismo no niega el correlato
psiquismo-engramas ni la causalidad interaccionista bidireccional
psicofísica. Evidentemente el emergentismo neuronal cuántico asume todo
cuanto ha investigado y conoce la neurología clásica sobre las redes
neurales, sus módulos, sistemas e interconexiones modulares en la
actividad neuronal del cerebro en su conjunto y su conexión causal con
la actividad psíquica que la ciencia trata de explicar.
Sólo pretende añadir algo que es perfectamente compatible con las redes
clásicas: que en la profundidad bioquímica de las neuronas tienen lugar
ciertos procesos cuánticos que nos ayudan a explicar –como hipótesis
heurísticas relevantes– algunas de las incógnitas que hasta ahora tenía
la neurología clásica reduccionista para hallar un soporte físico
apropiado para dar razón de las propiedades fenomenológicas emergentes
del psiquismo. La materia es en su esencia cuántica (tiene las
propiedades cuánticas), lo clásico es un caso especial. Sería muy
extraño que las propiedades cuánticas de la materia no tuvieran relación
con la psique.
Estarían a favor de las hipótesis
cuánticas (no como verdades absolutas sino como conjeturas verosímiles y
enriquecedoras) autores como von Neumann, Stapp, Hameroff, Penrose,
Bohm, Eccles, Beck, Kauffman, etc. La neurología cuántica ofrecería, por
tanto, una explicación más profunda y verosímil de las causas físicas
que, en el proceso evolutivo, han hecho posible la emergencia de la
sensibilidad-percepción-conciencia.
Grandes paradigmas neurológicos
Debemos finalmente colocar estas teorías en relación a los grandes
paradigmas sobre el psiquismo y la conciencia que son hoy objeto de
discusión en las ciencias humanas. Estos paradigmas no pueden ponerse en
paralelo con las teorías de la conciencia hasta aquí expuestas; no son
una teoría más.
Son algo distinto. Son opciones
explicativas más amplias. Estas teorías serán bien constructivistas,
bien gibsonianas. Pero, además, pertenecerán también a uno de estos dos
paradigmas: el emergentista-evolutivo-funcional o el mecanicista-reduccionista-computacional.
Constructivismo (Helmholz) versus teoría de la percepción directa (Gibson)
La importancia de esta alternativa se debe que nos abre a dos
paradigmas globales en la explicación del mundo de los sentidos y del
papel del sistema nervioso. Para el constructivismo de Hermann von
Helmholz (muerto en 1094) la función del sistema nervioso es construir
dentro del cerebro un sistema de interacciones que producen
constructivamente la sensación (el mundo sensible está en mi cerebro).
Para J.J. Gibson –teoría de la percepción directa u óptica ecológica–,
en cambio, el sistema nervioso produce la resonancia del cerebro con el
mundo exterior (por los sentidos mi psique está en el mundo). Si nos
referimos a la visión es incuestionable que su ontología deberá
explicarse de una de estas dos formas: la imagen, bien será percepción
directa de un campo de realidad (el cuerpo o los patrones de luz como
supone el gibsonianismo), bien será la construcción neuronal interna de
una sensación (como supone el constructivismo).
Por tanto,
cuando un autor defiende alguna de las teorías de la conciencia
expuestas debería siempre matizar si se mueve en el constructivismo o en
el gibsonianismo. Casi todas las teorías expuestas son compatibles con
uno u otro paradigma; sólo quizá el computacionalismo, bien fisicalista,
identista o funcionalista, sería exclusivamente compatible con el
constructivismo; pero incluso esto sería discutible.
Paradigma MRC versus paradigma EEF
Las teorías de la conciencia expuestas responden, además, bien al paradigma mecanicista- reduccionista- computacional, bien al paradigma emergentista-evolutivo-funcional.
Al primer paradigma pertenecen fisicalismos, identismos, sus formas
computacionales y algunos tipos de funcionalismos. Al paradigma EEF
pertenecen los emergentismos, el marxismo y algunos funcionalismos.
El agnosticismo psicofísico interaccionista lo dejamos fuera ya que
renuncia a tomar una posición teórica, aunque más bien se inclina hacia
el paradigma EEF. El dualismo psicofísico interaccionista, así como los
dualismos en general, no pertenecerían ni al MRC ni al EEF; serían una
posición alternativa. Sin embargo, el dualismo tiene hoy una escasísima
presencia en el mundo de la ciencia y se puede prescindir de él, aunque
su presencia en la filosofía sea más manifiesta.
Neurociencia y explicación causal del origen de la razón-emocional
La neurociencia debe también explicar obviamente el funcionamiento de
la mente animal y de la mente humana, en concreto de la mente
racio-emocional del hombre. Pero las explicaciones de la hominización
(el tránsito evolutivo desde la conciencia animal a la mente humana)
dependen de las previas teorías de la conciencia. Así, si nos movemos en
el previo paradigma mecanicista-reduccionista-computacional, entonces
la explicación del origen y naturaleza de la razón nos lleva lógicamente
a concebirla como un sistema mecánico-computacional de un procesamiento
ciego de símbolos.
En cambio, si nos movemos en el paradigma emergentista-evolutivo-funcional
de redes neurales, entonces, ya dentro del emergentismo, aparecen cinco
teorías (no excluyentes entre sí sino complementarias) que apuntarían
al origen causal de la razón-emocional: la teoría de la
inespecialización biológica de A. Gehlen; la teoría del trabajo de corte
marxista, como en Luria; la teoría de la socialización-lenguaje de
Tobías, Leakey y Eccles; la teoría biológico-etológico-evolutiva de
Konrad Lorenz y Rupert Riedl; y, por último, la teoría de la
hiperformalización neurológica de X. Zubiri.
Este último
es, a nuestro entender el que ofrece la explicación más profunda de la
hominización: la maduración neurológica (hiperformalización) del
psiquismo humano habría puesto en condiciones a la mente humana de
sentir la realidad y su constitución como estructura. Este sería el orto de la razón.
Referencias bibliográficas
Monserrat, J., La percepción visual. La arquitectura del psiquismo desde el enfoque de la percepción visual,
Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 2008 (2ª Edición): véase el capítulo XIV y
la amplia bibliografía de este libro que cubre los temas tratados en
este artículo.
Monserrat, J., “Los paradigmas de la neurociencia actua”l, en: Cuenta y Razón,
34 (primavera 2015). El artículo que aquí presentamos es una adaptación
para Tendencias21/religiones de este artículo publicado en la revista
Cuenta y Razón.
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