8. El PSOE actual y la masonería: el giro intervencionista
MARTÍN CASTILLA
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Algunos comentaristas se han preguntado hasta qué punto es correcto afirmar que las categorías
masónicas apoyan las políticas del PSOE, en especial desde la época del
presidente Rodríguez Zapatero. Esta colusión se reflejaría en temas tales como
el control de la educación, la regulación de la vida sexual y familiar, la promoción del
derecho al aborto, la legislación de la eutanasia, la Ley de memoria histórica,
la Ley de memoria democrática, el control de los medios de comunicación, y las
restricciones a la Iglesia católica.
Esta planteamiento parte, sin duda, de una premisa compleja
y controvertida, por lo que debemos abordarlo cuidadosamente y con matices.
La premisa del planteamiento
La afirmación de que las
categorías masónicas apoyan las políticas del PSOE es una tesis defendida
principalmente, aunque no en exclusiva, por ciertos sectores del pensamiento católico tradicionalista y
de la derecha española (autores como Ricardo de la Cierva, Mariano Tomás,
o publicaciones como InfoVaticana o La Gaceta). No es una
descripción neutral ni un consenso académico, sino una interpretación
más bien ideológica, aunque verosímil.
El argumento que suele aducirse
Quienes defienden esta tesis suelen argumentar lo siguiente:
existe una coincidencia entre los principios históricos de la masonería liberal
(laicismo, racionalismo decimonónico, autosuficiencia individual, separación Iglesia-Estado,
progresismo y negación de la trascendencia) y las políticas impulsadas por el PSOE desde 2004.
Señalan en concreto:
— La LOE (2006) y la LOMLOE (2020) como intentos de reducir
la enseñanza religiosa y promover una educación laicista.
— La ley del matrimonio homosexual (2005), la ley del
aborto de plazos (2010) y la ley trans (2023) como expresiones de una
concepción liberal-individualista de la sexualidad y la familia.
— La ley de eutanasia (2021) como ruptura con la concepción
sagrada de la vida defendida por la Iglesia.
— La Ley de Memoria Histórica (2007) y la Ley de Memoria
Democrática (2022) como revisionismo del relato de la Guerra Civil y del franquismo
que afecta a la Iglesia por su alineamiento con el bando nacional.
—Las restricciones contra símbolos religiosos en espacios
públicos y la retirada de privilegios del Concordato con la Santa Sede.
Se apoyan también en datos históricos indudablemente reales: Zapatero
pronunció un discurso en el Gran Oriente de Francia en 2004, varios ministros
socialistas han tenido vínculos masónicos documentados, y existe una afinidad
filosófica histórica entre socialismo y masonería en la tradición europea
continental.
Las objeciones que cabe hacer
Esa lectura, sin embargo, tiene debilidades serias.
Primera, parece confundir afinidad ideológica con causalidad organizativa: que ciertas
políticas coincidan con valores masónicos no demuestra que la masonería las
dirija. Muchas de estas políticas existen en países sin presencia masónica
significativa y responden a tendencias seculares amplias del liberalismo
occidental.
Segunda, la masonería española es hoy numéricamente pequeña y
carece del peso institucional que tuvo en la Tercera República francesa o en la
España de la Segunda República.
Tercera, atribuir a «la masonería» una actuación
política unificada ignora la fragmentación real entre obediencias (Gran Oriente
de España, Gran Logia de España, etc.) que defienden posturas distintas.
Cuarta, el
argumento roza a veces el esquema conspirativo popularizado en el «contubernio
judeo-masónico-comunista», lo que genera una comprensible sospecha metodológica.
Una formulación más defendible
Cabría afirmar, con más rigor, que existe una convergencia
ideológica entre los valores tradicionalmente asociados a la masonería
liberal (laicismo, autonomía moral, progresismo ilustrado) y la agenda
sociocultural del PSOE desde 2004, sin que ello implique dirección ni control
efectivos. Esta convergencia es reconocida por la propia masonería española,
que ha manifestado simpatía por muchas de las medidas mencionadas, pero «simpatía pública»
no es lo mismo que «apoyo organizado decisivo».
No obstante, es cierto el giro del PSOE en
2004
Por mucha sordina que se le ponga, hay una convergencia
ideológica entre los valores asociados a la masonería liberal y la agenda
sociocultural del PSOE desde 2004. Esto marca un giro innegable en las políticas del partido
hacia un mayor intervencionismo social que lo aleja de buena parte de sus bases
sociales anteriores.
Tal afirmación tiene fundamento y la defienden analistas
serios desde distintas posiciones, no solo desde la crítica conservadora. Podemos ampliarlo brevemente.
Es razonablemente demostrable que, a partir de 2004, el PSOE
experimentó lo que algunos politólogos han llamado un «giro culturalista» o «posmaterialista»,
siguiendo la terminología de Ronald Inglehart. El partido desplazó parcialmente
su eje de acción desde las cuestiones socioeconómicas clásicas (redistribución,
trabajo, clase, vivienda, industria) hacia las cuestiones identitarias y
morales (género, sexualidad, memoria histórica, laicismo, ecologismo). Este giro no es
exclusivo del PSOE ni de España: afecta a prácticamente toda la
socialdemocracia europea, como han documentado autores como Thomas Piketty en Capital
e ideología al describir el tránsito de la izquierda «obrerista» a lo que
denomina la «izquierda brahmánica», una izquierda cuya base se desplaza de los
trabajadores manuales hacia las clases con «alto capital cultural».
El alejamiento de las bases tradicionales
Aquí la tesis es sólida empíricamente. El votante histórico
del PSOE era el obrero industrial, el jornalero andaluz o extremeño, el pequeño
empleado urbano, el jubilado de clase trabajadora; era típicamente católico
cultural (aunque no necesariamente practicante), socialmente conservador en
cuestiones de familia, y preocupado sobre todo por el empleo, las pensiones y
los servicios públicos. Diversos estudios del CIS y análisis electorales (José
Juan Toharia, Narciso Michavila, Belén Barreiro) muestran que desde 2008-2011
el PSOE ha perdido de forma sostenida apoyo en los barrios obreros de la
periferia industrial y en la España rural, mientras ha ganado peso en zonas
urbanas de clase media-alta con formación universitaria. El fenómeno es
paralelo al del Partido Demócrata estadounidense o el Laborismo británico.
El voto obrero en España se ha fragmentado entre abstención,
PP, Vox y, en menor medida, Sumar o partidos regionales. Vox, en particular, ha
obtenido resultados muy significativos en zonas que fueron feudos socialistas
durante décadas, un fenómeno que el propio PSOE ha analizado internamente con
preocupación.
El nuevo intervencionismo ¿no es «ingeniería social»?
Aquí conviene ser más cauto con la expresión «ingeniería social», porque arrastra
connotaciones peyorativas fuertes y significa cosas distintas según quién la
use. En sentido técnico, «ingeniería social» designa cualquier intento
deliberado de modificar comportamientos, actitudes o estructuras sociales
mediante intervención política, educativa o mediática. En ese sentido amplio, toda
política pública significativa es alguna clase de ingeniería social: lo fue la reforma educativa de la Segunda
República, lo fueron las leyes
franquistas sobre familia y moralidad y, evidentemente, lo es la legislación actual sobre identidad de género o memoria
democrática.
Lo que sí cabe afirmar con rigor es que desde 2004 el PSOE
ha adoptado una concepción particularmente activa y transformadora del
papel del Estado en la esfera moral y cultural, inspirada en marcos teóricos
concretos: la radical teoría queer
y los llamados estudios de género en las leyes sobre
sexualidad, la «memoria colectiva» de ideólogos como Maurice Halbwachs
y Pierre Nora
(reinterpretada políticamente) en las ominosas leyes de memoria, el
viejo laicismo republicano
francés en las políticas contra la religión. Es claro que no se trata
de políticas que respondan ante demandas sociales preexistentes, sino
de políticas que se proponen
explícitamente reconfigurar los marcos morales, lingüísticos y simbólicos de la sociedad.
Eso es factualmente verificable y basta leer la exposición de motivos en el texto de las
propias leyes.
Una matización importante
Aunque esta caracterización es en gran medida correcta,
conviene evitar dos simplificaciones. La primera, atribuir todo el giro a una
decisión táctica del PSOE: en realidad, el partido responde también a
transformaciones sociales reales (secularización, cambio en estructuras
familiares, nuevas generaciones urbanas) que no ha creado pero sí ha canalizado
y acelerado en propio interés. La segunda, presentar a las «bases tradicionales» como si fueran un bloque
homogéneo que rechaza este giro: hay obreros que apoyan el matrimonio homosexual
y profesionales urbanos que lo rechazan; la fractura no es tan limpia socialmente.
En
suma: sí, se puede afirmar con base empírica que hay un
giro culturalista del PSOE desde 2004, que ese giro lo ha alejado de
porciones
significativas de su electorado histórico. Tal giro implica una
concepción intervencionista
del Estado como agente de transformación moral y simbólica, a veces
rayana en la manipulación. Si a eso lo queremos llamar «ingeniería
social» es defendible, aunque habría que reconocer que el
término es aplicable igualmente a otros proyectos políticos de distinto
signo.
1. La masonería en la Revolución Francesa y sus prohombres
2. La masonería en el siglo XIX: organización y papel internacional
3. La masonería y los procesos de independencia hispanoamericanos
4. La masonería en el siglo XX: del apogeo a la marginalidad y la supervivencia
5. La masonería en la España del siglo XXI: una radiografía sin eufemismos
6. La pertenencia masónica de personajes de la España actual
7. Las afinidades ideológicas de la masonería y el progresismo
8. El PSOE actual y la masonería: el giro intervencionista
9. La masonería y la Iglesia católica: hechos documentados, mitos y recusación
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