La conversión
silenciosa de musulmanes al cristianismo
MARTÍN CASTILLA
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Un fenómeno creciente pero difícil de cuantificar
se extiende desde Irán hasta Francia: miles de personas criadas en el
islam adoptan el cristianismo, a menudo en secreto y bajo riesgo.
Todo
musulmán
tiene estrictamente prohibido abandonar el islam. La conversión a otra
religión
está castigada legalmente, en algunos países con la pena de muerte.
Porque la
ven como apostasía y creen que solo
puede ser fruto de la coacción, y ya dice al Corán que eso no se admite:
-
"No cabe
coacción en religión. La buena dirección se distingue claramente del
descarrío"
(Corán 2,256).
-
"Quien no
crea en Dios luego de haber creído (…) ese tal incurrirá en la ira de
Dios y
tendrá un castigo terrible" (Corán 16,106).
No se
trata ya de musulmanes que abandonan la fe para hacerse ateos o
agnósticos, al modo de Ibn Warraq, sino de los que se sienten atraídos
por el
cristianismo. Al parecer, aunque es difícil obtener información de
ello, las
conversiones aumentan cada año. Hay
casos
notorios que han contado su experiencia en libros, como el egipcio
Magdi Allam (2008),
el indio Mario Joseph (2013) y el marroquí Frère Rachid (2017).
***
En
el
interior de una iglesia evangélica de Hamburgo, en la primavera de
2016,
ochenta iraníes y afganos recibieron el bautismo frente a una
congregación
sorprendida por el número. La escena no era un caso aislado. Desde
Argelia
hasta Indonesia, pasando por Francia e Irán, se registra con creciente
regularidad un fenómeno que hasta hace poco permanecía invisible: el
abandono
del islam en favor del cristianismo. Se trata de un proceso
mayoritariamente
clandestino, impulsado por motivos tan distintos como la búsqueda
espiritual,
la reacción al extremismo o la experiencia del exilio.
Conversos estimados desde 1960: ~10 millones
Nuevas conversiones anuales (estimación 2010): 60.000
Países de mayoría musulmana afectados: 49
Un
crecimiento constante, difícil de medir
El
único
censo global riguroso disponible es el publicado en 2015 por Duane
Alexander
Miller y Patrick Johnstone en el Interdisciplinary
Journal of Research on Religion. Según ese estudio, los conversos
del islam
al cristianismo habrían pasado de menos de 200.000 en 1960 a cerca de
diez
millones en 2015. Es una cifra impresionante que, no obstante, los
propios
autores califican de muy incierta: las organizaciones misioneras
tienden a
inflar sus estadísticas, mientras que las autoridades islámicas
minimizan sistemáticamente
el número de abandonos de la fe.
El
investigador David Garrison, en su obra A Wind in the House of Islam
(2014), llegó a conclusiones similares tras tres años de trabajo de
campo en
los 49 países donde el islam es mayoritario. Garrison cuantificó los
llamados
«movimientos hacia Cristo»: situaciones en las que se registran al
menos cien
nuevas iglesias o mil bautismos en un país musulmán. Contabilizó solo
dos en el
siglo XIX, once a lo largo del XX, y sesenta y nueve en lo que llevamos
del
XXI, lo que sugiere una aceleración sin precedentes.
¿Dónde
ocurre? Un mapa desigual
Indonesia
concentra, según las estimaciones, la mayor comunidad de conversos, con
más de
seis millones de personas. Las conversiones masivas comenzaron allí
tras el
fallido golpe de Estado de 1965, cuando las milicias islámicas
participaron en
masacres que alienaron a amplios sectores de la población. Actualmente
el
cristianismo es la segunda religión del país, con más de 36 millones de
fieles.
El
siguiente
cuadro recoge las estimaciones disponibles por país, con las
considerables
cautelas que el propio origen de los datos impone:
País
|
Conversos estimados
|
Contexto
|
| Indonesia |
6,5
millones |
Conversiones
desde 1965 |
| Nigeria |
600.000 |
Contexto
de conflicto religioso |
| Etiopía |
400.000 |
Minorías
musulmanas históricas |
| Argelia |
380.000 |
Norte
de África; fuerte presión social |
| Irán |
500.000–950.000 |
Horquilla
amplia; alto margen de error |
| Burkina
Faso |
200.000 |
África
subsahariana |
| Bangladés |
130.000 |
Sudeste
asiático |
| Arabia
Saudí |
60.000 |
Estimación
de fuentes misioneras |
El
caso iraní
merece especial atención. La ONG holandesa GAAMAN, especializada en
libertad
religiosa, estima hasta 950.000 cristianos en el país, frente a los
aproximadamente 500 que había en 1979, año de la Revolución Islámica.
El
sacerdote francés Pierre Humblot, expulsado de Irán tras 45 años de
misión,
habla de 300.000 conversiones. La enorme diferencia entre estimaciones
refleja
la imposibilidad de verificar datos en un entorno donde la apostasía es
delito.
Las
razones detrás del cambio
En
2008, el
profesor J. Dudley Woodberry del Fuller Theological Seminary entrevistó
a 750
conversos de treinta países y cincuenta grupos étnicos. Sus
conclusiones,
publicadas en Christianity Today, ofrecen el análisis más
sólido
disponible sobre las motivaciones individuales. Las cinco razones más
citadas
fueron:
1. El estilo
de vida de
los cristianos: Los
conversos destacaron el trato igualitario hacia las mujeres
y el amor expresado hacia personas ajenas a la comunidad.
2.
Experiencias
sobrenaturales: Muchos
relataron sueños con Jesús o curaciones que percibieron
como intervención divina.
3.
Insatisfacción
con el
islam vivido: Descontento
con el énfasis en el castigo sobre el amor, la
militancia y la incapacidad de la ley islámica de transformar la
sociedad.
4.
La lectura
de la
Biblia: A
pesar de lo enseñado, muchos encontraron convincente la verdad
espiritual en las Escrituras.
5.
Búsqueda
de paz
interior: Especialmente
entre personas afectadas por violencia, trauma o
conflictos armados.
A
estas
motivaciones individuales se suma el impacto del terrorismo yihadista.
Muchos
conversos en Siria e Irak mencionan haber presenciado la brutalidad del
ISIS
como detonante de su alejamiento del islam. El ministro de Inteligencia
iraní
llegó a admitir públicamente que la búsqueda de «paz interior» era la
razón más
citada entre los conversos del país.
El
fenómeno en Europa
Las
conversiones no ocurren únicamente en países de mayoría musulmana. En
Francia,
la Conferencia Episcopal publica estadísticas anuales que permiten
seguir la
tendencia con cierta fiabilidad: en torno al 5-6 % de los bautismos
católicos
de adultos corresponden a personas de origen islámico. En la Semana
Santa de
2024, en la archidiócesis de París, ese porcentaje superó el 10 %.
Muchos de
estos conversos provienen de comunidades argelinas, marroquíes e
iraníes.
El
fenómeno
tiene una dimensión específica entre los refugiados. La posibilidad de
que la
conversión facilite el asilo —dado que los gobiernos occidentales
reconocen la
persecución religiosa como motivo de protección— ha llevado a algunos
analistas
a cuestionar qué proporción de las conversiones responde a una
convicción
genuina y cuántas tienen motivaciones pragmáticas. No existe consenso
sobre
este punto, y la pregunta en sí misma es éticamente delicada.
Un
precio personal muy alto
En
la mayor
parte de los países de mayoría musulmana, la apostasía no es solo un
asunto
espiritual o familiar: es un delito. En varios códigos penales del
mundo
islámico, el abandono de la fe puede conllevar penas de prisión o, en
los casos
más extremos, la muerte. Incluso donde la ley no llega, las
consecuencias
sociales son devastadoras: el repudio familiar, la pérdida de la
herencia, el
ostracismo de la comunidad. La imagen del converso marroquí cuya
familia
celebró un funeral con ataúd vacío —recogida por el periodista libanés
Camille
Eid— ilustra con dureza lo que implica este paso.
En
Francia,
los propios conversos señalan que las amenazas no desaparecen al llegar
a
Occidente. El rechazo familiar y, en casos extremos, la violencia de la
comunidad de origen constituyen riesgos reales. La archidiócesis de
París creó
por ello la red Ananie, orientada a acompañar a los nuevos conversos y
a
capacitar a las parroquias para recibirlos.
NOTA METODOLÓGICA
Casi toda la
información disponible sobre este fenómeno proviene de organizaciones
misioneras, medios confesionales o testimonios individuales. Los datos
de
países como Irán o Arabia Saudí son, por definición, inverificables.
Los rangos
de estimación son amplísimos —en Irán, entre 100.000 y 950.000 según la
fuente—
y deben tratarse como indicadores de tendencia, no como cifras
precisas. El
único estudio académico independiente de referencia es el de Miller y
Johnstone
(2015), que los propios autores presentan con importantes reservas.
Este
artículo recoge lo que la evidencia disponible permite afirmar, sin
pretender
más certeza de la que los datos permiten.
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