La ‘palabra’ de Irán no vale nada: el islam permite la mentira estratégica

RAYMOND IBRAHIM





Una vez más, Irán ha dejado claro sin pretenderlo por qué nunca se pueden averiguar sus verdaderas intenciones, por qué nunca se puede tomar su palabra al pie de la letra.


En febrero de 2024, el Gran Ayatolá Seyyed Sadiq Al-Shirazi pronunció un sermón al que siguió una sesión de preguntas y respuestas. Una de las preguntas planteadas fue si está permitido romper el ayuno antes de tiempo "en virtud de la taquiya".


Durante el mes de Ramadán, los musulmanes están obligados a ayunar durante las horas diurnas, comiendo solo al atardecer. Así que la pregunta era básicamente si, por "miedo" (significado etimológico de taquiya), está bien que un musulmán rompa su ayuno antes de la puesta del sol.



El fin justifica los medios


Como doctrina, la taquiya, en resumen, permite a los musulmanes decir o hacer cualquier cosa –desde maldecir y condenar a Mahoma hasta bautizarse y comulgar– siempre y cuando sigan siendo musulmanes de corazón y su engaño les beneficie a ellos mismos o al islam. (Pueden consultar abundante documentación aquí).


El gran ayatolá respondió: "Sí", está bien romper el ayuno antes de tiempo, en el contexto de la taquiya. Dio varios ejemplos de líderes chiíes a lo largo de la historia que no ayunaron como está mandado debido a la taquiya, entre ellos Yafar Al-Sadiq, el Sexto Imán, una figura muy prominente del chiísmo. Cuando el califa abasí Al-Mansur proclamó una fecha para el Eid al-Fitr (que marca el final del Ramadán y del ayuno) que difería de la fecha suní, en lugar de seguir ayunando hasta la fecha suní, el Sexto Imán rompió su ayuno junto a todos los demás, para no delatarse como chií.


Su lógica es: "Por Alá, romper mi ayuno un día del mes de Ramadán y luego recuperar el deber perdido es más favorable para mí que hacer que decapiten mi cabeza".


Según un informe sobre el mencionado sermón:


"el Gran Ayatolá Shirazi concluyó: Por lo tanto, si una persona no ayuna en absoluto, o no reza en absoluto por taquiya, debe hacer la recuperación de los deberes perdidos, porque no ayunó y no rezó. Sin embargo, si la persona rompe su ayuno antes de la puesta del sol, porque ha ayunado y solo rompe el ayuno antes de la hora permitida por la saría, los principios generales de la taquiya se aplican a su situación y no tiene necesidad de recuperar nada. Lo mismo se aplica a una persona que realiza el rezo de una manera que no es válida por taquiya."


Toda esta disputa técnica viene a confirmar una cosa: que el islam no es una religión de principios; las circunstancias lo dictan todo, y no sólo para los chiíes, sino también para los suníes (ver aquí y aquí).



Mahoma aprobaba la mentira


Según el difunto Sami Mukaram, la principal autoridad mundial en el tema de la taquiya:


"La taquiya tiene una importancia fundamental en el islam. Prácticamente todas las sectas islámicas están de acuerdo con ella y la practican ... Podemos llegar a decir que la práctica de la taquiya constituye la corriente dominante en el islam, y que las pocas sectas que no la practican se apartan de la corriente dominante ... La taquiya está muy extendida en la política islámica, especialmente en la era moderna."


Además, la taquiya no se limita a salvaguardar la propia vida, sino que puede utilizarse para obtener ventajas sobre el enemigo: "La taquiya –escribe Mukaram– para embaucar al enemigo está permitida".


Un ejemplo de la vida de Mahoma. Había un poeta judío, Ka'b Ibn Ashraf, que ofendió al profeta del islam con sus versos, lo cual llevó a Mahoma a exclamar en cierta ocasión: "¿Quién me librará a este hombre que ha ofendido a Alá y a su profeta?". Un joven musulmán llamado Muhammad Ibn Maslama se ofreció voluntario con la condición de que, para acercarse lo suficiente a Ka'b y poder asesinarlo, se le permitiera mentirle al poeta.


Y Mahoma lo aprobó.


Ibn Maslama viajó hasta donde vivía Ka'b y empezó a denigrar al islam y a Mahoma. Así siguió hasta que su desafección se hizo tan convincente que Ka'b le otorgó su confianza. Poco después, Ibn Maslama apareció con otro musulmán y, mientras la guardia estaba descansando, mataron a Ka'b, lo decapitaron y le llevaron su cabeza a Mahoma, quien alabó su hazaña.



El engaño es más importante que el valor


En consecuencia, la doctrina del islam enseña que el engaño es parte integrante de la yihad: Ibn Al-Arabi declara que "en los hadices [dichos y hechos de Mahoma], la práctica del engaño en la guerra está bien demostrada. De hecho, se insiste más en su necesidad que en la del valor".


El jurista Ibn Al-Munir (muerto en 1333) escribe: "La guerra es engaño, es decir, la guerra más completa y perfecta librada por un guerrero santo [muyahidín] es una guerra de engaño, no de enfrentamiento, debido al peligro inherente de este último y al hecho de que se puede alcanzar la victoria mediante la traición sin sufrir daño uno mismo". Y el sabio Ibn Hajar (muerto en 1448) aconseja a los musulmanes "tener mucha astucia en la guerra, mientras [públicamente] se lamentan y lloran para engañar a los infieles" (The Al Qaeda Reader. Nueva York, Doubleday, 2007, pp. 142-143).


En resumen, y para comprender realmente las repercusiones de la taquiya, consideremos lo siguiente: Si los cristianos, pasados y presentes, prefieren el martirio antes que renunciar a Cristo, para los musulmanes no hay escrúpulo: no solo se les permite renunciar a Mahoma y a Alá, sino que incluso se les permite "convertirse" al cristianismo, siempre y cuando sigan siendo musulmanes de corazón y se presten a esta farsa en beneficio propio o del islam frente a los infieles a quienes pretenden engañar o subvertir.


Del mismo modo, para apreciar mejor lo que defiende ese destacado clérigo chií, los occidentales deben valorar  primero la importancia de los ejemplos que ha ofrecido. El ayuno y el rezo son pilares absolutos del islam. Si hay algunas obligaciones que el musulmán no debe alterar, son precisamente el ayuno y el rezo. Pero, si a los musulmanes se les da licencia para comprometer estos dos pilares en el contexto de la taquiya, entonces ciertamente nada es sagrado, incluyendo la palabra de un musulmán a los infieles o, en el contexto de Irán, la palabra que dan a cualesquiera no musulmanes.



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