388 millones de cristianos perseguidos: ¿por qué el silencio de los medios?

RAYMOND IBRAHIM





En 2025, en todo el mundo, 4.849 cristianos —más de 13 al día, en promedio— fueron asesinados por «motivos relacionados con la fe». Otros 4.712 fueron detenidos sin juicio, y 3.632 iglesias y propiedades cristianas fueron atacadas, incendiadas o, simplemente, clausuradas.

 

En conjunto, la persecución global de los cristianos ha alcanzado, una vez más, niveles sin precedentes. «Más de 388 millones de cristianos sufren elevados niveles de persecución y discriminación a causa de su fe», según la Lista Mundial de la Persecución 2026 (World Watch List), publicada por la organización internacional de vigilancia Open Doors.

 

Cada año, la World Watch List clasifica a las 50 naciones donde los cristianos son más perseguidos. Los datos se compilan a partir de expertos sobre el terreno, agentes de base e investigadores independientes en más de 100 países.

 

Según el informe más reciente, uno de cada siete cristianos en el mundo padece persecución. En África, la proporción asciende a uno de cada cinco; en Asia, a unos sorprendentes dos de cada cinco.

 

La lista clasifica la persecución en tres niveles: «extrema», «muy alta» y «alta».

 

Uno de los hechos más alarmantes es que el número de países clasificados con un nivel de persecución «extremo» ha aumentado de 13 a 15.

 

Los infractores más graves son los siguientes:

 

1. Corea del Norte, 2. Somalia, 3. Yemen, 4. Sudán, 5. Eritrea, 6. Siria, 7. Nigeria, 8. Pakistán, 9. Libia, 10. Irán, 11. Afganistán, 12. India, 13. Arabia Saudí, 14. Birmania (Myanmar), 15. Malí.

 

El informe define la «persecución extrema» —la que se produce en estas quince naciones— como una presión sistemática y omnipresente en todas las esferas de la vida; una violencia severa y, con frecuencia, normalizada; la práctica inexistencia de espacios seguros en los que los cristianos puedan vivir abiertamente; y el riesgo de ser asesinado por el mero hecho de ser identificado como cristiano.

 

Situada en el primer puesto, Corea del Norte sigue siendo singularmente totalitaria: una vez descubiertos, los cristianos se enfrentan a la ejecución o a la deportación a campos de trabajos forzados, donde la supervivencia resulta excepcional. Familias enteras pueden ser castigadas, y hasta el culto privado se considera un crimen político. El cristianismo se percibe como una amenaza directa al sistema gobernante, en el que la lealtad al régimen prevalece sobre cualquier otra creencia.

 

Dicho esto, y como viene siendo habitual, la inmensa mayoría de las peores persecuciones se producen a manos de musulmanes.

 

De las 15 peores naciones en las que se registra «persecución extrema», hasta 11 (es decir, el 73 %) pertenecen a esta categoría: Somalia, Yemen, Sudán, Siria, Nigeria, Pakistán, Libia, Irán, Afganistán, Arabia Saudí y Malí.

 

Este patrón se extiende también al conjunto de la lista: la persecución de cristianos que tiene lugar en 39 de las 50 naciones que la integran (es decir, el 78 %) es un subproducto de la «opresión islámica» y/o se produce en países de mayoría musulmana.

 

En muchas de estas regiones, la persecución no es ejercida únicamente por los gobiernos, sino también por las familias y las comunidades, especialmente en los casos en que un musulmán se convierte al cristianismo, lo que puede acarrearle el ostracismo, la violencia o la muerte.

 

Dicho de otro modo: aunque la persecución en Corea del Norte es peor, al menos hay una luz al final del túnel, pues el maltrato a los cristianos está enteramente vinculado al régimen de Kim Jong-un. Una vez desaparezca este, lo cual es inevitable, Corea del Norte podría llegar a parecerse a Corea del Sur, donde el cristianismo florece.

 

En cambio, la persecución de los cristianos por parte de los musulmanes es perenne, existencial y trasciende ampliamente a tal o cual gobernante o régimen. La persecución del «otro» en el islam forma parte de su historia, sus doctrinas y su configuración sociopolítica, de ahí su tenacidad y su ubicuidad.

 

Resulta asimismo significativo que las 39 naciones musulmanas que figuran en esta lista de 50 sean diversas en numerosos aspectos —racial, social, económico y gubernamental—: algunas son inmensamente ricas (Arabia Saudí), mientras que otras son inimaginablemente pobres (Somalia); algunas se encuentran tecnológicamente avanzadas (Irán), mientras que otras distan mucho de estarlo (Yemen); están representadas por una variedad de regímenes (repúblicas, monarquías, teocracias); y se hallan presentes poblaciones muy distintas: árabes, persas, africanos subsaharianos, paquistaníes, asiáticos orientales y afganos. Su único punto en común, el denominador que todas comparten, es el islam.

 

Entre los hechos más destacables de 2026 figura el ascenso de Siria al primer nivel de persecución.

 

En su día se situaba en una posición mucho más baja, pero, desde que las fuerzas yihadistas derrocaron al expresidente Bashar al-Asad, Siria se cuenta ahora entre los infractores más graves. El terrorismo contra los cristianos se ha disparado: el atentado del 22 de junio de 2025 contra una iglesia de Damasco, que se cobró la vida de más de 30 cristianos, no es sino la punta del iceberg.

 

Ahora bien, si hay una región que define la crisis actual, esa es el África subsahariana.


La violencia musulmana contra los cristianos se ha disparado hasta niveles sin precedentes, y diversos países de la región registran índices de violencia máximos o casi máximos: Burkina Faso, Congo, Malí, Sudán, Mauritania y Mozambique.

 

Nigeria sigue siendo el lugar más letal del mundo para los cristianos, con continuos ataques por parte de grupos yihadistas, asesinatos en masa, secuestros y desplazamientos forzados a gran escala. Durante 2025, periodo del infortme, 3.490 nigerianos fueron asesinados a causa de su fe cristiana.

 

Mientras África encabeza la lista en cuanto a pura carnicería, Asia continúa siendo predominante en lo que respecta a la presión sistémica.

 

En países musulmanes como Afganistán, Irán o Pakistán, pero también en India, la conversión está penalizada o se sanciona socialmente; las leyes sobre blasfemia se utilizan como arma; la vigilancia y el encarcelamiento son frecuentes; y, a menudo, las propias familias actúan como ejecutoras de la imposición religiosa.

 

China, por su parte, ha intensificado el control mediante nuevas normativas que restringen la expresión religiosa, la predicación en línea y la participación de los jóvenes en las iglesias.


Incluso naciones históricamente católicas —como Cuba (n.º 24), México (n.º 30), Nicaragua (n.º 32) y Colombia (n.º 47)— están experimentando un incremento del acoso, las detenciones y la violencia selectiva contra los cristianos, ya sea por parte de los gobiernos, los cárteles o ciertos actores políticos.

 

Lo cual conduce, quizá, a la tendencia más inquietante de todas: la persecución de los cristianos sigue aumentando cada año y se ha duplicado prácticamente desde 1993, año en que se publicó por primera vez la World Watch List. En aquel entonces, solo 40 países alcanzaban una puntuación lo bastante elevada como para justificar un seguimiento adecuado. Hoy lo hace casi el doble, si bien la lista únicamente clasifica los 50 primeros.

 

¿Cuánto tiempo pasará antes de que esta tendencia, ya en marcha, haga metástasis incluso en aquellas naciones occidentales que en su día fueron alabadas por su libertad religiosa?



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