GUERRA SANTA ISLÁMICA (4)
Un inevitable
«choque de civilizaciones»
ROBERTO DE MATTEI
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En apariencia, el islam se presenta como una realidad compleja y
multiforme, desprovista de un centro institucional; pero, más allá de
las antiguas divisiones religiosas —como las existentes entre suníes y
chiíes— y de las más recientes —a menudo de carácter político y
estratégico—, el Corán mantiene como único punto de referencia — y como
único objetivo— la conquista del mundo de acuerdo con los dictados del
profeta, para quien «toda la tierra es una mezquita». No obstante, en
su diversidad de doctrinas, movimientos y organizaciones —así como de
pueblos, lenguas y culturas—, existe verdaderamente solo una comunidad
de creyentes, la umma, y una sola ley, la sharía.
«La umma de los musulmanes es el estado terminal de la humanidad como
auténtica comunidad del pueblo elegido», observa Guolo. «En su versión
radical, el panislamismo de la umma cierra el círculo de la visión
ofensiva de la yihad».
Hay países que aceptan la secularización occidental y otros, como
Arabia Saudí, que intentan separar la tecnología de Occidente de su
cultura. Sin embargo, como señala Lewis, «en la mayor parte de los
países musulmanes, el islam sigue siendo el criterio supremo de
identidad y lealtad del grupo. Es el islam el que distingue el yo del
otro».
El «otro» por antonomasia es hoy Occidente, el espacio cultural que
comprende a Europa y a los Estados Unidos. Para los musulmanes,
Occidente no es solo un error teológico, sino una realidad corrupta y
decadente, responsable de la degradación moral del mundo entero.
Esta incompatibilidad entre el islam y Occidente se traduce en un
choque de civilizaciones, incluso antes que un choque de religiones,
por la ausencia de distinción en el islam entre la esfera política y la
religiosa.
El motor de este choque de civilizaciones —como bien plantea Samuel P.
Huntington— no es el «fundamentalismo», sino la propia naturaleza del
islam. El islam, que no olvida y cuya justicia se inspira en la ley del
talión, llora la pérdida de Córdoba, Granada o Palermo; y no perdona a
Europa por haber dominado a otras naciones islámicas durante siglos.
Al igual que el tradicional, el islamismo contemporáneo tiene su
núcleo en la doctrina de la yihad. Según Guolo, esto «se manifiesta
como una forma pura de la nueva guerra civil mundial de religiones, que
encuentra en el islam radical su parte combatiente».
Mientras en Occidente se entabla un debate entre modernos y
posmodernos, los islamistas no proponen «modernizar» el islam, sino
doblegar a Occidente e «islamizar» la modernidad. Por otro lado, no se
debe confundir a Occidente con su secularización, y menos aún con la
sociedad de consumo contemporánea, impregnada de neopaganismo. Las
características peculiares de Occidente — observa además Huntington—
son muy anteriores a su secularización: «Occidente era Occidente mucho
antes de ser moderno».
La visión islámica del mundo no se contrapone tanto a esa
secularización del mundo moderno, sino fundamentalmente a la concepción
tradicional del Occidente cristiano. El islam es antimoderno incluso en
su versión más occidentalizada, como la de Arabia Saudí, y es
antioccidental incluso en su versión más secularizada, como la de Irak;
pero siempre y por encima de todo es radicalmente anticristiano. El
islam se define por su anticristianismo antes que por su
antioccidentalismo y su antimodernismo. Con el «choque de
civilizaciones» que abre el siglo XXI, el desafío ante el islamismo es
principalmente cultural y moral. Occidente, que a lo largo de su
historia ha definido su identidad luchando para defenderse del islam,
estará hoy condenado a la derrota si pretende enfrentarse a él
utilizando la ideología de la secularización como arma. El único modelo
de civilización que puede vencer al islam continúa siendo la
civilización cristiana.
Roberto de Mattei, Islam y cristianismo.
Guerra justa. Guerra santa. Homo Legens, 2026.
1.
La guerra interminable en nombre de Alá
2.
La yihad: guerra contra los no musulmanes
3.
La naturaleza de la «tolerancia» en el islam y su relación con la yihad
4.
Un inevitable «choque de civilizaciones»
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