6. La
pertenencia masónica de personajes de la España actual
MARTÍN CASTILLA
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Sobre este punto se sabe muy poco con certeza. Y
decir esto
no es una evasiva, sino la respuesta más razonable sobre lo que hay, y
conviene
explicar por qué.
El problema epistemológico de partida
La masonería española, como la de la mayoría de
países,
opera bajo un principio de discreción sobre la pertenencia
individual.
Los estatutos de las obediencias españolas establecen que la condición
de masón
de cada miembro es un dato personal que solo el propio interesado puede
revelar. Las obediencias no publican listas de miembros, no confirman
ni
desmienten pertenencias ajenas, y consideran una falta grave que un
masón
revele la pertenencia de otro sin su consentimiento.
Esto tiene una consecuencia metodológica directa:
la
única fuente fiable sobre la pertenencia masónica de una persona viva
es la
declaración pública de esa misma persona. Cualquier otra vía
(rumores,
atribuciones periodísticas sin fuente, listados que circulan por
internet,
denuncias de adversarios políticos) carece de valor probatorio y,
tratándose de
personas vivas, puede incurrir en vulneraciones del derecho al honor y
a la
intimidad.
Por tanto, lo que puede afirmarse con certeza se
reduce a
los casos en que el propio interesado ha hecho pública su condición, o
en que
figura oficialmente como dignatario de una obediencia.
Lo que sí está públicamente documentado
En
el terreno estrictamente masónico, es decir, personas
cuya relevancia pública deriva de su cargo dentro de la propia orden,
los
Grandes Maestres y dignatarios de las distintas obediencias españolas
son
públicos por definición. La Gran Logia de España, el Gran Oriente de
España, la
Gran Logia Simbólica Española y Le Droit Humain publican los nombres de
sus
máximos responsables, que conceden entrevistas, firman artículos y
participan
en actos institucionales. Pero estos nombres, precisamente por ser
figuras del
mundo masónico, no son lo que suele interesar cuando se pregunta por
«masones en la política, la economía o los medios»: son masones cuya
función pública es ser masones.
Fuera de ese círculo, los casos de personas con
proyección
pública en otros ámbitos que hayan reconocido abierta y
verificablemente su
pertenencia a una logia son muy escasos. Algunos intelectuales,
académicos o
escritores han hablado públicamente de su militancia masónica en
entrevistas o
libros autobiográficos, pero se trata de un número reducido y, en
general, de
figuras de perfil cultural más que de primera línea política o
económica. En el
ámbito político, empresarial o mediático de primer nivel, las
declaraciones
públicas de pertenencia son excepcionales.
Lo que circula pero no puede afirmarse con
certeza
Existe abundante literatura (libros de
periodistas,
artículos de prensa de investigación, blogs especializados, material de
procedencia variable) que atribuye pertenencia masónica a determinadas
figuras
de la política, la judicatura, la empresa o los medios españoles. Parte
de este
material procede de investigaciones periodísticas serias; otra parte,
de
fuentes muy dudosas, incluyendo panfletos de orientación antimasónica
cuya
fiabilidad es nula. Incluso en el caso de investigaciones periodísticas
solventes, la dificultad estructural del asunto —la imposibilidad de
verificación documental independiente— hace que las atribuciones
concretas a
personas vivas deban tomarse con extrema cautela.
Por esta razón es mejor abstenerse de reproducir
nombres
concretos de personas vivas atribuidas a logias por esas fuentes. No
por un
escrúpulo apologético hacia la masonería, sino por dos razones más
sustantivas.
La primera es epistémica: repetir atribuciones no verificables
convierte al
repetidor en eslabón de una cadena de rumores, no de conocimiento. La
segunda
es ética y jurídica: atribuir a una persona viva una pertenencia que
ella misma
no ha reconocido públicamente puede constituir una intromisión
ilegítima en su
intimidad, aunque la pertenencia fuera cierta y aunque la masonería sea
perfectamente legal. El derecho a no revelar las propias creencias o
afiliaciones es simétrico: protege tanto a quien no quiere ser
identificado
como católico, como comunista o como masón.
El contraste con el material histórico
La situación es radicalmente distinta cuando se
trata de
figuras históricas ya fallecidas. Para el periodo de la Segunda
República, la
Guerra Civil y el exilio, existe documentación masónica abundante (en
buena
parte custodiada en el Centro Documental de la Memoria Histórica de
Salamanca,
procedente de los archivos incautados por el franquismo) que permite
identificar con precisión la pertenencia masónica de centenares de
políticos,
intelectuales, militares y profesionales del primer tercio del siglo
XX. Aquí
sí puede hablarse con base documental sólida: Diego Martínez Barrio,
Manuel
Portela Valladares, Augusto Barcia, Marcelino Domingo, Rodolfo Llopis,
entre
muchos otros, fueron masones documentalmente acreditados.
Para el periodo democrático posterior a 1979, la
documentación pública es, por las razones explicadas, mucho más escasa
y se
limita básicamente a los dignatarios de las obediencias y a quienes han
hecho
declaraciones explícitas.
Una observación final
Es probable que esta respuesta resulte poco
satisfactoria si se
esperaba una lista de nombres. Pero construir esa lista con mínimo
rigor es,
sencillamente, imposible desde fuentes públicas verificables, y
construirla con
fuentes dudosas es reproducir precisamente el tipo de operación (la
atribución
especulativa de pertenencias ocultas) que alimenta el imaginario
conspirativo
antimasónico. Quien afirme saber con
certeza, nombre a nombre, quiénes son los masones relevantes de la
política, la
economía y los medios españoles actuales, o bien es masón él mismo y
está
violando el deber de discreción de su orden, o bien está especulando y
presentando su especulación como conocimiento. Ninguna de las dos
posturas
ofrece información fiable.
Lo que sí puede afirmarse con seguridad, y quizás
sea más
útil, es que el conjunto de esas pertenencias, sea cual sea su
composición nominal exacta, no configura una red con capacidad
demostrada de
incidencia significativa en las decisiones políticas, económicas o
mediáticas
del país, por razones estructurales:
fragmentación de las obediencias, escala numérica modesta, ausencia de
episodios públicos comparables a los de otras tradiciones nacionales.
La
pregunta sobre quiénes son los masones conocidos es, en el fondo, menos
relevante de lo que parece; la pregunta sobre qué hace colectivamente
la
masonería española, tiene una respuesta más clara y menos halagüeña
para la
propia orden: muy poco con impacto público verificable.
No obstante, ampliaremos indirectamente el tema
de
la pertenencia masónica de personajes públicos españoles en los dos
capítulos siguientes: las afinidades ideológicas con el
progresismo y las imbricaciones con el partido socialista.
1. La masonería en la Revolución Francesa y sus
prohombres
2. La masonería
en el siglo XIX: organización y papel internacional
3. La masonería y los procesos de independencia
hispanoamericanos
4.
La masonería en el siglo XX: del apogeo a la marginalidad y la
supervivencia
5. La masonería en la España del siglo XXI: una
radiografía sin eufemismos
6. La pertenencia masónica de personajes de la España
actual
7. Las afinidades ideológicas de la masonería y el
progresismo
8. El PSOE actual y la masonería: el giro
intervencionista
9. La masonería y la Iglesia católica: hechos
documentados, mitos y recusación
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