Hipocresía del Día contra la Islamofobia: 51 musulmanes asesinados = indignación; más de 1.000 cristianos asesinados = silencio
RAYMOND IBRAHIM
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El día 15 de marzo es el «Día
Internacional de Lucha contra la Islamofobia», una conmemoración designada por
las Naciones Unidas y proclamada por primera vez en 2022 mediante una
resolución de la Asamblea General.
El impulso no ha cesado desde entonces. En
2024, se aprobó una nueva resolución—«Medidas para combatir la Islamofobia»—que
va más allá de la mera condena y exhorta a los Estados miembros a adoptar
«medidas concretas», en particular leyes de corte blasfemo destinadas a
suprimir el discurso de «odio», eufemismo con el que se designa la libertad de expresión.
Dicha resolución estableció, asimismo, la figura de un Enviado Especial de la
ONU encargado de impulsar estos esfuerzos a escala global.
La ofensiva continúa: mañana, 16 de marzo,
la ONU acogerá en Nueva York un evento de alto nivel titulado «Abordar la
Islamofobia y la discriminación por motivos de religión o convicción: la
conexión con los derechos humanos».
Si bien abundan los argumentos para refutar
la supuesta necesidad de «combatir la Islamofobia», basta con examinar por qué
la ONU eligió el 15 de marzo para poner de manifiesto su flagrante hipocresía.
El 15 de marzo de 2019, un ciudadano
australiano armado, Brenton Tarrant, irrumpió en dos mezquitas de Nueva Zelanda
y abrió fuego contra los fieles musulmanes congregados en ellas, causando la
muerte de 51 personas e hiriendo a otras 40.
En consecuencia, el 15 de marzo fue
escogido para evocar la memoria de este atroz suceso.
Hasta aquí, todo en orden—salvo por una
pregunta incómoda que se impone: si un único ataque contra una mezquita bastó
para que la ONU institucionalizara un día especial en defensa del islam, ¿qué
cabe decir de los innumerables y frecuentemente más graves atentados
perpetrados por musulmanes contra lugares de culto no musulmanes? ¿Por qué
estos no han suscitado una respuesta análoga por parte de la ONU y de los demás
organismos gubernamentales?
Considérense tan solo algunos de los
mortales atentados islamistas contra iglesias cristianas en los últimos años
(enumerados en orden descendente según el número de víctimas).
Prepárese el lector
•
Sri Lanka (21 de abril de 2019):
En el Domingo de Resurrección, terroristas musulmanes hicieron estallar
artefactos explosivos en tres iglesias y tres hoteles; 359 personas, en su
mayoría cristianas, perdieron la vida y más de 500 resultaron heridas.
•
Nigeria (20 de abril de 2014): En
el Domingo de Resurrección, terroristas islámicos incendiaron una iglesia
repleta de fieles; 150 cristianos murieron abrasados.
•
Pakistán (27 de marzo de 2016):
Tras los oficios del Domingo de Resurrección, terroristas islámicos hicieron
detonar una bomba en un parque donde se habían congregado cristianos; más de 70
personas—la mayor parte mujeres y niños—fueron asesinadas. «Había carne humana
en las paredes de nuestra casa», recordó un testigo.
•
República Democrática del Congo
(febrero de 2025): Militantes musulmanes de las Fuerzas Democráticas Aliadas
reunieron y condujeron a 70 cristianos a una iglesia protestante, los ataron y
los decapitaron a todos con cuchillos.
•
Irak (31 de octubre de 2011):
Musulmanes asaltaron una iglesia de Bagdad durante el culto, abrieron fuego
indiscriminadamente y detonaron sus chalecos bomba. Casi 60 cristianos—entre
ellos mujeres, niños e incluso bebés—perdieron la vida. (La extensa lista
continúa a continuación.)
•
Nigeria (8 de abril de 2012): En
el Domingo de Resurrección, explosivos colocados por musulmanes detonaron cerca
de dos iglesias abarrotadas; más de 50 personas murieron y un número
indeterminado resultó herido.
•
Nigeria (5 de junio de 2022): En
el Domingo de Pentecostés, musulmanes abrieron fuego contra una iglesia repleta
de fieles, causando más de 50 muertos y decenas de heridos.
•
Egipto (9 de abril de 2017): En el
Domingo de Ramos, musulmanes atentaron con explosivos contra dos iglesias
repletas de fieles; al menos 45 personas fallecieron y más de 100 resultaron
heridas.
•
Nigeria (25 de diciembre de 2011):
Durante los oficios del día de Navidad, terroristas musulmanes atacaron a
balazos y con explosivos tres iglesias; 37 personas murieron y cerca de 57
resultaron heridas.
•
Egipto (11 de diciembre de 2016):
Un atentado suicida islámico con explosivos contra dos iglesias ocasionó 29
muertos y 47 heridos.
•
Burkina Faso (25 de agosto de
2024): Militantes musulmanes degollaron a 26 cristianos en el interior de una
iglesia.
•
Siria (22 de junio de 2025):
Musulmanes irrumpieron en una iglesia de Damasco durante la misa—a sabiendas de
que el recinto albergaba unos 350 fieles—y abrieron fuego indiscriminadamente
antes de detonar un cinturón explosivo en el interior del santuario. Entre 25 y
30 cristianos—la mayor parte mujeres y niños—perdieron la vida y decenas
resultaron heridos. «Cuando llegamos a la iglesia, encontramos el portal lleno
de miembros amputados», declaró un voluntario de socorro.
•
Rusia (23 de junio de 2024):
Terroristas musulmanes perpetraron ataques contra varias iglesias y sinagogas
en la región musulmana de Dagustán. Al menos 21 personas fallecieron y decenas
resultaron heridas. Terroristas que gritaban «Alahú Akbar!» degollaron a un
sacerdote ortodoxo de avanzada edad y quebrantada salud. Al menos una iglesia
fue prendida en llamas.
•
Nigeria (20 de abril de 2012):
Musulmanes masacraron a 20 cristianos en el interior de su iglesia durante el
culto dominical.
•
República Democrática del Congo
(15 de enero de 2023): Musulmanes hicieron estallar una bomba en una iglesia
durante una ceremonia bautismal dominical. Al menos 14 cristianos murieron
despedazados. El Estado Islámico, que reivindicó el ataque, cifró entre 20 y 63
el número de heridos graves.
•
Indonesia (13 de mayo de 2018):
Musulmanes atentaron con explosivos contra tres iglesias; 13 cristianos fueron
asesinados y decenas resultaron heridos.
•
Egipto (1 de enero de 2011):
Terroristas musulmanes hicieron estallar un artefacto explosivo en una iglesia
de Alejandría durante la misa de año nuevo; al menos 21 cristianos perdieron la
vida. En palabras de los testigos oculares, «miembros amputados se esparcieron
por toda la calle exterior» y «fueron recogidos y llevados al interior de la
iglesia tras que algunos musulmanes comenzaran a pisotearlos y a entonar
cánticos yihadistas», entre ellos «Alahú Akbar!».
•
Filipinas (27 de enero de 2019):
Terroristas musulmanes atentaron con explosivos contra una catedral; al menos
20 cristianos perdieron la vida y más de 100 resultaron heridos.
•
Indonesia (24 de diciembre de
2000): Durante los oficios de Nochebuena, terroristas musulmanes hicieron
estallar varios artefactos explosivos en distintas iglesias; 18 personas
fallecieron y más de 100 resultaron heridas.
•
Burkina Faso (25 de febrero de
2024): Hombres armados musulmanes irrumpieron en una iglesia católica durante
el oficio, abrieron fuego y asesinaron a 15 feligreses.
•
Pakistán (15 de marzo de 2015):
Suicidas musulmanes asesinaron al menos a 14 cristianos en sendos atentados
contra dos iglesias.
•
Alemania (19 de diciembre de
2016): En las proximidades de la iglesia conmemorativa del Káiser Guillermo en
Berlín, un ciudadano musulmán embistió con un camión un mercado navideño; 13
personas perecieron y 55 resultaron heridas.
•
Egipto (29 de diciembre de 2017):
Hombres armados musulmanes dispararon contra una iglesia de El Cairo; nueve
cristianos fueron asesinados.
•
Egipto (6 de enero de 2010): Tras
la misa de Nochebuena—según el calendario ortodoxo—, musulmanes dispararon y
dieron muerte a seis cristianos cuando estos salían de su iglesia.
•
Rusia (18 de febrero de 2018): Un
hombre musulmán portador de un cuchillo y una escopeta de dos cañones irrumpió
en una iglesia y abrió fuego; cinco personas—todas ellas mujeres—perecieron y
al menos cinco más resultaron heridas.
•
Francia (26 de julio de 2016):
Musulmanes irrumpieron en una iglesia y degollaron al sacerdote oficiante, el
párroco de 84 años Jacques Hamel, tomando a cuatro monjas como rehenes hasta
que las autoridades francesas abatieron a los terroristas.
•
Turquía (28 de enero de 2024): Dos
hombres enmascarados irrumpieron en una iglesia católica y abrieron fuego. Un
feligrés perdió la vida y otro resultó herido. Las imágenes de videovigilancia
mostraron al resto de los aproximadamente 40 asistentes huyendo en pánico.
La lista precedente dista mucho de
ser exhaustiva. En Nigeria, donde un cristiano es asesinado cada dos horas, los
musulmanes han destruido o incendiado cerca de 20.000 iglesias y escuelas
cristianas. ¿Cuántas almas sin contabilizar perecieron en esos ataques
terroristas en gran medida silenciados por los medios?
Tampoco incluye la lista anterior ningún
atentado frustrado. Por ejemplo, el perpetrado contra una iglesia indonesia
durante los oficios del Domingo de Ramos de 2021, en el que únicamente murieron
los suicidas—un hombre musulmán y su esposa embarazada.
Más cerca de casa, según un informe de
octubre de 2025, Alexander Scott Mercurio, un joven de 18 años converso al
islam, fue detenido en Coeur d’Alene (Idaho) por «planear un atentado suicida
contra varias iglesias» que debía ejecutarse al día siguiente. Según el
informe, «las fuerzas del orden afirman que tenía previsto atacar lugares de
culto locales con cuchillos, armas de fuego e incendios».
Tampoco comprende la lista anterior los
ataques cotidianos no mortales ni las profanaciones de iglesias, que afligen
particularmente a las regiones europeas con numerosas poblaciones musulmanas.
Aun así, con base únicamente en los
ejemplos bien documentados que anteceden, los musulmanes han masacrado a más de
1.000 cristianos que se encontraban en pacífico ejercicio de su culto en sus
iglesias.
Retornamos, pues, a la pregunta más
urgente: si un único atentado perpetrado por un no musulmán—que segó 51 vidas
musulmanas—bastó para que la ONU transformara la fecha de hoy en el «Día
Internacional de Lucha contra la Islamofobia», ¿por qué los innumerables
atentados de musulmanes contra iglesias—que han segado más de 1.000 vidas
cristianas—no han sido suficientes para que la ONU establezca un «Día
Internacional de Lucha contra la Cristianofobia»?
Esta pregunta adquiere mayor urgencia aún
cuando se advierte que, mientras el atentado de Nueva Zelanda contra la
mezquita fue, en efecto, una aberración—como lo atestigua su carácter
excepcional—, los atentados de musulmanes contra iglesias constituyen un
fenómeno muy extendido (también históricamente). Rara es la semana—y no digamos
el mes—que transcurre en el mundo musulmán—y, de manera creciente, en
Occidente—sin que se produzcan varios asaltos o actos de hostigamiento.
Conviene señalar, además, que los
musulmanes que aterrorizan las iglesias escasamente comparten entre sí elemento
alguno, salvo uno. Como se aprecia en los ejemplos citados, proceden de
naciones radicalmente distintas (la africana Nigeria, el árabe Irak, las
islámicas Filipinas, etc.), son de razas diferentes, hablan lenguas diversas y
viven bajo condiciones sociales, políticas y económicas dispares.
El único elemento que comparten es su
religión—el islam—, que, como no puede sorprender, prescribe la hostilidad
hacia las iglesias y los «infieles» (aunque no se supone que debamos reconocer
este hecho).
En otras palabras, los atentados de
musulmanes contra iglesias obedecen a una motivación ideológica; se prolongan
desde tiempo inmemorial y siguen siendo sistemáticos y sistemáticamente
reiterados; constituyen, por tanto, un problema real y persistente que la
comunidad internacional tiene el deber de visibilizar y erradicar.
Sin embargo, la ONU pretende que ignoremos
la masacre sistemática de innumerables cristianos—desestimada como víctimas
fortuitas de una «violencia terrorista» indiscriminada—y nos obsesionemos, en
cambio, con un único incidente: un hombre occidental que asesinó a 51
musulmanes.
Este es, para la ONU, el hecho que
verdaderamente evidencia un «patrón» y exige reconocimiento y respuesta
urgentes. Y esa respuesta consiste en silenciar a quienes se atreven a conectar
los puntos y denunciar el patrón de violencia—ampliamente documentado—del islam
contra los no musulmanes: que no quepa la menor duda, esto es precisamente en
lo que consiste «combatir la islamofobia».
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